Edición Anterior: 30 de Diciembre de 2014
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Dos padres de chicos muertos en el boliche porteño que estuvieron en Olavarría hablan del aniversario de una de las tragedias más tristes del país
Cromañón: diez años después, dos miradas opuestas y una vida diferente
Ambos sufrieron la pérdida más dolorosa. Cromañón les marcó la vida hace diez años y lo sigue haciendo cada día. Cómo transitan ese dolor, qué piensan de la libertad de los integrantes del grupo Callejeros, de la muerte de Chabán y de la seguridad en los boliches de hoy.
Fernanda Alvarez

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La vida ya no es la misma desde aquel fatídico 30 de diciembre de 2004. Cristian y Lautaro no se conocían, pero fueron víctimas de la desidia y la corrupción que generó el incendio en República de Cromañón, el boliche porteño que se llevó 194 muertes jóvenes. Los integrantes de Callejeros, el grupo que tocaba esa noche, fueron condenados por la Justicia unos años más tarde, pero en el 2009 pasaron por Olavarría adonde tocaron ante unas 12.000 personas, muchos de ellos que habían estado en el accidente de aquella noche.

La mamá de Cristian y el papá de Lautaro también estuvieron en Olavarría en ese momento. Y ayer dialogaron con EL POPULAR sobre estos diez años con la ausencia física de sus hijos y sobre una fecha que, para ellos, la viven todos los días. Las miradas son distintas, pero los une una opinión: a pesar de semejante tragedia, las medidas de seguridad no cambiaron lo suficiente. Y, lamentable y peligrosamente, siguen existiendo riesgos para miles de chicos que quieren divertirse.

"Nuestro país es bastante espasmódico: cuando pasó Cromañón era una obsesión el tema de las salidas de emergencia y seguridad en todos los lugares públicos. Ahora quizás se han ido relajando y es peligroso", sostiene Pablo Blanco, padre de Lautaro, quien falleció a sus apenas 13 años y de Mailín, que sobrevivió. "Falta todavía una política clara de cómo educar y faltan los controles, ya a diez años debería haber cambiado más. Quedan bolsones de corrupción, se va perdiendo conciencia y eso es grave", dijo al hablar de un Estado que sigue estando ausente en materia de seguridad.

Recuerdos permanentes

La banda Callejeros tocó en Olavarría en agosto de 2009, a pocos días de la sentencia por el juicio de la tragedia ocurrida en 2004 en el boliche porteño. A nuestra ciudad no sólo llegaron los fanáticos de la banda, sino también un grupo de padres que quiso impedir que se concretara el recital. En aquel momento concurrieron a la casa del intendente José Eseverri y al Municipio, adonde se les indicó que sólo detendrían el evento por una orden judicial.

Mirta Viegas es la mamá de Cristian, que quedó atrapado a los 18 años entre el humo de Cromañón, y fue una de las que estuvo en la ciudad en ese momento. En diálogo telefónico con este Diario, ahora dice que "Cromañón para nosotros son todos los días, aunque en esta fecha el recuerdo y el dolor se acrecientan más. Te viene a la mente todo lo de aquel día, toda la búsqueda y las injusticias. Estamos a diez años de lucha y aun no tenemos justicia, es una total impunidad día tras día y la lucha por seguir adelante a pesar de no tener a uno de nuestros hijos".

"Uno convive con el dolor de la ausencia física de Lauti, pero lo recordamos con alegría y con mucho sentimiento", dice Pablo Blanco, a quien hoy la vida le regala su primera nieta, hija de Mailín y Federico, ambos sobrevivientes de Cromañón. "Honrar la memoria de Lautaro también tiene que ver con eso, con recordarlo con alegría, a pesar de la dificultad de la pérdida de un hijo".

Los dos padres se enfrentaron con el dolor más grande. Y la pelea la dan cada día, más allá de las fechas clave que recuerdan los medios. Pero las miradas frente a la desgracia son diferentes. Pablo y Mercedes Blanco estuvieron varias veces en Olavarría y nunca responsabilizaron a la banda sobre el incendio. Mirta Viegas, en cambio, siente que Patricio Fontanet es tan responsable como Omar Chabán de la suerte de cada persona que estuvo en Cromañón.

Por eso "fue un puñal que estuvieran libres. La Justicia siempre nos dio la espalda, porque toda esta gente está amparada por el Gobierno y los derechos humanos. El fue a ver a Callejeros, no conocía a Chabán y ni a Ibarra. En la causa figura que Fontanet era coorganizador, además de la coima que pagaron a la policía", asegura Mirta Viegas.

Pablo Blanco opina diferente. En su familia consideran que Callejeros fue, también, una víctima. "Para nosotros es un acto de justicia que estén libres. Nos produce una sensación de alivio porque cuando hay una injusticia uno se siente mal. Para nosotros los músicos son inocentes de la acusación penal que se les implica. Después habrá una responsabilidad social, pero entendemos que no merecen la prisión de veinte meses que tuvieron".

Los padres coinciden en un aspecto: "No tenemos ningún sentimiento hacia Chabán". El empresario dueño del boliche, quien falleció hace poco tiempo, "constantemente denigraba a nuestros chicos. Me hubiese gustado que viviera más, que sufriera lo que sufrimos nosotros. Fue el único que estuvo en prisión común. Y sé que no estuvo nada bien, no amparado", dice Mirta Viegas.

Pablo Blanco agrega que "me genera cierta indiferencia", aunque reconoce que "me hubiera gustado una actitud más comprometida con el arrepentimiento, asumir cuál fue su responsabilidad, pero no me cambia nada. En nuestro interior y estado de ánimo, creemos que algo ha pagado de la responsabilidad que le tocó, con lo cual la prisión tiene que ver más con la sociedad que con nosotros. Para nosotros ya está".

Las paredes de Cromañón están, como el primer día, arañadas por las uñas de los que buscaron desesperadamente salir del infierno. Una década después, Chabán está muerto, Ibarra buscando nuevas candidaturas, Callejeros intentando rehacer su vida y música y los padres, hermanos, novias, novios y amigos reconstruyéndose tras lo a muerte.


El después

Cromañón generó que en todo el país se revean las medidas de seguridad de los espacios públicos. Sin embargo, y aunque hubo algunos cambios, los padres de los chicos que fallecieron asfixiados consideran que hay mucho por hacer.

"Hemos hecho denuncia tras denuncia y al otro día abren los boliches que denunciamos como si nada", asegura Mirta Viegas. "Yo he ido al boliche personalmente, he sacado fotos y se las llevo al intendente para denunciar. Lo único que le puedo prometer a mi hijo es que haya justicia".

Por eso la figura de Aníbal Ibarra vuelve una y otra vez sobre la charla. Y el sentimiento hacia él es compartido.

Pablo Blanco expresa que "reconozco que me cuesta más la indiferencia con él, por la insensibilidad absoluta que ha mostrado. No me gusta tener ese sentimiento pero no lo puedo apartar, porque cuando uno tiene bronca y odio, el más perjudicado es uno, pero con Ibarra no lo puedo superar. Es tal su grado de indiferencia e insensibilidad que me genera ese sentimiento contra el cual lucho", dice con voz serena, mientras se muestra agradecido porque a pesar de todo tiene la posibilidad de vivir momentos felices también con sus otros hijos, Malena de 18 años y Martín de 25.

Mirta es contundente y afirma que "adonde vaya Ibarra, ahí estaremos nosotros. A cada lugar que va estamos, protestando. A veces la ciudad es tan grande y a la vez tan chica que nos vemos todos. Y a él lo encontramos siempre", dice, a modo de castigo por la Justicia que siente que no ha llegado con quien fuera el máximo responsable de la habilitación y controles de lugares públicos. "Todos se sienten víctimas, pero los únicos victimas son nuestros hijos que no están más", asume la mujer.

Pablo, por su lado, intenta transformar su dolor en hechos como un mural pintado en el colegio al cual concurría su hijo. Y agradece a sus amigos, familiares e incluso a los jóvenes que conoció cuando estuvo en Olavarría porque "tenemos mucho cariño por esa ciudad". Hoy, con Julieta Eva en sus brazos, admite que "nunca imaginé que una nietita podía producir tanto amor y sentimientos tan lindos. Nos hace bien", dice mientras recuerda la letra de una canción de Los Gardelitos que los define: "Tiempo de transmutar el dolor en poesía, que la música sea guía de lo que vendrá. Decidimos seguir adelante con el nombre de nuestros caídos como un estandarte, tenemos derecho a ser felices, a pesar de la furia animal que dejó cicatrices".

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