Edición Anterior: 14 de Octubre de 2018
Edición impresa // La Ciudad
Jóvenes misioneros
"No importa en qué crees o sino crees si igual te nace ayudar a las personas"
Dos cursos del Colegio Secundario San Antonio cumplieron con la tradición anual y viajaron a Saldan, Córdoba, como misioneros. Allí pintaron, cocinaron, refaccionaron y llevaron un mensaje de amor y encuentro para todos los habitantes del pueblo. En diálogo con FINDE cuentan y reviven la experiencia que los cambió.
Rodrigo Fernández

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Es viernes y suena el timbre del recreo. El ruido que hay en los pasillos por momentos parece ensordecedor. Quizás sea la excitación del descanso de las clases o el fin de semana que ya se perfila. En la oficina del director del Colegio San Antonio Fiorella Oriti, Jazmin Marcial Hoyos, Brisa Zárate y Catalina Arenal, acompañadas por el profesor Claudio Martínez reviven la experiencia que hace pocos días acaban de vivir junto a otros 38 compañeros que juntos sumando a los dos cursos de 5º Año.

Durante toda la charla la emoción estará siempre presente y el mensaje fransciscano de ayuda desinteresada se escuchará varias veces. Ellos viajaron a Saldan para cambiarles la vida a las personas del pueblo y al regresar notaron que también regresaban cambiados.

Saldan

Wikipedia dice que Saldan "es una localidad situada a 18 km de la ciudad de Córdoba y pese a su cercanía con la capital cordobesa, mantiene intacta su tranquilidad de villa serrana. Conquista miradas con su pequeño surco de aguas cristalinas y llama a ser visitada con su histórica Estancia de Luis de Tejeda, el primer poeta criollo, donde se hospedaron, entre otros, el Marqués de Sobremonte y el General San Martín". Pero para los 42 chicos que viajaron hasta allí la ciudad que los cobijó por varios días es un lugar de un enorme valor simbólico. Allí pudieron conocerse y conocer a los demás.

"Es una viaje planeando por parte de los profesores. Nosotros desde primer año lo estamos esperando. Sabemos que en 5º vamos a Saldan" dice Brisa y Fiorella aclara que "se propone para 5º año porque en 6º ya se hace un viaje a Mendoza".

Eso en cuenta a lo práctico pero lo espiritual tiene otro forma que va unido irremediablemente con el viaje. Las chicas explican que este proceso lo ven con el Luciano Di Buono y aseguran que "desde principio de año vemos cómo ayudar a las personas, cómo es ser persona, ser libre, y eso lo relacionamos con el viaje".

"Primero nos conocemos nosotros mismos" completa Brisa y menciona que para eso se valen de diferentes lecturas sobre el tema.

Conviene remarcar que el proyecto sobre el que trabajan los chicos del Colegio Antonio, está coordinado por el director Marcelo Schwindt, la vicedirectora Gloria Scrimizzi, el representante legal Fray Pablo Bajuk, el coordinador Luciano Di Uono, y los profesores Florencia Jouanny, Silvia Álvarez, Nicolás Vivas y Claudio Martínez.

Ser un joven misionero

"Fue una linda experiencia, hermosa y como la estábamos esperando lo vivimos muy bien" dice Brisa aunque se sincera y agrega que si bien "lo estábamos esperando, no sabíamos qué esperar".

"En mi caso no tenia ni idea de lo que íbamos a hacer" afirma.

"Nos mostraron fotos y videos pero vos no te imaginas la experiencia hasta que la vivís en carne propia" declara Jazmin. Para Fiorella, en cambio, "es un viaje en el que se plantea que hay tres misiones diferentes a las cuales nosotros fuimos realizando" y explica que para ello se fueron organizando en tres grupos que cumplían distintas funciones durante los tres días del trabajo misionero. Los tres grupos fueron variando las misiones para que cada uno pudiera vivir la misma experiencia. "No pudimos ir a misionar casa por casa pero si pudimos lograr ir al merendero y convivir una tarde con los chicos, ir al Hogar de Ancianos y pintar un mural" agrega y menciona que fueron a pintar un mural y "terminamos pintando un merendero". Para ella fue una experiencia "muy linda"ya que "eso no era una actividad planeada, sino que surgió a último momento". De esta forma el merendero tuvo una inauguración oficial.

"El merendero se encuentra pegado a la capilla Nuestra Señora de la Asunción. Ni el merendero ni la capilla tenían identificación alguna y faltaba pintar" comenta el profesor Claudio Martínez  y agrega que "cuando visitamos el merendero, la comunidad del lugar nos dijo que les gustaría si podíamos pintar las letras de la capilla y el merendero para que la gente los pueda identificar". Si bien era poco el tiempo que tenían para hacer el trabajo, los chicos y los docentes dijeron que si. Pero justo cuando iban a comenzar llego una persona de la comunidad con una lata de 20 litros de pintura y les dije que les gustaría si antes pintaban el frente y todo el hall. Así fue como se organizaron rápidamente por grupos y comenzaron las tareas de limpieza y lijado para luego comenzar con la pintura.

"El despliegue y el compromiso que asumieron fue tremendo al punto que dije que era posible" afirma el profesor Martínez.

Luego de la pintura los chicos delinearon las letras que identificaban a la Capilla y al Merendero Carlos de Dios Murias, un sacerdote franciscano asesinado en 1976 por la Dictadura.

Esa noche la gente del lugar, luego de la misa, los agasajó con una cena y luego los llevó a todos hasta el convento en donde se alojaban 

Cuando se las consulta acerca de qué se siente ser un joven misionero, la primera que habla es Catalina. "Creo que es algo muy lindo. Muchas veces me ha pasado de escuchar que las personas grandes dicen que los jóvenes están perdidos, que están en la de ellos. Esto es todo lo contrario y lo vivimos". Ella ya vivió varias experiencias de este estilo, ya que participa activamente del grupo de jóvenes en la parroquia San Vicente, y explica que "es lindo que la gente reconozca eso y te lo diga".

Brisa comparte las palabras de Catalina y agrega que "llegar al Hogar y ponerte a hablar con los ancianos y que no te terminen de agradecer nunca mientras te estas yendo, o pasar toda una tarde con los nenes del merendero. Te abrazaban y no te soltaban. Estaban todo el dia atrás tuyo. Eso yo nunca lo había vivido y es algo relindo".

"Para mi es la primera vez que salgo a misionar asi y es una sensación re linda que los nenes te digan profe o seño; es algo que nunca había vivido" explica Jazmin.

"Para cada uno fue diferente" dice Fiorella y cuenta que "yo fui en parte con ganas y salís sin ganas de querer volver acá, llorando" y menciona que el anteultimo día que estuvieron en Saldan, todos se pusieron a llorar en la autoevaluación que realizaron los profesores.

Fiorella nunca había vivido una experiencia así aunque también participa de un grupo en la parroquia de San Francisco y comenta que fueron dos cursos que luego terminaron siendo solo uno y remarca la posibilidad de "poder ayudar al otro y con tan poco poder hacerlos felices".

"A veces lo vemos en televisión, lo escuchamos, pero no es lo mismo vivirlo en persona porque ahi uno toma conciencia" asegura.

Misionar en la comunidad

"A mi me gustaría hacer algo como Catalina y seguir ayudando" dice Brisa  y sostiene que luego del viaja a Saldan se quedó con ganas de "hacer algo más acá". Fiorella menciona que "lo que mas se puede rescatar de lo que fue nuestro viaje es que a diferencia de otros años, que tenían una experiencia previa, nosotros fuimos sin esa experiencia porque prácticamente nadie pudo por diferentes motivos. Llegar alla y poderlo hacer de la forma en que lo hicimos fue algo espectacular para nosotros"

"Hay muchos de nuestros compañeros que no están involucrados con la Iglesia o creen en algo pero igual se compromenten a ayudar a las personas. O sea que no importa en qué crees o si sos católico, o sino crees, si igual te nace ayudar a las personas" dice Jazmin y las demás comparten su opinión.

"Todos ibamos a ayudar y compartir no importaba en qué creías o sino creías"  afirma Brisa

y Firella acota que "básicamente no era ir a predicar y a decirles que nosotros creemos en tal cosa" sino que "era ir a ayudar en algo especifico. Íbamos con ese sentimiento de querés ayudar, con esa actitud de fraternidad".

Es por estas últimas palabras que recuerdo algo que leía una vez. "Moisés pasó los primeros 40 años de su vida pensando que podía hacer algo. Otros 40 años para descubrir que no era nadie y sus últimos 40 años para saber que Dios puede usar un nadie para hacer algo". Los jóvenes de San Antonio decidieron no esperar tanto tiempo y pusieron manos a la obra, literal, para llevar un mensaje de paz, amor y solidaridad. Una tarea que no sólo cambió las vidas de las personas de Saldan sino que los transformó a ellos mismos.

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