Edición Anterior: 12 de Febrero de 2018
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Humedales en la Argentina: "La situación es de deterioro y de pérdida de biodiversidad"
El investigador Adonis Giorgi, da cuenta de la preocupación de los especialistas por el manejo de los cuerpos de agua en la Argentina.
Miguel Faigón/

El 2 febrero de 1971 representantes de 18 naciones reunidos en una conferencia realizada en el balneario de Ramsar, Irán, firmaron la "Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas", que desde entonces se conocería como Convención Ramsar. Para el año 2010, la lista de Estados que había suscripto el acuerdo llegaba a 160, mientras el número de humedales a proteger (denominados sitios Ramsar) ascendía a 1900.

Adonis Giorgi, investigador principal del CONICET en el Instituto de Ecología y Desarrollo Sustentable (INEDES, CONICET – UNLU), es especialista en el manejo de ecosistemas acuáticos. Es asesor del Programa Nacional Ciencia y Justicia, que tiene por fin fortalecer los lazos entre la comunidad científica y los poderes judiciales, Ministerio Público de la Defensa y defensores de todo el país a través del ofrecimiento de sus capacidades de investigación, equipamiento y capacitación en función a las necesidades específicas de cada caso.

En noviembre del año pasado participó junto a otros colegas del IX Congreso de Ecología y Manejo de Ecosistemas Acuáticos Pampeanos (EMEAP), que en sus conclusiones finales manifiesto preocupación por el creciente deterioro y destrucción de los humedales en la llanura pampeana.

-¿Qué es un humedal?

La definición de humedal que se toma en la Argentina desde 1992 es la de la Convención Ramsar según la cuál se trata de todo cuerpo de agua con menos de 6 metros de profundidad. Puede tratarse tanto de sitios continentales como de costas marinas.

-Esta definición incluye una gran variedad de hábitats muy distintos entre sí…

Efectivamente, cuando hablamos de humedales podemos estar haciendo referencia tanto a ecosistemas propiamente acuáticos como ríos, lagos, arroyos o áreas marinas de poca profundidad, pero también a pantanos, turberas y llanuras de inundación (que no son exactamente ni ecosistemas acuáticos ni terrestres). La amplitud de esta definición puede acarrear problemas a la hora del manejo de estos cuerpos de agua dado que se confunde bajo un mismo término situaciones ecológicas muy diferentes. Pero lo cierto también es que los diferentes ecosistemas trabajan en forma conjunta y lo que ocurra en uno puede tener repercusiones sobre los otros.

-¿Cuál es el estado de los humedales en la Argentina?

La situación en nuestro país, particularmente en la llanura pampeana, es de deterioro y de pérdida de biodiversidad, en gran parte debido al mal manejo de los sistemas terrestres para la explotación agrícola y ganadera. Esta circunstancia no sólo perjudica a los peces y otros organismos que viven en el agua, sino también a aves y mamíferos (como cuises y carpinchos) directamente asociados a los ambientes húmedos y ecosistema acuáticos. Hay que tener en cuenta también las zonas húmedas prestan importantes servicios ecosistémicos dado que al tener amplia vegetación aportan oxígeno a la atmosfera y capturan dióxido de carbono que permite reducir el calentamiento global.

-¿Cuáles son las causas de este deterioro?

Hay una tendencia a querer aprovechar una mayor cantidad de hectáreas para cultivo. Las zonas naturalmente inundables que antes no se usaban ahora se drenan para poder explotarlas. El problema es que el agua que tratamos de alejar termina volviendo de una u otra forma. Las pasturas son claves para absorber los excedentes de agua, si las suprimimos para reempezarlas por cultivos (que sólo consumen aguan durante el período que va de la siembra a la cosecha) posiblemente no podamos evitar las inundaciones. En algunos lugares, por ejemplo, las áreas cultivadas se prolongan hasta la orilla misma de los ríos o lagunas, lo que hace que cuando llueve no haya zona de transición y absorción para el agua que cae. Esto conlleva también a que todo el suelo fértil que se erosiona como consecuencia de las precipitaciones vaya a parar directamente a los ríos y finalmente al mar.

-¿En que medida la necesidad de proteger los humedales y ambientes acuáticos entra en tensión con la de aumentar la producción agrícola?

Por supuesto, nadie plantea que no haya que cultivar nada ni hacer un aprovechamiento económico de los suelos, pero si pretendemos no dejar ni un rincón sin explotar posiblemente terminemos perjudicando nuestros propios objetivos económicos. Si para aumentar la productividad de un año luego tenemos cinco de inundaciones consecutivas por ahí no resulta tan deseable hacerlo. Lamentablemente no se puede tener un suelo 100 por ciento productivo. La cuestión es cómo continuar mejorando los procesos productivos sin dañar el equilibrio a nivel ecosistémico.

Agroquímicos

y urbanización

-¿Qué pasa en las zonas donde las precipitaciones son escasas?

Bueno, ahí podemos tener otro tipo de problemas. Cuando las lluvias no son lo suficientemente abundantes como para abastecer determinados cultivos se suele recurrir al riego, lo cual es un avance tecnológico. El tema es que no se puede regar en cualquier lado. Hay zonas en la que la irradiación es tan fuerte que el agua se va a evaporar antes que pueda ser absorbida y quedar depositada en el suelo en forma de sales. Aumentar el tenor salino de los suelos restringe las posibilidades de cultivo por lo que regar en zonas de alta irradiación puede traer más inconvenientes que soluciones.

-¿Qué otro tipo de problemas actuales existen en la llanura pampeana respecto del manejo de los humedales?

En general, el mal uso de los agroquímicos suele traer diversos problemas. Si se arroja sobre los cultivos excesivas cantidades de fertilizante, estos no pueden llegar absorber todos los nutrientes, los cuales terminan yendo a parar a los cuerpos de agua. Esto produce un aumento excesivo de algas acuáticas, algunas de las cuales producen toxicidad y afectan la conservación de la biodiversidad. Algo similar ocurre con los pesticidas, si se fumiga cerca de los cursos de agua esto pueden llevar a la desaparición de muchos los organismos que viven en ellos, lo cual deja sin alimentos a los peces y a la larga perjudica también la actividad pesquera. Otro gran problema es urbanizar las zonas de humedales de un modo inadecuado ya que se reduce la superficie de absorción de los suelos y en muchos casos se modifica el escurrimiento lo que también puede impactar incrementando el efecto de las inundaciones. (www.conicet.gov.ar)

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