Edición Anterior: 4 de Marzo de 2018
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Mariana Carbajal, periodista y feminista, que este martes hablará en Olavarría sobre violencia de género de cara al 8M
"No hay que olvidarse de que las mujeres hemos sido quemadas en la hoguera"
Mariana Carbajal hablará sobre violencia de género en las jornadas #8M Olavarría. La historia de las luchas feministas, el debate sobre el aborto legal, seguro y gratuito y las cortinas de humo; el rol de los medios y la imprescindible necesidad de modificar lenguajes y borrar estereotipos. "Las políticas públicas en relación a la violencia machista hacen agua", aseguró la periodista en entrevista con este diario.
Claudia Rafael

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Cuando este martes, la periodista Mariana Carbajal comience a hablar sobre violencia de género en el Centro Cultural San José, la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito ya se habrá ingresado en el Congreso de la Nación. En un debate que tendrá más de un condimento de cortina de humo pero que, a la vez, puede ser aprovechado para batallar por su legalización. "Los países que tienen despenalizado el aborto tienen tasas entre 3 y 5 veces inferiores a los de Argentina", asegura Mariana Carbajal, quien escribe desde hace 20 años sobre géneros. Es autora de más de un libro ligado temáticas feministas e incluso, en "Maltratadas. Violencia de género en las relaciones de pareja", aborda el femicidio de Graciela Tirador, en enero de 2013, en Olavarría. En entrevista con este diario analiza los estereotipos y mitos que ubican a las "mujeres pobres, ignorantes y sumisas" como únicas receptoras de violencias. Y advierte que cuando "nos tildan de feminazis a quienes defendemos los derechos de las mujeres, lesbianas, trans y pretendemos una sociedad igualitaria, se borra con el codo la historia de muchas que nos antecedieron".

-El feminismo está hoy instalado en los medios y ya no es una batalla en absoluta soledad como hace 20 años. ¿Cómo fuiste viviendo la evolución de la palabra y los cambios simbólicos que se fueron dando?

-Eran temas ubicados en lugares marginales. No formaban parte de la agenda mediática ni de la política. La lucha del movimiento de mujeres -con periodistas aliadas que fuimos dándole voz y poniendo en debate los temas- permitió ir mostrando la complejidad de la violencia machista, las consecuencias de la criminalización del aborto, la problemática de la trata y la discriminación hacia las mujeres lesbianas, trans, travestis. El debate por la despenalización y legalización del aborto y la violencia de género saltaron a la tapa de los diarios hegemónicos en los últimos tres años a partir del #niunamenos. En medios como Página lo hemos tenido en agenda desde hace más de 20 años. Y, la verdad, es que yo me alegro de que hoy estos temas estén en el debate prioritario de la política. Eso sí: espero que se dé un debate en serio.

-Hoy existen herramientas, pero en la práctica no se aplican…

-Es que las políticas públicas en relación a la violencia machista hacen agua; la ley de patrocinio jurídico gratuito para víctimas de violencia de género, que se aprobó en 2015, no se implementó; el Consejo Nacional de Mujeres siempre tiene presupuesto acotado y la ley de educación sexual integral, la gran herramienta federal para prevenir la violencia y trabajar con las nuevas generaciones desarmando los estereotipos de género, está desdibujada. No podemos negar que son temas que se han instalado y cada vez mejor. Pero los femicidios siguen llegando a las pantallas principales con una mirada sensacionalista, con amarillismo, morbo, con el eje en "cómo la mataron" en lugar de cómo prevenir y cómo evitar por parte del Estado el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer. Es cierto que hoy en los medios hablamos de estos temas en forma más expandida. Lo que hay que pensar es si se habla con una perspectiva de derecho y de género o se los sigue enfocando como casos policiales aislados sin dar cuenta de la trama que los une, con ese caldo de cultivo que es el machismo en la sociedad.

-De todos modos, creo que hay que ir más allá de los grandes medios hegemónicos, en los que puede haber una mirada u otra. Pero en los medios del interior se siguen reproduciendo los estereotipos, hablando de "crímenes pasionales" y suele no haber una mirada de género.

-Es verdad, yo tengo una mirada muy porteña aunque no vivo en la ciudad. Pero es cierto. Aunque como viajo dando talleres, veo lo que vos decís. Miro los diarios en otras ciudades y te encontrás con la foto de la chica en la contratapa con poca ropa o cosificada en las páginas de deportes... Y se la sigue relacionando con los chimentos y no con la vida cotidiana y lo que nos atraviesa cada día.

-La primer marcha masiva del niunamenos estalla a partir del femicidio de Chiara Paez. ¿Por qué creés que hay casos que movilizan y otros que pasan mucho más inadvertidos?

-Creo que en el momento en que asesinan a Chiara Páez hubo una sucesión de casos, con alta espectacularidad. Un hombre se tiró con el auto a un lago en el sur para asesinar a su mujer; otro, se estrelló en un auto con sus mellizos como castigo para su mujer; hubo varios casos en la ciudad, en barrios de clase media, en un bar en Caballito. En Puerto Madero un hombre corrió con un cuchillo a su mujer. Lo que quiero decir es que hubo una enorme repercusión justamente por tener otros componentes. No toda muerte de mujer llega a la tapa de los diarios y eso varía según el criterio de noticiabilidad que usan los medios. El caso de Wanda Taddei, la esposa del baterista de Callejeros, a la que él prendió fuego, tuvo una repercusión enorme por ser la esposa de quien era: un músico del grupo que había sido protagonista de Cromañón. Pero, además, las niñas como Camila (Borda), de 11 años, conmueven; las adolescentes de clase media también conmueven. Las chicas de sectores más pobres, que aparecen en las bolsas, descartadas como basura, lamentablemente no generan la misma conmoción en la sociedad. Las vidas no valen lo mismo a ojos de los medios y de la sociedad. Los casos de adolescentes que han ido a bailar o que no han vuelto después de hacer un mandado no son lo mismo que una mujer asesinada por su esposo dentro de su hogar. A no ser que tenga algún otro condimento extra como el del femicidio del country. Porque todavía subsisten ciertos mitos de que son un tema protagonizado exclusivamente por mujeres pobres, ignorantes y sumisas. Es algo que, en realidad, le pasa a cualquiera. Nos puede pasar a cualquiera.

-En Olavarría, puntualmente, la primera vez que se salió a la calle masivamente, a pesar de que habían existido numerosos femicidios antes, fue tras el de Graciela Tirador. Una mujer reconocida, autónoma y con una clara pertenencia social…

-Yo recuerdo mucho el caso, uno de los capítulos de mi libro lo enfoca justamente porque Graciela era una de esas mujeres empoderadas, independiente, con una profesión, sostén de su hogar. Y ese recorrido se chocaba con el estereotipo de una mujer que podía entablar una relación con un hombre que la sometiera. Y de hecho ella se separa de ese hombre, pero él pretende apropiarse del cuerpo a pesar del "no de las mujeres". Muchos femicidios ocurren cuando las mujeres intentan cortar esas relaciones. El caso de Graciela rompe con esa idea de que le pasa a determinado tipo de mujer. Y eso genera más conmoción porque provoca identificación: "esto le podía haber pasado a mi mamá, a mi tía o a mí". Porque, en realidad, la veíamos como el modelo de la mujer independiente, con su profesión, con sus hijos con título universitario.

-¿Qué te llevó, hace 20 años, a empezar a escribir sobre estos temas?

-Me fui haciendo feminista, una no nace… el hecho de tener una madre que fue descubriendo el feminismo a los cuarenta y pico me empezó a abrir esa ventana. Y después fue encontrarme con los casos a partir de mi trabajo en Página, cuando empezás a ver la realidad con los anteojos violetas. Es muy difícil dejar de ver lo que vemos que es la desigualdad histórica de las mujeres. Yo les empecé a dar voz a muchas mujeres que la tenían pero a las que no se escuchaba. Voces que reclamaban, por ejemplo, la ligadura de trompas que los médicos indicaban arbitrariamente en situaciones donde la mujer ya tenía diez hijos y tenían que recurrir a la justicia. Las primeras voces que pedían en los hospitales públicos abortos no punibles para niñas violadas; nenas que decían "sáquenme esto", en relación con el producto de la violación. Voces que enfrentaban un tortuoso camino en la justicia. Los casos de femicidio, la violencia machista, los datos del observatorio de la Casa del Encuentro, que empezaban a registrarse en 2008 cuando ningún medio los reflejaba. De esas cosas escribía.

-Está bien… pero no necesariamente eso te lleva a elegir el camino que elegiste…

-Es que yo creo que el hecho de conocer estas historias -y cada vez te vas encontrando con más porque quienes quieren contarlas te referencian- hace que sea muy difícil correrle el cuerpo. Y a medida que más conocés, más te das cuenta de la inequidad, de la desigualdad, de la opresión que vivimos las mujeres en distintos ámbitos. Una inequidad que, como sociedad, como humanidad, hemos naturalizado. Las mujeres invisibilizadas en la ciencia, en la historia, las dificultades para acceder al voto. Las mujeres recién hemos votado en Argentina hace 70 años. La patria potestad compartida fue a partir de la década del 80. No podíamos decidir, de acuerdo al código Vélez Sarsfield, sobre un contrato. Pasábamos de la tutela de nuestros padres a la tutela de nuestro marido. Quizás hoy, en la sociedad en que vivimos, cuesta pensar en esas situaciones. Pero siempre, como movimiento feminista, las mujeres hemos tenido que empujar los márgenes.

-Mientras hablabas, me venía a la cabeza la imagen de Julieta Lanteri, a inicios del siglo pasado, paradita sobre un cajón de manzanas, en Plaza Once, haciendo un discurso político y, como contrapartida, necesitando la autorización de su ex marido para vender una propiedad heredada de sus padres.

-Exactamente. O las primeras médicas, como Cecilia Grierson, que tenían título pero no podían ejercer la medicina. Cuando muchos nos tildan de feminazis a quienes defendemos los derechos de las mujeres, lesbianas, trans y pretendemos una sociedad igualitaria, borran con el codo esta historia de muchas que nos antecedieron. Muchas pioneras que tuvimos en esta historia, que fueron silenciadas, invisibilizadas, ninguneadas. Si las mujeres no tiraban piedras no conseguían el voto. No éramos ciudadanas. Y cuando a veces alguno se queja porque hay un fueguito o una pintada para reclamar nuestros derechos, creo que tiene una mirada obtusa en relación a de qué se trata la lucha feminista.

-Pero además encontrás personajes como la periodista anarquista Virginia Bolten, quien aún hoy nos parece impresionante ver que en esa época escribía lo que escribía y denunciaba muchas de las cosas que hoy todavía están en la agenda feminista. Y en aquel momento eran un escaso grupo de locas. Tilde con que se nos catalogó a las mujeres a lo largo de la historia.

-Sí, locas, brujas, putas. Han sido ésas las palabras que históricamente se usaron para descalificar a las mujeres. Y no hay que olvidarse de que hemos sido quemadas en la hoguera. Literalmente, no como metáfora.

-Pero son conceptos que han sido acuñado inclusive en sectores progresistas. No es una cuestión de izquierdas y derechas…

-Sí, es que el machismo atraviesa transversalmente a la sociedad. Y también nosotras, mujeres, tenemos que combatir la desigualdad con que a veces educamos a nuestros hijos. Es un aprendizaje y creo que eso es lo importante, que lo podamos ver. Y tenemos que romper con tantos años de naturalización. Y los medios tenemos un rol fundamental. Mi militancia es a través de la palabra. Y creo que hoy tenemos que rescatar que muchas mujeres, lesbianas, trans y que muchos varones empiecen a abrir los ojos para ver lo que queremos cambiar en la sociedad y por qué lo queremos cambiar.

-Más allá del resultado final en torno del debate sobre el aborto ¿qué creés que implica esta instancia y la instalación del tema?

-Desconfío de las intenciones del oficialismo en torno de propiciar el debate. Creo que tal vez haya sido una cortina de humo para tapar otros temas. Porque sabemos que se viene una discusión muy difícil para el oficialismo como es la de la reforma laboral y sabemos que los números de la economía no cierran. Es ése el contexto político. Ojalá que efectivamente el debate se deba dar. Porque, además, las mujeres no desisten de abortar por el hecho de que esté vedado, sino que se las empuja a la clandestinidad con los riesgos que implica para la vida y la salud. Por eso espero que el debate se pueda dar y que no sea un "como si". Porque es un tema de salud pública, de equidad social y derechos humanos. Y los y las legisladores no pueden imponer sus creencias religiosas para decidir. Pero, además, una ley que despenalice y legalice el aborto no va a obligar a hacerlo a quien no quiera. No se va a perseguir a las mujeres embarazadas para que interrumpan un embarazo. Simplemente va a meter en la legalidad a quienes hoy, en este contexto, interrumpen voluntariamente un embarazo, por alguna circunstancia que sucedió, porque tuvieron una relación sin protección, porque un anticonceptivo falló o porque la idea que tenían cambió en relación al proyecto de maternidad y el Estado debe respaldarlas para tener una práctica segura. Y que no dependa de tener o no la plata, con los riesgos que significa la clandestinidad. El debate debe darse, con la suficiente altura, sin chicanas ni golpes bajos como el tema realmente merece.

-A pesar de que las estadísticas reflejan que se aborta más donde no está legalizado…

-Claramente: los países que tienen despenalizado el aborto tienen tasas entre 3 y 5 veces inferiores a los de Argentina. Porque el momento de la intervención, ya sea con medicamentos o con una práctica quirúrgica o de aspiración manual es el momento en que el Estado puede intervenir para dar información y métodos para que la mujer no vuelva a enfrentar un embarazo que no quiere continuar. Por eso, el lema de la campaña es tan claro: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. No se busca el aborto como método anticonceptivo. Sino como última instancia frente a otra circunstancia. Lo que pasa es que en estos momentos, esos otros pilares no están funcionando. Porque la educación sexual integral está desarticulada, no está promovida. No es una política pública prioritaria.

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