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2 de Setiembre de 2010
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13 de Marzo de 2009
El antropólogo Alfredo Wagner presentó el libro "Tierras tradicionalmente ocupadas"
Identidades que se construyen a partir de necesidades comunes
En su obra detalla cuáles son los movimientos sociales que ocupan esos espacios en el Brasil, cómo construyen su territorialidad y cómo se conforman las identidades colectivas. El investigador propone un registro de población diseñado a partir de las identidades de sus pueblos: "qué quieren ser esas personas y qué hacen efectivamente", y prioriza cómo se definen a sí mismos.

Por Dolores Pruneda Paz / Télam

Con el libro "Tierras tradicionalmente ocupadas", el antropólogo brasileño Alfredo Wagner detalla cuáles son los movimientos sociales que ocupan esos espacios en el Brasil, cómo construyen su territorialidad y cómo se conforman las identidades colectivas.

Recién publicado por Teseo, el libro abre la discusión acerca de "una manera de ser, existir, percibir y construir la sociedad desde la constatación de la diferencia", explica a Télam el antropólogo de visita en Buenos Aires para presentar su obra.

La nueva cartografía social explicitada en el trabajo presenta las tierras de indios, tierras de preto (negro), pueblos de la selva y de santo -comunidades que toman el nombre del santo patrono de la antigua hacienda que funcionaba en el lugar- y tierras de herencia, parientes y ausentes, entre otras.

Wagner construyó el mapa con un criterio alterno al del censo formal -que mantiene la clasificación cromática de siglo XIX para registrar poblaciones- considerando las modalidades de uso común de la tierra, "fuera del paradigma oficial de homogeneidad en modelos económicos y de propiedad".

El investigador propone un registro de población diseñado a partir de las identidades de sus pueblos: "qué quieren ser esas personas y qué hacen efectivamente", y prioriza cómo se definen a sí mismos "lejos de la idea colonialista que usa clasificaciones impuestas desde afuera, sea el Estado, la academia o nosotros".

La exploración -que lleva más de dos décadas- abarca el sur de Brasil, nordeste y Amazonia, y busca "dar visibilidad a grupos que tienen un movimiento social diverso y que construyen su vida desde otra manera".

También intenta, agrega el especialista, "redefinir términos como pueblo y tradición apartándose de la idea evolucionista de que todo desaparece, base del proceso de invisibilidad que imponen a esta gente, que no está apagada en el mapa, está viva".

"El Brasil se pensaba como un solo pueblo con una lengua oficial y resulta que es un país que reúne 180 lenguas, con 200 comunidades indígenas y 2.800 'quilombolas' (comunidades afrobrasileñas que preservan su cultura) sin contar los castañeros ribereños y quebradores de coco", menciona.

Todas esas manifestaciones sociales fueron reunidas en este libro, donde "investigamos cómo emergen esas identidades colectivas que hacen que cada grupo o sociedad construya su territorialidad de una manera particular", marca Wagner.

Tal es el caso de las mujeres que extraen cocos babacú, donde "su profesión determina una identidad que genera un movimiento interestatal -Maranhao, Piauí, Tocantins- para mantener el territorio".

"Desayunamos, arreglamos la casa y a las 8 salimos a la huerta o 'el mato' (el monte) a juntar cocos y hojas de palmera. A la vuelta, las que tenemos hijos hacemos el almuerzo y una empieza a partir cocos con el machete", cuenta Nice Marchado, una quebradora de Maranhao.

"Del coco usamos el carozo para hacer aceite; la carne para una medicina contra la gastritis, leche nutritiva, pasteles y tortas; y de la cáscara sacamos un carbón mejor que la madera porque dura más", repasa la mujer, de unos 50 años.

D'Nice es sintética: "Nuestra lucha es permitir el libre acceso a los palmerales silvestres de coco de babacu porque son nuestro medio de vida, nuestra profesión y nuestra identidad".

Si bien consiguieron libre acceso a las palmeras en varias regiones del nordeste, las tierras se siguen vendiendo y sus propietarios ralean el mato y siembran alimento para ganado o envenenan las palmeras para alejar a las quebradoras.

"Prácticas más extremas consisten en poner cercas eléctricas o quemar sus casas, afincadas en el lugar desde antes de vendido el terreno", cuenta la quilombola D'Je Ferreira, quien intenta convertir en reserva una comunidad de 5.000 habitantes, lo que le permitirá la apropiación de esa tierra.

"La gente no se define más por su origen. Está el caso de los faxinais, gente de origen alemán, ucraniano, indígena, italiano, negro y polaco que ahora forman un único pueblo", retoma Wagner.

"No es la identidad nacional la que los define, sino los lazos y condiciones que han construido socialmente, esa es la identidad que los constituye", finaliza.



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