Edición Anterior: 1 de Julio de 2018
Edición impresa // La Ciudad
“Busco conmover al otro, en el sentido más raigal de la palabra”
La pobreza de posguerra, la magia de la infancia, el horror de la dictadura o las charlas con su madre antes de hundirse en el Alzheimer tiene sus trazos. Así de abarcativa y de profunda es la obra de María Teresa Andruetto que también conmueve con “El País de Juan”, cuando relata el derrumbre de 2001, que fue tan doloroso y hoy resulta tan actual. La escritora cordobesa, en exclusiva para FINDE.
“Es una historia que lamentablemente no ha perdido actualidad, o la vuelve a tener, y está relacionada con el empobrecimiento generacional”, dice María Teresa Andruetto, autora de “El país de Juan”, un libro inspirado en el derrumbe de 2001 que no ha perdido vigencia. Y que sirve como disparador de la entrevista que el escritor Diego Javier Rojas realizó con la escritora cordobesa para FINDE. Qué escribe, porqué y para qué, la musicalidad de las palabras y la recurrencia de temas sociales que sacuden y movilizan son parte de la charla.

Las obras de esta descendiente de italianos reflejan historias de dictadura, de posguerra, de infancia en abandono y de empobrecimiento.

“´El País de Juan´ tiene su origen en el derrumbe de 2001. Ese verano de 2001 y 2002, empecé esta historia que tuvo otras circulaciones y ahora el libro tiene una segunda oportunidad, una edición muy linda con ilustraciones de Matías Acosta. Es una historia que lamentablemente no ha perdido actualidad, o la vuelve a tener, y está relacionada con el empobrecimiento generacional”, explica Andruetto.

En realidad, se trata de “una historia de amor, entre un varón y una chica. Juan y Anarina. Los dos son pobres o empobrecidos, uno del campo y otro de la ciudad. Una historia simétrica que va dialogando entre sí sobre dos modos de volverse pobre. A veces no todo el mundo percibe que es muy distinto empobrecerse en el campo que en la ciudad. Hay distintas características, distintas formas, redes solidarias, cosmovisiones. Ellos van decayendo socialmente y se encuentran en un lugar de la ciudad grande, ahí está el mundo de los cartoneros, de la migración, el mundo de la recuperación de una cultura campesina”, describe.

El libro cuenta una realidad dura como la peor de las pesadillas, sirviéndose de toda la poesía que encierra la pobreza. Lo hace a partir de dos historias paralelas: la de Juan y de Anarina, que se juntan a mitad de camino en una historia de amor, y se enlazan al final de esta novela, en una historia de vida.

La historia narra las peripecias de tres generaciones de estas dos familias que viven en un país empobrecido por diferentes razones, desde el tiempo de los abuelos hasta nuestros días. Pero a pesar de lo crudo del relato, la autora insiste en que siempre el amor libra de la desesperanza y permite sortear escollos.


El poder de contar

-¿Cómo contar este empobrecimiento, que puede resultar duro, desde un lenguaje tan poético?

Es adrede. Podríamos decir que resulta más leve en el sentido de que está metaforizada. El horror, la dureza, a veces es difícil de mirar a los ojos. Nos deja duros, de piedra, sin capacidad de reacción. Cuando está metaforizada nos permite ingresar de un modo más amoroso a ese universo. Cuando empecé a escribir la historia de Juan, empecé a escribir la historia de un chico con un reloj. Mi marido, que es un hombre de 65 años, cuando era chico con su primer trabajo se compró un reloj que aún tiene consigo, desde hace más de 50 años. Y empecé a contar la historia de un chico que logra, con su primer trabajo, comprarse un reloj cuando sucede la crisis del 2001 y ahí es cuanto el libro toma este sentido social nacional más fuerte. Pero desde el principio estuvo la idea de contar la pobreza y la dureza de la vida de estas personas en el tono de un cuento de género maravilloso. Maravilloso en el tono arcaico, de un mundo un poco mitificado...

-Uno se siente acompañado, siente que cada palabra está ubicada en un lugar muy especial. Hay mucho trabajo de lectura pero también de reescritura...

Sí. Mucho oído sobre el tono de lo que se va contando. Una vez que entro en ese tono un poco mítico y poético para contar lo social, eso funciona un poco como una música en “El país de Juan” y eso me fue llevando. Me oí mucho a mí misma. Es lo que hago: leer en voz alta para ver cómo suena eso que escribí. Me interesa mucho la música del habla, todo lo que se sale de tono salta enseguida cuando se lee en voz alta. Ese tono, esa poetización y una historia que es simétrica. Está Juan, está Anarina, después los dos y cómo se resuelve esa historia. El modo de contarlo es un modo de lo arquetípico por eso sobre todo Juan tiene ese nombre que es como universal, el país de Juan es el país de todos.

-Ella tiene que ver con la música y la fantasía...

Sí. Iba a poner Juan y María, los dos arquetipos pero me gusta mucho un poeta brasileño, Manuel Bandeira. Y hay un poema suyo que dice “vamos vivir de brisa, Anarina” y no se me fue más. Quise poner otro nombre pero no, dije... es ella.

-Es en 2001 y hay mucho de catarsis en esta escritura.

Siempre. Tengo una relación con el lenguaje, con las palabras mismas muy interesante, de revisión, de sonido, de la música del habla, más allá de los temas por los que vayan pero las historias siempre evocan a lo social porque tengo esa concepción del mundo. No es lo que yo busco, aparece solo. Lo que busco es el lenguaje.

-La catarsis siempre aparece muy mediado por el trabajo con las palabras.

Nunca vas a ver que mi escritura es como un vómito, como una cosa convulsiva que sale porque lo que me lleva es la historia. No es esa forma de decir, esa vuelta a como suena, a que nunca se pierda ese tono de cuento arquetípico, un poco mítico, poético como si estuviera contando un cuento de hadas pero a la vez contando una historia social. Quería tener una edición argentina potente y quise editarlo en este sello (Sudamericana) porque es un libro que hace juego con otros libros míos: “Stefano”, “La niña, el corazón y la casa”, “Huellas en la arena”, “El anillo encantado” y “El país de Juan” hacen como un corpus. Son novelas que tocan, con distintas aproximaciones del lenguaje, problemáticas sociales.

-Ponés el cuerpo en la escritura. ¿Cómo lo reciben los lectores?

Sí, mucho y me enorgullezco de los lectores que tengo, tengo mucha receptividad y no hablo tanto de cantidad, que sí la tengo también, sino del modo de dejarse tocar por un texto. Cosas que recibo, que es lo que busco en el proceso de escritura. Busco conmover al otro, conmover en el sentido más raigal de la palabra, que es mover al otro junto conmigo en ese proceso de creación de un texto. Moverlo en sus pensamientos, en sus ideas, en sus sentimientos, en su capacidad de colocarse frente a un objeto de mirada.




Obras y premios


María Teresa Andruetto nació en Arroyo Cabral, Córdoba. La construcción de la identidad individual y social, las secuelas de la dictadura y el universo femenino son algunos de los ejes de su obra. Ha publicado Sueño americano y Cleofé (poesía); Hacia una literatura sin adjetivos y La lectura, otra revolución (ensayo); Tama, La mujer en cuestión, Lengua madre y Los manchados (novela); Cacería (cuentos); y numerosos libros para jóvenes lectores como Stefano, La niña, el corazón y la casa y El país de Juan. Atenta a la escritura de otras mujeres, codirige una colección de rescate de narradoras argentinas olvidadas. Finalista del Premio Rómulo Gallegos, obtuvo el Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, el Premio Iberoamericano a la Trayectoria en Literatura Infantil SM, el Premio Hans Christian Andersen y el Konex de Platino.




Asuntos pendientes


¿Cuáles son los proyectos literarios para 2018, en medio de un país tan turbulento? En la charla que Diego Javier Rojas, para FINDE, María Teresa Andruetto admite que “es un momento difícil y eso hace que sea, quizá, un momento propicio para lecturas que tienen que ver con cuestiones sociales”.

La escritora cordobesa imagina “los potenciales cierres de las escuelas rurales y, por ejemplo, pienso en ´El país de Juan´, donde está el tema de la ruralidad del campesino de Resistencia, que es muy distinta a la del productor agropecuario”. Es decir que hay ficciones que terminan superando a la realidad.

En cuanto a sus planes, comenta que en 2017 “cerramos el libro de cuentos para adultos que se reimprimió, con lectores muy agradecidos, ´No a mucha gente le gusta esta tranquilidad´, en Random”.

Pero además editó un libro de poemas, “con la generosidad del gran poeta Osvaldo Bossi”, llamado Cleofé, que es el nombre de su madre. Se trata de una obra de la editorial Caballo Negro, que “tiene que ver con la tensión mujer-madre y hay una parte del libro que se llama ´Conversaciones con mi madre´, que tiene que ver con las conversaciones con mi mamá mientras se hundía en el Alzheimer”, explica la autora.

En agenda hay un libro-álbum, de editorial Limonero y algunas traducciones de libros en Italia, Colombia y Corea. “Yo misma estoy pensando en escrituras nuevas que no son tan nuevas sino archivos que me quedaron como a medio camino. Estoy revisando, para sumergirme en eso, un borrador de un largo cuento, como una nouvelle. No sé si me funcionará o si me gustará, no sé si podré adentrarme”.

En la lista de pendientes hay “borradores de cosas para chicos y grabaciones de columnas con historias de personas que hago en la radio, que se llama ´Nada del Otro Mundo´, donde cuento pequeñas historias de gente que conocí en la vida. Duran 10 minutos, las cuento, no las escribo pero las guardo y ahora encargué que las desgraben para pulirlas y hacer algo con eso”, es su promesa.

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