29.08

Confieso que he vivido

Con su primer libro de poemas y dibujos, la escritora Ana Diamante nos ofrece una galería de sensaciones que van desde la nostalgia por la infancia, el amor, los hijos, la revalorización de la mujer y la familia. Un texto que resume una vida. "Las pieles de la cebolla", publicado por la editorial Almaluz.

Rodrigo Fernández / [email protected]

Entre las cuestiones que hacen a los seres humanos, la poesía creo es el genero que mejor sabe interpretar los sentimientos y las sensaciones. Nunca la nostalgia, el amor o los recuerdos tienen tanta fuerza como cuando se escriben con el corazón. Y eso es lo que hace Ana Diamante: escribir con el corazón y mostrarnos todas aquellas partes de las que está compuesta.

"Los poemas son como pociones mágicas, extractos de momentos que cuentan la vida, los instantes míos y de otros" dice la autora en el prólogo y eso será el leit motiv que se repetirá a la largo de toda la lectura. Quizás porque aquello que asegura que lo que le sucede a un ser humano le ocurre a todos en algún momento, la autora de "Las pieles de la cebolla" se expone con un candor que nos dejará con la boca abierta.

"Yo escribo mi historia, un poco en el aire, un poco en el suelo, un poco en baúles, un poco en el cielo" escribe en "Yo escribo mi historia".

Mujer, madre, amiga. Ana Diamante es una escritora que trae dentro de sí los múltiples roles que ocupó en su vida aunque hay que reconocer que entre estas tres palabras hay un cúmulo de otros lugares en los que su paso dejó marca. El nombre del libro no es antojadizo, sino que tiene que ver directamente con esto: infinitas partes de la mujer que es y que ha sido.

En "Las pieles de la cebolla" la poesía ocupa el lugar principal pero no es lo único que lo compone. Hay una serie de dibujos que acompañan los textos y que permiten desentrañar el espíritu de las palabras que poco a poco nos va metiendo en las profundidades de aquello que nos dice la autora.
Hay algo en la escritura de Ana Diamante que nos llama a recordar. A unir las piezas de aquello que éramos para mirar en qué nos hemos convertido. Y quizás en ello esta la esencialidad, la necesidad, de leer los textos de Ana Diamante con el corazón abierto y que las palabras nos traspasen.