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Viven en las sierras y la directora del zoológico advierte sobre riesgos innecesarios
"No hay que atrapar yararás ni sacarles el veneno"
No salir a cazar serpientes y, en caso de atrapar una, evitar sacarle el veneno. Así lo advierte la directora del zoológico La Máxima a partir de la captura realizada la semana pasada por Víctor Kraus. Sandra Botassi plantea la necesidad de no correr riesgos innecesarios. Durante 2009 el zoológico recibió 11 ejemplares que derivó al Instituto Malbrán para la obtención de suero antiofídico.

"No cualquiera puede manotear una víbora y es un disparate sacarle el veneno", advirtió la directora de La Máxima en respuesta al "cazador de serpientes" que el sábado atrapó una yarará con sus manos y le quitó la ponzoña. Luego Víctor Kraus se dirigió a zoológico para entregar al animal que, como iba dentro de una lata, llegó muerto.

Por eso, Sandra Botassi decidió hacer un llamado de atención a través de EL POPULAR para que "la gente entienda que todo animal cumple una función en el ecosistema. Las yararás tienen la función de ser regularizadoras de plagas y se alimentan básicamente de roedores: no hay que atraparlas ni sacarles el veneno".

Entonces, "si vemos que pasa una yarará dejémosla, que haga su vida. No va a venir a atacarnos y si una persona sufre una mordedura es porque el animal actúa a la defensiva", añadió la veterinaria.

Desde el zoológico se admitió que si bien es real lo que manifiesta Víctor Kraus, que estos animales salen a cazar al atardecer, no lo hacen porque abundan sus presas sino "por una cuestión térmica, es decir no pueden regular su temperatura corporal, su organismo copia las condiciones climáticas del medio. Esto hace que cuando empieza a ceder el calor, abandonan sus guaridas y salen a alimentarse".

En la misma línea, Botassi hizo hincapié en la necesidad de no subestimar su capacidad visual, ya que dicho sentido las ayuda a guiarse y a encontrar sus presas. La mejor prueba de ello es la agresividad que presentan en oportunidad de cambiar su piel, debido a que dicho proceso también involucra sus córneas y éstas pierden transparencia cuando se acerca el momento de desprenderse de la piel vieja, por ello, al no poder ver atacan a todo lo que sientan moverse a su alrededor.

"Es un animal potencialmente venenoso y su mordedura puede ser mortal, entonces para qué poner innecesariamente en riesgo la vida. No tiene sentido", planteó Botassi.

En coincidencia con "el cazador de serpientes", la responsable del zoológico admitió que las yararás son sordas y que se valen de su lengua para captar olores y de una estructura que les permite distinguir cambios de temperatura y con eso detectar las presas de sangre caliente.

Y justamente debido a la potencia de su veneno es que no comparte la idea de tomar a un ejemplar del cuello sino "valerse de una rama o cualquier elemento que permita mantener la distancia con su boca y levantándola por el medio. Suelen quedarse quietas y así es conveniente introducirlos en algún recipiente que pueda ser bien cerrado".

Sandra Botassi explicó que, a pesar de las extracciones para la elaboración de sueros antiofídicos, estos ofidios no se quedan sin veneno sino que es inmediatamente repuesto. "Mantienen su peligrosidad aún después de ser exprimidas sus glándulas porque esas mismas glándulas siguen produciendo. Clava el colmillo pero sigue generando", enfatizó.

En otro orden, la directora del zoo remarcó el beneficio que estos animales brindan como reguladores de plagas para insistir con que lejos de intentar la captura se facilite su alejamiento.

En Olavarría es posible encontrar yararás en la zona de "Sierras Bayas y Loma Negra. Es la peligrosa. Pero también hay otras víboras como la falsa yarará o las culebras, que se las mata pero no pasa nada, no son de riesgo".

El consejo, entonces, es "que la gente no busque el peligro". Ahora, en los casos de fuerza mayor, donde se haga necesaria e indispensable la reubicación hay que tener en cuenta todo lo expresado y extremar las medidas de seguridad. "Seremos receptores de esos ejemplares y de hecho cuando la gente viene acá nosotros llevamos a los animales al Instituto Malbrán para que sean manipulados por gente especializada", aclaró.

Lo ideal es el traslado a la brevedad a La Máxima, donde serán acondicionadas para que, todos aquellos animales en excedentes, sean remitidos al Instituto Malbrán, donde se elabora y distribuye, hacia los centros antiofídicos del país, el antiveneno.

Por último, en el tiempo transcurrido en cautiverio, la sugerencia es no exponerlas a temperaturas altas o bajas (en caso de calor mantener a la sombra y de lo contrario, en un ambiente cálido), porque "lamentamos que este ejemplar" cazado por Víctor Kraus "llegara muerto a nuestro zoológico. No hay que dejar al animal en un tarro ni agarrarlo con la mano".

Usualmente se encuentran yararás en esta zona que tienen, como destino transitorio, La Máxima. "El año pasado llevamos 11 ejemplares al Malbrán" y la época de mayor aparición "es esta, porque salen en verano y tienen hábitos nocturnos. Insisto con el respeto a la especie", remarcó Botassi.

Actualmente, en el serpentario del zoológico hay "dos yararás en exhibición, simplemente como función educativa y para que los visitantes sepan cómo son y puedan reconocerlas".

Finalmente, Sandra Botassi aclaró que desde La Máxima se ofrecen animales para la obtención de suero antiofídico pero a nivel local no hay stock, pues el suero está en el centro de Zoonosis de Azul.

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