Edición Anterior: 1 de Abril de 2012
Los profundos entramados de complicidad en una dictadura que el tribunal define como cívico-militar
Se conocieron los fundamentos de los jueces en el fallo de la causa Moreno
A dos semanas de conocido el veredicto en la causa Moreno, el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata hizo públicos los fundamentos. Hacen constante anclaje en fallos internacionales y en las estructuras autoritarias y de terror del nazismo. Se rescata la valentía del juez penal azuleño Carlos Pagliere.
Claudia Rafael

crafael@elpopular.com.ar

Página tras página, cada uno de los tramos de la extensa fundamentación del fallo de la causa Moreno desnuda la historia misma de la humanidad. A 14 días de conocido el veredicto condenatorio, este viernes los jueces Falcone, Parra y Portela hicieron públicos sus fundamentos y contextualizan lo ocurrido puntualmente en el caso del secuestro, tormentos y asesinato del abogado laboralista olavarriense como parte de una telaraña de poderes conjugados para la crueldad y el horror. Sin dejar el más mínimo asomo de duda sobre las culpabilidades de los cinco condenados -los militares Julio Tommasi, Roque Pappalardo y José Luis Ojeda y los civiles Emilio y Julio Méndez- ponen además el acento en los aceitados vínculos de poder que pergeñaron un plan sistemático de represión y terror.

El anclaje permanente de los argumentos del Tribunal es -cómo dudarlo- el que deriva de los entramados mismos del nacionalsocialismo en la Alemania de Hitler. Y si bien con ese anclaje se apunta a aspectos ligados al tipo de estructura implementada también a un debate no saldado en el país: ¿era posible -en un marco de terrorismo de Estado- sustraerse a los esquemas de persecución y eliminación? ¿Cabían otras alternativas para quienes silenciaron, colaboraron, aportaron o supuestamente actuaron porque simplemente obedecieron órdenes? La respuesta que Roberto Falcone da a estos interrogantes -acompañada luego por el voto de Portela y Parra- viene de la mano de la filósofa Hannah Arendt.

Judeo-alemana (aunque el nacionalsocialismo le arrebató la ciudadanía) relató -se lee en la sentencia de la causa Moreno- cómo "durante la Segunda Guerra Mundial en Dinamarca se pudo observar el formidable poder propio de la acción no violenta y de la resistencia ante un contrincante que dispone de una fuerza superior. Así cuenta que cuando los alemanes, con el país invadido y ocupado, dieron la orden de implantar el distintivo amarillo a todos los judíos daneses, recibieron como respuesta de las autoridades sometidas que el rey sería el primero en llevarla. Al mismo tiempo los obreros de los astilleros se negaron a reparar buques alemanes, pese a que el comandante militar alemán declaró la emergencia y puso en vigor la ley marcial. Igualmente las unidades especiales de las SS que debían detener durante la noche del 1 de octubre de 1943 a los judíos daneses en sus casas para enviarlos al campo de concentración de Theresienstadt, recibieron la noticia que la policía local impediría que se penetrara en las viviendas por la fuerza, lo que motivó que los ocupantes sólo pudieran detener a quienes abrieron voluntariamente sus puertas (477 individuos de un total de 7.800 judíos). Inmediatamente las autoridades danesas, sabiendo su inferioridad militar, avisaron a los judíos que se escondieran y que 'el pueblo danés, en todos sus niveles, desde el rey hasta el más humilde ciudadano, estaba presto a recibirles'. Como consecuencia sólo murieron 48 judíos dinamarqueses internados en el campo indicado lo que motivó a que Eichmann opinara 'que por diversas razones, la acción contra los judíos de Dinamarca fue un fracaso'".

Con los dedos de una mano

Demasiadas veces a lo largo de la historia argentina de las últimas décadas se concluyó que no había modo alguno de abstraerse a los mandatos -explícitos o tácitos- del autodenominado proceso de reorganización nacional. Y en este sentido, si hay una reivindicación clara que emerge de la fundamentación es la de una figura: la de Carlos Paulino Pagliere, juez en lo penal con la causa Moreno en sus espaldas, que -por inconciencia, por convicción o por estricto cumplimiento de su propio juramento de magistrado- llegó a allanar comisarías, a interrogar a personajes claves del poder militar o a enfrentarse a la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires.

Es justamente a través de la figura de Pagliere que los tres integrantes del Tribunal Oral en lo Federal de Mar del Plata, plantean el caso ejemplicado por Arendt.

Desde dos perspectivas. La primera responde al temor masticado por años por el mismo Pagliere de haber sido el responsable -por su búsqueda denodada- de la muerte de Moreno. Los magistrados federales responden: su búsqueda "permitió al menos la recuperación del cadáver de la víctima que de otro modo hubiera pasado a ser un desaparecido más. No fue la conducta de Pagliere la que causó la muerte de Moreno que seguramente ya había sido asesinado cuando interrogaba a los Bulfoni a la luz del sol de noche. En cambio la muerte del colega la provocó un Estado demente y asesino que no vaciló en recurrir a la complicidad de otros jueces para tratar de lograr lo que consiguieron durante 35 años: impunidad".

Pero explícitamente además concluyen: "Si todos los jueces hubieran actuado como Pagliere, y hay otros ejemplos similares pero contados con los dedos de una mano, en lugar de rendir pleitesía a las autoridades militares de la época y de cada zona hubiera sido posible que el número de víctimas disminuyera dramáticamente. Pero era más cómodo ocupar mullidos sillones ubicados sobre alfombras rojas que tomar declaraciones a la luz de un farol, rechazar los habeas corpus imponiendo las costas a las víctimas que allanar comisarías en busca de desaparecidos. Y así quedó la sociedad argentina. Inerme, porque los encargados de tomarse los 'derechos en serio', de ser los custodios de la dignidad de los ciudadanos, prefirieron aplaudir a los poderosos que sólo tenían como argumento el poder de fuego de sus armas".

Enfrentamiento fraguado

El periplo trágico de Carlos Alberto Moreno quedó al desnudo en una estructura clara y tajante. Su secuestro y los tormentos que se le aplicaron -reconstruidos en detalle- respondió fielmente a las estrategias de la época y en esto no tiene notorias diferencias con el resto de las historias de decenas de miles de víctimas. Pero además revela abiertamente los entramados de cada uno de los poderes y en este punto se transforma en radiografía y espejo de aquellos años.

Su fuga cinematográfica, su recaptura, la connivencia civil que aportó como elemento necesario el sitio en el que fue clandestinamente alojado, la complicidad mediática que replicaba con exactitud los comunicados del ejército, el aporte de jueces y empresarios de gran poder, todo, constituía un combo completo que hacía de las víctimas el bocado perfecto para los lobos.

"Sin la dirección y el aplauso de los poderosos grupos económicos gravitantes en cada zona y sin el apoyo explícito de las autoridades judiciales, los militares no hubieran podido hacer otra cosa que sentarse sobre sus bayonetas", dicen los magistrados en un tramo de la fundamentación.

Ahora los ojos de la Justicia deberán depositarse en estas otras patas del entramado de la época. Así lo determinó el tribunal, que ya quedó en los anales de la historia por haber condenado a los dos primeros civiles durante los juicios contra delitos de lesa humanidad. Pero que además ordenó investigar al cuerpo directivo de la empresa Loma Negra como presuntos mandantes del secuestro (sobre quien además también cargó las tintas la defensora de Roque Italo Pappalardo en la responsabilidad de la suerte del abogado) y también las actitudes de los ministros de la Corte Peña Guzmán y Renom. En estos dos últimos casos además de cuestionar el rol que asumieron ante la causa en sí y ante el juez penal Pagliere, presumen que con "el entonces ministro de Gobierno de la Provincia, Dr. Jaime Smart, se convino en fraguar la noticia del 'enfrentamiento' donde habría perdido la vida el Dr. Moreno".

Por todo esto -concluyen los jueces- no restan dudas, a pesar de los imaginarios y las cuestiones lingüísticas de que se trató de una dictadura cívico-militar.



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