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18 de Agosto de 2008
El libro "Ecofascismo" critica el rol de las agrupaciones internacionales Una vuelta de página sobre las ONG ecologistas

A contrapelo del habitual discurso pro medio ambiente, el ensayista Jorge Orduna desarrolla en su libro "Ecofascismo" una posición crítica sobre el rol de las organizaciones ecologistas internacionales y el peligro que implicarían para la soberanía nacional de los países emergentes.

"En la Argentina hay casi 40 millones de habitantes y una cantidad enorme de recursos, ya que cuando uno sale de Buenos Aires, se da cuenta de que la visión de un país despoblado en muchas regiones es real. Y el crecimiento poblacional nuestro es inferior a otros países de América Latina, sobre todo al de Brasil", afirma el autor en una entrevista con Télam. El tema del control de la población es seguido en la investigación realizada por Orduna desde el siglo XIX, cuando la visión eugenicista -la eugenesia estudia los métodos científicos para mejorar la raza humana a través del control de su reproducción- tuvo su esplendor de la mano de figuras como Julian Huxley, Francis Galton y el propio Darwin.

Esa ideología ecologista anglosajona, que considera que la amenaza para el medio ambiente y la conservación de las especies proviene en primer término del ser humano, ha seguido vigente a través de las organizaciones ambientales hasta hoy, según la polémica tesis abonada por Orduna.

A su juicio, en la actualidad hay una noción de la naturaleza distorsionada por medio de una propaganda sistemática que bombardea a la gente "con una imagen fabricada por Walt Disney. Parten de una imagen ingenua como la del oso panda para respaldar determinadas políticas".

"La eliminación de la fauna salvaje y el control de la selva natural son un prerrequisito de la agricultura. Esto pasó en Europa y gracias a eso no hay osos que se comen a los niños, ni escorpiones que los piquen a las puertas de un rancho -opinó-. Ellos se desarrollaron sobre esa base. Y ahora a los países del Tercer Mundo nos pasan la receta que no hay que controlar la naturaleza". "Lo que dicen las organizaciones ecologistas se contradice con lo que dicen la mayoría de las asociaciones científicas, que no tienen ese presencia mediática masiva. Así nace el prejuicio de que hay que conservar todo, quien afecte la naturaleza está provocando un daño", subrayó Orduna.

Refiriéndose a grandes terratenientes norteamericanos que sostienen la necesidad de contar con áreas protegidas, el ensayista mencionó a Douglas Tompkins, "un apasionado comprador de tierras que en su página web se adjudica la posesión de 800.000 hectáreas en la Patagonia argentina y chilena". "Ellos compran estos terrenos y los entregan para conservación y establecen una serie de limitaciones al uso de esa tierra, no se puede tocar nada. Y lo que está en juego es la intervención de organismos nacionales en este tipo de transacciones", resaltó.

Orduna consideró que "así como en determinadas circunstancias una fábrica puede tener un impacto ambiental positivo, un parque natural puede tener un impacto negativo: un ejemplo sería si yo cercara Ushuaia de áreas protegidas".

"Hay tres o cuatro canales de televisión que promueven diariamente la vida natural, algo que todos compartimos, pero más allá de cierto punto se genera una actitud en la opinión pública totalmente reacia a creer que un área protegida pueda ser negativa para el país", sostuvo el autor de "Ecofascismo", recién publicado por Martínez Roca.

"El mundo se mueve ligado a la visión de los medios, y la presencia de la ecología es tan abrumadora y tan parcializada...", dijo Orduna, y puntualizó: "No estoy en contra de una actitud ecológica, pero no hay en la Argentina una mirada crítica sobre determinadas cuestiones que son centro de un debate en otros países, incluso entre las mismas organizaciones ambientales".

El tema de la necesidad de un desarrollo sustentable aparece a lo largo del libro, aunque el autor hace hincapié en la dificultad de impulsar algunos emprendimientos, "frente a una filosofía ambiental que viene con mucha fuerza desde el Primer Mundo".

"Está el problema de la minería y el agua. Sin minería no hay posibilidades de desarrollo y yo vi en Mendoza mucha gente pasear con carteles en contra de la instalación de minas. Si no lo hacemos acá, lo van a hacer en otro lado", sentenció Orduna.

"¿Qué sería de la Argentina si sólo fuera un gran jardín, lleno de ñandúes y guanacos paseando de un lado a otro? Cuando llega un turista norteamericano y yo lo llevo hasta mi casa, en Mendoza, pasamos por una destilería y hoy en día está tan imbuida la mentalidad ecologista que eso es contaminación visual".

Para el ensayista, "estas organizaciones pretenden que el indígena se mantenga puro: 'usted consérvese con el arco y la flecha, que no contamina y consuma nada más lo que necesita, ¿para qué quiere una radio?, ¿para qué quiere energía?' ".

Para el desarrollo -sostiene Osuna- "es necesario que la población crezca, lo que hay que ver es de qué manera se hace. Una cosa es encontrar como resistencia una visión argentina, científica del problema. Y otra tener como oposición una visión externa a lo que son nuestros problemas". "No estoy en contra de las organizaciones ecologistas nacionales e independientes, pero sí de las redes internacionales de información ecologista que ya vienen con una manipulación ideológica", reiteró.

"Yo he visto a un ecologista local consultado en la radio de cómo debemos tratar a los árboles, decir: 'como a nuestros mayores'. Esto no es científico. Un árbol es un árbol. Esas no son categorías científicas. Hay un antropomorfismo de la naturaleza... Y es lo que promueven las organizaciones ambientales", concluyó. Télam

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