Edición Anterior: 13 de Enero de 2019
Edición impresa // La Ciudad
Martín Hache presenta su segundo disco
“Quería hacer un disco luminoso”
Con sólo 36 años el músico olavarriense publicó dos discos de forma independiente. En charla con FINDE explica en qué consiste el proceso de grabar un disco, las colaboraciones, la importancia de la música y las influencias que lo llevan a escribir y cantar sus canciones.
Rodrigo Fernández

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“La idea la venía trabajando desde hacía dos años”, dice Martín Hoffer en diálogo con FINDE para referirse a su nuevo disco, el segundo de su etapa solista. Hace mucho calor en la tarde olavarriense pero Martín Hache, su nombre artístico, llega sin una gota de transpiración y se sienta distendido en la sala de entrevistas de EL POPULAR Medios.

La salida de su nuevo disco es también una excusa para hablar de otras cuestiones que hacen a la vida de un músico. ¿De dónde llegan las canciones? ¿Cómo se trabaja en la grabación de un disco? ¿Cuándo decidió convertirse en un compositor?

Buscar un contrapunto

Tras la salida de “Justicia poética” (2015), que fue su primer disco en solitario ya que cuando formaba parte de la “SurReaL” grabó dos trabajos junto a la banda, comenzó a pensar en lo que vendría. “De alguna manera como contracara a lo que fue toda la etapa de ´Justicia poética´, que es un disco totalmente distinto a éste”, explica y señala que “no en cuenta a la forma de componer sino que quizás que es un disco más oscuro, con menos instrumentos, más de formato de rock. Más crudo”. Enseguida aclara que el sonido de su primer disco tiene que ver con “la etapa de la vida en la que estaba. Las canciones y la atmósfera te refieren a otras cosas”.

“Lo que quería con este disco era hacer como un contrapunto con lo que fue toda esa etapa y que sea algo más abierto y luminoso. Ese fue el concepto principal en el que yo me puse: la condición de que las canciones no suenen tristes”, afirma.

Así fue como empezó a “buscarle la vuelta en la forma de combinar los arreglos y todo, de que las canciones suenen más optimistas, con brillo”. Ese trabajo, de que las canciones puedan mostrar la luz de la que está formadas, le llevó casi dos años. Que es el tiempo que le llevó “componer y hacer la preproducción y meterme al estudio a grabar”.

El nombre del disco no fue antojadizo. El cantante y compositor señala que “dudé mucho del nombre del disco y hasta último momento no lo tenía”. Fueron aquellos que tuvieron el privilegio de escuchar cómo iban sonando las canciones los que le marcaron que había palabras que resonaban.

“En esta oscura antimateria, debo pensar otra excusa”, dice una parte de la letra de “La otra cara del silencio”. Martín cuenta que después de escuchar las opiniones de los escuchas fue a Wikipedia y se encontró con que “en la física de partículas, todas las partículas de materias tienen su contraparte de antimateria y cuando chocan se aniquilan pero da lugar a otra cosa, a algo nuevo”.

“Dos contrapuntos chocan, se aniquilan y sale algo nuevo siempre. Tiene mucho sentido en la forma que tengo de ser o la que tengo de hacer música”, explica y no se puede dejar de ver la comparación entre su primer disco, con un sonido más crudo, y éste que tiene “algo como melancólico y nostálgico pero también hay luz”.

Es por ello que es inevitable preguntar por un tercer disco, a lo que señala: “veremos adónde me lleva eso”.




Las canciones


“Tengo mucho material como para hacer varios discos lo que pasa es que por ahí hay canciones que quedan en el cajón porque quizás no cuadran con lo que querés decir en ese momento”, sostiene y asegura que “tenía muy en claro que era lo que quería decir, o lo que quería expresar entonces hay canciones que estaban buenas pero para este disco no cuadraban con el concepto”.

Es por eso que se dijo “no voy a agarrar del cajón todo lo que tengo para grabarlo, como una cuestión caprichosa, sino que me voy a sentar a componer”.

“De los 11 temas del disco, 10 son canciones nuevas. Sólo una es una canción de las primeras que compuse. Esa la recuperé porque quedaba bien en todo el contexto del disco”. De esta forma cumplió con lo que se propuso cuando empezó a pensarlo: “escribir, componer y arreglar desde cero”.

Sobre el proceso de creación de una canción explica que “me gusta partir desde el texto. Eso no quiere decir que esté mejor o peor, simplemente es algo que me cuesta menos. Escribir algo que quiero expresar y después agarrar la guitarra o el piano y a esas palabras ponerles una música o una progresión armónica”, describe aunque “después hay canciones que surgen de la base rítmica y de ahí se van desarrollando” pero “generalmente a mí me cuesta menos o partir desde el texto o estar con la guitarra y que vayan las dos más o menos a la par”.

“Ahora sí”, sostiene al preguntarle sobre si se siente cómodo cantando sus propias canciones. “Al comienzo fue un poco raro porque yo empecé a cantar”, si bien “siempre canté y compuse desde chico, pero en ´SurReal´ toqué por 12 años la batería y componía desde ahí”. Un hecho lo cambió para él, que dejó la batería y se puso frente al micrófono.

“Cuando estábamos grabando el segundo disco el cantante se fue y los chicos me dijeron: ´cantá vos, no vamos a salir a buscar otro cantante´”. Eran sus canciones y “el camino más fácil. Lo más lógico, quizás”.

Ahora recuerda que las primeras veces “me costó un poco reconocerme” dice y explica que lo que a veces sucede es que “te cuesta reconocerte a vos mismo cantando. Después con el tiempo lo vas puliendo y te vas haciendo más amigo de vos mismo, vas viendo la aceptación que tiene y vas puliendo las cosas que hacés mal. Hoy puedo decir que me escucho y no me molesta ni me da pudor. Gané seguridad”.

“Los cantantes que me gustan no son los que tienen la mejor voz, sino lo que tienen expresión, personalidad. Básicamente busco eso”, asegura y se manifiesta “muy fan de Bunbury y de Cerati y eso en algún momento me hizo dar cuenta de que tenía que encontrar la manera de no ir siempre a los lugares comunes en cuanto a cantar las canciones”.

Para Martín Hache “uno tiene muchos vicios cuando canta” pero sólo se trata de buscar algo, aunque sea mínimo, pero que te identifique. Que alguien escuche y que lo reconozca”.




“Mea culpa”, una canción en la que colabora Ignacio Montoya Carlotto


“Que la brisa de nuestra voz nos lleve a buen puerto/ Que no nos acobarde el frío invierno./ No sea impedimento de sonrisas, la miseria inoportuna del pasado/ Mirar al sol en silencio, y que la paz nos hable dentro”, dice la primera estrofa de “Mea culpa”, la canción que grabó en colaboración con Ignacio Montoya Carlotto. Martín Hache cuenta que “tenía la canción grabada de momo muy básico, hecho con el piano de la computadora y necesitaba un pianista porque yo quería que en la canción sonara un piano” y comenta que “por medio del baterista nos contactamos, le mande la canción y a los pocos días tenía todo grabado”.

“Con todo lo que le pasó a él me parece que le da una cosa muy emotiva”, afirma y señala que “Pacho la llevó a otro nivel”. Al hablar sobre la posibilidad de que sus músicas pueden volver a cruzarse confiesa que es posible o que cuando el disco se presente en vivo compartan escenario.

En base a la experiencia con Ignacio Montoya Carlotto, con quien aún no se conocen personalmente, le gustaría tener más colaboraciones para el próximo disco. “Me gustaría que se enriquezca lo que hago con la visión de otro, porque me di cuenta que la da otra mirada, otra profundidad, que quizás no lo podría hacer y eso lo enriquece”.




Online y en vivo


El próximo sábado a las 21 en Yapay Martín Hache tocará junto a su banda todas las canciones que forman parte de “Antimateria”, algunas de “Justicia poética” e inclusive de la etapa de “SurReal”. Pero aquellos que lo quieren conocer en la intimidad de su casa o en donde se encuentren, lo pueden seguir haciendo ya que el disco está online desde pocos días antes de Navidad. En Youtube o en todas las plataformas musicales.

“Uno como músico, como compositor, siempre quiere llegar a determinados lugares pero no se puede estar sujeto a eso porque te suele frustrar”, dice en referencia a la posibilidad de contar con el apoyo de una compañía discográfica y asegura que “no es algo que busque tampoco. Si se da es porque realmente a alguien que lo escuchó le puede llegar a interesar lo que hago” aunque enseguida vuelve a aclarar que “no es algo que busque realmente”. “Yo disfruto del camino: me gusta hacer música, grabar discos y hacer una carrera”, concluye.





La grabación


“Grabar un disco para mí es estar en mi salsa, es como un jugador de fútbol en la cancha”, dice mientras se vuelve a acomodar en el sillón. Afuera la temperatura sigue subiendo pero dentro el microclima es bastante agradable. Para el músico “es un momento relindo, donde aprendés muchísimo en cuanto a la manera de trabajar” y manifiesta que detrás de la grabación están también los asistentes y el ingeniero de sonido.

“Hay que aprender a controlar el capricho que muchas veces tiene el músico al querer hacer”, sostiene y remarca la importancia de escuchar “opiniones distintas de gente que tiene muchas mas experiencia que vos. Eso te lleva a aprender mucho” y agrega que al disco “lo fui grabando de a poco, como podía, porque económicamente es complicado”.

“Lo fui grabando tranquilo en los estudios de El Martillo en Buenos Aires, con el aporte del ingeniero de grabación, que además se ocupó de la mezcla y el mastering, Marcelo Suraniti”.

Para Martín Hache “lo que importa es el resultado, no importa el tiempo que lleve grabarlo” y asegura que todo el proceso del disco le llevó casi dos años.

Los músicos que lo acompañaron en la grabación son los mismos que crecieron junto a él musicalmente desde la primera banda SurReal: Sebastián Eugui, Agustín Ramos, Jerónimo Bertero, Roberto Bonifacio y Marcos Gainza, que se sumó para “Antimateria”. El plus vino de la mano de la colaboración junto a Ignacio Montoya Carlotto (ver aparte).



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