Fue elegido como eje del festejo el paso del tren por barrio El Provincial
El cierre del carnaval y un cálido homenaje al ferrocarril
El espectáculo organizado por Macondo Creativa, la murga Arrebatando Lágrimas y el grupo Falsa Pimienta convocó nuevamente a las familias de ese barrio, que se unieron a la convocatoria. La quema del momo aportó un momento distinto, a pesar de las amenazas de lluvia.

Quizás sin el presupuesto de los Corsos Oficiales pero con una elevada cuota de ingenio, por segundo año consecutivo el cierre de carnaval en El Provincial reunió anoche a muchas familias, unas 400 personas que se dieron cita para disfrutar de un espectáculo renovado sobre avenida Junín en la esquina con calle Belgrano, donde hace muchos años funcionaba la Estación Terminal a la que llegaba el tren y hoy es la sede de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI).
El eje del festejo fue un homenaje a una época que se fue, encarnada por el viejo Ferrocarril Provincial, quien con su paso le daba otra dimensión a la vida en ese sector de la ciudad. Alrededor de las 21.30, sobre un tablado dispuesto en el lugar y con la amenaza constante de los relámpagos que presagiaban la llegada de la tormenta, el grupo de actores que funciona en la mutual Macondo Creativa comenzó a darle forma al cambio de autoridades en la Comisión para la Restauración Reinstalación Recuperación de la Red Ferroviaria.
El público fue llegando desde temprano e hizo propio el lugar elegido para la celebración. Estaban quienes aún recordaban los ecos del sonido de la locomotora y los que se enteraron de esa ausencia por los comentarios de sus padres y abuelos. Muchos chicos le agregaron color a los disfraces de los actores y al atuendo de la murga Arrebatando Lágrimas, que además de participar colaboró en la organización junto con el grupo Falsa Pimienta y se sumó así a la convocatoria de la gente de Macondo.
Hubo retumbar de parches, miradas que se cruzaban, corridas detrás del escenario, padres con sus hijos enancados en los hombros y saludos entre viejos conocidos, pero por sobre todo muchas expectativas por saber cómo continuaba ese rito pagano que culminaría con la quema del momo Humberto Florido marcaban el ritmo de la noche.
La murga Arrebatando Lágrimas hizo propio el tablado a la manera de sus colegas uruguayos y desde ahí se cantaron críticas al futuro y al presente en estaciones imaginarias donde tampoco faltaron las alusiones al proyecto del Tren Bala promovido desde el Gobierno. La retirada le dio paso a la "llamada", donde los integrantes del cuerpo de baile de la murga mostraron sus destrezas.
Momentos más tarde hubo tiempo para llamar a la madre de un chico que se había perdido, tal vez deslumbrado por tanta música, tanto maquillaje y tanto brillo, y antes de que se leyera el testamento del momo ya había vuelto a encontrarla. Entre tanta nostalgia por los tiempos en que la máquina atravesaba esas vías donde termina el barrio Pueblo Nuevo, comenzó la despedida de Humberto Florido con la lectura de su testamento. Allí, durante sus últimos instantes de vida, el momo aclaró: "Me iré con este tren que nunca regresó".
La persistencia de la tormenta, que parecía querer integrarse al espectáculo, apuró la lectura y el desfile por la avenida al son de los parches de la cuerda de candombe Ashanti para llegar por calle Necochea a la elevación donde el momo esperaba, imponente, por las llamas que acabarían con su efímera vida. Poblaban su panza, pegados, pequeños mensajes que llevaría al más allá, pequeños pedidos de los chicos para "pasar de grado", "que no pase nada durante la quema", "andar a caballo", otros de los grandes para "tener la casita", y otros que requieren de mayor intimidad, referidos al amor que podría llegar durante este año.
Improvisadas antorchas fueron encendiéndose para ser acercadas a los puntos más vulnerables de Humberto, que pareció resistirse en un primer momento a la invasión de las llamas pero que luego se entregó para transformarse poco a poco en un recuerdo, mientras sus cenizas eran esparcidas sobre las cabezas de los presentes por el viento norte, que también alejó la tormenta para coronar de estrellas una noche imborrable.