Edición Anterior: 17 de Junio de 2018
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En el último año se tomaron 142 medidas de abrigo a favor de niñas y niños victimizados
Desde junio de 2016 hasta ahora hubo 3300 denuncias por violencia intrafamiliar
Entre 2011 y 2018 hubo un 132 por ciento de aumento en las denuncias por violencia intrafamiliar. Según datos oficiales del Juzgado de Familia de Olavarría desde el 14 de junio de 2017 al viernes pasado hubo 1796 denuncias. Y, además, 142 medidas de abrigo a niños menores de 17 años.
Claudia Rafael

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De junio de 2016 al mismo mes del año siguiente, el juzgado de Familia recibió 1505 denuncias por violencia intrafamiliar. En el período siguiente –que abarcó hasta el viernes último- el total ascendió a 1796. Así lo confirmó el juez Daniel Morbiducci a esta periodista y agregó que en el primero de esos dos períodos el juzgado tomó 132 medidas de abrigo para niñas y niños víctimas de diferentes tipos de violencia que fueron separados de su familia y, entre junio de 2017 y el viernes último el número subió a 142.

El incremento en las causas por violencia al interior de una familia, institución primaria del modelo de producción capitalista, fue del 19,33 por ciento entre un año y otro y, del 31,25 % en las medidas de abrigo. En este último caso pueden ser temporales o definitivas. Es decir, los chicos pueden estar derivados un tiempo mientras se trabaja con el entorno para su regreso o bien terminar en un corte definitivo con ese núcleo familiar. Que puede implicar una vida institucionalizada hasta la mayoría de edad o bien, la decisión de darlos en adopción.

Para entender la gravedad que asiste a la toma de este tipo de medidas, hay que salirse de los números. Hay que mirar la realidad con nombres, con rostros, con dolores concretos y efectos de tragedia evitable. Y entender que una decisión como la asumida por el suspendido juez de Familia Claudio García en relación a Verónica Montenegro y sus niños Jazmín y Ezequiel derivaron en un triple homicidio que nunca hubiera ocurrido si el magistrado, con todos los informes en contra, no hubiera intentado jugar al viejo y macabro juego del paraíso familiar falsamente feliz. Para quienes no hagan culto de la memoria, los tres fueron asesinados por el padre de los niños el 6 de abril de este año.

De todos modos, no hay que perder de vista las cifras porque dan cuenta de un aumento importante en los últimos años. Habrá quienes se terminen enredando en discusiones sobre si son más los casos o ahora se visibilizan con mayor énfasis o, incluso, si hay una mejor metodología a la hora de sistematizar el registro. Pero no se puede hacer a un lado que hay una sociedad con una violencia expresiva que se inscribe con mayor fuerza en el cuerpo de las mujeres, al decir de la mexicana Raquel Gutiérrez Aguilar en un contexto de "desestabilización de estructuras de jerarquía y de dominación muy añejas". A lo que la antropóloga Rita Segato aporta que hay una práctica de "disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen a todos los que habitamos ese margen de la política, de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza".

Estampida

Cuando se creó el juzgado de Familia en Olavarría y en 2008 asumió María Inés Germino había de 5 a 10 denuncias por mes por casos de violencia familiar. Cuatro años más tarde, se totalizaban cien por mes.

Para entender la curva imparable de violencias hacia la mujer, en 2011 totalizaron 774 las denuncias. Que constituían el 41 por ciento del total de causas del juzgado. Los primeros siete meses de 2012 fueron 735 los casos. Restaban aún cinco meses para completar el año.

En 2016 y en entrevista con esta periodista, el nuevamente juez Daniel Morbiducci dijo que recibían de 15 a 20 denuncias diarias exceptuando los lunes en que el número ascendía a 35. No se puede perder de vista que los fines de semana suelen aportar un incremento de violencias que derivan en este último número. Violencias que abarcan tanto a mujeres como a niñas y niños.

Informe provincial

Diez días atrás, el Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires lanzó un adelanto del informe 2018 en el que se desnuda que en todo el año anterior hubo un total de 244.617 personas denunciadas. Que significan aproximadamente 670 personas denunciadas por día sólo en las Comisarías del Menor y la Familia de la provincia. En 2016 fueron 215.807 personas denunciadas, o sea, 591 por día en toda la provincia de Buenos Aires.

El grueso de los denunciados tenía con la víctima una relación de ex cónyuge o ex concubino. Mientras que, el segundo lugar es ocupado por actuales parejas.

Según el observatorio, en cuanto al tipo de violencia ejercida, "en los tres períodos relevados anteriormente (2014, 2015, 2016) como así también durante el año 2017, los porcentajes revelan a la agresión verbal/psico/emocional como la modalidad prevaleciente, mientras que le sigue la violencia física".

Dueñidad

La violencia hacia la mujer y hacia los niños está indefectiblemente amarrada al sistema patriarcal, cuya base es un modelo escalonado en el que cuanto más arriba se está, más poder se detenta. Hay prácticas sociales construidas en lo que Segato inscribe como proceso de "dueñidad". Y en el que las mujeres, en todo caso, están abarcadas en aquel concepto de Giorgio Agambem acerca de la nuda vida, que desarrolla en "Lo que queda de Auschwitz". Es decir, aquella vida que deja de existir y a nadie importa. La vida desnuda de todo lo humano y como fuerza exclusivamente biológica.

Entre 2011 y 2018 hubo un 132 por ciento de incremento en las denuncias ingresadas al juzgado de Familia dentro del registro de "violencia intrafamiliar". Un crecimiento exponencial que da cuenta de una sociedad en descomposición de la que, necesariamente, deberá nacer algo nuevo. Las mujeres en la calle aunadas en batallas culturales que arrancaron con el Ni una menos y que se fueron profundizando hasta masivizar el reclamo de desterrar la "dueñidad" como concepto patriarcal son una pauta de ese camino.

"Para la cultura represora, la única opción que el cuerpo tiene es aguantar", define el psiquiatra Alfredo Grande. Los juzgados, los organismos receptores de denuncia, el Estado en cada uno de sus siniestros formatos podrán aceitar mecanismos, mejorar herramientas de registro y está obligado –por más que demasiadas veces lo incumpla- a dar abrigo y contención a toda víctima que así lo requiera. Y decir "lo requiera" no significa que "lo pida" sino más bien "lo necesite".

Aunque el verdadero destierro del histórico concepto de "dueñidad" patriarcal sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres será concreto y real a partir de los tsunamis que las propias protagonistas logren (logremos) hacer tangible. Y que no es, ni más ni menos, que deconstruir edificios enteros de modelos de opresión que siguen siendo abonados por hombres y mujeres empeñados en cultivar amorosamente esa cultura represora de la que habla Alfredo Grande.

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