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24 de Abril de 2011
Beatriz Pichi Malen, defensora de las raíces y de la cultura mapuche
El canto que nace del alma



Darío Fariña

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Se muestra imponente y con una tremenda personalidad sobre el escenario. Cabellera negra, larga, que es lo primero que impacta de su origen indio. Una voz que se empotra en las paredes, pero cálida y dulce a la vez. Que sabe transmitir el sentimiento de los pueblos originarios. Habla con calma, con sabiduría, con la paz que recibió como legado. No hay rencor en sus palabras, pese a tantos años y años de persecución y muerte. Mirada fuerte, pero buena. Palabras justas, y no anda con vueltas para decir las cosas. Es mapuche hasta las entrañas Beatriz Pichi Malen, descendiente del cacique Ignacio Coliqueo.

Pero es una persona común. Como cualquiera de nosotros que anda caminando por la calle, por más que los demás la vean diferente. Por más que por sus venas corra sangre mapuche (Mapu: tierra; che: gente; gente de la tierra), de aquellos comúnmente llamados indios que constituyen un pueblo originario sudamericano que habita el sur de Chile y el suroeste de la Argentina. Que a la llegada de los conquistadores españoles, en el siglo XVI, habitaban entre el valle del Aconcagua y el archipiélago de Chiloé, en el actual territorio chileno. Pero que fueron corridos cuando los gobiernos argentino y chileno fueron corriéndolos mediante operaciones militares llamadas "Conquista del Desierto" y "Pacificación de la Araucanía", persecución que luego siguieron los españoles.

La posibilidad de hablar con ella luego del concierto que brindó en el Salón Rivadavia, permitió encontrar una mujer con convicciones firmes, claras, contundentes. Pero que sufre y vive las mismas cosas que cualquier mujer. Tiene su casa en Longchamps, en el Gran Buenos Aires, aunque por allí es ave de paso. Es que anda viajando por el país y por el mundo cantando y mostrando sus raíces, sus orígenes, lo que corre en su sangre. Orgullo, claro. Pero sin dejar de vivir la realidad, que dista mucho de lo que vivieron sus antepasados.

No es la primera vez que Beatriz visita Olavarría. "Hace quince años venía por acá a hacer talleres didácticos. Y ahora vine a cantar, voy explorando las canciones, voy dando referencias de la historia, de lo que sentimos, de lo que pasó, y como canto en mi lengua es necesario hablar de esas cosas. Cuento cómo nace una canción, los pongo en contexto, doy referencias, porque es un repertorio muy amplio" cuenta Beatriz, rodeada de su hija Wychariy y Víctor Hugo González Catriel -de descendencia tehuelche- y su esposa.

"Pero acá estamos todos entre lengua española. Es lindo cuando voy a Praga y canto igual, pero he comprobado que el canto tiene la fuerza de lo genuino. Yo canto cosas nuestras y te tiene que pasar por el cuerpo, y eso llega a la gente. Una vez, en Finlandia, canté en un castillo con una gran acústica. No estaban dadas las mejores condiciones con el sonido, pero igual los jóvenes se engancharon y terminaron cantando sus propias canciones, siendo gente que no es muy demostrativa. La música une y me despidieron cantando su música, algo que no sucede muy seguido por allá", recuerda Beatriz, de flamantes 58 años (nació el 22 de abril de 1953, "el día de la tierra", en Los Toldos), casada con Lucho Cruz (60).

"Yo tuve un primer matrimonio, con un español, descendiente de Galicia. Y desde hace 25 años que estoy con Lucho. El es un purrufe, un bailarín, y también es músico. Y siempre me acompaña a todos lados, aunque ahora vine con mi hija Wychariy (20 años, está estudiando saxo). Lucho es quechua, y los quechuas son descendientes de los incas, y se llevaban muy mal con los mapuches", cuenta Beatriz.

Cosas del destino. Estuvo casada con un español y vive en pareja con un quechua, dos razas que vivían enfrentadas con los de su sangre, los mapuches. Y su hija lleva nombres que tienen que ver con las raíces de sus padres: "Wychariy es quechua y Korumun es mapuche. Significa ascender para transmitir", aclara la joven que fue concebida en el cerro de la quebrada de Humahuaca.

¿Desde cuándo canta Beatriz? "Desde siempre, desde que nací. Canto desde que tengo memoria" comenta, para señalar que "mi mamá nació cuando era comunidad, pero tuvimos que irnos y yo hice otra vida, en cuanto a que no viví en el campo de la tribu. El último en vivir así fue Ignacio Coliqueo, mi tatarabuelo".

Pero el enigma acerca de cómo es su vida, es algo que está latente en la gente, en los que están debajo del escenario que la ven diferente. "Muchos me miran como si fuese una pieza de museo, y no lo soy. Como si fuera exótica o algo así, pero tampoco soy una diva ni nada por el estilo. Sólo llevo sangre mapuche en mis venas. Les digo que soy una persona normal, que me gusta la pizza como a cualquiera, o las plantas. Que me gusta saludar al sol, ir a guillatún, que son nuestras fiestas sagradas. Voy con los sanadores, los machi como decimos nosotros, a hablar. Y esos somos nosotros. Tenemos nuestras costumbres que mantenemos, pero tampoco soy alguien diferente; simplemente soy parte de una cultura tradicional antigua", siguió explicando.

"Me gusta que me pregunten sobre lo nuestro; no sabemos cuántos somos y no me preocupa. Lo que sí me preocupa es que tenemos derecho a la vida y a la tierra. Y me ocupo también, por supuesto, pero no en una embajada sino que me gusta ir a las escuelas, enseñar y mostrar lo que somos y lo que fuimos, para defender nuestra cultura. Eso, para mí, es un desafío porque no soy docente, pero los chicos entienden perfectamente", siguió contando acerca de transmitir todo lo mapuche en las escuelas, esta mapuche que sabe lo que es transmitir la lengua y la cultura de su sangre: en 1994 ganó en el Festival Nacional de Cosquín.

El 12 de octubre, fecha que en las escuelas se celebra de manera especial, es algo caro a sus sentimientos, porque fue matanza de los pueblos originarios. "Claro que es una fecha que reconocemos, pero es dolorosa para nosotros. Es algo que tiene dolor, persecución y muerte, porque eso se hizo para que desaparezcan los pueblos originarios, y más también. Pero yo estoy feliz de vivir por nuestros antepasados, como Viviana García, una cacique, porque pelearon y aprendieron a ser, al mismo tiempo, zorros y tigres. Como es, hoy día, la sociedad en general. Zorros para saber conseguir cosas y tigres para defender sus derechos".

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