Edición Anterior: 25 de Junio de 2012
Edición impresa // La Ciudad
La Fundación El Arte de Vivir en las cárceles de la Argentina
Una práctica inclusiva para mejorar la convivencia
Los instructores de la Fundación trabajan con reclusos en técnicas de respiración, meditación y yoga. En la provincia de Buenos Aires desarrollan su tarea en 15 unidades carcelarias.
Con un crecimiento permanente en todo el país, la Fundación El Arte de Vivir da sus cursos de meditación, respiración y yoga también en el ámbito carcelario desde hace algunos años.

En nuestra ciudad, Carlos Eyler es el instructor a cargo tanto de los cursos que se ofrecen en la sede como de los que se llevan a cabo en la Unidad Penitenciaria 38 de Sierra Chica.

Durante la semana última y para asistir al olavarriense en su tarea intramuros, llegó a la ciudad Ismael Mastrini, coordinador del trabajo en cárceles para la Fundación El Arte de Vivir de la República Argentina, quien indicó que "en la provincia de Buenos Aires el programa está en 15 cárceles, pero además estamos en algunas provincias y retomamos este año el programa en cárceles federales donde hay menores adultos".

Abogado de profesión, Ismael se involucró con la Fundación a través de "uno de los empleados de mi estudio que notó que yo no estaba bien, me encontraba algo deprimido y me sugirió acercarme a la fundación. Así es como hace algo más de 10 años que hago mis prácticas todos los días".

El entusiasmo por los beneficios logrados a través del curso hizo que el Dr. Mastrini recordara el tiempo en que era un abogado recién recibido "y me llevaron a recorrer la morgue judicial, el museo de la morgue y entre otras instituciones fui a la cárcel de Devoto, un lugar que me impactó mucho, me pareció terrible, pensé que podía ser yo quien estuviera ahí dentro, me parecía espantoso que una persona, un ser humano estuviera en esas condiciones, encerrado de esa manera y que se lo muestre como si fuera un animal, que es lo que sentía en ese momento. Me dije que tenía que hacer algo por esa gente, pero de esto pasaron más de cuarenta años".

Tras ingresar como voluntario de la Fundación y luego de varios años "me invitaron a ir a las cárceles y por una rara casualidad me llevaron a Devoto entonces dije que ahí tenía la posibilidad de hacer lo que había pensado cuando era joven. Entonces me hice instructor para esa actividad, y como fui el primero que dijo que quería dedicarse exclusivamente a ese trabajo, terminé haciéndome cargo".

Técnicas para estar mejor

Mastrini explicó que los cursos que reciben los internos son los mismos que se les da a la gente común con la salvedad de que se trata de un curso de El Arte de Vivir, algo adecuado a las circunstancias, al lugar y a los tiempos de lo que hay adentro de la cárcel, "pero básicamente es lo mismo".

Técnicas de yoga, respiración y meditación y práctica paras que hagan todos los días se complementan con el hecho de que los instructores "les damos la certeza de que habrá un seguimiento. No es que vamos una vez y ya está, sino que se les da un curso al mes, vamos todas las semanas y, en algunos casos, estamos todos los días con ellos".

Quienes toman los cursos van variando pero algunas pocas unidades carcelarias "tenemos la posibilidad de contar con un pabellón de El Arte de Vivir, donde todos los internos que están ahí hacen las prácticas todos los días. Pero ese tipo de lugares requieren de nuestra presencia diaria, entonces no podemos hacer eso en todos lados porque nos dificulta mucho la cantidad de penales que hay y la poca cantidad de instructores que tenemos con ese fin, pero además de instructores necesitamos ayudantes, gente que venga a colaborar con nosotros en esta tarea".

Tan satisfecho está Ismael Mastrini de su tarea, que relata que "la primera vez que di una meditación de cuatro días me quedé a dormir adentro de la cárcel para evitar los problemas de ingreso o egreso que llevan entre media o una hora. Pero, claro, existe una prohibición de quedarse a dormir en los penales, así que lo hice esa única vez y me resultó una excelente experiencia. Fue un curso muy particular, y cuando hicimos la evaluación individual para ver qué pasó, cómo resultó, fue muy lindo, muy emocionante, con el llanto emocionado de los presos, algo que no es muy común", recuerda.

La percepción de los instructores de El Arte de Vivir es que los internos que se acercan a los cursos llegan descreídos y con pocas ganas de participar, algo que "cambia inmediatamente porque se sienten tan bien que casi no logran entender qué les pasó. Ocurre que para ellos lo nuestro es 'yoga' un tema que les suena muy poco varonil, pero a los diez minutos se relajan, meditan y se sienten muy bien".

Para todos

La premisa de los integrantes de El Arte de Vivir es la de mejorar la vida de la gente, porque "si nosotros recibimos algo que nos hizo bien, que nos cambió la vida, junto con eso vienen las ganas de compartirlo y que otros sientan lo mismo que yo -dice Mastrini-. Como yo parto de la base de que todos somos iguales y que la base de todos es el amor, que es lo que somos, no importa que alguien tenga el rótulo de súper malo, súper máxima seguridad, no importa nada. Por eso siempre elijo a los que están rotulados como más malos, porque como sé positivamente que somos todos iguales y que mi trabajo va a dar el mismo fruto en todos, prefiero cambiar a los que dicen que son más malos para que se vea el cambio. Si se salva uno de estos pibes, para mí es suficiente".

El logro más importante de Ismael Mastrini se refleja en que "tengo el primer instructor que salió de una cárcel, que es un instructor igual que nosotros. Eso para mí es algo especial. Teóricamente él había elegido dar los cursos en cárceles y pensé que era lo mejor, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que era mejor que se desarrollara afuera de ese ámbito, porque si no era como devolverlo a un lugar donde él se sentía muy cómodo, pero vimos que podía tener mejor crecimiento afuera".

Con muchas cosas por hacer y muchas ganas, Carlos e Ismael siguen haciendo su trabajo para que El Arte de Vivir llegue y beneficie cada vez a más personas.

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