Edición Anterior: 8 de Julio de 2018
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Alentar siempre, desde donde sea
Los argentinos, desde cualquier lugar, nos volvemos locos por el fútbol y muchos olavarrienses tuvieron la posibilidad de estar en otros países y disfrutar de un Mundial especial, en medio de otras culturas y tradiciones. Desde Rusia, México, Alemania, España, Brasil, Guatemala, Tailandia y Malasia le cuentan a FINDE cómo vivieron, y sufrieron, a la par del equipo de Messi.
Yanela Alves

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Disfrutar de las pasiones lejos de casa tiene un sabor distinto. En lo literal, porque se comen otras cosas, y en lo sentimental porque no es lo mismo ver fútbol en el suelo donde uno nació que hacerlo a miles de kilómetros con gente que no se emociona con lo mismo.

Hay una gran cantidad de olavarrienses que por diferentes cuestiones estuvieron lejos de Argentina durante los partidos en los que la Selección buscaba el sueño de traer la Copa del Mundo de Rusia. Algunos de los que contactamos desde FINDE contaron sus sensaciones, lo que implicó estar padeciendo en soledad esos nervios tan incomparables como en el caso de Lucas Díaz en Tailandia o los comentarios y apoyo compartido como el que disfrutó Matías Cantoni, en una juntada masiva en México o Soledad Ferreyra junto a su familia en España en el primer partido.

Otros vivieron cada presentación del equipo de Sampaoli tal vez con menos fervor por no contar con ese clima que sólo generamos los argentinos cuando estamos en grupo. Quizás porque en Guatemala, donde está ahora Georgina Valicenti, el Mundial es cosa de "otros" y además se despegan de Latinoamérica y son fanáticos de "los gringos".

El fútbol, además, tiene muchos condimentos y uno de ellos son las bromas y rivalidades. Pasamos de los memes burlones al abrazo efusivo como el que dio Juan Ignacio Gutiérrez a los argentinos que estaban junto a él en Rusia durante la previa con choripanes del partido con Nigeria. O, por el contrario, como tuvo que padecer Iñaki Bilbao en Alemania con amigos brasileños y chilenos que le hicieron bromas cuando quedamos afuera.

Lo cierto es que todos los olavarrienses aseguran que las presentaciones de Argentina los llevaron a experiencias particulares que los transportaron imaginariamente a nuestro territorio donde los goles se hicieron eco en la Cordillera y ellos desde cada punto también se sumaron con el aliento.


Brasileños un poco argentinos

Hay cábalas que no se cortan. Camila Fanucchi junto con su novio planificaron un viaje a Brasil en época de Mundial. Lejos de hacer playa en momentos donde jugaba Argentina se quedaron tranquilos viendo los partidos en la habitación del hotel. Así vieron los últimos dos encuentros que disputó la Selección. "El primer partido contra Nigeria lo vimos desde Maragogi. En el hotel donde estábamos había olavarrienses pero nosotros lo vimos solos. Saltamos de la cama con los goles", relató Camila. Y cuando terminó el partido "nos fuimos abajo a charlar con nuestros vecinos".

El encuentro Argentina-Francia fue similar, aunque estaban en Porto Galinhas. Como habíamos ganado el anterior, repitieron el escenario y el menú: "pedimos desde la habitación hamburguesas y comimos ahí" pero con el detalle de que "como habíamos tenido un accidente no tomamos alcohol".

En los dos partidos "gritamos los goles en el balcón del hotel". Y ese aliento se compartía con muchos brasileños. Sí, se compartía. "Todos hinchaban por Argentina. Nos decían que sin Argentina ni Messi el Mundial no era lo mismo, por eso ´torcían´ -como ellos dicen- para nuestro lado". Y lejos de lo que podemos pensar "cuando perdimos nos consolaban" y los taxistas, recepcionistas del hotel y quienes los veían les decían que "era una pena" quedar afuera porque querían que el Mundial "termine picado" y que se produjera el cruce Argentina-Brasil que, por lo pronto, deberá esperar al menos otros cuatro años más.


En la mismísima Rusia

Desde el primer día de Mundial Juan Ignacio Gutiérrez Schaffner estuvo en Rusia. Allá todo fue sorpresa: los paisajes que ofrece el país, la puntillosa organización del Mundial, la fraternidad de los hinchas argentinos y la eliminación.

El primero de los partidos contra Croacia "se vivió con intensidad, la gente estaba contenta, pero había nerviosismo. Por más que veíamos que no estaba haciendo buen partido Argentina, estábamos súper motivados hasta el error de Caballero y el gol", admitió en la charla con FINDE. Fueron cinco minutos de silencio en el estadio hasta que "reaccionamos y volvimos a cantar. Pero llegó el segundo gol y nos enmudecimos". Ni hablar del tercero, fue "una gran desilusión". Los espectadores eran en un 70% argentinos que quedaron "desanimados y aunque por momentos intentaban cantar, el partido no ayudaba".

La vuelta de ese encuentro fue dura: caras largas, insultos, análisis técnicos y sensaciones de "tristeza y enojo", como también sucedió acá. El regreso era por trenes que conectaban con las ciudades sede. Y cuando jugaba la Selección los vagones se copaban y todo era fiesta. "Tenían cama y nos avisaban cuando llegábamos", explicó Juan y por ello, ningún viaje dejaba de ser placentero y las horas de sueño se podían recuperar.

El olavarriense destacó que en todos los partidos había mucha seguridad y con detectores especiales revisaban lo que llevaban los hinchas. Por esto y por el orden que encontró pudo decir que "la organización fue perfecta. Además la ciudad estaba señalizada en ruso e inglés". En cada ingreso se miraban las banderas para descartarlas si contenían mensajes racistas. Además pedían a cada uno que desbloquee su celular para corroborar su propiedad.

Y en los recuerdos que se trae especialmente aparece el partido contra Nigeria. "Del golpe con Croacia quedamos desanimados" pero con el triunfo de los africanos sobre Islandia que nos permitía seguir en camino, "se recobró la confianza y el ánimo". En ese partido de martes "había bastantes hinchas y muchos que no eran argentinos pero tenían nuestra camiseta, iban a ver un show". El lugar acompañaba, "un estadio lujoso, moderno" y que no dejó de teñirse de argentinidad en las afueras con una gran choripaneada y cerveza que armaron nuestros compatriotas.

¿Qué decir del resultado de ese partido? En la celebración, abrazado a los demás argentinos y envuelto en lágrimas, resumió lo que pasaba por su corazón: "amo a Argentina".


Hinchan por los gringos

"Vi los partidos en Antigua Guatemala" sostuvo Georgina Valicenti. Aquel país de nula presencia en el Mundial vive mediante la televisión la euforia que mueve al mundo en junio y julio. Y lo extraño fue que en ese lugar de Centroamérica "la gente le va a los países europeos, no sudamericanos y menos a México". ¿El motivo? "Tienen una adoración por los gringos y europeos".

Georgina vio los dos primeros partidos en bares argentinos. "El primero fue muy temprano acá así que tomamos café y comimos huevos". Para el segundo, "comimos pizza con cerveza" y los últimos los vio en el hostel donde trabaja junto con dos amigos de Guatemala, en ese "tomé mate, con piña, huevos y pan". Allí también había irlandeses, españoles y demás turistas que seguían cada partido.

En ese país "les gusta el fútbol pero no son fanáticos, somos más los extranjeros que copamos los bares pero en todos lados". Lo llamativo es que "ya sea en el mercado, bares o restaurantes se pasan los partidos. Hay promos de cerveza y comida en horarios de partidos".

Si bien ella no se puso la celeste y blanca para ver los partidos, "vi gente de Guatemala con nuestra camiseta" y reconoció que "no fue fácil verlos en medio de personas que festejan otros goles".


La banda en México

Matías Cantoni vive en México desde 2014. Ahora está radicado en la capital del país y desde allí vio a la Selección Argentina. "Teníamos muchísimas expectativas, teníamos un gran equipo pero es fútbol, y todo puede pasar y así fue", contó.

Allí, con un grupo de argentinos, la lejanía de casa no se pesó tanto porque igual alentaron y le pusieron calor a cada encuentro. "El primer día lo vimos en casa, éramos como 20 personas. Cantamos mucho y nos divertimos también", comentó. Por diferencia horaria "los partidos eran a las 9 de la mañana y los vivimos con mucha emoción, contentos, felices y tristes", reconoció tras asegurar que "sufrimos mucho pero siempre alentando a la Selección como corresponde".

Lo "infaltable", además, fue el mate. Los demás partidos también fueron en casas porque "preferíamos verlo tranquilos, cómodos y de modo privado por los nervios que teníamos". La que se desesperó con cada gol fue Petra, su perra cachorra, que también vivió la emoción del Mundial y fue contenida en cada grito por Solange, su novia.

Respecto de los mexicanos que llegaron a pasar la primera ronda reconoció que "no le tenían fe al DT pero pasó lo contrario. A México le fue bien y no lo esperaban". La gran sorpresa fue que "le ganaron a Alemania y nadie apostaba a eso y la ciudad era una fiesta, una locura". Al igual que en nuestro país contó que "salían en autos, camionetas, camiones, vestidos con camisetas, banderas. Como se tiene que vivir un Mundial".


España se suma por Messi

Los españoles no están tan enfrentados a nosotros. Quizás la descendencia o quizás Messi nos unan un poco con ellos. Soledad Ferreyra viajó desde Sierras Bayas con su familia para ver a su hermano Walter que vive allí desde hace muchos años. Justo en la estadía vieron el primer partido de Argentina contra Islandia. "Allá eran las 15 horas, justo estábamos en la casa de familiares y nuestra Selección es el segundo equipo por el que hinchaban y miraban el partido con las mismas expectativas que nosotros", contó Soledad. Pero lejos de haber un fervor excesivo dijo que "fue light" y lo vieron con mate de por medio.

El segundo partido no pudieron verlo porque estaban de regreso en avión y se enteraron tarde que el equipo de Sampaoli había perdido. Se evitaron los nervios y el mal trago contra Croacia. Ya para el último con Francia estaban en su casa de Sierras Bayas. Walter quedó en España y junto a su hijo pequeño gritaron los goles de nuestro país antes de quedar fuera de la Copa.


Desde Malasia y Tailandia

"La verdad es que vi los cuatro partidos en lugares diferentes", comentó Lucas Díaz. "Siempre preparándome a full porque no me quería perder nada". Y en cada uno le sucedieron cosas especiales. "El primero lo vi en Kuala Lumpur, Malasia. Fue una sensación rara porque ese día a la tarde despedí a mi papá que estuvo visitándome un mes y me sentí más solo que nunca". Además, "lo vi en un bar solo y justo al lado había cuatro pibes de Islandia –los rivales-, una mala suerte terrible".

Langkawi, una isla al norte de Tailandia, fue el segundo lugar donde se encontraba Lucas para ver el partido. Allí estuvo acompañado por dos chicas que conoció viajando, una argentina y otra uruguaya. Pero el que califica como "mejor" –y es compartido por muchos- es el de Nigeria: "por el gol de Marcos Rojo a pocos minutos de terminar el partido". Ese "lo vi en pantalla grande con relato argentino que no es poca cosa". Escuchar al Pollo Vignolo fue especial para él, que venía viendo los demás por la televisión inglesa y no producían la misma emoción.

Eso fue mientras estuvo en Ko Pha-Ngan, una isla al este de Tailandia donde se hace una fiesta muy conocida a nivel mundial (Full Moon Party) y el partido de la victoria fue justo un día antes así que el festejo fue con antelación.

Ya en la isla Ko Tao estuvo disfrutando del último partido "rodeado de una banda re grande de argentinos, seríamos 50 personas". Ese fue especial porque a pesar del resultado la pasó muy bien. "Lo vi en una escuela de buceo donde todos los instructores son argentinos, la escuela se llama Pura Vida y la verdad estuvo buenísimo porque hubo pantalla grande y asado de por medio" y se lamentó con un "lástima que quedamos afuera".

Y como buen viajero que es, planificó todo para ir a Moscú en caso de que Argentina siguiera en carrera. Ahora está por unos días en España ya sin la ilusión de desviar hacia Rusia detrás de las Selección.

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