Edición Anterior: 1 de Julio de 2018
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Ganando o perdiendo, la realidad del país siempre se impuso
Los mundiales y la historia argentina
Daniel Puertas

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Cada cuatro años los gobiernos argentinos se ilusionan con que los triunfos del fútbol hagan olvidar a la población los desaguisados que cometen, pero la historia demuestra claramente que el seleccionado con sus triunfos y sus derrotas nunca sirvió para ocultar la realidad.

Partiendo del primer Mundial ganado por la Argentina, aquel de 1978, cuando el pueblo soportaba la peor tiranía de su historia, se puede observar que la victoria en la final ante Holanda galvanizó a la población que poca atención prestó a las sospechas sobre un eventual arreglo ilegal antes del seis a cero frente a Perú que permitió a la Argentina acceder a la final.

Pero enseguida comenzaron a aflorar las aristas más filosas de la realidad, la economía comenzó a desmadrarse mientras la "tablita" de José Alfredo Martínez de Hoz daba origen a la bicicleta financiera, crecía la deuda externa y los capitales comenzaban a fugarse.

Al año siguiente del Mundial la dictadura dio por concluida la parte más terrible de la represión, considerando que ya estaba logrado el objetivo de aniquilar a las guerrillas y a los opositores más duros. Pero el Proceso de Reorganización Nacional ya sentía temblar sus bases, lo que se fue agudizando hasta el momento que decidieron dar un golpe arriesgado e invadieron las Malvinas, lo que a la postre derivaría en su derrumbe y en un apresurado regreso a la democracia.

Pero cuando se embarcaron en esa aventura bélica se avecinaba un nuevo Mundial, en el cual el seleccionado contaría con la nueva y refulgente estrella del firmamento futbolístico internacional: Diego Armando Maradona.

La realidad era demasiado cruda como para que el fútbol pudiera taparla aunque se sumara a la rendición de Puerto Argentino. Nunca se sabrá cuánto influyó en la mala actuación de la Argentina en ese Mundial de España ganado por la Italia de Paolo Rossi.

Maradona tuvo un pálido paso por las canchas y culminó sus desdichas con una expulsión por juego brusco. En el país la gente no terminaba de reponerse de la derrota bélica aunque el evidente desplome de la dictadura insuflaba nuevas esperanzas en muchos pechos.

El Mundial siguiente, el de México, encontraba al país con el Plan Austral, ideado para frenar una inflación incontenible que incluyó rebanarle tres ceros al peso. En 1986 Maradona ya estaba afianzado como el mejor futbolista del planeta y el país atravesaba un clima de relativa tranquilidad.

La victoria en la final ante Alemania por tres a dos hizo olvidar que poco antes de comenzar la competencia muchos rogaban por que despidieran a Carlos Salvador Bilardo de la dirección técnica y todos cantaron fervorosamente que el campeón del mundo era "el equipo del Narigón".

Esa victoria no evitó que siguiera el desgaste del Plan Austral y que pocos meses después otro cuartelazo derivara en el recordado "felices Pascuas" que divorciaría a Raúl Alfonsín de una importante masa de sus votantes. A dos años del Mundial se derrumbaba el Plan Austral y era reemplazado por el Plan Primavera, que también se agotaría en pocos meses y terminaría con el alejamiento de Alfonsín del poder seis meses antes del cumplimiento del plazo constitucional.

El Mundial de Italia 90 sorprendió a la Argentina intentando reponerse de dos hiperinflaciones separadas por pocos meses, hasta entonces un nuevo récord para el planeta y la derrota en la final ante Alemania sembró la desazón, pero no hizo olvidar que el seleccionado había llegado a esa instancia de forma poco menos que milagrosa.

Y tampoco hubo signos de que ese subcampeonato de la dupla Bilardo-Maradona hubiera influido ni poco ni mucho en la marcha de los acontecimientos del país.

Cuatro años más tarde estábamos en la inédita vigencia de la Convertibilidad con la paridad entre el peso y el dólar, las góndolas de los supermercados estaban llenas de productos importados, la cuenta turismo daba un notorio déficit y un sector de la población vivía inmersa en una burbuja de consumo financiada por capitales externos mientras una masa creciente perdía el trabajo y las esperanzas.

El doping de Diego Maradona fueron causa determinante de la eliminación de la Argentina del Coco Basile, hasta entonces uno de los grandes candidatos, y el drama de uno de los emblemas nacionales hizo correr una oleada de piedad y dolor.

En 1998 con Daniel Passarella como técnico la Argentina iba de nuevo con esperanzas, las que terminaron en el mano a mano contra Holanda sin que el fútbol hiciera desaparecer los signos de agotamiento de la Convertibilidad ni la resaca del efecto Tequila.

En 2002 el seleccionado viajó hacia Oriente con la certeza de ser el gran candidato después de haber ganado en forma brillante las eliminatorias sudamericanas con la dirección de Marcelo Bielsa, un obsesivo del trabajo.

En el país la gente tenía demasiadas urgencias después del colapso de la Convertibilidad, por lo que la sorpresiva eliminación en primera ronda no afectó demasiado y todos la olvidaron rápidamente.

En 2006 la Argentina disfrutaba de una de sus cíclicas resurrecciones y la gran crisis parecía haber quedado muy lejos, por lo que la derrota por penales ante Alemania, el anfitrión, causó amargura, pero eso no se notó demasiado en la vida cotidianas.

Cuando llegó Sudáfrica 2010 la Argentina se preparaba para reelegir a Cristina Fernández de Kirchner y vivía una nueva etapa de ilusiones después de las crisis de 2008 y 2009, en la que influyeron factores externos e internos. Los festejos del Bicentenario habían atraído en Buenos Aires a una multitud tan grande que hizo evidente que el kirchnerismo había logrado captar de nuevo el apoyo mayoritario.

La pasión y las buenas intenciones de Diego Maradona, a la sazón el técnico, fueron insuficientes para evitar la humillante derrota en cuartos ante Alemania por cuatro a cero. De todos modos, una vez más quedó en claro la nula incidencia de los avatares del Mundial en la historia del país.

No hubo que iajar mucho para el Mundial 2014, ya que se jugó en Brasil. Nuevamente la Argentina de Messi y Sabella llegó como candidato y fue finalista otra vez, cayendo ante Alemania. Para entonces el kirchnerismo estaba agotando buena parte del favor popular y las presiones cada vez más intensas obligaban a retoques en las políticas, lo que iba presagiando la victoria opositora del 2015.

El nuevo subcampeonato no frenó el desgaste del Gobierno ni el avance opositor.

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