Edición Anterior: 23 de Septiembre de 2018
Edición impresa // La Ciudad
A partir de un informe del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género
La violencia política contra las mujeres, en la mirada diversa de cinco legisladoras
Carolina Espinoza (Cambiemos), María Isabel Gainza (ex senadora por Coalición Cívica), Adriana Capuano (ex concejal y presidente del PJ), Alicia Almada (concejal por Unidad Ciudadana) y Margarita Arregui (eseverrismo) relatan sus experiencias en cuanto a la violencia política contra mujeres. Algunas la admiten, otras la niegan. Testimonios de enorme diversidad.
Silvana Melo

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Una investigación del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (Ela) pone sobre la mesa a un 82 % de legisladoras que dicen haber sufrido violencia política por cuestiones de género durante su gestión. Cinco mujeres de Olavarría (integrantes o ex del Concejo y del Senado) relataron su experiencia con miradas tan diferentes como sus pertenencias partidarias. La investigación de Ela incluye 45 casos de legisladoras porteñas, nacionales y de once provincias. Y probablemente el anonimato haya abierto las puertas para una sinceridad que la exposición convierte en contraproducente. La transformación del modo de plantarse de un sector de las mujeres a partir de las luchas de los últimos años no implica que muchas otras coexistan en estructuras opresivas y en ambientes hostiles. Junto a la primera mujer presidente de un club de Primera División (Lucía Barbuto en Banfield), la flamante cifra de desempleo trae apareada una nueva oleada de precarización laboral femenina, típica de las crisis.

De los testimonios de la concejal Carolina Espinoza (Cambiemos) y de su par Alicia Almada (Unidad Ciudadana) se desprenden experiencias tan ricas como diversas. Mientras Almada deposita el sufrimiento de un "episodio de violencia institucional y eclesiástica" incluso por su "condición de mujer" en la lucha por evitar el cierre del Colegio Esquiú diez años atrás, para Espinoza "es más difícil participar en lugares o mesas de decisión por la simple razón de que los hombres se siguen sintiendo más cómodos entre pares, e incorporar mujeres los saca de su zona de confort". Es decir, "muchas veces las reuniones políticas se terminan denominando asados de hombres o tercer tiempo del fútbol". Para la concejal de Cambiemos es evidente que "a las lapiceras las siguen manejando los hombres". Y para Almada (ver aparte) su propia experiencia actual de pareja le demuestra una dosis de comprensión menor de la esperada.

La investigación –desarrollada entre enero de 2017 y junio de 2018- incluye a legisladoras de Buenos Aires, CABA, Chaco, Chubut, Córdoba, Formosa, Jujuy, Santa Fe, San Juan, Mendoza, Misiones que representan a partidos de todo el arco político. Y responde a lo que la OEA define como violencia política: "cualquier acción, conducta u omisión, realizada de forma directa o a través de terceros que basada en su género, cause daño o sufrimiento a una o varias mujeres, y que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de sus derechos políticos. La violencia política contra las mujeres puede incluir entre otras, violencia física, sexual, psicológica, moral, económica o simbólica".

Peleas

María Isabel Gainza, durante su gestión como senadora provincial por la Coalición Cívica, no tuvo "ningún inconveniente de este tenor". Explica que "tuve una pelea infernal en la comisión de Legislación General, los primeros dos años, que era presidida por una mujer, Cristina Fioramonti, la esposa de Carlos Kunkel. Pero era una cuestión política, no de género". Para la ex legisladora, "el mundo de la política es esencialmente violento y la mujer no es una excepción cuando se entra en ese mundo; allí se disputa poder. A veces se pelea por ideas, pero muchas otras son intereses y apetencias personales".

Algunos relatos en off denuncian "la dificultad de acceder a cierto tipo de reuniones, donde ni siquiera somos invitadas porque no se les ocurre hacerlo. Y no se sienten cómodos con nuestra presencia". Pero la ex senadora –que formaba parte de un partido con mayoría de mujeres- asegura que "nunca se me negó ninguna participación en reuniones ni el uso de la palabra. Yo participé de un Senado en el que era mayoría el Frente para la Victoria y fui muy respetada. Es un ambiente donde uno se vuelve también un poco violento, hay que gritar y se grita y uno se vuelve un poco machito si es necesario".

El caso de la actual concejal eseverrista Margarita Arregui es distinto. Desde los albores de los 90 fue secretaria de Obras Públicas del gobierno municipal. Era mujer y joven en un ámbito masculino y rudo. Y en tiempos en que las discusiones de género quedaban acotadas a sectores minúsculos. "En cada lugar que me ha tocado ocupar nunca tuve inconvenientes para trabajar por el hecho de ser mujer. En mi caso particular, además de las oportunidades que tuve, pude desarrollarme libremente y ejercer mis funciones sin ningún tipo de limitaciones. Por mujer no me he sentido mejor ni peor que los hombres con los que he tenido que trabajar".

Encuentros

La investigación revela que el 64% de las entrevistadas fueron amenazadas o intimidadas durante el ejercicio de sus funciones políticas; al 58% le han impedido que asista a reuniones importantes o en las que se toman decisiones relevantes; al 53% le han restringido el uso de la palabra en reuniones o sesiones e incluso el 27% ha percibido un ingreso salarial menor por su condición de género.

Adriana Capuano fue concejal y presidente del Partido Justicialista. Y sostiene que "la mujer que decide iniciar su carrera política, lo hace en un contexto donde el poder es una cuestión de varones". Entonces se trata de una imitación de estilos "si quiere permanecer". Una de las herramientas más eficaces "para desplazar a la mujer de estos ámbitos es el uso del tiempo", asegura. "Los varones se juntan en reuniones que suelen ser interminables, a cualquier hora. En épocas en que se definen candidaturas, esta estrategia si sos mujer te puede dejar afuera. Imaginate con un hogar, tareas asumidas desde siempre, hijos que te reclaman… seguro estarás casi o más pendiente de estas cuestiones indelegables, que de una reunión que no sabés cuándo termina". En cambio "los hombres, con todo el tiempo del mundo, tienen como prioridad absoluta el cierre de listas u otras definiciones vinculadas al reparto del poder".

En ese punto aparece la coincidencia de Gainza: "las violencias seguramente son inherentes a las estructuras internas de los partidos"

Carolina Espinoza tiene bien en claro que "muchas veces las decisiones se toman desde ámbitos más informales que las reuniones laborales y de esas mesas es más difícil participar si no se está en algún punto apadrinada o sostenida por algún hombre que defienda la participación femenina en esos ámbitos".

"Es muy común encontrar situaciones de mansplaining" (la explicación por parte de un hombre desde un lugar de superioridad paternalista) y agrega la concejal de Cambiemos que "también se suele ver que no se visualiza a la mujer que discute de la misma forma que a un hombre, siendo en el primer caso tomado como disvalor y en el segundo como vehemencia".

Arregui, por su lado, actúa "pensando por fuera del género. Hombres y mujeres somos iguales, no lo digo como consigna. Lo pienso y lo milito en cada espacio que me ha tocado estar".

Cuchillos entre los dientes

La ex senadora María Isabel Gainza no sabe de "ninguna senadora que hubiera tenido algún problema similar" pero sí "recuerdo haberme agarrado con (el ex diputado José) Ottavis gritando como una cerda, cuando trajeron a los barrabravas de Gimnasia; pero yo lo que quería era ir a buscar a dos empleadas aterrorizadas en el subsuelo, entonces fui y lo hice". Por eso "si sufrís violencia, no la denunciás y no tenés la habilidad para zafar de esa situación y enfrentarla, no estás para legisladora".

Violencia, para quien se sintió "muy respetada" dentro de la Cámara Alta, "sufre una mujer en su casa, donde nadie la visibiliza o en su trabajo, en una fábrica o en un frigorífico, con situaciones de mucha vulnerabilidad. Como legisladora, si sufrís violencia y no sabés qué hacer con eso, qué le queda al resto de las mujeres".

Para Capuano, "la renovación esperable de la política con el ingreso de la mujer, es difícil. Por eso las mujeres tienden a retirarse antes que los hombres de esta carrera. Las expulsan sutilmente, con manifestaciones machistas que se dan en la práctica cotidiana". Pero además "estoy segura de que la mayoría de las mujeres no ha manejado recursos económicos para llevar adelante sus propias campañas políticas. Limitante de enorme peso".

Gainza contraataca en una convicción –que parte de su vivencia- de que hay cosas posibles con el cuchillo entre los dientes. "Tampoco las mujeres a veces se buscan lugares en comisiones como Presupuesto, que es árido, difícil… En un grupo de más de quince, éramos sólo dos mujeres. Yo me rompí para estar ahí. Y sé que hice mucho".

Carolina Espinoza asegura que "no hay una paridad despojada de sexismo al momento de elegir la conformación de los gabinetes". Gainza sostiene que "la política es un escenario naturalmente violento y las mujeres como Cristina, Carrió, Graciela Camaño, son tan violentas como los hombres". Y Capuano tiene la certeza de que la mujer se ha movido y se mueve "a los codazos" en ciertos espacios. E invita a sentarse a mirar las fotos "de ámbitos de poder, donde se resuelven cuestiones muy importantes". Sindicatos, reuniones empresariales, comisiones deportivas, siguen siendo reductos de la masculinidad. Con excepciones estelares (Barbuto en Banfield) que no hacen más que confirmar la regla.

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