Edición Anterior: 21 de Enero de 2016
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Olavarrienses por el mundo
Nair Aquino, de Sierras Bayas a Francia
Por un intercambio rotario, está radicada en Lille desde hace cuatro meses. Se siente feliz, aunque extraña a sus afectos. Del temor por los atentados, a los amigos y aprendizajes que le regala su vida en Europa.
"Siempre quise viajar a otro país, siempre fue mi sueño pero lo veía como algo muy lejano pero un día me llegó una carta de Rotary, donde me invitaban a formar parte de una reunión informativa sobre estos viajes. Fui con mi familia súper ansiosa y cuando me informaron de qué se trataba, desde el primer momento quise y siempre quise venir a Francia". Lo dice Nair Aquino, una sierrabayense de 17 años que vive una experiencia inolvidable en el Viejo Continente.

Instalada en tierras europeas desde hace unos cuatro meses, Nair contó en la sección "Olavarrienses por el Mundo" del programa radial "Mejor de Mañana" que su deseo de llegar al destino Francia tuvo que ver, básicamente, "con el idioma y con la gente, que me parecían muy interesantes".

Sus días transcurren en la localidad de Lille, que es una zona que limita con Bélgica, bien al norte de Francia.

Mientras el calor es el denominador común de estos días en la ciudad, ella vive la contracara de un frío invierno francés. "En estos momentos, hay sol, pero la verdad es que hace días que no lo veía y la temperatura debe andar en los 6º", dijo en su comunicación con EL POPULAR Medios.

Respecto de su día a día, comentó que "me lo paso todo el día en la escuela. Los días más largos de la semana me levanto a las 7 y a las 8 entro al colegio. Almuerzo ahí con mis amigos y salgo alrededor de las 18. Llego a mi casa 18.20, meriendo algo y ya a las 20 bajo a cenar. Después de la cena subo a dormir", dijo al repasar su rutina diaria.

"Así son mis días, menos los miércoles, que son un descanso para todos los chicos porque de verdad que estudiamos mucho. Entonces tengo dos horas de clase nomás y me queda toda la tarde libre para juntarme con otros chicos intercambistas", rescató.

La integración

Nair recordó que "aprendí un poco el idioma antes de llegar a Francia, pero cuando llegué no podía decir ni una palabra porque era todo muy difícil, sinceramente".

"El primer día de clase tuve la suerte de conocer una chica que es argentina pero que vino cuando tenía 4 años y habla muy bien el español. Con ella nos hicimos muy amigas, somos inseparables. Tengo que agradecerle porque gracias a ella pude conocer otros amigos y aprender el idioma".

"Tengo 17 años pero en mi curso hay chicos de 15 y 16 todos mezclados; vendría a ser como la secundaria de la Argentina. Todos los libros son en francés, pero tengo un curso de español en la escuela, así que por lo menos con una profesora puedo hablar en español".

A la hora de contar cómo financia su estadía en Europa, Nair dijo que "Rotary me dona por mes 65 euros, que vendrían a ser como 700 pesos y también tengo una extensión de la tarjeta de crédito, que eso es lo que me ‘salva’ más que nada. Tenemos la habitación y la alimentación garantizada, y al dinero que me da Rotary lo destino a darme algún gusto o me compro comida".

A medida que gana experiencia, también se las ingenia para sobrellevar en las mejores condiciones posibles su vida lejos de casa. "Siempre en mi cuarto mantengo una reserva de comida por si en el día no como bien y eso ayuda", dijo.

Diferencias gastronómicas

En este primer tramo de su vida francesa, Nair extraña el asado, "que no se come acá. Como carne pero es cruda y no puedo comparar la carne de Francia con la de Argentina porque no hay punto de comparación. La yerba, el dulce de leche o las empanadas los compro en París, donde hay locales de Latinoamérica y se puede pedir por Internet que envían yerba o lo que fuese. Pero el papá de mi amiga, la chica argentina, siempre va a París y compra yerba y me da".

"De Lille estamos a unas dos horas de París en auto", explicó. "Hasta ahora fui una sola vez. No lo hacemos muy seguido porque la familia donde vivo trabaja mucho, entonces es muy difícil. Ahora estoy con mi segunda familia porque durante el intercambio voy a estar con tres familias distintas y esta segunda familia se convirtió en mi familia rápidamente", valoró.

"Acá tengo 5 hermanos y la mayoría tiene mi edad. Nos llevamos súper bien. Mi ‘mamá’ es súper gentil conmigo, me ayuda un montón y siempre hablamos con ella. Mi papá habla español, así que aprendí mucho también porque me regaló un libro para aprender francés con sus hijos. Estoy súper contenta", dijo con notable entusiasmo durante la entrevista. Y deslizó con una sonrisa que "creo que mis papás, allá, deben estar un poco celosos".

En Sierras Bayas dejó a toda su familia y lo que más extraña "es tomar mate con mi abuela porque como a ella no le gusta mucho la tecnología no podemos estar conectadas como estoy con mi papá o mi mamá, que nos comunicamos por Skype y a mi primita que tiene 3 años y es un poco duro para mí".

"Estos meses me ayudaron, como persona, a tener paciencia más que nada porque no me consideraba una chica muy tolerante, pero acá cuando veía una actitud mala de mi mamá o de mis hermanos era simplemente hablarlo tranquilos y solucionarlo. Eso me ayudó a madurar como persona y me hizo valorar también las simples cosas que tenía en la Argentina, como un momento compartido con un amigo o mis papás", dijo sobre sus rápidos aprendizajes de vida.

Lille, un regalo

Nair Aquino relató que "Lille es una de las ciudades más chicas de Francia. Creo que viven unas 15 mil personas. Es una ciudad súper ecológica y es hermosa por la estructura de los edificios, que es todo antiguo. Es la mejor ciudad que pude haber elegido", siente. "En cada casa tienen los tarros para separar la basura; en todas las casas es así y son más cuidadosos con el tema del agua; no te dejan estar mucho tiempo debajo de la ducha o no usan mucho la bañera, y con la luz también. La verdad que es muy complicado porque hay que estar muy pendiente de todo. Está muy bueno".

Nair se siente, en síntesis, "muy feliz. Obviamente siempre hay días de bajón, con los cumpleaños de amigos o de familia o en Navidad. Son momentos en que decís ‘tengo ganas de volver’ o ‘qué hago acá’. Pero tengo miles de amistades que me ayudan siempre cuando me ven mal en la escuela y gané tantas amistades que no me dan ganas de volver a veces porque me siento bien, muy bien".

Hija de un albañil y una empleada de AOMA, Nair dejó, en el final de la charla, un consejo para los chicos de su edad que dudan sobre sumarse, o no, a los programas de intercambio. "Si tienen la posibilidad de hacerlo, que lo hagan porque vine llena de miedos, de nostalgia, de no saber qué iba a hacer, cómo iba a ser mi familia, pero es una experiencia hermosa que estoy viviendo. Si no fuera por este intercambio hay gente que no hubiera conocido nunca".


Los atentados

El momento más duro que Nair pasó desde su llegada a Francia fue cuando ocurrieron los atentados terroristas islámicos que convulsionaron al mundo en general y a los galos en particular. "Los primeros días después del atentado estaban todos muy asustados, sinceramente. Antes de entrar en la escuela te revisaban la mochila pero ahora se tranquilizó todo y la gente sigue su vida. Yo estaba muy asustada, me quería volver, no quería quedarme y hablé con los rotarios, que me dijeron que ésa no es la idea: nos dijeron que estábamos seguros, que hagamos nuestra vida, y que si veían que había algún peligro concreto íbamos a volver".

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