
Edición Anterior: 29 de Julio de 2012
Sordos ruidos en el interior de la Policía
La caída de Tévez y una interna muy dura entre "paisanos" y "porteños"
La decisión de la cúpula de la Policía Bonaerense de designar en los cargos más importantes del interior a funcionarios del Conurbano causa muchos escozores en gente del interior. La captura del ex jefe distrital Ricardo Tévez como presunto extorsionador da muchos argumentos a los locales.
Daniel Puertas
dpuertas@elpopular.com.ar
La caída del comisario Ricardo Obdulio Tévez, preso desde la noche del jueves y acusado del delito de extorsión, impactó fuertemente entre los policías de Olavarría, algunos de los cuales se ocuparon de difundir la noticia antes de que las agencias nacionales de noticias como ejemplo de "lo que son los que vienen del Conurbano" a ocupar cargos jerárquicos al interior.
Ocurre que hay un sordo descontento en más de un policía de la región por la decisión de la cúpula de la Policía Bonaerense de designar en los puestos de mayor importancia de la Departamental de Azul a policías foráneos, desplazando a los que nacieron y se formaron en la región.
Como ya venían planteando en privado sus críticas, cuando no sus sospechas sobre la idoneidad y la honestidad de quienes después de trajinar en el áspero ambiente del Conurbano bonaerense recalan en una oscura dependencia del interior la noticia sobre la pesada acusación que terminó con Tévez en una celda reforzó todos esos argumentos que sólo esgrimen en conversaciones estrictamente privadas.
Ricardo Tévez, ex jefe de la Policía Distrital de Olavarría y hasta horas atrás segundo jefe de la Distrital de Quilmes, fue detenido junto con el jefe de la Oficina de Judiciales, el oficial inspector Marcelo Ochoa, apenas se presentaron a tomar servicio en la sede policial quilmeña y ahí se enteraron que su vida había sufrido un brusco cambio.
Pero esta situación también daría pie a pensar que de ser ciertas las informaciones el hecho atribuido a Tévez y al oficial Ochoa podría denunciar una metodología habitual, que no se trataría de un episodio aislado adjudicable a un rapto de codicia ante un posible cuantioso botín.
La salida de Tévez de la Policía Distrital de Olavarría fue atribuida a un presunto manejo irregular de las horas Cores, que detonó a partir de la denuncia de un policía contra el jefe del destacamento policial de Sierra Chica, subcomisario Sebastián Guillén.
Nunca trascendió detalle alguno sobre la marcha de esa investigación, como tampoco de la que formuló posteriormente Guillén contra los entonces jefe departamental, comisario mayor Gustavo Carreiras, y jefe de la seccional Segunda de Olavarría, subcomisario Claudio Ordozgoyty.
Carreiras fue jubilado rápidamente, ya que hacía un par de años que estaba en condiciones de hacerlo, y Ordozgoyty fue trasladado.
Como jefe de la Departamental asumió poco después el comisario mayor Juan Angel Abramo, procedente de Lanús, con lo que continuó la llegada a la región de policías del Gran Buenos Aires. Como para dejar en claro cuál es la opinión de la cúpula de la fuerza de seguridad, al asumir su cargo Abramo lamentó que no estuviera presente Carreiras "para darle un abrazo y despedirlo como corresponde. Es un gran funcionario, cumplió acabadamente con su trabajo y, aparte, es una gran persona".
Esas palabras no sólo generaron un malestar visible en los dirigentes vecinales que bregan por la seguridad y que habían cuestionado fuertemente a Carreiras, sino también a unos cuantos policías olavarrienses y de otras ciudades de la zona.
Si los fomentistas pueden hacer públicas sus quejas, los policías no, por lo que mastican rabia, aprietan los puños y siguen yendo a trabajar a la espera de tiempos mejores. Años atrás, en las cárceles bonaerenses había un enfrentamiento permanente entre "porteños" y "paisanos". Esa puja, tardíamente, parece haberse trasladado a la fuerza de seguridad.
A la Jefatura Distrital ya había llegado el comisario Néstor Ordoqui, nacido en Rauch, pero que también venía del Conurbano, donde trabajó unos cuantos años. Ordoqui no tardó en quedar fuertemente enemistado con los dirigentes barriales y así están las cosas hoy.
Una notoria cantidad de pedidos de carpetas psiquiátricas de parte de efectivos policiales fue la prueba más concreta tanto de las presiones a las que están siendo sometidos como a lo mal que les cae el tratamiento que están recibiendo de sus superiores.
Es en ese contexto que la detención de Ricardo Tévez les alegró la mañana a más de un policía o allegado a la fuerza de seguridad, ya que fue esgrimida como prueba de lo que ellos venían diciendo hace tiempo.
Tévez era considerado "hombre de Carreiras". El ex jefe departamental no sólo recibió críticas por su actuación en Azul, ya que también durante su paso por La Matanza hubo varias denuncias. También fue jefe de la custodia de Juan José Alvarez en las épocas en que fue ministro de Seguridad, y su desplazamiento ocurrió después que Alvarez fuera amenazado.
Modus operandi
Todos dicen que a ellos no les consta, pero insinúan que con la permanente llegada de jefes del Conurbano se trasladan metodologías que debieran ser ajenas al interior. "Después de las purgas de Arslanian y el descuartizamiento de la Bonaerense, las 'cajas policiales' se convirtieron en un caos, cada uno hacía lo que quería. Pero ahora habrían organizado todo de nuevo como en los tiempos de Klodczyk", dicen los que aseguran conocer las entretales de la fuerza.
Los suspicaces críticos de los jefes policiales foráneos llegan a cuestionar hasta a los éxitos en la lucha contra las drogas, con los que se mostró tan satisfecho el comisario Néstor Ordoqui.
Concretamente, dicen que "los únicos que caen son los 'independientes'. Los que compran por las suyas en un 'kiosco' villero y después vienen a venderla acá. Los que están organizados, esos no caen nunca. Los 'arreglos' están bien hechos".
Algunos van todavía más allá y sostienen, con evidente malicia, que "están eliminando la competencia".
En el juicio oral y público a los presuntos autores materiales del penalista Marcos Alonso hubo vislumbres de ese mundo secreto y tenebroso. Hubo testigos que a su vez eran sospechosos de vender drogas, testimoniando ante los jueces, y peritos que admitieron que todo indicaba que los narcos eran advertidos desde la Policía cuando iban a sufrir un procedimientos.
En el Conurbano bonaerense hay jefes policiales que cobran "protección" a laboratorios y bocas de expendio. Esto incluye avisar cuando el narco está bajo la lupa de policías de otro organismo o repartición.
Y acá en Olavarría ya hubo un fiscal muy frustrado por los procedimientos largamente estudiados y finalmente fallidos por una evidente filtración.
Un segundo juicio por la muerte de Alonso podría echar un poco más de luz sobre estas sombrías regiones del Estado bonaerense, pero los policías críticos insisten en privado en asegurar que "todo está muy bien atado".
Para ellos la "Maldita Policía" ha vuelto desde hace años y está decidida a quedarse. Y en esta nueva etapa, mascullan, utilizan al interior para "esconder por un tiempo a los que vienen de allá con 'ruidos'. Se creen que acá somos todos paisanos y que nos tragamos cualquier cosa".
dpuertas@elpopular.com.ar
La caída del comisario Ricardo Obdulio Tévez, preso desde la noche del jueves y acusado del delito de extorsión, impactó fuertemente entre los policías de Olavarría, algunos de los cuales se ocuparon de difundir la noticia antes de que las agencias nacionales de noticias como ejemplo de "lo que son los que vienen del Conurbano" a ocupar cargos jerárquicos al interior.
Ocurre que hay un sordo descontento en más de un policía de la región por la decisión de la cúpula de la Policía Bonaerense de designar en los puestos de mayor importancia de la Departamental de Azul a policías foráneos, desplazando a los que nacieron y se formaron en la región.
Como ya venían planteando en privado sus críticas, cuando no sus sospechas sobre la idoneidad y la honestidad de quienes después de trajinar en el áspero ambiente del Conurbano bonaerense recalan en una oscura dependencia del interior la noticia sobre la pesada acusación que terminó con Tévez en una celda reforzó todos esos argumentos que sólo esgrimen en conversaciones estrictamente privadas.
Ricardo Tévez, ex jefe de la Policía Distrital de Olavarría y hasta horas atrás segundo jefe de la Distrital de Quilmes, fue detenido junto con el jefe de la Oficina de Judiciales, el oficial inspector Marcelo Ochoa, apenas se presentaron a tomar servicio en la sede policial quilmeña y ahí se enteraron que su vida había sufrido un brusco cambio.
Pero esta situación también daría pie a pensar que de ser ciertas las informaciones el hecho atribuido a Tévez y al oficial Ochoa podría denunciar una metodología habitual, que no se trataría de un episodio aislado adjudicable a un rapto de codicia ante un posible cuantioso botín.
La salida de Tévez de la Policía Distrital de Olavarría fue atribuida a un presunto manejo irregular de las horas Cores, que detonó a partir de la denuncia de un policía contra el jefe del destacamento policial de Sierra Chica, subcomisario Sebastián Guillén.
Nunca trascendió detalle alguno sobre la marcha de esa investigación, como tampoco de la que formuló posteriormente Guillén contra los entonces jefe departamental, comisario mayor Gustavo Carreiras, y jefe de la seccional Segunda de Olavarría, subcomisario Claudio Ordozgoyty.
Carreiras fue jubilado rápidamente, ya que hacía un par de años que estaba en condiciones de hacerlo, y Ordozgoyty fue trasladado.
Como jefe de la Departamental asumió poco después el comisario mayor Juan Angel Abramo, procedente de Lanús, con lo que continuó la llegada a la región de policías del Gran Buenos Aires. Como para dejar en claro cuál es la opinión de la cúpula de la fuerza de seguridad, al asumir su cargo Abramo lamentó que no estuviera presente Carreiras "para darle un abrazo y despedirlo como corresponde. Es un gran funcionario, cumplió acabadamente con su trabajo y, aparte, es una gran persona".
Esas palabras no sólo generaron un malestar visible en los dirigentes vecinales que bregan por la seguridad y que habían cuestionado fuertemente a Carreiras, sino también a unos cuantos policías olavarrienses y de otras ciudades de la zona.
Si los fomentistas pueden hacer públicas sus quejas, los policías no, por lo que mastican rabia, aprietan los puños y siguen yendo a trabajar a la espera de tiempos mejores. Años atrás, en las cárceles bonaerenses había un enfrentamiento permanente entre "porteños" y "paisanos". Esa puja, tardíamente, parece haberse trasladado a la fuerza de seguridad.
A la Jefatura Distrital ya había llegado el comisario Néstor Ordoqui, nacido en Rauch, pero que también venía del Conurbano, donde trabajó unos cuantos años. Ordoqui no tardó en quedar fuertemente enemistado con los dirigentes barriales y así están las cosas hoy.
Una notoria cantidad de pedidos de carpetas psiquiátricas de parte de efectivos policiales fue la prueba más concreta tanto de las presiones a las que están siendo sometidos como a lo mal que les cae el tratamiento que están recibiendo de sus superiores.
Es en ese contexto que la detención de Ricardo Tévez les alegró la mañana a más de un policía o allegado a la fuerza de seguridad, ya que fue esgrimida como prueba de lo que ellos venían diciendo hace tiempo.
Tévez era considerado "hombre de Carreiras". El ex jefe departamental no sólo recibió críticas por su actuación en Azul, ya que también durante su paso por La Matanza hubo varias denuncias. También fue jefe de la custodia de Juan José Alvarez en las épocas en que fue ministro de Seguridad, y su desplazamiento ocurrió después que Alvarez fuera amenazado.
Modus operandi
Todos dicen que a ellos no les consta, pero insinúan que con la permanente llegada de jefes del Conurbano se trasladan metodologías que debieran ser ajenas al interior. "Después de las purgas de Arslanian y el descuartizamiento de la Bonaerense, las 'cajas policiales' se convirtieron en un caos, cada uno hacía lo que quería. Pero ahora habrían organizado todo de nuevo como en los tiempos de Klodczyk", dicen los que aseguran conocer las entretales de la fuerza.
Los suspicaces críticos de los jefes policiales foráneos llegan a cuestionar hasta a los éxitos en la lucha contra las drogas, con los que se mostró tan satisfecho el comisario Néstor Ordoqui.
Concretamente, dicen que "los únicos que caen son los 'independientes'. Los que compran por las suyas en un 'kiosco' villero y después vienen a venderla acá. Los que están organizados, esos no caen nunca. Los 'arreglos' están bien hechos".
Algunos van todavía más allá y sostienen, con evidente malicia, que "están eliminando la competencia".
En el juicio oral y público a los presuntos autores materiales del penalista Marcos Alonso hubo vislumbres de ese mundo secreto y tenebroso. Hubo testigos que a su vez eran sospechosos de vender drogas, testimoniando ante los jueces, y peritos que admitieron que todo indicaba que los narcos eran advertidos desde la Policía cuando iban a sufrir un procedimientos.
En el Conurbano bonaerense hay jefes policiales que cobran "protección" a laboratorios y bocas de expendio. Esto incluye avisar cuando el narco está bajo la lupa de policías de otro organismo o repartición.
Y acá en Olavarría ya hubo un fiscal muy frustrado por los procedimientos largamente estudiados y finalmente fallidos por una evidente filtración.
Un segundo juicio por la muerte de Alonso podría echar un poco más de luz sobre estas sombrías regiones del Estado bonaerense, pero los policías críticos insisten en privado en asegurar que "todo está muy bien atado".
Para ellos la "Maldita Policía" ha vuelto desde hace años y está decidida a quedarse. Y en esta nueva etapa, mascullan, utilizan al interior para "esconder por un tiempo a los que vienen de allá con 'ruidos'. Se creen que acá somos todos paisanos y que nos tragamos cualquier cosa".
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