Edición Anterior: 25 de Octubre de 2017
Edición impresa // La Ciudad
Historias en torno de una medalla
Ser padre en nombre del compañero
Daniel Puertas

[email protected]

Tal vez fue cuando ya no pudo mantener esperanzas desatinadas, cuando descartó los rumores sobre fantasmales submarinos rusos que hubieran podido rescatar a algunos náufragos del crucero Belgrano, que asumió en lo profundo de su corazón el deber de ser padre, exactamente eso que Hugo, su amigo, no alcanzó a ser en vida: murió el 2 de mayo de 1982 y su primer hijo nació catorce días después.

José María Trinchín fue primero padre del corazón con la hija de su primera esposa. Después tuvo otros dos hijos, uno de los cuales murió como consecuencia de una parálisis cerebral que le marcó la vida desde el nacimiento.

"Sé que para él seguramente era lo mejor. Pero me duele que ya no esté a mi lado", confiesa José María mientras recuerda otros dolores que despierta el recuerdo de Malvinas.

Se había hecho amigo del sanjuanino Hugo Fernández mientras aprendían a ser técnicos de la Armada, una fuerza a la que José María había ingresado a instancias de un tío. Fue uno de los dos amigos que perdió en la guerra; el otro, "el loco" Torres, apodado así por ser nativo de Open Door, el pueblo donde funciona un conocido hospital psiquiátrico, sobrevivió al hundimiento del crucero General Belgrano, pero murió después en el ataque al transporte naval Isla de los Estados.

Para Trinchín, el chico de Villa Mi Serranía, fue un golpe brutal. "Estuve mal de la cabeza, siempre esperaba que apareciera vivo. Se hablaba de que submarinos rusos podían haber salvado a muchos sobrevivientes, pero un día un compañero me dijo ‘no lo esperés más a Hugo. Yo lo vi morir’ ".

Hugo murió según este testigo quemado por el petróleo. José María no fue el único que esperó: "Un día me encontré con Mary, su mujer. Y me dijo que ella lo esperó durante tres años, que cuando veía un marinero corría a ver si era Hugo".

"Entonces pensó que "me debía el ser padre por él, que no pudo disfrutar de la paternidad", confiesa José María con una tristeza añeja en la mirada.

Muchos años antes, en Villa Mi Serranía, no imaginaba los rumbos por los que lo iba a arrastrar el destino. Chico de un pueblo de pocas casas, frontera entre lo rural y lo urbano, cursó la primaria en la Escuela Nº 45, donde tuvo una maestra con la que alcanzó una "relación muy especial" que todavía le ilumina la mirada al recordarla: Isabel Galbiati de Pareja, uno de los íconos locales de la lucha por los derechos humanos.

En esos tiempos y esos lugares al terminar la escuela primaria el dilema era seguir estudiando o trabajar. Las imposibilidades para José María eran la de ser pupilo en la entonces Escuela Agropecuaria, algo que no quiso, estudiar en la Escuela Profesional 3 de Loma Negra, donde finalmente estudió electricidad.

Entre los oficios que desempeñó en su adolescencia estuvo el de recolector de residuos. Pero un ingeniero de Loma Negra, Germán Toro, de nacionalidad boliviana, al verlo ataviado con sus ropas de recolector y calzado con las botas de goma se sorprendió.

Al día siguiente le entregó una carta para el responsable de la Casa Buschini y lo envió a Olavarría.

"Reparame esta plancha", fue una de las primeras frases que le dijeron, como para probarlo.

Después fue una licuadora y, finalmente, le dijeron "empezás el lunes". Así se inició su carrera de técnico electricista, es decir, de reparador de cualquier cosa que se moviera con electricidad.

Un tío, radiotelegrafista de la Armada, le dijo un día "acá no tenés futuro, ¿por qué no te metés en la Marina?".

Para los 17 años de José María, esa era una promesa de futuro. Rindió con éxito el examen, hizo los cursos correspondientes, navegó y se convirtió en marinero de primera en el buque Cándido de la Sala. Después del Mundial de 1978 fue enviado al Sur, donde resonaban los tambores de guerra por el conflicto del Beagle.

José María tenía una confianza ciega: "Habíamos ganado el Mundial, todo era euforia. Pensábamos que nos íbamos a comer crudos a los chilenos. En el Canal de Beagle nos cruzábamos con barcos chilenos. Nos insultábamos, nos tirábamos papas, latitas de gaseosa. Después hubo rumores de enfrentamientos, pero nunca se confirmaron".

Finalmente no hubo guerra con Chile y el marinero José María Trinchín, ya más maduro, terminó especializándose en radares y a los 21 años fue destinado al destructor Hipólito Bouchard. Su hermana siguió sus pasos y se incorporó a la Armada.

En esos tiempos, José María sufrió en carne propia algunos de los aspectos más ridículos, bien que molestos, de la vida militar. Enamorado de una compañera, tropezaban con un inconveniente: las rígidas normas militares no aceptan de buen grado que la mujer tuviera un rango más alto -era cabo principal y José María cabo de segunda- que el hombre.

Además, previniendo que no fueran apartarse de las reglas, vaya uno a saber cómo, eran seguidos por hombres del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), algo de lo que podían darse cuenta perfectamente ya que conocían a casi todos.

Como prueba de lo que son las normas de la Armada, José María recuerda que en esa época ningún marino podía casarse con alguien que fuera ciudadano de cualquier país limítrofe. Lo primero que surge es que consideraban a todos los vecinos de la Patria Grande como potenciales enemigos, hipótesis de conflicto.

Pero la vida sigue y finalmente José María se casó, aunque su matrimonio duró "un año y pico. Me parece que no sirvo para vivir en pareja, pero tampoco puedo vivir solo", cuenta ahora, mientras sigue trajinando con la vida a pesar del dolor fresco de la muerte de su hijo hace apenas un par de años.

El 2 de abril de 1982, José María estaba en uno de los buques que debían despejar la zona de Malvinas de pesqueros. El 2 de mayo navegaban a unas millas del crucero General Belgrano, al que debían proteger, cuando un golpe sacudió al Bouchard, presumiblemente el causado por la explosión del tercer torpedo que disparó el HMS Conqueror.

Los otros dos impactaron en el Belgrano. Eso ocurrió cuando todos los marineros argentinos creían que el peligro había pasado, ya que esperaban un ataque el día anterior.

El crucero, uno de los pocos sobrevivientes del ataque japonés a Pearl Harbor, desapareció para siempre en los tempestuosos mares australes.

El Bouchard, maltrecho, participó del rescate de los sobrevivientes y luego retornó a puerto. Todavía le restaba cumplir con una de las acciones más destacadas de la guerra: frustrar la Operación Mikado, ideada por los ingleses para eliminar la amenaza que representaban para su flota los aviones Super Etendard armados con misiles AM-39 Exocet.

El 16 de mayo, el Bouchard estaba fondeado entre Cabo del Medio y Cabo Domingo en el marco de la misión de proteger la zona. En la tarde de ese día, el radar "detectó unos puntos que se dirigían al continente. Por la velocidad, eran balsas, supuestamente con comandos británicos", cuenta ahora, 35 años después, uno de los técnicos del Bouchard.

Los cañones del buque abrieron fuego y, después de abrirse en forma de abanico, los puntos desaparecieron de las pantallas de los aparatos del Bouchard.

"O fueron hundidos o volvieron al submarino del que habían partido", conjetura Trinchín ahora, cuando se sabe que los ingleses habían planeado desembarcar cerca de la base donde se encontraban los Super Etendard con el objetivo de destruir los aviones y matar a todos los pilotos.

Para ello tenían dos planes: uno trasladar a los comandos en dos aviones Hércules directamente en la base de Río Grande y el otro llegar con botes inflables trasladados hasta pocas millas de la costa con un submarino.

Los soldados encargados de esa operación eran miembros del Special Air Service (SAS), la tropa de élite británica.

Lo cierto es que además de detectar los gomones, el radar del Bouchard también descubrió a un helicóptero, que luego se sabría era un Sea King cuya misión era reconocer el objetivo. Al comprobar que había sido descubierto, el helicóptero huyó hacia Chile y cuando llegó la orden a los artilleros argentinos de disparar ya se encontraba fuera de alcance.

Es el helicóptero que aterrizó en Chile y fue hallado destruido -tarea que cumplió su tripulación para evitar que cayera en manos argentinas-, episodio que la información británica intentó presentar como un accidente ocurrido porque la aeronave se quedó sin combustible.

Los ingleses luego regresaron a su país desde Santiago. La alianza más o menos secreta entre Chile y el Reino Unido era la consecuencia lógica de lo que habían anunciado generales argentinos sobre la recuperación del Canal de Beagle por la fuerza después que concluyera el conflicto de Malvinas.

Como a otros soldados que participaron de la Guerra de Malvinas, a José María Trinchín las cosas se le pusieron difíciles dentro de su fuerza y también fuera.

"Era como si nos culparan de la derrota. Además, como éramos militares mucha gente nos asociaba con la dictadura, aunque no hubiéramos tenido nada que ver. Y dentro de la Armada algunos se burlaban de nosotros, las ‘bromas de sollado’, a los del Bouchard nos decían ‘los del buque de goma’, que nos había rebotado el torpedo del Conqueror".

Por eso Trinchín pidió su baja a mediados de los 80. Vivió en la casa de su suegro, estuvo desocupado, se dedicó a la reparación de electrodomésticos anunciando su oficio con un cartelito en la casa de Quilmes Oeste. Su esposa fue enfermera en distintas clínicas hasta que finalmente ingresó al Hospital Garrahan, donde continúa hasta hoy.

En 1986 pasó a ser empleado de una fábrica de jabones en Avellaneda, puesto que le dejó libre un compañero de la Armada que también se había retirado pero decidió reincorporarse. En tres meses se convirtió en encargado de mantenimiento de la planta fabril, e incursionó en la actividad gremial.

Pero llegaron los años 90 y la desindustrialización del país, lo que impactó fuertemente en la fábrica de jabones, con un directorio integrado por muchos militares, uno de ellos el general Oscar Bartolomé Gallino, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura, que a la hora de negociar con los representantes de los trabajadores ponía una pistola sobre la mesa.

Un día visitó Olavarría y fue a tomar mate a la Casa Buschini con su hijo discapacitado. Al enterarse de la situación de la empresa de jabones, le dijeron que si quería regresar, allí tendría empleo. La empresa de Avellaneda había reducido drásticamente su planta de personal y el cierre parecía inminente, por lo que José María Trinchín volvió a Olavarría.

Tiempo después comenzó a trabajar por su cuenta y montó un taller en Loma Negra. En 1997 participó de una reunión de veteranos, siendo el primero de los cuadros en integrarse al grupo de quienes habían sido conscriptos durante la guerra. Y en 2007 lo eligieron presidente del Centro de Veteranos, el cargo que hoy desempeña.

Luego aprovechó la posibilidad de trabajar como auxiliar de educación, cumpliendo tareas de portero en la Escuela Nº 80 del barrio CECO, llamada justamente "Crucero General Belgrano".

Hoy trabaja en el Consejo Escolar y es uno de los veteranos que va a dar charlas en las escuelas sobre Malvinas, en las que "no defendemos la guerra ni nada de eso. Lo que hacemos es destacar la valentía de los soldados argentinos", cuenta con un brillo sugerente en la mirada.

MÁS TÍTULOS

Las decisiones de los bloques, las especulaciones y la futura elección del presidente del cuerpo deliberativo de Olavarría
Entrevista a Virginia Creimer, forense que intervino en algunas de las muertes más resonantes en el país por violencia institucional
Algunas fuentes señalaron, de igual modo, que el nombre suena en un contexto "prematuro"
Historias en torno de una medalla
"Va a generar que la gente se anime a presentar los planos"
La iniciativa es de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia
Organizado por las facultades de Ciencias de Sociales y de Derecho, junto con el programa Universidad en la Cárcel
Desde las organizaciones de autocultivo se critica la reglamentación parcial
MOTOCROSS. En EE.UU., el olavarriense fue protagonista en el mayor evento de la especialidad
AUTOMOVILISMO. Nicolás Pezzucchi quiere volver a ser el líder de la Copa de Plata
TENIS. Le ganó al alemán Mischa Zverev por 7-5 y 7-5
El "Rojo" visita hoy desde las 19.15 a Nacional
FUTBOL. Le ganó ayer en el Monumental 1-0 a Lanús en el partido de ida
BASQUETBOL. Recibe esta noche a las 21.30 nuevamente a Deportivo Viedma, por La Liga Argentina 2017 - 2018
RUGBY. De cara a la gira por Europa
Juan Pablo Pompei fue uno de los presentes en el festejo por el 30º aniversario del Sadra
FUTBOL. La Academia perdió 1-0 en Paraguay, en el marco de los cuartos de final de la Copa Sudamericana
VOLEIBOL. El evento de maxi se concretará el próximo fin de semana con la organización de ambos clubes
Guillermo Marconi criticó con dureza la gestión de Horacio Elizondo
El evento será el próximo sábado
El evento nucleó a equipos de la zona
AJEDREZ. El "Unión Clasistas" se terminó el pasado lunes
BASQUETBOL. Le ganó claramente 86 - 47 por el Torneo "Clausura" de Primera División