Edición Anterior: 13 de Septiembre de 2017
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ENTREVISTA. Miryam Gorban, titular de la cátedra de Soberanía Alimentaria de la Universidad de Buenos Aires
"El alimento debe ser un bien social para disfrute de toda la humanidad"
El actual modelo de producción incluye los alimentos transgénicos y los agrotóxicos. Y atenta contra la soberanía alimentaria, el derecho a elegir y tener acceso a los alimentos saludables. Esa opción hoy no es un derecho, sino que depende del poder adquisitivo. Miryam Gorban, titular de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, lo explica con claridad.
Silvana Melo

smelo@elpopular.com.ar

Lejos de la soberanía alimentaria, en la Argentina el alimento se consume según los parámetros del mercado y del modelo productivo. Con un costo aún no evaluado para la salud. Miryam Gorban, a punto de cumplir 86 años, mantiene en pie una lucha que comenzó hace más de veinte años. Cuando la apertura por parte del Estado a la entrada de las semillas transgénicas profundizó el modelo extractivista y modificó la calidad de la alimentación, entre otras patas fundantes de la cultura. Gorban es licenciada en Nutrición. Nació en Santiago del Estero y es titular de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UBA (Universidad de Buenos Aires). En entrevista con EL POPULAR, pide desmontar la soja y no los bosques para sembrarla.

-Consumimos alimentos superprocesados e industrializados. ¿Qué consecuencias tiene en nuestros cuerpos?

-Hay una preocupación de las organizaciones de salud internacionales porque aparece un mapa epidemiológico distinto al que estábamos acostumbrados. Salimos de enfermedades infecciosas gracias al desarrollo de la ciencia y de la técnica, y ahora nos encontramos con una epidemia de obesidad y de diabetes, de enfermedades crónicas no transmisibles que abarcan del 60 al 70 por ciento de las muertes evitables, lideradas por las cardiovasculares y el cáncer en sus diversas modalidades. Y no se ha prolongado tanto la expectativa de vida. Porque la preocupación es la aparición de estas enfermedades a edades tempranas. La epidemia se da en niños y adolescentes: las nuevas generaciones van a tener una expectativa de vida mucho menor de la nuestra por la mala alimentación. Hay algunas banderas que se levantaron en determinadas épocas como la lucha contra el hambre y la lucha contra la desnutrición. Hoy tenemos que hablar de la lucha contra la malnutrición, porque somos malcomidos. La oferta tiene dos problemas graves. Uno, los alimentos altamente industrializados que han modificado el patrón alimentario de los pueblos. Y dos, los alimentos frescos, de poca elaboración, que son los que recomendamos, pero en las zonas de monocultivo están contaminados por agrotóxicos y no tenemos las garantías suficientes para que sean accesibles en calidad e inocuidad a toda la población.

-El diseño original de los seres humanos, ¿cómo se adapta a estos tiempos?

-Somos omnívoros. Y eso, que nos da la posibilidad y el acceso a una alimentación completa, rica en proteínas, minerales y vitaminas ha sido la condicionante del desarrollo del cerebro humano. Incluso del desarrollo de la palabra. El descubrimiento del fuego permitió modificar y adaptar los alimentos para hacerlos más digeribles. El problema es el factor ambiental. Los factores externos. Que se llaman disruptores endocrinos. Son falsas hormonas que modifican el metabolismo en general de nuestro organismo. Esto surge de los cambios ambientales y en las condiciones en que los alimentos que llegan a nuestra mesa. Esto está vinculado al modelo productivo, que es el modelo capitalista. De extractivismo. De superexplotación de los suelos, de las aguas y de todo lo que nos rodea. En el Tribunal de la Haya se determinó el año pasado el crimen por ecocidio que se está produciendo. No solamente estamos afectando el desarrollo de la especie humana, sino también de las plantas, de los animales, del aire, del agua.

-Más allá de que hablamos de un proceso de varios años, ¿qué es lo que cambia cuando en 1996 Menem y Felipe Solá abren todas las fronteras de la soja transgénica en la Argentina?

-Se abre una caja de Pandora porque empiezan a producirse alimentos transgénicos. Simultáneamente, Vía Campesina determina el concepto de Soberanía Alimentaria y lo trae a la Cumbre Mundial de la Alimentación de noviembre de 1996. En esa cumbre aparecen los alimentos transgénicos. Y aparece el concepto básico y fundamental de que el alimento no es una mercancía. El alimento es un bien social para disfrute de toda la humanidad. Para que la vida se desarrolle en plenitud y no puede ser utilizado como herramienta política de dominación de los pueblos. No sabíamos qué efectos producía la soja transgénica. Sólo había dos afirmaciones científicas: resistencia a los antibióticos y reacciones adversas. El principio de precaución determina que no sabemos qué va a pasar porque para producir la semilla transgénica es necesario el paquete tecnológico, que incluye a los agrotóxicos.

-En una clase usted dijo que el glifosato, como disruptor endocrino, había generado una disparada del autismo...

-Los efectos de los disruptores endocrinos -de estos factores externos, que contaminan cuando producen vida a través de venenos- son una serie de reacciones en el organismo. Por ejemplo, señala Andrés Carrasco que el glifosato actúa como disruptor endocrino, es decir, como falsa hormona y provoca la dificultad de absorción del gluten por el intestino. Eso hace que se haya multiplicado la enfermedad celíaca y en especial en los adultos. Pero al mismo tiempo, los chinos y todas las publicaciones científicas están diciendo que ha aumentado el autismo: lo más grave es el cambio en la alimentación de los niños y una política publicitaria que los incita al consumo de estos alimentos. Que te muestra que son vida, salud, alegría, es placer.

-En una publicación usted asegura que el 97 % de los organismos genéticamente modificados del mundo se cultivan en América. ¿Se ha convertido al continente en un centro de experimentación?

-Hemos sido un campo de experimentación a cielo abierto. Hablamos de la transgénesis que requiere del paquete de venenos. Y así como hablamos de la celiaquía, del autismo, hay efectos muy severos como la demencia senil, el aumento del Alzheimer, de las enfermedades metabólicas. Hay acciones del glifosato sobre el tejido adiposo. Hay una multiplicidad de acciones que están perfectamente documentadas.

-El alimento no debería ser una mercancía, como usted lo dice. Pero hoy importamos alimentos y hay hambre en un país que los produce para millones de personas. ¿Esa contradicción es sistémica?

-Sí, el hambre es inadmisible y más en un país productor de alimentos. En la primera reunión de soberanía alimentaria en Cuba en 2001, nosotros en plena crisis queríamos hablar y contar lo que nos pasaba. Nosotros decíamos: "tenemos hambre" y "nosotros también", decían los africanos. Pero "ustedes no producen alimentos como nosotros". Esta es la contradicción.

-En la época de peor crisis, se presentaba a la soja como el superalimento. A la vez, Darío Gianfelici, el médico de las zonas rurales de Paraná, contaba que había notado que a los chicos le crecían mamas y las nenas se desarrollaban precozmente…

-La ginecomastia genera con la pubertad precoz. Y se presenta con la mama en los varones y la menarca precoz en las niñas. Y los problemas de esterilidad, de abortos a repetición, de malformaciones. En Rosario, por ejemplo, hay un aumento de trastornos hipotiroideos en las zonas fumigadas. Y cómo no me voy a acordar de la campaña de la soja si nosotros empezamos ahí. Darío es uno de los primeros médicos que empezó a señalar eso en su pueblito. Nosotros en La Plata libramos un debate muy duro con las organizaciones que planteaban la campaña de la soja solidaria. Y lo señalamos y elaboramos materiales y discutimos. Te hablo del 98, 99 ó 2000. Esta batalla tiene muchos años. Y vamos logrando que la gente empiece a reflexionar, a pensar y a buscar alternativas en modelos productivos agroecológicos.

-El modelo productivo global genera un corrimiento de la frontera agropecuaria para sembrar fundamentalmente soja, dejar los suelos como cemento y criar animales encerrados. ¿Qué se come cuando se consume un pollo que sufrió enormemente y al que se medicó?

-Acá tenemos soja; en Brasil, la caña de azúcar; en otros países, la palma. El 90 % de los cultivos en el mundo son de monocultivos. Una de las cosas que te dicen es que producimos alimentos para 400 millones. Momentito: no para 400 millones de personas. La cuarta parte, esto es lo nuevo en el modelo productivo, va a parar para alimentar animales que ya no se alimentan a pasturas. El amontonamiento de los animales en los feedlot. La intensificación del modelo que hace que amontonés los cerdos y los pollos. Para saber qué comés hay que saber cómo se produjo ese pollo. Es muy caro producir con hormonas. Pero sí se utilizan antibióticos como estimulantes del crecimiento. Uno de los problemas más graves de la medicina es la resistencia a los antibióticos, por el uso indebido. Pero al mismo tiempo van a parar a las aguas residuales. En el Congreso de Salud Ambiental en Rosario es uno de los problemas que apareció. El residuo de anticonceptivos en la orina, que termina en las aguas. Y se produce reciclamiento. Son antibióticos, anticonceptivos y medicamentos de uso común lo que se les aplica.

-¿Qué otra cosa cambia cuando comés un pollo de campo que anduvo correteando de acá para allá o el otro, condenado al día perpetuo, lastimándose, sin poder moverse…?

-El estrés en los animales es igual al nuestro. La carne es más fibrosa. Y el problema es que el 70 % de la carne vacuna que comemos, es de feedlot. Con lo cual hemos perdido el sabor. Hoy presentás un pollo de granja y hay toda una generación que no conoce su sabor. Entonces también modificaron tu paladar, tu forma de seleccionar alimentos, que hace que no seas soberano para hacer la elección. La elección de lo que vos comés está determinado por el aparato publicitario, por la puesta en órbita para vender más, para que el alimento sea para vender y no sea para comer.

-En un hogar de Gerli, los chicos descubrieron manchas azules en la acelga. No salían con nada. Cuando las llevaron a analizar, tenían endosulfán (insecticida y disruptor endocrino). ¿Cuántas cosas nos comemos con aquello que se presenta como lo más saludable?

-Yo como nutricionista aconsejo cinco porciones por día de frutas y verduras... Con una organización exigimos al Senasa que se informara del grado de contaminación que tienen los alimentos. La información llegó referida al año 2013 y estamos en el 2017 y habla del nivel de la contaminación en los tomates, naranjas, peras... pero en ninguna parte del informe dice si esa mercadería fue decomisada. ¿O se largó al mercado? Todos comimos peras en abundancia. Pero nadie nos dijo si estaban contaminadas o no. Es un ecocidio. Es un delito de lesa humanidad. Un gran sanitarista, Maurin Navarro, le puso un nombre: masacramiento pacífico de la población. No sabemos si todo esto no tiene un mecanismo de dominación poblacional, de control demográfico. Lo dijo Kissinger en 1974: domina el petróleo y dominarás las naciones. Bueno... domina los alimentos y dominarás los pueblos. Y Venezuela es ejemplo: monocultivo de petróleo. No necesariamente tiene que ser de soja. Abandonamos nuestra condición agrícola-ganadera, nuestra sustentabilidad, la autoproducción de alimentos para la población.

-Entonces, hablamos de soberanía alimentaria...

-Que está ligada al derecho de los pueblos. No de las personas. Hay un concepto fundamental que es el derecho a la alimentación: todos tenemos derecho al acceso a la alimentación sana, segura y soberana. Pero si tenés dinero, podés comprar alimentos. Si no lo tenés, no. Y ahí el Estado tiene que intervenir. El concepto de soberanía es un concepto meramente político. Está vinculado al pleno empleo, al salario digno, al precio justo, a las condiciones culturales, sociales y la disponibilidad de cada uno de nuestros pueblos.

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