Edición Anterior: 14 de Junio de 2017
Edición impresa // La Ciudad
Entrevista con el abogado Rodolfo Alberto Sosa
"El 30% de las licencias por enfermedad son por razones de violencia laboral"
El profesional alertó sobre el problema definido como "epidemia silenciada" ante su alta incidencia con gran afectación a las economías, pero sin despertar la alarma mundial. Los ámbitos laborales donde más se registra, la población más afectada, cómo se aborda. "Lo importante de identificar la violencia es desnaturalizar comportamientos" señaló Sosa.
El abogado Rodolfo Alberto Sosa habló con EL POPULAR sobre la violencia laboral a la que se suma a definir como "una epidemia silenciada", por la alta incidencia en el mundo así como por su grado de afectación a la economía sin que estos aspectos llamen a la alarma. Sosa es profesor de las facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales y de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata, especialista en Derecho Social, del trabajo y de la previsión.

Este tipo de violencia afecta a la salud de quienes la padecen, pero es difícil de reconocer: muchas veces está naturalizada. Los trabajadores de turnos nocturnos, las personas que trabajan con valores que puede ser útiles para el tráfico ilícito, quienes se desempeñan en lugares de mayor exposición al tratar con circunstancias dramática de la vida, los trabajadores de ámbitos directamente vinculados a la violencia (como las fuerzas armadas o de seguridad) y los empleados precarizados se ubican entre los más vulnerables. Las mujeres son las que más denuncian este tipo de violencia.

"Lo importante de identificar la violencia es desnaturalizar comportamientos que se interpretan como parte de las relaciones laborales tanto en el ámbito público como privado" sostuvo. "La violencia se va a insertar en relaciones de poder, esas relaciones existen y van a existir en nuestra realidad inevitablemente. Dentro de ellas, puede haber un ejercicio patológico de la violencia. La violencia física es fácil de detectar pero también aún con la violencia física hay pequeñas agresiones como un empujón, un pellizco, la palmada en la cola que se usaba con las mujeres. Todo ese tipo de toques tienen que ver con la violencia, aún a título de amenaza" explicó.

Tuvo en cuenta que identificar la violencia psicológica es "más difícil" ya que "tiene que ver con lo simbólico, con los actos y con los roles estereotipados". A modo de ejemplo citó que "las mujeres tienen hoy reconocimientos en todos los ámbitos a partir de sus calidades laborales pero en las relaciones interpersonales muchas veces se las ningunea. En una reunión donde hay varias personas, a las mujeres se les pide que hagan el café o preparen mates, o que tomen apuntes".

Ante la naturalización de las situaciones de violencia, Sosa consideró que puede ser "porque estamos acostumbrados a ver este ejercicio del poder", pero también porque "muchas veces la persona que es víctima de violencia interpreta que tiene una deficiencia que provoca la crítica o el desmerecimiento". En este sentido, señaló que "eso necesita desnaturalizarse, empezando por la víctima: que se advierta cuándo no es un ejercicio legítimo del poder".

-¿Cómo se da cuenta?

-Lo primero que tiene que haber es mucha divulgación, que el tema se debata en los ámbitos académicos, que sea materia de debate y campañas de sensibilización en los ámbitos de trabajo públicos y privados, a partir de una responsabilidad del empleador en este rol. Y mientras tanto, es importante el sector que rodea a la persona violentada. Muchas veces la persona violentada no lo percibe, pero lo perciben los otros, le dicen ‘¿cómo dejás que te diga eso?’, es una advertencia de un posible ejercicio abusivo del poder y puede ser parte de la violencia simbólica.

-¿Qué debe hacerse?

-Buscar asesoramiento. Hay mecanismos en los ministerios de Trabajo y los sindicatos. El Ministerio nacional tiene la oficina de Asesoramiento en Violencia Laboral a la cual se puede consultar de todo el país. Ellos reciben denuncias y asesoran, no solo a organismos y sindicatos, sino a personas que padecen violencia. Hacen estadística y si bien no brindan contención, por lo menos puede orientar. Entonces si una persona tiene dudas sobre si está en una situación de violencia se comunica esta oficina y le podrán marcar su contexto. Yo creo que si la persona siente que está siendo violentada, en la mayoría de los casos será cierto.

-¿Es posible erradicarla?

-El ejercicio de la violencia en el ámbito laboral es casi una marca de nuestra organización social. Cuando aparecieron las grandes fábricas, en la revolución industrial, hubo que acostumbrar a gente que trabajaba en su casa a someterse a la disciplina de encerrarse en una fábrica. Sin un ejercicio del poder muy fuerte, era imposible. Implicó que la jerarquía del empleador era fortísima, de hecho en esa época tal violencia permitía el disciplinamiento físico de niños que trabajaban y el abuso sexual contra mujeres. Desde allí para acá mucho ha cambiado, pero también hubo retrocesos en cuanto al reconocimiento de la dignidad de los trabajadores y a su derecho a manifestar oposición y reclamo.

-¿Cuáles?

-Las dictaduras fueron el mejor momento, porque por todos lados pasaba el conflicto Este-Oeste, entonces nadie podía reclamar en una fábrica sin ser tildado de comunista o subversivo, o lo que fuera, pero además, a nivel social se fortalecía la idea de disciplina. Teníamos todos que obedecer a cualquier persona uniformada que se presentara. Entonces, este reforzamiento de la idea del vínculo de poder siempre ha sido a costa de ejercer violencia. La democracia en nuestro subcontinente muy tibia y lentamente viene reconociendo este problema, en consenso con los organismos internacionales que hablan de una epidemia silenciada con números pavorosos, como lo que menciona la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre que la violencia laboral tiene un efecto: alrededor del 30% de los costos totales de las enfermedades y accidentes serían por violencia laboral lo que generaría pérdidas de entre 0,5 y 3,5% en el PBI de cada país por año. Es un estudio de 2000 con datos globales. Es un despropósito, por la pérdida de recursos que significa para la economía y para la salud de las personas. El 30% de las licencias por enfermedad son por razones de violencia laboral, estamos enfermando a la población. Es una verdadera epidemia.

-¿Qué pasa cuando el empleador que violenta es el Estado?

-En realidad el que violenta siempre va a ser una persona, puede estar ejerciendo roles estatales. En ese caso, implica un grado de dificultad en el ejercicio de la resistencia de la violencia, la persona violentada no tiene que ser la que resuelva su problema, claro que tiene que empezar por ella en reconocer que está siendo violentada y actuar en consecuencia, aunque sea quejarse. Esto es buscar los ámbitos que tienen que existir, que tienen que crearse -están pendientes de creación- los ámbitos laborales que den contención, apoyo psicológico o jurídico. También en los sindicatos. Los sindicatos de empleados públicos de la provincia Buenos Aires tienen áreas de recepción y acompañamiento, ya que existe una ley provincial de violencia laboral que tiene varios años, que no hace prevención sino que habla de la sanción. Esa es la falla. He tenido algún caso asesorando en mi ejercicio profesional, cuando es contra el Estado muy difícil que prospere porque el Estado tiene otras lógicas como la de lealtad.

-¿Las mujeres son las que más denuncian?

-Hay algunos datos, no son muchos ni fiables, de la oficina de Asesoramiento Laboral, ya son sobre denuncias y no por encuestas. Las consultas en general rondan 60% de mujeres y 40% de hombres. Por más que no sea fiable es bastante verosímil. Es que a veces las relaciones de poder son jerárquicas pero muchas veces son simbólicas. Si hay un hombre y una mujer parece que naturalmente hubiera un vínculo de poder aunque sean compañeros de trabajo, por eso la violencia laboral tiene como principales víctimas a las mujeres. Dentro de todas las formas de violencia laboral el acoso sexual tiene un 95% de víctimas mujeres, según las mismas estadísticas.

-¿Los ámbitos laborales precarizados tienen más violencia o la precarización es una forma de violencia?

-La precarización no es una forma de violencia, es un fraude laboral. Pero da un margen enorme al ejercicio abusivo del poder si una persona no tiene seguridad en el trabajo o los mecanismos de reclamos son difíciles de acceder. Normalmente la precarización va acompañada de sectores de la población que tienen mayores limitaciones culturales y de acceso al servicio de justicia, estos sectores están en especial vulnerabilidad frente a la violencia. La amenaza de despido o la degradación puede ser una ocasión propicia para que la violencia laboral se exacerbe.


Prevención y contención

Hay tres tipos básicos de violencia laboral: física, acoso psicológico y acoso sexual. "La física es más fácil de reconocer y puede ser un acto aislado. Acoso implica un comportamiento continuado que puede tener una intencionalidad de expulsión, que el trabajador renuncie en la empresa privada o pida el pase en la administración pública. El acoso sexual puede tener otra intención" explicó Sosa quien aclaró que "claramente las posibilidades dañinas del acoso son mucho mayores en cuanto a la salud, pero la violencia no es tolerable en ninguno de los casos".

Entre los ejemplos, citó el caso de una maestra de la ciudad de La Plata a quien asesoró legalmente. Explicó que tras lo sucedido "ya no es maestra de grado sino hace tareas administrativas, un solo golpe le dejó tales secuelas qué le cambió la vida. Esa violencia tiene que tener un encauzamiento, primero tratar de evitarlo y segundo la contención inmediata". Detalló que la mujer no recibió ayuda acorde: "esas fallas terminaron con una maestra menos. Para el Estado es una pérdida terrible. Para ella, peor aún, tuvo que abandonar su vocación".

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