Edición Anterior: 19 de Agosto de 2018
Edición impresa // La Ciudad
La marea verde, lo que quedará de estos días y los antecedentes a través de la historia
Luchas feministas de ayer y de hoy
El largo proceso de las luchas de la mujer a lo largo del tiempo. El modelo femenino entre los años 20 y los 40; la ruptura de mandatos de los 60 y el explosivo fenómeno de la marea verde. Desde los viejos corset a los cuerpos de pechos al viento.
Claudia Rafael

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Cuál será la transformación real y el impacto en la construcción de una nueva sociedad de la marea verde y del movimiento feminista podrá leerse en clave de certezas dentro de muchas décadas. Lo que no es posible negar es que se está produciendo un quiebre que tuvo uno de sus momentos cúlmines en el debate en torno de la interrupción voluntaria del embarazo. Los cuerpos de mujeres, la desnudez de los pechos en las imágenes periodísticas, un lenguaje inclusivo en construcción, son de por sí la evidencia de algo en movimiento. Que no es novedoso en la historia. Pero que está destinado a constituir quiebre.

El proceso no arrancó ayer ni el año pasado. Serpenteaba desde hace demasiadas décadas y tuvo instancias de eclosión en momentos precisos. Incluso, hay que ir casi un siglo atrás para advertir la transformación en los criterios de moralidad sexual, tal como define Dora Barrancos en Historia de la vida privada en Argentina, con el ingreso al trabajo fabril en las urbes en el período entreguerras. Eran esas mujeres que dejaban de lado "las siluetas sometidas a la tortura de los corsés, los vestidos largos casi rozando el suelo, las botitas hasta la pantorrilla" y kilómetros de telas gastadas en enaguas, calzones largos, puntillas. Que Barrancos define que estaban destinados a evitar la exposición a "la siempre lasciva mirada de los hombres". ¿Acaso entonces hubieran podido imaginar que cien años después se debatirían proyectos contra el acoso callejero?

Aquel momento fue un enorme quiebre. Como el actual. Que tuvo su precedente histórico en las luchas contra la violencia de género y contra los femicidios. Que provocó un tsunami feminista que nació con el reclamo de "ni una menos" o, en todo caso, en el concepto de que "nadie tiene derecho a matarnos" hasta la determinación hecha pañuelo verde de decir: "queremos decidir sobre nuestros cuerpos". Y que se multiplicó, que generó innumerables debates, que llegó al Congreso, que se quedó en las calles, que copó las paredes, que inundó los medios periodísticos y que provocó la toma de conciencia de las generaciones más jóvenes.

"Nadie nos regalará nada", decía Julieta Lanteri un siglo atrás. Y es un concepto válido para el género. Porque no ha habido conquista sin luchas, sin muertes, sin enfrentamientos ideológicos.

No hay modo, hoy, de definir cómo continuará la historia. Porque el aborto legal, seguro y gratuito no se aprobó legalmente pero se ganó, por varios cuerpos, una batalla. Es real también que en mucho dependerá de la inteligencia de los movimientos feministas a la hora de entablar la continuidad de la lucha por más derechos. Porque temas como el derecho a interrumpir un embarazo no deseado sigue sin ser una reivindicación propia de muchas jóvenes que están atrapadas en circuitos en los que hay muchos otros derechos igualmente vulnerados. Hay quienes ubican la responsabilidad ideológica en las iglesias, particularmente en la evangélica, pero hay otros factores insoslayables. Que tienen más bien que ver con el impacto de las políticas neoliberales que han destruido la noción de futuro en muchos sectores en los que un bebé suele ser lo que más se le asemeja. Aunque demasiadas veces sea la reiteración trágicamente mecánica de un círculo que parece predestinado a no romperse.

El deseo entre rejas

Fue hacia mediados de la década del 40 en que ciertos cambios empezaron a verse reflejados en las publicidades y en la imagen de la mujer. Dice Barrancos: "la publicidad dejó asomar cuerpos que anunciaban módicas sumas de erotismo". Pero había un tema clave. Las mujeres trabajadoras tenían diferentes estatus según el sector de pertenencia. Y si hay algo que traspasó las épocas y persistió a través de las décadas fue la marcada vulnerabilidad de las llamadas empleadas domésticas. "Las mucamas fueron comúnmente objeto del reclamo sexual tanto de sus patrones como del resto de los hombres de la casa en la que trabajaban" (Plus Ultra, 1919).

Se inauguraron en ese entonces tiempos que abrieron las compuertas hacia el logro de derechos ligados a la justicia social y laboral pero hubo territorios que se sostuvieron entre rejas. La libertad sexual de la mujer siguió siendo vedada. Pero, además, fueron duramente condenadas quienes se atrevían a saltar o a intentar trasponer algún cerco. Eva, entre tantas otras, también pagó por eso.

Doña Petrona

El modelo femenino encorsetado en los mandatos de género y en la domesticidad tuvo que esperar para empezar a resquebrajarse. Porque la salida fuera de los muros de la propia casa que se había ido dando en las décadas anteriores no significó quebrantar mandatos instituidos. Recién se empezó a configurar un nuevo modelo hacia la década del 60, en que se rompía también con otros mandatos, y se permitió dejar asomar el deseo sexual, la liberación de los clásicos estereotipos y la emancipación económica. Pero, una vez más, no era transversal ni común a todas las clases sociales.

Los libros de Doña Petrona seguían siendo preeminentes para una enorme porción de mujeres. Sobre las otras, las hijas rebeldes y rupturistas, la historiadora Andrea Andújar escribe: "guerrilleras, feministas, sindicalistas, rockeras; microscópicas minifaldas o largas túnicas multicolores, armas en la cartera o micrófono en mano, pastillas anticonceptivas escondidas en lugares recónditos del cajón más inexpugnable de la casa daban cuenta de mujeres con horizontes diversos y experiencias que, no sin contradicciones, iban constituyendo otras formas de ser y de relacionarse".

Semillas

Muchas de aquellas feministas siguieron abogando por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo a través de los años. En todos los sentidos. Para confluir con chicas que hoy transitan la escuela secundaria y defienden el pañuelo verde contra viento y marea. "Defiendo el derecho al disfrute sexual separándolo, absolutamente, de la reproducción y sostengo la prerrogativa del aborto para igualar las condiciones del ejercicio de la sexualidad diferencial entre varones y mujeres", plantea Dora Barrancos en este presente de mareas verdes.

Gran parte de los pasos transformadores serán el abono de luchas futuras. Otras porciones, se perderán en el camino. Quién sabe qué pasará con ese lenguaje inclusivo que incorpora la e como superación del @ o la x. Si la lengua tenderá masivamente a eliminar el masculino y el femenino. O quedará, como alguna vez quedó el esperanto, en el camino de las transformaciones truncas.

Pasaron décadas hasta que fue posible interpretar los tipos de ruptura con modelos prestablecidos que se construyeron entre los 20 y los 40 del siglo pasado. Y muchas chicas jóvenes que hoy se suman a las largas luchas del feminismo pueden ver semillas de sus propias rebeldías en las que alguna vez tuvieron las mujeres de un siglo atrás o de los revoltosos y revolucionarios años 60. Aunque no todas se autoperciban como nietas de las brujas que, otros, inquisidores y condenatorios, en tiempos pretéritos, no pudieron quemar.

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