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21 de Marzo de 2011
En Cañada Rica, al sur de Santa Fe
Un templo católico ubicado de espaldas al pueblo
Hace 90 años se comenzaba a erigir el oratorio, por iniciativa de una familia lugareña. La leyenda dice que como ningún vecino quiso colaborar con la obra, el templo se construyó de espaldas a las casas.



Hugo Lucero

La localidad de Cañada Rica, en el sur de Santa Fe, cuenta con la particularidad de que la iglesia se encuentra de espaldas al pueblo, según la leyenda porque "ningún lugareño quiso colaborar con las obras" encaradas por una familia de estancieros de la zona, hace 90 años.

Resulta curioso observar desde la ruta de acceso a Cañada Rica el oratorio erigido en nombre de la Virgen María del Rosario de San Nicolás, que se recorta nítida en ese horizonte verde de soja que hoy predomina en los fértiles campos del sur santafesino.

Pero más sorprendente es para el visitante internarse por las calles y observar que la parroquia está construida de espaldas a la población.

En principio, esto lleva a suponer que por una cuestión catastral años después el pueblo se desarrolló detrás de la iglesia, y que por esa razón su puerta de acceso tiene una orientación contraria a las casas de la localidad.

Sin embargo, hay otra teoría que la tradición oral y antiguos habitantes no dejan de mencionar cuando algún curioso pregunta por la iglesia que la familia Guevara mandó a construir en 1923.

"Si bien hoy no se puede confirmar, la leyenda dice que esa iglesia, que luego devino en un conocido oratorio, la hicieron los Guevara, una familia de estancieros de la zona", contó Juan Simonovich, un conspicuo y solidario vecino de Cañada Rica, a Télam.

Según ese relato, "cuando promovieron su construcción, al parecer ninguno de los habitantes de ese entonces quiso colaborar con la obra, y entonces, enojados, ordenaron que el edificio se construya dando la espalda al pueblo", comentó.

"Por esa razón -explicó- la puerta principal de la iglesia está orientada en dirección noreste, mirando hacia la estancia de los Guevara, mientras que su parte posterior quedó orientada hacia el Sur, donde están las casas del pueblo", que además está dividido por las vías del ferrocarril.

Realidad o leyenda, la pequeña capilla en medio del campo asombra a cualquiera. Su techo a dos aguas, con la clásica campana y una cruz en su parte superior, atesora toda la espiritualidad de generaciones de cañadenses que allí se casaron o tomaron su primera comunión.

En su interior se observan grandes imágenes religiosas. El oratorio, originalmente dedicado a San Antonio de Padua (nombre que hoy lleva otra moderna parroquia en el centro de Cañada Rica) poseía utensilios de oro y plata y otros elementos de valor que usaban los curas para dar misa y fueron robados en 1978.

"En abril de ese año íbamos a ofrecer una misa a un familiar fallecido y nos encontramos con que la iglesia había sido saqueada, sólo quedó el altar", dijo Simonovich, fundador de la liga infantil local Pago de los Arroyos.

El ilustre vecino, que ya cumplió 46 años de servicios a la comunidad y presidió cuanta comisión hubo en casi cinco décadas en Cañada Rica, fue el promotor de todas las peregrinaciones que se realizaron desde esa pequeña localidad hasta la ciudad de San Nicolás.

"El oratorio surge en 1992, cuando a raíz de una promesa personal inicié una peregrinación a San Nicolás. Primero tuve la intención de ir solo, pero luego se fue sumando más gente. La más grande de todas fue de unas 130 personas", relató este inquieto cañadense de 80 juveniles años, profundas convicciones religiosas y firme compromiso con las causas sociales.

Tras el abandono de la capilla durante catorce años y el avanzado deterioro del edificio, Simonovich y otros vecinos lo reconstruyeron en 45 días.

"La inauguración y bendición del oratorio quedó grabada en la historia de Cañada Rica. Fue el 25 de febrero del año 1993 y vino el padre Aparicio en representación de la curia de Rosario", recordó.

"La imagen que ahora está en el oratorio es la réplica de la Virgen de San Nicolás, pero la comisión de apoyo ha desaparecido y este 25 de febrero hubo sólo tres personas", lamentó el hombre aunque, en cambio, rescató la voluntad de los pobladores por restaurar el oratorio.

"Todo el pueblo colaboró, todos pusieron su granito de arena para que se pudiera reacondicionar; trabajábamos hasta en la madrugada y fue una cruzada social sin precedentes en Cañada Rica. El oratorio es un orgullo de la zona y con esa estructura, por lo que sabemos, hay apenas tres iglesias en el país", reveló.

Si es veraz la leyenda que circula por la zona, setenta años después, en 1993, sus habitantes realizaron un acto de "reparación histórica" con la iglesia.

A diferencia de los primeros pobladores, los cañadenses de este siglo no le dieron "la espalda al templo" y es probable que también hayan calmado el enojo de aquellos Guevara.

Cañada Rica, llamada así por la riqueza de sus pastos naturales y la aptitud para la cría de ganado, fue una estación construida en 1927 por la Compañía General de Ferrocarriles de Buenos Aires, que ese año tendía una línea para unir Buenos Aires con Rosario.

"Hoy el pueblo tiene 730 habitantes, tenemos el orgullo de contar con un oratorio que es una reliquia religiosa y cultural en la zona, un colegio primario y secundario, y una importante fábrica de columnas de cemento que emplea a más de 40 personas", enumeró Simonovich.

"Pero lo más importante es que acá hay desocupación cero", dijo el jefe comunal de Cañada Rica, Angel Bellesi, que cuando deja su función pública se calza el mameluco y trabaja en la gomería de su propiedad. Télam

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