Edición Anterior: 20 de Agosto de 2012
Edición impresa // La Ciudad
BARRIO LA ARAÑA. Han solicitado reiteradamente que se abra una nueva calle, ya que sólo cuentan con el paso de Rivadavia
Una familia autoevacuada, más allá del terraplén
Son olavarrienses que viven más allá del terraplén, entre Rivadavia y Alsina. Algunos tuvieron el agua en la puerta de sus casas y uno de ellos, Daniel Lolli, perdió parte de sus pertenencias cuando su vivienda se anegó, en la tardecita del sábado.
Aseguran que han solicitado más de una vez ante funcionarios comunales que se abra una nueva calle a través del terraplén, que de alguna manera los comunique con este lado de la ciudad más allá del único paso con que cuentan hoy, por Rivadavia. Eso, más la conexión al agua corriente para la que ahora "ya pusieron los tres palos para colgar el cartel que anuncia la obra", paradojalmente casi codo a codo con uno de los pozos bombeadores de Obras Sanitarias.

"Suerte que hoy salió el sol. Porque aunque somos gente de trabajo, estamos como marginados de este lado, y fijate que en realidad estamos a apenas quince cuadras del centro", dispara Daniel Lolli, el jefe de la familia que el sábado último debió autoevacuarse alrededor de las 18, cuando fue advertido por un vecino de que el agua estaba entrando a su casa. No es el único caso, pero sirve para testimoniar cómo vivieron la situación los sectores menos beneficiados de nuestro sociedad.

El barrio es conocido como La Araña, precisamente porque cuenta con una única arteria que atraviesa el terraplén y que corre de Norte a Sur, esto es Rivadavia. Las que deberían cruzarla -sólo están abiertas algunas- surcan diagonalmente ese territorio de viviendas esparcidas y alejadas entre sí, construidas en terrenos bajos y separadas unas tres cuadras del arroyo que parte en dos la ciudad. Paralelamente al terreno elevado por el que alguna vez pasó el tren, la Municipalidad ha construido un zanjón que cuando llueve tan violentamente como en estos días, invariablemente se desborda y alcanza a las viviendas cercanas.

La más desprotegida -esto es, la más baja- es la de Lolli, quien el sábado partió con sus cuatro hijos para participar de una reunión familiar y hacia las 18 fue advertido por un conocido de lo que sucedía. Mientras dejaba a sus hijos al cuidado de familiares, "entré para sacar unas pocas cosas con el agua a la rodilla", contó el hombre que dice haber pasado anteriormente por cuatro inundaciones, ante el gesto de asentimiento de Juan Franco, su vecino, quien aunque tiene la casa aledaña levantada unos 60 centímetros sobre el nivel del piso, protegió a sus tres hijas sacándolas de la vivienda, mientras permanecía cuidando sus pertenencias.

En ese sector, los vecinos se sienten entre dos aguas: las del zanjón que "revienta", como ellos mismos aseguran, y la que llega desde el Sur y el Sureste, proveniente de los campos de esa zona. "Cada vez que llueve, acá tenemos el mismo problema", se lamenta Lolli, quien está radicado en el lugar desde hace más de 25 años y en noviembre último vio con sus propios ojos como las chapas del techo -hoy recompuestas con ayuda municipal- cedían ante el intenso vendaval que azotó nuestra ciudad.

Ayer, aun con un sol radiante, el panorama era desalentador: Lolli y su hija mayor llegaron al lugar hacia las 10 de la mañana, comprobaron que el agua había cedido y comenzaron a sacar muebles y electrodomésticos -algunos, como la heladera, inutilizados- al patio. "A los vecinos les llegó hasta la puerta, pero las calles laterales están anegadas, la única transitable es la Rivadavia", argumentó el hombre.

Su vecino contó que "anoche (por el sábado) había como 70 u 80 centímetros de agua" en el lugar y en su caso debió "sacar el motor del bombeador para protegerlo porque sabíamos que si seguía lloviendo, iba a venir más agua todavía. Y aquí no tenemos ni salida ni entrada más que la Rivadavia".

Ese sector de la ciudad sólo tiene un servicio: la conexión a la energía eléctrica. El líquido elemento que a veces los obliga a escapar para proteger sus escasas pertenencias, a la vez les es esquivo a la hora de consumirlo, ya que se proveen a través de pozos que, en situaciones como las de este fin de semana, se "contaminan" con tierra. "En verano tampoco tenemos agua, porque la bomba de Coopelectric (que se ve desde sus terrenos) consume todo", reflejan, casi resignados.

"Tendrían que hacer pozos (domiciliarios) de 30 ó 40 metros", dice Juan Franco que le sugirieron en una de sus visitas a la Municipalidad, a la que hicieron llegar firmas de los vecinos pidiendo conexiones a la red, y la apertura de una calle a través del terraplén. Ahora, están esperanzados en que por lo menos el agua corriente llegará en breve, porque "ya están puestos esos tres palos, ¿los ves ahí?, para el cartel que anuncia la obra", asumen finalmente, chapaleando en el barrial que, más allá del terraplén, dejó el temporal del fin de semana.

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