Edición Anterior: 13 de Marzo de 2016
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ENTREVISTA. Araceli Gutiérrez, una mujer atravesada por la historia
"Muchas veces tuve que explicar por qué estaba viva"
Araceli Gutiérrez cumple 63 años el 25 de Mayo. Sobrevivió a la dictadura y al cáncer. Crió decenas de chicos durante 22 años, en el hogar que llamó como a su hermana desaparecida. Tuvo cuatro propios y adoptó cinco. Discutía con la maestra sobre Rosas. Enfurecía a los represores por ser mujer. El día que salió de la cárcel su hijo pequeño no sabía quién era.
Silvana Melo

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Nació en La Plata y decidió que sería un 25 de Mayo. Así, con mayúscula. Es la mayor de cinco hermanos. La tercera, Pichuca, desapareció por el 77 y ahora hay dos críos que serían los nietos de Pichu. Pero la llaman abuela a ella. A Araceli. Que es pequeña y cascabel. Que cumple 63 años en esta fecha patria.

Estuvo tres detenida. Durante veintidós tuvo un hogar de pibes en La Plata al que llamó como su hermana. Tuvo cuatro hijos de su vientre y tiene cinco más que se quedaron con ella cuando supieron que el mundo era tan ancho y tan ajeno. Y Araceli se parecía tanto a las alas que dan refugio.

A su madre la operaron de cáncer cuando su hermano menor nació. Ella se operó de cáncer un año después de lo debido porque la dictadura le dejó el terror a la anestesia. En la escuela discutía sobre Rosas con la maestra. Conoció a Perón personalmente en la CGT. Estuvo detenida clandestinamente en Monte Peloni. Y ahora vive en lo que fue su infierno.

La premiaron por mujer, quieren que sea ciudadana ilustre. A ella le gustan los ñoquis con pollo. Y le cae muy bien Ezequiel Galli.

-¿A qué jugabas cuando eras chiquita?

-Leía. Yo empecé a leer a los cuatro años. Me crié con unas tías abuelas viejas, salíamos a la vereda, hacíamos sociales. Y cuando empecé a leer, leía, leía. Yo era muy admiradora de mi papá, era un tipo muy intelectual, y quería aprender lo que sabía él. Tenía facilidad para aprender. Siempre fui buena alumna. Leía libros, historietas, Dartagnan, El Tony...

-Intervalo también, supongo...

-¡Sí! Pero no me gustaba Patoruzú. Mi papá decía que era un indio cipayo que no podía ser que no lo quisieran por indio sino porque tenía guita (se ríe). Me acuerdo de que cuando cumplí doce años mi viejo me regaló una colección como de 15 libros que era la Historia de la Confederación Argentina. Que todavía la tengo. Y cuando iba a sexto grado discutí por Rosas con la maestra y lo mandó a llamar a papá... discutió más con él que conmigo, te digo.

-En la escuela ya te plantabas.

-Siempre. Así me ha ido. Pero por qué te vas a callar, si no va, no va. Así sea quien sea.

-¿Y el peronismo? ¿Qué es para vos?

-Yo fui muy admiradora de Evita. La veía tan fuerte... después leyendo mucho aprendí todo lo que había hecho Perón por el pueblo. Yo lo llegué a conocer personalmente en la CGT. Mi viejo era anarquista, los hermanos radicales y mi vieja, por ahí acordaba conmigo. Mi viejo estuvo en la custodia (del gobernador) Mercante. Fue a la escuela católica y después se hizo ateo. Pero el peronismo es como un sentimiento, que te nace, que cantás la marcha y te emocionás, es muy complejo entenderlo.

-¿Cuándo sentiste que empezaba a peligrar tu vida, que el sueño se volvía una pesadilla?

-Empieza con la vuelta de Perón. Nosotros fuimos a Ezeiza y la columna de La Plata fue la que más la ligó. Mataron a un compañero, hirieron a otros... Después por el 74 vinieron con un coche a la unidad básica, eran del CNU. Yo tenía un perro enorme que los amenazó y se fueron. Pero después acordamos con los compañeros que algunos nos empezáramos a reubicar. Yo decido venirme a Olavarría porque la familia de mi mamá es toda de Olavarría.

-¿Cómo era ser mujer dentro de las organizaciones? ¿Cómo era esa moral revolucionaria? ¿Era posible enamorarse libremente, tener pareja fuera de la militancia?

-Yo siempre digo que uno se enamoraba, se casaba (cuando hoy no se casa nadie), hasta por iglesia, y uno estaba en la militancia y hasta en la clandestinidad y se seguía con eso de formar una familia porque la idea era militar con la familia y llevar un país adelante con tu familia. Lo que pasa es que no esperábamos que pasara todo lo que vino después. Si tu compañero era militante o no, era relativo. Eso se manejó más en la superestructura, en la conducción, que no podías cambiar de pareja, tener otra... Eso de que si cambiabas de pareja te hacían un consejo revolucionario no era tan así.

-A Paco Urondo lo castigaron... lo degradaron incluso.

-Por eso, tenía que ver más con la superestructura que con nosotros.

-¿Qué te pasaba cuando empezaste a ver caer gente a tu alrededor, incluso a tu propia hermana?

-Era complicado. Pero no se dimensionaba todavía lo que vendría. En noviembre del 76 fue cuando atacaron la casa de mi hermana, mataron al matrimonio Santucho y dejaron a los dos nenitos y se llevaron a Mónica Santucho, de 14 años. A la nena la matan después en la tortura. En la casa estaba mi sobrino de tres meses y dos nenes de 10 y 4. Dejaron a los chicos y a la noche los compañeros los rescataron en un carro de una chanchería: pusieron toda la comida de los chanchos arriba de los chicos y se los llevaron. Cuando los milicos volvieron a buscarlos ya no estaban. A veces sentíamos que nos iban a matar a todos, que no había dónde ir y vos veías gente que no estaba más. Pero vos fijate que en el 75 y en el 76 yo tuve dos hijos...

-Ahora que te premian por ser mujer y luchadora, ¿qué cosas creés que te pasaron justamente por ser mujer y que no les pasaron a los varones?

-Los abusos sexuales eran para la mujer y era algo que no entra dentro de ninguna explicación racional que te puedan dar. Porque si te quieren sacar información te torturan. Pero el abuso es para humillarte. Hablando con otras compañeras, coincidimos en que podían tratarte peor y golpearte mucho más que a los varones por ser mujer y haberte atrevido a tomar una posición, como de un tipo, y hacerle frente al ejército. No les cabía esa idea. Lo que más los enfurecía era que fuera una mujer y con el tamaño que yo tenía. Cuando abusaban te denigraban porque eras una mujer que les hacía frente.

-¿Cómo fue el día que saliste?

-Salí de (la cárcel de) Devoto con tres compañeras. Frente a Devoto había un barcito donde los familiares nos dejaban plata por si salíamos imprevistamente. Ese día yo iba caminando por un pasillo y en un momento me agarró un dolor en el estómago que me dobló en dos; justo pasó una celadora y yo la manoteé porque me caía. Me había empezado a sangrar la úlcera. Me internaron en el hospital de Devoto. Cuando ya estaba mejor entra uno y me dice Gutiérrez, "¿usted tiene dinero para llegar a Olavarría?" Yo me senté... "no se haga problema porque me voy caminando", le dije. Me di cuenta de que me iba. Me dieron un pasaje. Salí a la vereda y me quedé paralizada. Porque era la dictadura todavía. Era agosto del 80. Me quedé ahí pensando, fui al barcito, no conocíamos la plata, habían cambiado la moneda hacía poco...

-¿Cuántos años tenían tus hijos cuando volviste? ¿Cómo te recibieron?

-Alejandro 4, Manuela 5 y Laura 8. Me vine para Olavarría y me habían desvalijado la casa. Mi cuñada tenía a los dos más chiquitos. Mi mamá a los dos de mi hermana y a mi nena más grande. Yo me vine a buscar a los más chiquitos. Manuela tenía una emoción... lloraba, estaba desconcertada. Pero Alejandro no tenía idea de quién era yo. Fue terrible. Cuando lo llevé conmigo tenía fiebre, lloraba, se descomponía, una situación horrible.

-Has vivido otra vida y pico más después de aquello. Pero seguís atravesada como si fuera ayer. ¿Qué marcas indelebles sentís que te dejó?

-Es un vacío respecto de aquella vida. Sentís que tenés que hacer más cosas y que se te va el tiempo. Lo que podríamos haber hecho y no hicimos. Veo a los nietos de mi hermana, que me dicen abuela a mí porque ella no está. Cosas que ella tendría que haber vivido. No es lo mismo la vida. No te podés anclar mucho en ningún lado.

-Muchos sobrevivientes no toleran haber sobrevivido. ¿Te pasó en algún momento?

-Uno lo piensa, porque además hubo gente que te preguntaba ¿y a vos por qué no te mataron? Y tenés que explicar por qué estás viva... y era algo fortuito, qué sé yo por qué... Yo cuando tuve cáncer estuve un año para operarme. Cuando empezó el tumor tenía un centímetro. Y cuando me operaron tenía quince.

-Lo dejaste crecer aunque te jugabas la vida...

-Fue en enero de un año y me operé en enero de otro año. Estaba a mil por hora. Con los juicios. Con el hogar de chicos que tuve durante 22 años y que fue mi motor para seguir viviendo. Y yo que no quería que me anestesiaran. Porque cuando yo tuve a Lola estaba en libertad vigilada; me anestesiaron y me dejaron en el depósito del Hospital, junto con todas las porquerías que tiran ahí, camillas rotas, muebles rotos. Era 29 de mayo, un frío terrible, yo estaba toda vomitada, un asco. Después vino Cura, con los milicos, era un quilombo eso. Y me llevaron de vuelta a la pieza. Menos mal que a la nena la había agarrado mi mamá. Nunca pude superar ese tema del frío. Estaba congelada. Y fue horrible.

-¿Por qué te viniste a vivir al lugar donde te torturaron?

-Ya estaban avanzados los juicios, el Monte era como parte de nosotros. Al Monte no podíamos acceder porque no te dejaban pasar. A mí lo que más me dolía era la gente de Olavarría que no diera bolilla. Me parecía que rescatar el Monte era rescatar una parte de la vida. Que te la cambia, porque vos tenés una vida antes y una después del Monte. La gente venía por la curiosidad de verme a mí... sirvió para que se preocupara también el municipio. Y el intendente éste, bastante piola. Me solucionó el tema del trabajo, a mí me echaban del Monte. Y él hizo la gestión para que yo quedara.

-Parece raro que hables así de un intendente de Cambiemos...

-Pero muchos piensan así. Tiene dos años de militancia, no tiene mucha experiencia política. Cuando nos encontramos lo primero que hizo fue pedirme disculpas por lo del Falcon verde en la campaña. Después estuvimos hablando de que el nene se le brotaba y yo le dije que le pusiera agua con almidón para bañarlo. A mí me robaron todos los perros del Monte y él me regaló dos del refugio. Son dos cosas... que tenés que adivinar que son perros... A uno le puse Mauricio y al otro Daniel.

-No te voy a preguntar por Eseverri ni por el Pájaro Ferreyra. Quiero saber qué es lo que te gusta comer los domingos...

-Si es verano, una ensalada con un asadito, si se puede. Pero lo que a mí me encanta son los ñoquis con salsa de pollo.

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