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14 de Julio de 2007
Luis Pescetti, un artista que es un recreo para los chicos

"Los chicos se ríen de lo que entienden y de lo que no entienden. Y se ríen porque la risa es como salir al recreo, es el alivio ante un mundo lleno de reglas", dice el escritor, músico y actor argentino, Luis Pescetti, a la hora de hablar de ese universo al que se dirigen sus canciones y libros.

Con esta idea, el artista hace reír a su público -cada vez más abarcativo en edades- en el porteño teatro Metropolitan, donde durante todas las vacaciones de invierno presenta su último espectáculo "Inútil insistir".

"Yo me imagino a Paul McCartney, salvando las distancias, en un recital donde quiere presentar su nuevo disco, y apenas rasguea la guitarra le gritan 'Yesterday'. A los chicos les pasa lo mismo: quieren escuchar lo que ya conocen", dice el artista para explicar el título de su nuevo show que incluye canciones, chistes y juegos, donde no vale quedarse sentado en la butaca.

De su espectáculo dice que cree que éste es el que tiene más equilibrio, "hay canciones para más grandes como 'Pendiente de vos' y para bebés como 'Los sapitos de la noche'. ¿Cómo es posible que el show funcione? Porque la gente va en familia, intento tener la dinámica de que haya cosas para grandes, para chicos, un juego, un chiste, una canción".

Al momento de encarar un espectáculo, Pescetti tiene muy en claro por dónde comenzar y dar allí el golpe de efecto.

En la entrevista con Télam, recuerda que en el primero de sus shows daba las instrucciones de cómo reírse; en el segundo entraba a escena y decía: "No!"; en "Bocasucia" empezaba cantando "Somos puercos".

"Era muy desfachatado empezar un show así", reconoce y deletrea: "Nos encanta la basura sea de carne o verdura, de yogurt agrio y vencido o pescado bien podrido".

Para "Inútil insistir" eligió un comienzo un tanto desconcertante para los padres: "Pasaremos a explicar cómo se hacen los niños/ una pregunta que ellos no siempre se atreven a formular/ porque nosotros no siempre nos atrevemos a contestar", canta sólo con su guitarra sobre el escenario.

"Me pareció alucinante", se ríe, e imagina a los adultos pensando: "Socorro, me quiero ir ¿Cómo puede ser que un show infantil empiece así? Todo mal... eso me parecía muy divertido. Y ahí ya está toda la clave del espectáculo".

"¿Cómo sé que un chiste va a funcionar?", se pregunta y enseguida ensaya: "Es intuición, pero por ejemplo un día escuché una conversación de un chico con su mamá y las respuestas eran puro monosílabo; entonces se me ocurrió hacer esa canción que dice 'Bien, nada, bien, nada'", cuenta.

Aunque, por si faltara aclararlo dice que no va por la vida mirando a los chicos "como objeto de estudio", reconoce que son ellos y sus papás las fuentes de inspiración.

Y pone de ejemplo a su amigo e ilustrador de Natacha -su personaje más famoso- que le contó que a su hijo de ocho años en la escuela le están enseñando a sonreír para la foto del grado.

"Es increíble, imagínense a un grupo de veinte pibes practicando una sonrisa. A eso se llega por un exceso de normas. Entonces a los chicos yo llego detectando esas situaciones y transmito la gracia que a mí me causa", concluye.

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