Asegura que es imposible vivir en esas condiciones
Un vecino de Apoaa se queja por los ladridos, basura y malos olores
Hace once años que vive en su quinta, pero en los últimos tiempos asegura que le resulta insoportable oír las 24 horas ladridos y sentir el olor de los desechos de los animales. Pide que saquen el predio y presentó sus quejas en Salud Pública, pero la Municipalidad piensa ampliarlo.

Julio Araujo comienza hablar y enseguida reconoce que se pone nervioso, que le pica todo el cuerpo y que la situación por la que atraviesa "me saca de quicio". No es para menos. En su quinta ubicada en Avellaneda 10, cuando comienza la calle cerca de la ruta 60, es imposible respirar aire puro y escuchar tan sólo el sonido de los pájaros y el viento, algo que sí podía hacer unos años atrás.
Justo frente a su casa, el predio de Apoaa (Asociación Protectora de Animales Abandonados Olavarría) se muestra como un espacio donde se cuidan a animales abandonados, pero en práctica él lo vive como una tortura permanente. Y por eso, cansado de la situación, el lunes fue a la Secretaría de Salud Pública de la Municipalidad para presentar su reclamo y solicitar que hagan algo con los más de cien animales que viven allí.
Araujo comentó que "el problema comenzó cuando pusieron la perrera ahí", dice señalando el lugar de donde emanan olores nauseabundos. "Ya empezamos mal pero me la aguanté y en una oportunidad cuando empezaron a hacer cosas que no debían me fui a quejar. Habían prendido fuego a perros muertos y a los excrementos de los perros. Era verano, queríamos estar en la pileta y el humo nos molestaba así que fuimos a pedir que apaguen el fuego. Nos trataron tan mal y con tantas malas palabras que terminamos discutiendo feo con las que trabajan en Apoaa", describió. El entredicho terminó en una denuncia en la Fiscalía. "Me denunciaron, tuve que ir a la Fiscalía a hacer un descargo porque fui a pedir de buena manera que apagaran el fuego". El hombre solía alquilar su predio para eventos o fiestas de cumpleaños, algo en lo que también se vio perjudicado desde que instalaron los caniles.
"El tema es que acá están todo el día ladrando y ladrando", algo fácil de corroborar en la recorrida de EL POPULAR. Apoaa no recibe perros en su predio, pero la gente acude hasta allí con la intención de dejarlos y aunque la respuesta sea negativa, los abandonan. ¿Qué sucede entonces con esos animales? "Se vienen a mi casa, a la de enfrente, muerden a las ovejas del vecino. Yo tenía ovejas y se me fueron muriendo o sea que a mi me perjudica por donde lo mires", se quejó.
"La gente los deja tirados y nadie se hace cargo de esos perros", sostuvo Araujo, quien apeló también a la conciencia y responsabilidad de la gente que suele abandonar mascotas cerca de su casa.
Por si fuera poco, hace pocos días encontró entre los añejos árboles de la casa donde vive una bolsa de residuos rota repleta de jeringas, agujas, remedios o vacunas especiales para perros y guantes de látex. "Esto -dijo mostrando los residuos- lo han sacado y algún perro lo trajo hasta acá. Es una vergüenza y lo más antihigiénico que puede haber. A mí se me había roto la máquina de cortar pasto y por eso dejé crecer un poco y resulta que cuando vengo a cortar el pasto a esta zona (alejada de la casa) me encuentro con esta mugre en mi propia casa", algo que lo indigna notablemente.
Julio Araujo tiene sus propios perros, a quienes muestra con orgullo y habla de los cuidados necesarios y de la alimentación básica que deben recibir. Y denuncia que "enfrente no comen mucho los perros, entonces ladran todo el día". Por si fuera poco, sostiene que "cuando escuchan un auto se vuelven locos con los ladridos. Pero además el excremento de los perros lo tiran en una canaleta y depende de cómo esté el viento hay unos olores impresionantes.
El lunes fue su límite. Acudió a la Secretaría de Salud Pública a realizar una denuncia contra Apoaa. En la misma consta que "me siento afectado como vecino lindero" y detalla "la falta de higiene (evacuación y quema de desechos en la vía pública), arrojan guantes, jeringas, agujas, medicamentos, sin tomar precauciones y sin importarles los desechos de los vecinos; no reciben adecuadamente los animales cuando son llevados por la gente y la misma al no obtener respuesta los deja abandonados en la vía pública, los cuales ingresan a mi predio buscando refugio y acarreando enfermedades y contagios a mis animales así como molestias y problemas de salud a mi familia, limitando a mis hijos moverse libremente por el parque".
Araujo vive con su esposa y una hija. Y reconoce que cuando acudió a la oficina municipal los propios empleados le decían que se tranquilice. "Pero esto te supera. Que vengan a vivir una semana a mí casa los funcionarios municipales o los integrantes de Apoaa a ver cómo se sentirían. Es imposible vivir en estas condiciones".
El vecino sabe que la Municipalidad firmó un convenio con Apoaa para ampliar el predio y construir más caniles para dar a los animales abandonados un mejor tratamiento. Y esa idea no le satisface en absoluto. "Yo quiero que saquen todo de acá y recuperar la paz en la que vivíamos", dice con franqueza.