Edición Anterior: 17 de Mayo de 2018
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Una materia más, como la geografía
Por mucho tiempo se creyó que la felicidad no se podía enseñar como las matemáticas o la geografía. Sin embargo, desde cuando Martin Zeligman creó la psicología positiva, esa idea cambió. A partir de sus muchas investigaciones se sabe que el 50 por ciento de la felicidad depende de factores como creencias y hábitos que son modificables y por lo tanto se pueden enseñar.

En efecto, aprender a ser feliz es posible y por eso muchas universidades en el mundo se han dado a la tarea de incluirla como una cátedra. En Harvard, donde existe desde 2006, es la más apetecida por los estudiantes, al punto de que desbancó a Introducción a la Economía, que por años había sido la clase más popular.

Enseñarla es importante porque la expectativa de vida en el mundo está aumentando y la gente debe vivir esos años extra con bienestar. Se sabe, por ejemplo, que la gente feliz vive 15 años más y con más salud que los pesimistas. Además, ser feliz es una manera de prevenir enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad.

Los siguientes comportamientos y formas de pensar representan cambios estructurales que generarán bienestar permanentemente.

En la mente. El nivel de bienestar está determinado por la interpretación que cada cual hace de los eventos externos, de dónde se ponga el foco de atención. Las personas deben saber que no tienen control sobre todo lo que les sucede, por ejemplo, la muerte de un ser querido, un despido en el trabajo, pero sí tiene alternativas para ver cómo los afrontan. Saber que se tiene ese control es clave en la adversidad.

Agradecer. El ser humano se adapta a todo, tanto a situaciones negativas como positivas. A eso se le llama adaptación hedonista. El agradecimiento es beneficioso porque significa reconocer las cosas que la gente da por sentadas y creer que siempre estarán allí.

Hacer ejercicio. Se ha podido establecer que 20 minutos de ejercicio al día equivalen a una dosis decualquier antidepresivo. Esto sucede porque durante la actividad física el cerebro secreta un tipo de hormonas, las endorfinas, opiáceos naturales que proporcionan una sensación de calma y placer. El ejercicio no tiene que ser intenso ni en un gimnasio. Basta una caminata a ritmo acelerado durante 20 o 30 minutos.

Cultivar los amigos. Los estudios señalan que con solo mantener cinco relaciones de amistad durante toda la vida las personas tienen el 60 por ciento mayor de posibilidad de sentirse mejor. Los amigos ayudan a que los individuos se desahoguen y al compartir las desgracias, es posible descubrir que los problemas no son únicos y mirar diferentes formas de afrontarlos.

El sentido de propósito. La evidencia científica muestra que tener una meta, un proyecto, un sueño que le dé sentido a la vida redunda en bienestar porque funciona como un motor interno que sirve para sobrellevar los obstáculos. Estudios recientes han mostrado que las personas felices que no tienen un claro sentido de propósito cuentan con las mismas probabilidades de padecer problemas de salud que aquellos que enfrentan una adversidad crónica.

Simplificar. Hay que hacer la vida sencilla. Los expertos aconsejan no agendar más actividades de las que puede hacer, ni vivir muy lejos del trabajo, ni quedarse rumiando los problemas. La premisa es que la cantidad impacta la calidad.

Meditar. Esta practica milenaria reduce el estrés negativo, relaja, genera paz interior y da energía al cuerpo y a la mente para capotear las situaciones diarias. Está demostrado que, a largo plazo, la gente que medita puede soportar mejor los obstáculos: cuando la meditación se hace de forma regular, el ruido se transforma en un espacio de silencio o paz.

Permítase ser humano. Todas las emociones humanas, tanto las llamadas positivas como las negativas, entre las que están la ira y la tristeza, tienen un propósito. Por eso, es bueno sentirlas. También es importante ser compasivo consigo mismo, aceptar las debilidades y las fortalezas y no juzgarse más de la cuenta cuando hay fracasos. Errar no es malo si se ve como una oportunidad para aprender.

Vuélvase un caucho. La resiliencia se asocia a la habilidad que tiene un caucho de volver a su estado normal. En el caso de los humanos significa tener la elasticidad suficiente para ser impactado por un trauma, pero al mismo tiempo poder recuperarse. Esta palabra también se relaciona con crecimiento postraumático, lo que implica seguir caminando pero fortalecido después de una situación difícil o una pérdida. Es importante saber que el fracaso también es oportunidad.

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