Edición Anterior: 6 de Enero de 2019
Edición impresa // La Ciudad
Entrevista: Habla Marta Montero, la madre de Lucía Pérez
"Mi hija puso en jaque al Poder Judicial"
La suya es una voz colectiva tras la violación y crimen de su hija, Lucía Pérez, dos años y tres meses atrás. Marta Montero, enfermera, mujer de garra, luchadora, ve a su hija en los rostros infinitos de otras chicas. A los 53 años sigue estudiando. Y siente que su creencia en dios la salva y la fortalece para seguir y nunca bajar los brazos.
Claudia Rafael

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Marta Montero tiene 53 años, es enfermera en el Hospital Regional de Clínica Médica de Mar del Plata y anda soñando con encarar la carrera de Sociología. "El conocimiento –dice- permite luchar y encarar la vida desde otro lugar". Es cálida. Piensa cada palabra y ofrece gestos de ternura desde su dolor. Es la mamá de Lucía Pérez, estragada por hombres lanzados a la cacería de apropiarse de una piba de 16 años a la que le destrozaron definitivamente su territorio vital un día de octubre de 2016. En la ciudad que se vanaglorió históricamente de ser "la Feliz".

Marta cree en dios y se abrazó desde su mirada miel y sus manos acostumbradas a apostar a la vida, a un Cristo puesto sobre la pared de la sala judicial en la que maljuzgaron a los hombres que le arrebataron a su niña. "…¿Y si Dios nos dio esta sentencia para que aprendamos otras cosas? Porque esta familia tiene espalda para aguantarla, tiene un pueblo, una sociedad que la acompaña atrás", cuenta que le dijo a su hijo Matías aquel día aciago en que los magistrados determinaron que Lucía simplemente murió. Que nadie la asesinó, según la divina palabra judicial.

-¿Quién era Marta hace dos años y cinco meses y quién es Marta hoy?

-Uff… Qué pregunta me estás haciendo… debo volver dos años y cinco meses atrás en mi vida. Yo era una persona como soy hoy pero en otra lucha. Siempre fui de estar junto con el otro. Soy enfermera, trabajaba en un lugar de salud mental, de psiquiatría para la vejez. Había personas privadas de la libertad, que habían cometido delitos; y yo no tenía problemas. Tenía hijos, marido, salía muy temprano de mi casa, iba a trabajar, mi marido la dejaba a Lucía en la escuela y él se iba a trabajar. Yo estaba estudiando, terminando la carrera de enfermería. Siempre inculcándoles a mis hijos que vayan adelante, que estudien, que así no los van a poder dominar. Yo lo tuve que hacer de grande porque de chica no pude… mi papá falleció y mi mamá con seis hijos y uno en la panza… creo que esta garra la heredé de ella. Hace dos años era esa persona. A veces hablamos con Guillermo y pensamos "con qué poco uno entonces era feliz", con qué pocas cosas uno se reía o tenía metas para seguir. Cómo de un momento hacia otro se da vuelta tu vida. Porque hay gente que se apropia de la vida del otro. Es muy duro, durísimo. Yo trato de tenerla a Lucía siempre presente y sé que ella está conmigo siempre y de la mejor manera. Porque si yo tengo que pensar en lo que le hicieron, en lo que fue… Creo que en mi cabeza hay un mecanismo, y lo manejo de esa manera, de verla así siempre. Bien. Yo a Lucía no la tengo más físicamente. Pero sé que espiritualmente está acá. Y siempre me hace reír. La veo desde ahí, no desde lo otro porque si no sería muy negativo hasta para mi psiquis.

-Para eso tenés que tener una fortaleza y un equilibrio que no es fácil. Es un hilo muy delgadito el que te hace derrumbarte en la vida…

-Yo soy una persona de fe, siempre lo fui. Hoy soy más practicante que en otros momentos, yo creo en esta fe de que Lucía está, me acompaña y ella misma me da fuerzas. Creo mucho en eso y en Dios. Acá es él el que intercede entre Lucía y yo para que ella esté bien en el cielo y yo esté bien acá en la tierra. Si no, no habría otra manera de poder seguir. Siento que hay algo extra que ni yo sé lo que es.

-¿En algún momento te enojaste con Dios?

-No, nunca. Y de hecho cuando pasó lo de la sentencia me dice Matías "mamá ¿por qué vos sos tan religiosa y siempre estás rezando y Dios no te dio una mejor sentencia?". Y yo le dije "…¿y si Dios nos dio esta sentencia para que aprendamos otras cosas? Porque esta familia tiene espalda para aguantarla, tiene un pueblo, una sociedad que la acompaña atrás ¿y si nos dio por eso esta sentencia?" Tal vez no haya otra familia como ésta para aguantar esto y que pueda seguir en pie. Y me dijo "mamá, vos siempre tenés algo para responderme, algo para decirme". Es que yo creo en eso y me pregunto si no es así. Hoy hay una gran crisis judicial, hay una mitad que está de acuerdo y una mitad que está en desacuerdo. Las mismas chicas del poder judicial me lo dicen, las han sancionado, hecho callar la boca, para que no exhiban el caso de Lucía, para que no tiren de la cuerda. Y no sólo los jueces de Mar del Plata. También los de Tres Arroyos, de La Plata… ésa era la justicia patriarcal que nosotros teníamos. Aquí nunca hubo una Lucía por la que se levantara la voz y se dijera lo que teníamos que decir. Entonces cuando hoy se mira a la justicia con una lupa, a la justicia le está molestando mucho. Y se la va a seguir mirando. Para estos tres jueces ya se pidió un jury y les vamos a seguir poniendo una lupa hasta el último día. Hay otros casos que están pasando. El 28 de diciembre fue sobreseído uno de los hijos del poder de Tandil por la violación de una criatura de 13 años. Entonces, por estas cosas, estamos todas las mujeres diciendo basta.

-María Soledad Morales puso en jaque al poder político de su provincia. Lucía puso en jaque al poder judicial en un contexto social muy diferente.

-Es muy razonable la comparación. Y estas mujeres que nos hemos unido, no vamos a parar. Y yo, que ya no la tengo a Lucía, voy a luchar por ella con la misma energía con la que voy a luchar por la nena de Tandil en la causa en que dejaron suelto a ese sinvergüenza. Porque me toca la misma fibra íntima. Y no sé si el hombre tiene la misma sensibilidad. Sólo sé que al hijo lo parimos nosotras. Y lo tenemos en nuestras entrañas y esté o no en nuestras vidas jamás cortamos el cordón con ese hijo.

-¿Qué sentiste cuando supiste lo que había ocurrido con la nena en Miramar?

-Dolor. No podés creer cómo estas personas tan salvajemente actúan con una criatura. Son cinco personas contra una. Esa degradación, esa inmundicia de ser humano, esa bajeza humana es dolorosísima e inentendible para la cabeza de quien está muy lejos de eso. No podés entender que esa gente en jauría actúe de esa manera y disfrute de ese modo. No podés entender esos parámetros. El mal que le hacen a la persona a la que están atacando y el mal que se hacen a ellos mismos. Después sus familias insultan, las mamitas que dicen "no, mi nene no hizo eso. Ella lo provocó". Y a esos cinco monstruos lo criaron cinco mujeres. Mujeres que dicen también "y ella ¿qué hacía a esa hora?". Las mujeres no salimos a violar tipos por la calle. Entonces, miremos al otro. Recuperemos la sensibilidad. Recordemos que somos padres, que somos hermanos, que somos hijos. Y lo que le pasa al otro, mañana me puede pasar a mí.

-Pensaba que por una cuestión de costumbre una dice como decías recién "son unos monstruos". Pero creo que ese concepto los aleja de ser profundamente humanos…

-Sí, es real. Son personas oscuras de mente.

-¿Cuánto creciste Marta?

-No tengo idea. Pero he crecido tanto… De la mujer que yo era a ésta que soy hoy y como estoy plantada, me cambió terriblemente la vida. Y como decíamos hoy, lejos de enojarme, hay un camino muy fino y por eso le pido a Dios que me lleve por la misma senda por la que siempre fui. Porque de ser una persona muy mala a ser una persona buena, correcta hay un hilo. Y Lucía está siempre en mi corazón. Y aunque físicamente no esté, va a estar toda la vida en mi corazón. Todas las chicas son un poco mis hijas. Esas chicas que vienen, me abrazan, están conmigo. Por eso estuvimos en Miramar en la marcha en repudio a estos cinco porque son los lugares donde hay que estar. Por esa niña hoy y, desgraciadamente, las que ya están y por las que ojalá, nunca estén en ese lugar. Somos conscientes de que tenemos que seguir pidiendo justicia.

-¿A qué edad empezaste a trabajar como enfermera?

-De grande. Empecé a los 43 años. Antes siempre cosí. Era remalladora. Tenía una máquina en mi casa. Ahí crié a mis hijos. Me metía los rollos de pulóveres debajo para que me sostuvieran mientras le daba la teta a mi hijo para poder seguir cosiendo. Mi marido siempre trabajó en el taller. Y a mí toda la vida me gustó ser enfermera. Cuando era chica no lo pude hacer porque tenía que trabajar, terminé el secundario de grande. Hace ocho años que estudio. Y cuando me recibí empecé enfermería. Me recibí este año y sólo me falta la tesis para ser licenciada en enfermería. Cuando pasó lo de Lucía me dije: ¿qué hago? ¿sigo o dejo? Y me dije: sigo estudiando, porque voy a tener la cabeza ocupada. Y además, una con el conocimiento puede luchar y pelear desde otro lugar. La última parte del proceso de estudio me costó un poco más pero terminé. Y dejé la tesis para marzo de este año. Y pienso empezar a estudiar sociología este año. Por eso creo que es un terrible error esto de querer cerrar los institutos. Y lo dice esta mujer que no tuvo la oportunidad de estudiar de más chica. Porque había que trabajar para que los hermanos comieran. Entonces, facilitemos un poco la vida de la gente.

-¿Cuál fue la última charla que recordás con Lucía?

-La última fue la noche anterior. Yo había ido a un congreso de medicina. Llegué a casa como a las seis o siete de la tarde. Y me preguntó "mamá, ¿cómo te fue?". Charlamos, me preguntó las cosas que había hecho en el congreso, estuvimos hablando. Y después, al otro día, a las 5 y cuarto de la mañana, cuando me iba a trabajar, le dejé los 100 pesos que ella me había pedido. Le dije que se quedara, que estaba lloviendo, que estaba muy feo, hacía frío. Ella dijo: "está bien mamá, veo que hago". Le di un beso y me fui. Yo entraba seis menos cuarto a trabajar. Esa fue la última vez que hablamos, el último beso, el último amor…

-Quedó congelado en tu memoria…

-Sí, para mí lo más lindo, lo más sano, es todo el amor que tengo hacia ella. Yo sé la bellísima persona que era, la hija que tuve. El resto, lo que puedan decir, me tiene sin cuidado. Porque yo sé quién era Lucía. Nada opaca mi pensamiento sobre ella. Es por convicción mi pensamiento. Sé quién es esa persona buenísima que es Lucía. Y lo único que quiero es justicia para que esas personas paguen lo que hicieron con ella. Por eso, lo que esa sentencia pueda decir tan cruelmente y tan livianamente me imposibilita entender a las personas. Cómo tan livianamente se puede juzgar… y tampoco se entiende cuáles son sus patrimonios con lo que gana un juez. No creo que sea casual que los propios integrantes del poder judicial hubieran escrito carteles, antes de que iniciara el juicio, diciendo "juzguen el caso de Lucía Pérez como femicidio". Por eso creo que el poder judicial está muy en jaque. Lucía lo puso en jaque. Y vamos a seguir.

-¿Cómo vivieron el juicio como familia?

-Padecimos tanto ese juicio como familia. Se reían. Se convidaban caramelos. Y nosotros no podíamos siquiera pronunciar una palabra. Fue todo muy difícil. Muy duro. Hay una falta de respeto hacia la víctima, hacia la familia… hablaban entre ellos de mi hija. La criticaban. Y nosotros estábamos ahí… Nos provocaban. Y buscaban hacernos salir de eje a nosotros. Pero nos comportamos como la familia que somos. Ellos eran intocables. Pero Dios es grande y existe.

-¿Sos de esas personas que necesitan llenar el tiempo libre para que no las demuela la angustia?

-No. No tengo ese problema. Tengo plantas. Tengo patio. Corto el pasto. Puedo estar en silencio, puedo estar leyendo o puedo estar tranquila sin hacer nada. Estoy en eje, como digo. Y ojalá Dios y la virgen me ayuden a estar siempre así. Las cosas no me desbordan por estar sola en mi casa. Abro la habitación de mi hija, entro… el 31 vino una amiguita de ella a quedarse y a pasar con nosotras esa fecha. Era compañera de ella de la escuela, aunque ahora está viviendo en Buenos Aires y vino a pasar el 31 a Mar del Plata. Este regalo me lo mandó Lucía. Se llenó nuestra mesa como diciendo "acá está Lucía". Lejos de verlo con tristeza, lo veo con alegría, con amor.

-¿Por qué brindaron?

-Por salud. Y el 24 brindamos por justicia para Lucía.

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