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4 de Abril de 2010
Una investigación de Diego Lascano
Los juguetes y sus rasgos de identidad



Para el investigador Diego Lascano, quien desde 1995 estudia la fabricación de juguetes en el Cono Sur, "estos objetos traen al presente circunstancias culturales y sociales de su tiempo y dan indicios sobre la identidad y las creencias de sus fabricantes, y sobre los que jugaron con ellos".

Lascano, argentino residente en Uruguay, autor de los libros "Juguetes Uruguayos 1910-1960" (2004) y "Matarazzo. Juguetes de hojalata argentinos", en coautoría con Daniel Sudalsky (2005), realizó exposiciones en Uruguay, Argentina y Chile.

Su interés por el tema se remonta a su infancia cuando separaba a los juguetes entre "para romper y aprender" y "para coleccionar", aunque su memoria viaja hasta un soldado prusiano de pasta de inicios del siglo XX que halló en la casa de sus bisabuelos y que lo llevó a apasionarse por los juguetes de antaño.

Sobre la relación entre el juguete y la identidad, señala en diálogo con Télam: "Los juguetes del pasado son la fascinación de muchos antropólogos e historiadores por las hipótesis que generan sobre el motivo real de su creación o uso: herramientas para el juego o instrumentos rituales o propiciatorios".

El material con que se fabricaban es un punto a tener en cuenta ya que muchas veces determinaban preferencias: "Los juguetes de hojalata litografiada permiten mecanismos de cuerda o fricción que le dan vida propia, además de ser los más atractivos estéticamente por la posibilidad de imprimir en la plancha de hojalata dibujos detallados".

Los de madera, dado el bajo costo de la materia prima, "son masivos, pero con un volumen de producción menor que los de hojalata".

El plástico será el material que revolucione la industria: "El proceso industrial de inyección del plástico permite volúmenes de producción impensados hasta allí, aunque excluye a artistas, pintores y ensambladores. Carecen del toque humano que poseen los fabricados en madera, hojalata u otros materiales nobles".

Las ventajas están en la fidelidad del acabado, dice Lascano: "Con detalles y miniaturizaciones difícilmente reproducibles en hojalata o madera, además que su producción masiva abarata notablemente el precio final".

Sobre las diferencias entre los juguetes actuales y los de antaño, sostiene que "hasta la década del 70 representaban la realidad en miniatura, para que los niños 'jugaran a ser mayores', asumiendo el rol de los adultos con la seguridad de controlar un entorno proporcionado al tamaño de sus posibilidades".

De allí en más, subraya el investigador, "la irrupción masiva del juguete derivado del mercadeo de dibujos animados, cine y televisión, modificaría esa 'realidad miniaturizada' hacia un universo irreal".

"Casi sin juguetes tradicionales en los comercios -advierte-, los niños no tienen otra alternativa que interactuar con los productos corporizados de la bidimensionalidad e idiosincrasia de la industria audiovisual".

De este modo, el juguete hiperrealista de hoy limita la invención infantil al poseer dispositivos que reemplazan todo lo imaginable por un niño, "hipersaturado ya de información".

Confiesa Lascano que le da "mucha tristeza" ver a los pequeños "aburrirse rápidamente con los 'efectos especiales' de sus juguetes e incapaces de atribuirles otra función que nos sea la anunciada en sus cajas o comerciales de televisión".

Sobre el emblemático "soldadito de plomo" -tema de su próximo libro- señala que su historia, "se remonta al Egipto de los faraones, cuando se tallaban en madera infinidad de pequeñas figuras militares y civiles que acompañaban a las diminutas representaciones de deidades y del mismo difunto en su viaje al 'más allá' ".

Y entre otros antecedentes, "las miniaturas de guerreros de metal fundido que quizá cumplieron roles de rituales diversos en la antigua Grecia y Etruria, pero el esplendor llega en el siglo XVIII, en territorios de la actual Alemania, con la producción masiva de soldaditos planos en diversas aleaciones metálicas".

Los vaivenes entre importación y producción local, al ritmo de las guerras mundiales, pesan también en la fabricación del soldadito. Así, tras la Gran Guerra del 14, la demanda obligó a firmas europeas a considerar el diseño de versiones específicas para América del Sur.

"Llegan soldaditos de plomo con uniformes uruguayos, argentinos y chilenos; aviones con escarapelas distintivas de los países de la región; y trenes identificados con las compañías locales", apunta.

Pero será en los 40, con la Segunda Guerra Mundial, cuando se inician los "años dorados" de la fabricación del juguete en el Cono Sur: "Es cuando la industria nacional asume de nuevo la responsabilidad de sustituir los productos importados y proveer a su clientela, ingenieros y artesanos locales pasan de adaptar antiguos diseños extranjeros a crear los propios". Télam

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