Jueves
24 de Julio de 2014
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12 de Noviembre de 2007
Hallazgo. El ejemplar del jueves causó preocupación y disparó dudas
La yarará, tan venenosa como inquietante
Casi todos los accidentes registrados por ofidios son protagonizados por la yarará, la víbora más venenosa del país. Por eso, el hallazgo de un ejemplar muerto en pleno centro de Olavarría causó sorpresa y preocupación. Cómo es este animal, inusual de esta zona, y qué hacer frente a su atípica presencia.

La yarará no sólo es la víbora más venenosa del país sino que, además, lidera el ranking de los accidentes registrados por ofidios venenosos con un 97% de las mordeduras. Y no sólo se la encuentra en las zonas fronterizas con Brasil, Paraguay y Bolivia hasta la Patagonia inclusive. También, y aunque resulte atípico, es posible hallar un ejemplar en el microcentro de Olavarría, como ocurrió el jueves pasado. La noticia sorprendió por lo inusual pero al mismo tiempo generó una sensación de temor en la comunidad. Es que si bien el animal encontrado en la esquina céntrica de Necochea y Moreno estaba muerto, tenía signos de haber sido pisado por un vehículo, lo que evidencia que anduvo deambulando por la zona.

Por ello, el zoológico "La Máxima" difundió las medidas de precaución sobre el manejo de este tipo de ofidios. Al ser un ejemplar venenoso, en caso de mordedura es imprescindible el tratamiento médico y aunque la acción del tóxico no pone en riesgo la vida del accidentado de manera inmediata, se hace urgente la necesidad de recurrir al uso de la antitoxina específica, con la mayor premura.

Desde el parque municipal se indicó que "nunca se había hallado un animal de estas características fuera de su zona endémica, que corresponde a todo el cordón serrano de Tandilia. Por lo tanto, se dedujo que el ejemplar en cuestión ha sido traído por algún particular, a quien luego se le escapó", por el sitio donde fue encontrado.

Al estar muerto, no existe peligro de ataque pero si las glándulas mantienen en su interior el veneno, un manipuleo accidental puede producir la inoculación del mismo, con el mismo efecto que el que produce una yarará viva.

El temor

Agresiva y precisa, poseedora de un veneno enérgico y eficaz, la yarará es la víbora más temida por los habitantes de nuestro país. Sin embargo, no ataca por placer ni por un accionar deportivo repudiable sino por casualidad o necesidad extrema; en defensa frente a un ataque.

La yarará es considerada una especie más típica y de amplia dispersión que abarca ciertas regiones del sur y centro del Brasil, sur del Paraguay, Uruguay y Argentina.

Generalmente, sale a cazar cuando cae la tarde, que es la hora en la que abundan sus presas favoritas, los roedores -lauchas de campo, ratas conejo, ratas coloradas y cuises pampeanos-, a los que puede rastrear mediante su "olfato" y cuyo paso nocturno acecha. Y periódicamente se desnuda de su piel: La epidermis se desprende poco a poco, ayudada por movimientos especiales, y acaba por caer. El período de la muda suele ir seguido de un incremento en la actividad de caza.

La primavera desencadena el proceso reproductivo. La yarará, como algunas otras víboras, es ovovivíparas, es decir que su sistema de reproducción es una combinación de oviparismo y viviparismo. Los huevos contienen el alimento que necesita el embrión para desarrollarse y no hay ninguna conexión entre éste y la madre, a diferencia de lo que sucede en el caso de los vivíparos. Sin embargo, el desarrollo de ese embrión no ocurre fuera de la madre sino dentro de sus oviductos.

Como la permanencia en el interior del cuerpo de la madre los mantiene al abrigo de todo accidente o agresión externa, los embriones no necesitan la fuerte protección del cascarón y se desarrollan dentro de una membrana transparente.

La hembra da a luz un viborezno aproximadamente cada 10 minutos, hasta completar un número de entre 12 y 16 crías de alrededor de 30 centímetros de largo. Cada una nace envuelta en esa membrana transparente pero ya perfectamente formada, y rompe de inmediato dicha protección. A los 20 minutos de nacer los viboreznos son capaces de desempeñarse solos. Sus colmillos ya contienen veneno, su actitud es agresiva y son muy capaces de cazar y engullir una presa pequeña.

La yarará es, sin duda, temible para el hombre, y sin embargo, sería un error considerarla su enemiga. Dentro del ecosistema es una controladora clave de la población de los roedores, especies sumamente prolíficas que, sin esos adecuados frenos naturales, acarrearían notables perjuicios a la vegetación en general y, particularmente, a la agricultura.

Su veneno

Las mordeduras de víboras suelen dejar dos orificios en el lugar de la inoculación. Pero, aunque hubiese uno solo, esto no debe descartar la consulta, ya que muchas veces los ofidios recambian sus dientes o los pierden.

La intoxicación con el veneno de esta especie produce un cambio de coloración en la zona, dolor, y lo más característico es que algunas horas después de la inoculación, esa puntura sangra espontáneamente, es decir, sin que se la oprima o se haga presión. Esto se debe al desorden que el veneno produce en el sistema de coagulación, y es el síntoma más preciso de que se trata de una yarará, advierte el Ministerio de Salud bonaerense. Sin embargo, el suero, administrado dentro de las 12 horas posteriores a la inoculación, asegura la efectividad del antídoto, según la cartera sanitaria.

Por eso, desde el parque La Máxima se insistió con la necesidad de que, ante la presencia de un animal sospechoso, la recomendación es comunicarse inmediatamente con el zoológico, tratar de no perder de vista el ejemplar y no tratar de capturarlo por el riesgo que esto implica.

Justamente, se indicó que el zoológico tiene abierta sus puertas para la atención administrativa de lunes a viernes, de 7 a 13, teléfono 423211. Y que existe un servicio de Guardia las 24 horas que puede contactarse al teléfono 15-458228.



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