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23 de Mayo de 2013
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26 de Octubre de 2010
La última novela de Sylvia Iparraguirre
Una historia de amor bordada en un pueblo de provincia
"La orfandad", como se llama la novela, se basa en la historia de amor de dos personas unidas por el azar en un pueblo que condensa una fuerte raíz identitaria.



Mora Cordeu

Un pueblo perdido de la provincia de Buenos Aires es el escenario de la última novela de Sylvia Iparraguirre, "La orfandad", basada en la historia de amor entre dos personas unidas por el azar en una geografía que condensa una fuerte raíz identitaria.

"Yo he vivido mi infancia y mi adolescencia en pueblos de la provincia pero lo que pongo en juego no es solamente mi memoria personal sino memorias heredadas de mis padres, de mis abuelos", dice la escritora en diálogo con Télam acerca de esta novela trabajada desde una memoria afectiva.

Todavía siguen quedando en esa Argentina profunda, interior, "todos esos mitos de los que la gente se siente orgullosa y heredera. Creo que tiene que ver con la identidad, con la pertenencia", arriesga la escritora.

E insiste en que "todo forma parte de la memoria colectiva, cuando la lupa enfoca un pueblo chico ves las particularidades más íntimas de esa identidad y de esa sociabilidad colectiva. Eso que fuimos o que somos".

El tema de la identidad pasó por la preocupación de Iparraguirre no de una manera racional: "No era escribir sobre eso... esas cosas debían fluir a partir de los personajes, como testigos voluntarios o involuntarios, porque tanto Sonia Reus como Bautista Pissano -los protagonistas- viven una situación particular en el pueblo".

Bautista y Sonia son dos destinos opuestos. Como esos edificios de ladrillos rojos -el asilo y la cárcel- edificados en los albores de ese pueblo, San Alfonso, antes de la llegada del tren.

"Sonia ha vivido la carencia de la orfandad, marcada por la necesidad de saber de dónde viene -lo que también es una hiperlectura de la novela-, Bautista ha sido signado por el sentido de la generosidad y el darse hacia fuera", describe Iparraguirre.

Hijo de inmigrantes en la Argentina de los años 20, cuando empieza la novela Bautista ve por primera vez el campo camino al pueblo donde cumplirá una condena en la cárcel local, acusado de sedición. Cuando sale son tiempos de la guerra civil española, "y todavía tiene la idea de un destino heroico ligado a la causa anarquista".

En ese entonces, Sonia ha dejado el orfanato para irse a una pensión. "Allí comienza a vivir una vida independiente. Es tímida, tosca y cuando se encuentran él la va educando, le dice que hay distintas formas de amor".

En la "lenta" génesis de la novela -publicada por Alfaguara- "aparece Sonia con mucha fuerza, tal vez inspirada por una 'nouvelle' de Nina Berberova (1901-1993), "El acompañante" que me dio un acorde. A su alrededor surge el pueblo, Bautista... la trama se va gestando como un tapiz, con sus zonas grises que se van coloreando. Después el humor, las leyendas", desgrana.

Los personajes van bordando sus vidas en ese pueblo: "Desde un punto de vista formal, primero son las voces de los dos contando sus historias, después la cámara se aleja y el pueblo ya los incluye, son parte de esa gente retratada en una exposición de fotos de los 100 años de San Alfonso".

Las fotos como modo de mostrar la forma de relacionarse: Bautista y Sonia viven desde los bordes de la realidad del pueblo, "pero el pueblo los va aceptando, captando su historia".

Y hay un lugar donde poner el humor, "si no, siento que no respiro", dispara Iparraguirre al referirse a esas cuatro hermanas, las Zuloaga, "que son una especie de modesto foro, van replicando y comentando los incidentes del pueblo".

Casi toda la novela transcurre en una conversación entre Sonia y Bautista: "Un enrejado de madera pauta la charla, donde se filtra el sol y se va proyectando en el piso y en la pared con su efecto de luz y sombra; eso da cuenta de todo el largo día y la noche en que ellos comparten mutuamente su historia".

Esa es la pauta del tiempo de la primera y la segunda parte de la novela. "Hasta que al final el pueblo los absorbe y es la mirada del narrador la que los ve", explicita la escritora.

Esa época nos da ciertas claves de una identidad "que no creo que esté del todo perdida porque la historia tiene resonancias. Bautista no podría ser un personaje actual, tampoco el asilo en el que Sonia vive su vida. Son realidades de una Argentina que pasó pero que recordamos. Dejaron su huella".

"La causa anarquista no es viable ahora ni está encarnada en una propuesta. Sí creo que hay una ética detrás de esa posición -afirma-. Por eso Bautista no se abandona en la cárcel, la causa le dicta el deber de seguir su ideal. Eso me parece conmovedor".

Algo contrapuesto, observa la autora, "a la realidad de la ciudad en la que vivimos: anónima, bastante oscura, muy problemática, desasida de los problemas del vecino, del otro".

Frente a la ciudad, "el pueblo aparece como el lugar donde todo se dice, hay siempre esa circulación oral que me encantaba cuando la viví. Pequeñas sociedades que se guiaban por lo dicho", acota.

En "El muchacho de los senos de goma", su anterior novela, "está la ciudad a fin de siglo XX, la circulación de lo intelectual, de los escritos, una ciudad 'letrada'".

"Siempre han sido dos temas que pasan por mi biografía personal. A partir de los 18 años que vine a la ciudad a estudiar me fascinó Buenos Aires. Fue todo un aprendizaje solitario y fenomenal de aprender la libertad. Cuando salís de un pueblo todos saben todo y en un primer momento te protege el anonimato de la ciudad. Son dos universos distintos, uno se refleja en el otro. Son en cierto modo especulares como si el tiempo dijera: 'esto que pasa acá después va a ir a parar allá a la ciudad'", desliza.

La necesidad de volver a los orígenes, planteada implícitamente en la novela, "es un tema que me atañe, la siento como propia. Es indispensable para saber quién es uno, qué quiere hacer en la vida, en un momento bastante despersonalizado. Me gusta saber quiénes fuimos, cómo nos planteamos vivir acá de una manera tan característica y nuestra". Télam

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