Edición Anterior: 16 de Agosto de 2012
Más de un centenar de personas se movilizó ayer por Mía y Diego, portando corazones rojos
Los padres del corazón rogaron por los dos hermanitos en la puerta del Juzgado
Más de un centenar de personas se movilizó por los menores separados de sus papás del corazón. Sin obtener respuesta alguna, estuvieron frente al Servicio Local y más tarde en el Juzgado de Familia Nº 1, donde pegaron corazones rojos para que el caso sea recordado diariamente.
"Acá estoy; por qué no me atiende, por favor", le rogó Jorge González a la jueza María Inés Germino, titular del Juzgado de Familia Nº 1, frente al edificio que alberga a esa dependencia, en General Paz 2662. Fue ayer, en medio de una movilización que reunió a más de un centenar de personas portando corazones rojos de cartulina finalmente pegados en las vidrieras de la sede judicial con los nombres de los dos hermanitos separados de sus padres del corazón.

La marcha -convocada a través de Facebook, la red social donde interactuaron los vecinos indignados por la historia que este Diario hizo pública el domingo último- se inició a las 12 en la plaza Alvaro Barros, frente a la sede del Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño. Estuvo encabezada por un pasacalle que rezaba "Por el interés superior del niño, que vuelvan Mía y Diego", tras el cual se ubicaron los esposos Jorge González y Claudia Bodanza y la abuela biológica de los pequeños, todos con la emoción a flor de piel. También dijeron presente los abogados patrocinantes de los padres del corazón. Y detrás, manifestantes entre los que se contaron gente de todas las edades, desde niños hasta adultos mayores, pasando por adolescentes que, vestidos con uniforme escolar, dijeron estar "acompañado a la prima de los nenes".

Mía (4) y Diego (2 años) son hermanos entre sí y desde hace dos convivían con el matrimonio González por consenso con la familia biológica, sin más papel que un acta firmada ante escribano público por la progenitora y con un trámite de guarda iniciado por la tía de sangre. Aun cuando la situación no se habría ocultado socialmente, un contacto fortuito con el Servicio Local movilizó una denuncia sobre la supuesta irregularidad ante el Juzgado a cargo de la Dra. María Inés Germino. El 8 de junio último los menores fueron separados de aquellos con quienes habían construido un vínculo, y alojados en el hogar de convivencia Peñihuen, en el que ayer cumplieron 68 días consecutivos pidiendo por sus papás.

Ayer, mientras a su alrededor se sucedían las palmas y los gritos clamando por justicia, Claudia Bodanza confió su desazón. "Me quiero morir de ver cómo están; estaban preciosos y tenemos millones de testigos que lo pueden asegurar; y verlos ahora, como chicos de la calle, porque ésa es la impresión que me dio, parecen abandonados", aseguró.

A ambos lados de la calle, un dispositivo policial facilitó la circulación de los manifestantes. La encargada de conducirlos fue Claudia Sarazola, una docente que es mamá adoptiva y que se sumó a la marcha precisamente por conocer los vericuetos legales que se deben atravesar para llegar a la maternidad. Megáfono en mano, dijo que "nos reunimos acá frente al Servicio Local, para pedir que de una vez por todas se solucione este tema, que es tan perjudicial principalmente para los chicos que habían construido un vínculo fuerte con su mamá y con su papá, y que de repente no importó nada, y fueron quitados de ese seno tan, tan particular que se les había construido".

Estaba pidiendo, sin más, que los funcionarios del Servicio Local "nos atiendan y se solucione el tema, porque no es empecinamiento de papeles ni nada que no supimos o no pudimos hacer: acá hay un vínculo que se construyó y que no se puede romper". En una consigna que se repetiría durante la hora larga que se prolongó la movida, analizó que "los papeles se pueden hacer, esto pasa por el dolor que estos nenes sienten. Les pedimos por favor que esto se solucione y que nos atiendan, que nos expliquen. Que los nenes vuelvan a estar en el lugar en el que tienen que estar, con su tía biológica, con su mamá, con su papá del corazón que los están esperando y llorando por ellos. Que nos escuchen y que escuchen a los nenes que están llorando y pidiendo que se terminen estos 'papeles', así entre comillas".

"Pedimos justicia"

La columna cruzó hasta la vereda del Servicio Local, siempre pidiendo justicia y batiendo palmas, pero no hubo respuesta alguna. Oficialmente, dos horas antes, EL POPULAR Medios había solicitado la voz de los funcionarios involucrados en el tema. Desde el Palacio San Martín se respondió que estarían evaluando la posibilidad de ofrecer una conferencia de prensa "en estos días".

"Pedimos que esos chicos sean felices, pedimos justicia, que los chicos no sean rehenes" de las cuestiones de los adultos, dijo Claudio Sarazola, y provocó el aplauso cerrado de los presentes.

Después, la columna se encaminó hacia España, por la que transitó ocupando toda la calle hasta General Paz. En ese recorrido, este Diario habló con Sarazola, quien argumentó que "hemos sufrido mucho en el camino de tener que buscar a nuestros hijos y por eso estoy acá. Nuestros embarazos fueron de seis, siete, ocho, diez años, y cuando tenemos nuestros hijos en nuestra casa, bajo ningún punto de vista queremos que nos pase esto. Construir una familia, más allá de lo biológico, es darle amor, darle contención, darle todo lo que una familia le corresponde dar. Familia es lo que estos papás adoptivos le habían dado a Mía y a Diego".

Por General Paz, el centenar de personas se encaminó hasta el Juzgado de Familia, provocando asombro y preguntas a su paso, y portando no sólo pancartas, sino también fotos de los nenes y corazones rojos que vienen a recordar los días que han permanecido alejados de sus papás del corazón. Una vez en la puerta del Juzgado, fue Sarazola la primera en dirigirse a la magistrada de Familia, al decirle que "está bien, por ahí no fueron hechos los papeles como corresponde, pero si fue hecho el vínculo y la protección que esta familia les dio. Entonces, arranquemos de cero, volvamos a pensar y a repensar qué estamos haciendo con Diego y con Mía, doctora, por favor".

"Devuelvan a los chicos", coreaba la gente mientras la mamá del corazón, Claudia, iba del abrazo que le prodigaba la profesora de Inglés del nene hasta el de la abuela biológica, que no se separó un momento de ella. Después vino el turno de su esposo, quien le pidió a la Dra. Germino -aparentemente no se habría encontrado en el lugar- "conózcame la cara, hable conmigo y después decida. Acá estoy en la puerta del Juzgado, si quiere conocer mi cara y saber quién soy y cómo traté a esos niños, cómo los tuve y por qué los tenía, venga y pregúnteme. Acá estoy, por qué no me atiende, por favor".

Corazones rojos

Inmediatamente después, invitaron a los presentes a "dejar un montón de corazones rojos mostrando nuestra buena voluntad de tener el corazón con usted y volver a los chicos adonde tienen que estar". Así, las amplias vidrieras y las puertas del Juzgado quedaron cubiertas de esas corazones que llevan los nombres de los pequeños y que, según se anunció, serán aumentados y reemplazados por otros nuevos "para empapelar la ciudad pidiendo justicia por Mía y por Diego".

"Los vínculos son más que los papeles, los vínculos son los que hacemos todos los días, sean biológicos o adoptivos. El vínculo es el que formamos con la persona que nos comprometemos a amar, a ayudar y a criar, ésos son los vínculos. Los papeles no son cosas de los nenes; los nenes tienen que pensar en felicidad, en estar con papá y mamá, en levantarse y tener educación, en volver y tener comida: eso es lo que necesitan nuestros hijos, no necesitan los papeles, eso lo hacen los jueces, los abogados, los firmamos papá y mamá. Ellos tienen derecho a ser felices, nada más", terminó la docente, despertando en los presentes los pedidos de "Hagan algo" y "Que los devuelvan".

Antes de dirigirse a la plaza central, donde el grupo se desconcentró, Claudia Bodanza aseguró que "habré hecho algo mal, no sé, mal asesorados. Pero mi marido y yo estamos seguros que en casa hicimos todo bien, y yo creo que se nota en los chicos. El fiel reflejo de todo lo que les dimos creo que es la educación que tienen los chicos. Y cuando me los llevaron, me sacaron el alma. Por favor, les pedimos que vuelvan, (porque) lo que siempre le dimos es amor, no habremos hecho bien un papel, pero lo que sí tenemos en claro es el amor que día a día construimos en nuestra familia".

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