Otras voces
Quo vadis, Argentina?
Nadie sabe con certeza adónde va la economía argentina. Nadie dispone de parámetros precisos y confiables para hacerlo. A raíz del falseamiento de las estadísticas oficiales, desde hace cerca de dos años, más y más se dificulta la posibilidad de entablar discusiones sobre la verdadera situación del país. Aquella decisión ha sido un acto de osadía inaudita, que ha violentado contratos del Estado con empresas, instituciones e individuos y empeorado la imagen nacional ante el mundo.
Nada más urgente, pues, aparte de restablecer la confianza de la Nación en sí misma y en relación con lo demás, que la procuración de respuestas a otra cuestión esencial: "¿Adónde vas, Argentina?". Así lo ha hecho el congreso anual de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), abierto bajo aquel interrogante, en su reciente reunión de Rosario.
A estas alturas, es evidente que al Poder Ejecutivo Nacional y al sector rural los separa una cuestión cultural de fondo. Por un lado, el Gobierno se encuentra atado a esquemas anacrónicos de gestión, retardatarios del progreso y sólo recomendados por ideólogos de un populismo miope y resentido; por el otro, el campo, con los índices más altos de la productividad nacional, reclama libertad para el trabajo y seguridad para las inversiones.
Quedó señalado con reiteración en Rosario de qué manera la crisis del Gobierno con el campo ha servido como primer paso hacia la recuperación de instituciones desmedradas. Se ha abierto, en verdad, una expectativa favorable que el Congreso de la Nación no podría desperdiciar en la hora próxima de resolver otras cuestiones que deben llegar a su conocimiento. (...)
El conflicto con el campo sigue en pie según todo lo evidencia, mientras se ahonda la preocupación por otros asuntos relevantes a raíz de la inflación, de un gasto público al que se aplica con irresponsabilidad el Gobierno, de tasas de interés incompatibles con la generación honesta de riqueza para afrontarlas y de extensión de la pobreza y la marginalidad. A esto ha venido a agregarse en los últimos días la estupefacción colectiva por los cobros usurarios a la Argentina en la colocación de bonos en una Venezuela que, en manos del presidente Chávez, no sólo demuestra ser pésima aliada para el país en el terreno político, sino que en términos financieros es tres veces menos generosa de lo que hubiera sido el Fondo Monetario Internacional.
Quo vadis, Argentina? ¿Adónde vas? El campo argentino sabe hacia dónde dirigirse. Lleva veinte años de continuado crecimiento y su perseverancia en la aplicación de tecnología de vanguardia, y en preservación y mejoramiento de suelos asegura nuevas e importantes contribuciones al interés general del país, por lo que se constató en Rosari.
Falta que lo entiendan de igual manera el Gobierno y el sedicente círculo de ideólogos ajeno a la realidad, pero que todavía gravita sobre aquél.
(La Nación, 20 de agosto)