Edición Anterior: 20 de Octubre de 2013
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Entrevista a Jorge y Juan Carlos Lago
"La feria sigue siendo una noble actividad"
La firma martillera lamatritense cumple un siglo de existencia. Sus dueños repasaron la rica historia de la empresa lamatritense.
La oficina de Jorge Lago luce impecable. Sobre el escritorio varias fotos recuerdan sus pasiones: la empresa familiar y el golf. Todo en la firma martillera "Casa Lago" es pulcritud y orden. No hay ningún lamatritense que desconozca la casa central o el predio ferial que, por estos días, luce con mayor actividad debido al inminente festejo de los 100 años de existencia comercial.

Su rica historia comenzó en octubre de 1913, con el primer remate a cargo de Eduardo Lago. Pasados los años, en 1935, se forma la sociedad Lago-Sallies y Arbizu que en 1962 se transformará en Lago y Sallies. Desde 1969 lleva el sello Casa Lago SA.

Actualmente Jorge Lago está asociado a su hijo Juan Carlos (previamente comandaba la firma junto con su hermano Eduardo "Chinchín" Lago). "Ya son cuatro las generaciones las que han ido ocupando el mando de la Casa y veremos cuántas más nos seguirán", coincidirán los entrevistados, Jorge y Juan Carlos Lago.

La voz de la experiencia

"Cumplir 100 años genera una mezcla de sensaciones. Se vienen imágenes y recuerdos de gente y personas que hemos tenido trato comercial y de amistad", repasa Jorge Lago.

Sentado, Jorge, muestra una actitud serena y reflexiva. "No hay secretos para estar tantos años trabajando, Dios lo ha querido así. Si te gusta y te permite perseverar, esta actividad logra vínculos que son difíciles de romper", sostiene.

"Esta es una empresa que tiene riesgos porque si alguien no paga asume los costos con su propio patrimonio", cuenta.

¿Qué se siente haber sido martillero por tantos años? "Es algo muy lindo. Me gustó hacerlo hasta que tuve que dejarlo. Trato de acompañar cada vez que puedo porque me sigue gustando. Requiere estar al día con los valores y conocer la hacienda".

Con casi 78 años, a Jorge Lago le sobra experiencia. "Los años, para la actividad feriera, no han cambiado prácticamente nada porque mi abuelo se paraba igual que ahora: delante de un corral agarraba el martillo y empezaba a vender al mejor postor", dice.

Esta "sigue siendo una noble actividad", asegura Jorge Lago. "No se firma un sólo papel y la venta es en base a confianza con quien se hace el negocio", insiste.

"Cuando se llega a una cierta edad no se piensa en expectativas. Lo que vislumbro en mi socio (su hijo Juan Carlos) es que le gusta la actividad, tiene su forma de pensar y actuar, y por eso nos respetamos. Este es un negocio para seguir", dice y ríe.

A la hora de evocar los recuerdos, Jorge Lago reconoce que "las primeras veces que me tocó actuar como martillero estaba muy nervioso". "Cada uno que pasó por Casa Lago le puso su impronta y eso hoy se nota", completa.

"Por suerte la gente siempre nos apoyó para seguir. Tuvieron calidad como personas, buscando hacer bien y eso nos da confianza para continuar", subraya.

El predio ferial de la firma, emplazado a unos pocos kilómetros del centro de La Madrid, tiene una belleza sin igual. "Es como un taller para un tornero; sin feria no podríamos trabajar. Es nuestro desde el inicio y por eso tratamos de conservarlo de la mejor manera posible. Hace muchos años una persona me preguntó si mantenerlo era un negocio y le contesté que me permitió vivir y poder tener lo que tengo", detalla. "La gente que trabaja con nosotros prácticamente vivió toda su vida aquí", repasa Jorge Lago.

La voz de la nueva generación

"Cuando era chico acompañaba a papá (Jorge Lago) en los remates y ayudaba a pintar algún corral", rememora Juan Carlos Lago, que se recibió de contador y pocos años después decidió radicarse nuevamente en La Madrid.

En aquellos años Jorge y Eduardo Lago dirigían la empresa. "Me fui metiendo de a poco porque me gustaba el comercio", repasa Juan Carlos.

"Hay un cúmulo de cosas que permitieron alcanzar los 100 años. Hubo algo de suerte porque a pesar de los cambios generacionales -Juan Carlos Lago es la cuarta, ya que la firma fue iniciada por su bisabuelo-, que no fueron fáciles, pudimos mantenernos cuando muchas casas de remate debían cerrar por cuestión de la economía… También hubo mucha cautela para hacer los negocios", considera.

Con 27 años trabajando dentro de la empresa, Juan Carlos tiene incorporada la manera de hacer negocios de la familia. "Soy cauteloso así que no debería haber muchos cambios en el futuro", especifica.

Casa Lago es una gran familia. "Todo el que está acá trabaja de la misma manera porque a pesar de los cambios se adapta al sistema; la forma de hacer negocios pasa mucho por la palabra y creer en la gente buena. El negocio de la venta martillera se basa en la palabra", coincide con su padre.

La firma "ha sido un referente de muchas cosas", resume Juan Carlos Lago al hablar sobre el significado de Casa Lago en la comunidad.

"Cuando la gente no confiaba en los bancos sí lo hacía en la casa martillera. Con los problemas económicos y cuando los bancos se quedaban con la plata, muchos se recostaron en la Casa. Si bien con el paso del tiempo la cosa ha ido cambiando, siempre se recurre a la casa martillera", resalta.

Juan Carlos también le da suma importancia el predio ferial de Casa Lago. "Es una feria muy linda, con muchos árboles y donde los animales y los compradores se sienten cómodos", repasa.

En ese recuento de vivencias, Juan Carlos subraya a los empleados de la empresa "Son parte de la familia; yo soy el más chico y llevo 26 años trabajando acá adentro. Hay algunos (Edgardo Calvo) que tiene 60 años y a pesar de que está jubilado sigue viniendo. Hay otros con 50 y 40 años de trabajo acá adentro…", apunta.

¿Qué recuerdo o frase le ha dejado tantos años en la Casa? "Me tocó ver a mi abuelo materno (Federico Bauer) trabajar en la Casa. Además el de mi tío Eduardo, que era un obsesionado con esto… También a mi padre manejándose con la gente y la empresa".

Los Lago se despiden con la cordialidad y el respeto de siempre. Cien años en el rubro les ha permitido ganarse la confianza de la comunidad y los compradores. De allí la frase que los acompaña siempre: "Casa Lago, una tradición en comercialización de hacienda".



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