Edición Anterior: 23 de Octubre de 2016
Edición impresa // La Ciudad
La doctora Messina habló sobre su renuncia a la jefatura de la Guardia del Hospital Municipal
Después de veinte años en la Guardia del Hospital Municipal "Dr. Héctor Cura", Alicia Messina renunció a ser jefa. Pero decidió seguir en la trinchera, donde la diferencia entre la vida y la muerte se juega en segundos. Desde allí vio evolucionar la violencia y el consumo de alcohol y sustancias. Es testigo del rebrote de la sífilis. De la trompada a un médico en un barrio. Y de los pibes baleados que se van para evitar la denuncia.
Silvana Melo

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Fotos: Carlos Ramírez

Los últimos veinte años en la vida de Alicia Messina se ubican en una escena dura, poblada de dolor y adrenalina. La Guardia del Hospital Municipal "Dr. Héctor Cura", una trinchera donde caen los heridos, los agudos y los estragados por una estructura social expulsiva. La guardia, la infantería del sistema de salud. Ahí se para la doctora Alicia Messina: en el territorio que conoce y ama. Donde salvar una vida le da sentido a la propia. Su hijo nació y creció en esa línea de tiempo marcada por la emergencia. Fue jefa hasta esta semana, cuando el estrés la invitó a renunciar a la jerarquía. Pero no a la trinchera. De donde no se le cruza irse. Tiene una voz potente y cargada. Es fumadora desde la medicina. "Esto es un sacerdocio. Y es como dijo el cura: haz lo que yo digo y no lo que yo hago...", y se ríe, con esa tos de fondo que deja el tabaco. Nada es fácil por ahí. Pero la mujer que tuvo que juntar como miguitas el cuerpo de un muchacho todavía vivo sobre el pavimento sabe que "todas nuestras vidas están en el bolillero. Y un día nos toca".

-¿Cómo se paga en estrés el trabajo en la guardia?

-A mí la emergencia me encanta. Lo que te estresa son las otras cosas, lidiar con la gente, con cosas raras como que un juez te mande un preso a las dos de la mañana, que llegó recién a Sierra Chica y no puede ser revisado por el médico del penal. O tenés que trasladar un paciente y no tenés cama, no tenés sangre, la tenés que mandar a buscar a Mar del Plata. Y cortás clavos... Cubrir guardias, que son muchas en la semana, es un desgaste; sos un ser humano que, si no está en condiciones de responder bien tiene una posibilidad de error alta. Pero en líneas generales, me llevo las cosas lindas. Que son más.

-¿La renuncia a la jerarquía tiene que ver con que el estrés viene de la mano de lo burocrático?

-Eso es lo que me estresaba. La responsabilidad de que haya un médico de guardia cuando te falta. A mí me ha pasado 45 minutos antes de tomar la guardia que te avisen que no van. Y me he tenido que quedar yo. Por otro lado uno tiene una familia, el hijo, con el que podía haber programado algo, hacerle la comida a la noche cuando volvía a la casa... pero se cambia todo y tenés que decirle al chico que se hierva un fideo y que se arregle solo. Esos son precios muy caros. A todo esto que he hecho se lo tengo que agradecer a la banca que me puso mi hijo, mi viejo, la señora que cuida a mi hijo, a la que la he sacado de su casa de improviso mil veces por mis guardias.

-¿Qué diferencia hay entre los sábados a la noche de 1996, cuando arrancaste en la guardia, y los de hoy?

-La droga... Era muy raro cuando empecé que te llegara un adicto. Casi no sabíamos qué teníamos que hacer, desempolvábamos lo que habíamos leído. Hoy es cosa de todos los días. Te llega y ya lo calaste que consumió. En la agresividad no más. Y también cambió el tipo de patología; hoy hay mucha más emergencia en salud mental. El consumo lo favorece. La violencia también es distinta. Antes los enfrentamientos con baleados eran muy raros. Hoy es raro que pase una semana sin un herido de bala.

-Por fuera de las adicciones, hay mucho pibe que sale un fin de semana y consume, ese fin de semana, mucho más de lo que puede soportar...

-Hay mucho chico joven, especialmente mujeres, que consumen alcohol. Mucho. Vienen y como son menores, hasta que no llega la madre o el padre no les das el alta. Hablás con los padres y dicen nunca consumió, es la primera vez que sale. Las chicas vienen que no saben lo que les pasó. Tal vez las manosearon, las violaron y ellas no tienen idea. Les preguntás cómo se llaman y no saben. También me ha pasado que vienen con dolor y descompuestas, y por poco somos tíos ahí mismo. Y que la abuela se entera de que va a ser abuela ahí, en la guardia. Los chicos de 15 años para arriba son nuestros. Pero Pediatría también sufre estos problemas. Porque son cada vez más chicos los que consumen. A veces no queda otra que internarlos y ponerlos al lado de un bebé, de una criatura de cuatro años con una bronquitis... es duro.

-¿Cómo llegan a la guardia? ¿Quién los trae?

-A veces lo trae un amigo o a veces te llaman porque está tirado en la calle y vas con la ambulancia a buscarlo. Desde los boliches te llama la policía o Control Urbano, o los ven en las cámaras y te llaman. Por una cuestión de seguridad nuestra pedimos que vaya la policía a corroborar. A veces los levantás y los llevás a la casa. Pero hay veces que no se puede. O no se acuerdan dónde viven. Entonces los llevás a la guardia, le ponés un suerito, lo hidratás, lo abrigás, tratás de pasarle aportes de hidratos de carbono, para que metabolice más rápido el alcohol.

-En estos tiempos, cuando los pibes se matan en enfrentamientos entre bandas en los barrios, ¿cómo es cuando te cae el herido? ¿Viene solo, con la familia, con el conflicto atrás?

-Y, a veces sí. Por ahí te cae un auto que llega y te toca bocina en la puerta de la guardia y te trae un herido. Vos no sabes de dónde vino, pero vino. Lo atendés. Son muy jóvenes. Otras veces te llama la policía porque tienen un herido.

-¿Te han tocado los enfrentamientos dentro de la guardia?

-Se te juntan, sí. Pero nosotros pedimos la colaboración de la policía, de la seguridad de la guardia. Los llamamos y pedimos la protección. Antes era muy raro que a un médico lo agredieran. Ahora te puedo contar que tengo gente que ha recibido una trompada en la cara en un domicilio. A otra médica le cascotearon la ambulancia. Vos vas a darle una mano, no a reprenderlos. Pero te dicen que tardaste mucho, por ejemplo. Y nosotros no tenemos un promedio de tardanza prolongada. En siete minutos, ocho, estamos en el domicilio. Ultimamente lo que estamos haciendo es mandar la policía antes. Pero a veces quedamos expuestos lo mismo. Depende de qué policía te toque. O cuando vas al barrio y subís al chico herido y se te quieren subir todos a la ambulancia.

-¿Hay heridos que quieren irse sin que se haga la denuncia?

-Sí, hay. Y los tenés que dejar ir. Los atendés, les das las indicaciones y bueno... se fueron. Yo dejo constancia de que atendí un herido de bala. Me ha pasado que dentro de la ambulancia se les caen facas, droga o estas manoplas de hierro que se ponen en los dedos para pegar. Cuando llegás, las entregás a seguridad del hospital como pertenencias del chico...

-¿Cómo se modifica el contexto de la guardia cuando llevan presos?

-Es terrible. El hecho de que haya gente del Servicio Penitenciario no es fácil. Te interfieren. Vos les das un lugar para que estén. Ellos se quedan en el pasillo. Vos estás trabajando y ellos van, vienen, te abren la puerta, salen a fumar. Es cierto que muchas veces los presos simulan. Pero otras veces vienen realmente enfermos porque pasa mucho tiempo antes de que los deriven. Por ejemplo les duele la panza y le dan una buscapina. Cuando llega a nosotros viene con abdomen agudo. La buscapina te enlentece el diagnóstico. Si tenés una apendicitis común, llegás con una peritonitis. Ni hablar de lo que es sida y tuberculosis.

-Una enfermedad que debió estar erradicada hace tiempo...

-¿Y si te hablo de sífilis que está rebrotando? Porque el sábado a la noche tenés la consulta de los chicos que tienen algún tipo de lesión y consultan. Y te encontrás con chancros o gonorrea o algo así. Se nota que el uso del profiláctico no existe. Volviendo a los presos, manejan bien la anatomía. Ellos dicen que están pinchados. Son heridas punzantes que se hacen con la faca. Saben dónde pinchar, un pulmón, el área cardíaca, donde pueden poner en riesgo la vida. Y muchas veces nos ha tocado tener a los dos, al agresor que también está herido, y a su víctima.

-Los accidentes -o en realidad los siniestros viales- suelen ser lo más traumático para una guardia. ¿Cómo lo vivís?

-Es que sea leve o no, para el familiar es un shock y una angustia tremendos. Una vez que definiste la gravedad, si lo mandás a la casa bien; el tema es si se quedan o tenés que salir a dar una mala noticia. Pero a veces tenés cosas lindas. Yo nunca me voy a olvidar: nosotros por protocolo pedimos siempre, en mujeres en edad fértil, el test de embarazo. Porque la situación de una mujer traumatizada si está embarazada o no cambia mucho. Ese día pedí el test y cuando me llegó el laboratorio, era positivo. La mujer estaba embarazada. Habían chocado en la ruta. Le digo, con cautela, porque no sabía si iba a dar una buena o mala noticia: "señora, le tengo que decir que usted está embarazada...". La felicidad que tenían esa mujer y el marido... tenían años de tratamientos de fertilidad. Qué importaba si el auto estaba hecho pedazos y ellos todos magullados... esas cosas emocionan.

-Vos estabas el día del accidente de la combi...

-Sí. Es el que no puedo olvidar. Por suerte los que llegaron al hospital eran sólo alerta verde. Sólo uno rojo que fue a terapia. El resto había fallecido en el lugar. Vos me preguntabas si se encuentran las dos partes... Ese día teníamos a la conductora de la combi en una cama y a las víctimas al lado.

-¿Cuánto pesa la amenaza del juicio por mala praxis en un lugar donde hay que tomar decisiones con celeridad?

-Pesa mucho y se vive mal, porque vos sabés que detrás de la puerta hay alguien que está entregando la tarjetita del abogado. Esperan en la sala o entran a ver al paciente. A mí me tocó ir a un accidente de moto; llevamos una chica herida y en el Hospital me dice "en el accidente me dieron esto, no sé lo que es". Me muestra y era la tarjeta de un abogado para hacer juicio. Lamentablemente estamos trabajando a la defensiva. Entonces muchas veces caés en el "por las dudas". Por las dudas vamos a pedir una tomografía, por las dudas... y no son cosas inocuas. Al tipo lo irradiaste con no sé cuántos rayos. Y no era necesario.

-¿Cómo es la vida afuera de quien se codea todo el tiempo con la muerte? ¿Te sirve para relativizar algunas cosas o tenés que hacer terapia para soportarlo?

-No, yo no creo en la terapia. Por ahí minimizamos cosas. Viene mi hijo que se torció el pie. Si es alguien que va a la guardia le hago la placa, lo hago ver por el traumatólogo. En mi casa le digo ponete hielo, tomate un diclofenac y no apoyes. Creo que por ahí no te hacés problema porque te cerró el banco y no pudiste pagar la cuenta. Y bueno, la pago otro día. En el mismo hospital te pasa que llega alguien haciéndose un drama porque le apareció un granito y vos decís "por esto venís a la guardia", cuando al lado tenés un tipo que clavó un ACV y tiene 50 años. También sabés que estamos todos en el bolillero y en cualquier momento sale la bolilla nuestra. Que sea lo más digno posible cuando nos toque.

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