En la recién estrenada Comisaría de la Mujer
Hasta ahora se denuncian unos tres casos por día de violencia familiar
En poco más de veinte días desde la inauguración de la Comisaría de la Mujer se vienen denunciando aproximadamente tres casos por día de violencia doméstica. Hasta el momento rondan los 70 aunque no basta todavía como para tener estadísticas. En la fiscalía temática ingresan unos 150 casos diarios. La capitana Marisa D`Elía reconoce que en Olavarría sería importante contar con un hogar de tránsito para mujeres golpeadas.

Claudia Rafael
crafael@elpopular.com.ar
Apenas dos horas después de la partida de León Arslanian de Olavarría el último 16 de agosto, una mujer atravesaba la puerta de la vieja casona de 9 de Julio 2652. Allí funciona desde esa mañana la Comisaría de la Mujer en donde día tras día se presentan alrededor de cinco mujeres a exponer situaciones de violencia familiar y, en menor proporción, de abuso sexual de las que unas tres se transforman en denuncias.
El ritmo todavía no es total porque, después de todo, la casa es nueva y demasiados en la ciudad no conocen de su existencia. Ni siquiera tiene aún conectado el teléfono. Marisa D`Elía está al frente del organismo que implicó que ya no es una diminuta oficina temática dentro de las comisarías primera y segunda la que cobija las denuncias sino una comisaría con equipo interdisciplinario que contempla especialistas en Derecho, en Trabajo Social y en Psicología más trece mujeres policías y un hombre que fueron siendo derivados desde otras seccionales hacia allí hasta completar el número.
La primera mujer en atreverse a contar su historia en esa sede recién estrenada habló de las amenazas de su hombre, esposo de larga data, como suele suceder en estos círculos que difícilmente se rompen. "Nunca llegan después del primer golpe. O, mejor dicho, en muy pero muy pocos casos vienen después de algo así. En la gran mayoría llegan porque hay algo que les produjo un click a pesar de estar soportando violencia psicológica o física desde hace años. No sabría decir qué es lo que las anima y ahí empieza el trabajo nuestro de fortalecer a la víctima que está caída, desmoralizada y que llega culpándose de todo lo que vive. Piensan que no pueden, que no van a tener fuerzas ni medios para sostener las cosas", analizó Marisa D´Elía quien además de ser capitana de la policía es trabajadora social, recibida en un instituto terciario de su ciudad natal: Saladillo.
El tema de los medios es quizás uno de los ejes medulares para muchas situaciones de agresividad familiar. La imposibilidad económica de afrontar una vida independiente, con los hijos y lejos del hombre que las sometió durante tanto tiempo suele ser una muralla. Y en eso la opinión de D`Elía es contundente: "es lamentable pero no contamos con un lugar. No existe a pesar de que Olavarría es una ciudad grande un organismo que funcione aunque más no sea como hogar de tránsito para este tipo de casos. En la mayoría de las situaciones, cuando se concluye que el caso es grave hay que tratar de manejar la situación con familiares porque después de denunciar no es fácil volver".
Un proyecto
Eva Giberti coordina el Programa "Las víctimas contra las violencias" y define al agresor diciendo que "no es ningún enfermo. No golpean porque son enfermos. Encuentran placer en golpear, en humillar. No sé por qué. Hoy hay chicos que se están entrenando al ver a su padre golpeando a su madre, pero algunos de ellos reproducirán esa conducta y otros no".
Y de ese tipo de situaciones nadie sale solo. Indefectiblemente hacen falta brazos que acompañen en el duro camino. Pero esos círculos violentos suelen contar con numerosos observadores silenciosos que conocen desde largo tiempo los padecimientos de la víctima. Operadores del ámbito de la salud, de la educación o simplemente familiares o amigos que saben que puertas y ventanas adentro de esa casa hay golpes o acosos psicológicos pero demasiadas veces se entremezcla un cierto temor con un falso concepto de que se está invadiendo la privacidad.
Existe una iniciativa en el Congreso de la Nación que parte de la base de definir que "la violencia y el abuso de poder en el ámbito de las organizaciones familiares" es una violación a los derechos humanos. Y en ese proyecto no sólo se contempla la violencia física sino también la psicológica, la sexual y la económica. Además prevé la sustanciación de juicios sumarísimos por violencia familiar y se incluye entre las sanciones la condena al agresor a "hacerse cargo de los gastos generados por su conducta violenta".
Delitos privados
La Comisaría de la Mujer tiene 23 días transcurridos desde su inauguración. Con días de cuatro denuncias formalizadas y otros de dos y de tres. Pero en lo que sería un promedio diario de tres denuncias, hay otros dos casos más que quedan en la nada. Que son escuchados, contenidos y que cuando se les plantea a las claras que si no denuncian, al ser un delito de instancia privada "si no accionan va a quedar todo ahí. En ese caso, no hay delito pero sí violencia pero si no hacen la denuncia no podemos hacer nada", explicó D`Elía.
Con ese promedio, si bien no basta para contemplar estadísticamente el fenómeno se está hablando de al menos unas 70 denuncias. Obviamente irá creciendo el número no porque se incremente la violencia en sí misma sino porque el espacio se hará cada vez más conocido. Para comparar basta tener en cuenta que por mes se presentan unas 150 denuncias ante la Fiscalía Nº 7, especializada en violencia.
Con dos agravantes de enorme peso: por un lado, las cifras oficiales dan cuenta de que en el 70 por ciento de los crímenes hacia la mujer en la Provincia de Buenos Aires, el victimario es parte del círculo de conocidos y con un alto número de ex parejas formales o informales. Por otro, apenas entre el 15 y el 30 por ciento de los casos de violencia familiar se transforma en denuncia.
En lo que hasta ahora se refiere a denuncias por abuso sexual sólo el 25 por ciento tuvo a una mayor de edad como víctima. En el 75 por ciento de los hechos denunciados fueron chicas de menos de 18 años.
Los tiempos que vendrán no son fáciles. Empieza el calor. Y son épocas del año que -según define sistemáticamente la fiscal Susana Alonso (ahora en uso de licencia)- incrementan los vínculos viciados por la agresividad. Las altas temperaturas, la proximidad de las fiestas y luego, también, el receso escolar hacen que se disparen los casos de violencia psicológica o física. Y mujeres y niños suelen ser las víctimas predilectas.