Edición Anterior: 3 de Febrero de 2019
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A casi 10 años del femicidio de Magalí, la revolución de las pibas que, a los 17, toman la posta de las luchas feministas
"En cada marcha dejamos un poquito de nosotras por las que ya no están"
En el año en que se cumple una década desde el femicidio de Magalí Giangreco, son las pibas de su misma edad las que toman la calle desde el feminismo. Con marchas organizadas y protagonizadas por ellas mismas. Tres de sus activistas hablan, analizan, reflexionan y se muestran convencidas de que es un camino sin vuelta atrás.
Claudia Rafael

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En apenas escasos días, se cumplirán diez años desde la desaparición de Magalí Giangreco. Un manojo de días después se hallaría su cuerpo en una estación de servicio abandonada, usual dormidero de siesta para uno que otro patrullero. Eran tiempos en que aún no se había acuñado masivamente la definición de femicidio (asesinato de una mujer por su condición de mujer) y menos aún la de feminicidio (concepto en el que se incorpora la perspectiva política y el rol del Estado). Días en los que se tendía con mayor énfasis y sin grieta alguna en el análisis a indagar sobre los comportamientos de una adolescente que desaparecía. "Cuando se canse de joder por ahí, ya va a volver", le habían dicho a Graciela Alderete los policías de la Segunda cuando quiso denunciar la desaparición de Mara Navarro, travesti asesinada a sus 17 años (los mismos de Magalí) en 2004.

Hoy las pibas de 16, 17, 18 años se asumen desde otro lugar. Y son protagonistas de una transformación que están buscando gestar desde la calle. Como escribía María Elena Walsh en los primeros versos de Asunción de la poesía: "yo me nazco, yo misma me levanto, organizo mi forma y determino mi cantidad, mi número divino, mi régimen de paz, mi azar de llanto". Como respondió para esta nota María Eugenia Iturralde, integrante del Frente Ni una Menos Olavarría, "me parece importante ver cómo pibas de la edad de Magalí hoy se dicen feministas, hacen pañuelos, cuestionan el amor romántico, repudian los abusos".

A veces es la participación iniciática en una marcha; otras, la empatía arrolladora con una historia que las identifica y las angustia; algunas, por ver a la propia madre bancar a solas la crianza de un manojo de hijos. Unas y otras identifican en su propia crónica vital un disparador que las empujó a una militancia de la que –están convencidas- no se bajan.

Val Avalos tiene 17 años y cursará este año el tramo final de la secundaria. "Creo que lo que nos mueve a salir todos los días, porque por lo menos yo y muchas de mis compañeras queremos salir todos los días, es despertarnos a diario con una muerte más de una compañera. Y saber además que a compañeras o amigas algún hombre les ha hecho algo ya sea ahora o de chicas, saliendo, en la calle…"

También desde los 17 y ya inscripta para iniciar su primer año en la carrera de Antropología Social, Malena Correa contó que "mi primera marcha fue una de las de niunamenos hace unos años. Fui con mi vieja. Y si bien yo sabía hablar de feminismo, no tenía tan presente el concepto. Tal vez era por falta de información. Pero además no había tenido ningún acercamiento directo. E ir a una marcha fue ese acercamiento directo que yo necesitaba para militar. A cualquiera que vaya a una marcha feminista, algo te genera, algo te moviliza; conocer los casos más de cerca, ver a gente llorando, gritando todavía con más fuerza, pidiendo justicia, reclamando que las cosas cambien. Pero además, muchas de las prácticas que nosotres conocíamos, no creíamos que pudieran llegar a denigrar o que fueran opresoras y después las vas conociendo. Y te vas dando cuenta de que sí, que muchas de las cosas que hacíamos nosotres también son machistas y en algún momento de toda la movilización te genera un clic y empezás a repensar todo y a decir: ´con razón´". De ese "clic" del que habla Malena a la militancia concreta hay escasos centímetros de distancia. Es simplemente atreverse a vivir esa sensación de "ser consciente del momento histórico que estás viviendo y actuar al respecto. Nunca quedarte callado si ves una situación que denigra, molesta o incomoda a otro hacer algo. Porque es lo que poco a poco va generando toda esta revolución que tanto queremos".

No es casual la caracterización que hace Florencia Caro –también referente del Frente Ni una Menos- al decir que las adolescentes se sumaron "con una fuerza arrolladora, necesaria, cuestionando las instituciones, los mandatos, las crianzas, de una manera revolucionaria". Al punto tal de que la última de las marchas fue parida por las propias pibas.

Con los mismos 17 años, Antonia Ayesa, abandera, ya veterana de marchas por impronta materna, definió que "hace una semana y pico, en el grupo de whatsapp que surgió a partir de los martes verdes, una chica propuso hacer una marcha por los femicidios. Y surgió una movilización organizada por chicas de 15 a 17 años. Y cortamos las calles porque la policía no nos dio bola y fue increíble porque no hubo egos, no hubo dirigentes políticos, no hubo nadie sobrepasando a nadie porque lo organizamos nosotras, las pibas. Y creo que eso fue lo más importante. Yo no descreo de la política. Es más, creo que feminismo y política van de la mano pero fue muy increíble que no hubiera dirigentes ni nadie y que nos escucharan a nosotres. Y que quienes estaban ahí aplaudieran a una amigue. Y de aquí al 8 de marzo vamos a seguir marchando todos los domingos".

Las pibas no dudan a la hora de hablar. No tienen que hacer vericuetos o volteretas para utilizar lenguaje inclusivo. Lo adoptaron con la facilidad innata de quien abre naturalmente los brazos a lo nuevo porque son parte indisoluble de una transformación a la que no están dispuestas a renunciar.

"Lo que estamos viviendo no es casual. Somos víctimas de un sistema patriarcal que nos condena desde nuestro nacimiento por el simple hecho de ser mujeres. Nos llena de temor saber que una de nosotres puede ser la próxima pero este temor nos lleva a las calles, a pelear la ESI, la igualdad. Nos lleva a nuestras propias casas a pelearnos con nuestras familias cuando surgen actitudes que molestan y nuevamente nos condenan por ser mujeres", se plantó Malena Correa. "Y no es casual tampoco que seamos las pibas las que salimos a la calle. Porque aprendimos que tenemos derecho a ser escuchadas y eso estamos haciendo. Y si no nos quieren escuchar, gritamos más fuerte". Pero además está convencida de la inevitabilidad de la transformación. "Vamos a pelear hasta vencer y nadie va a poder callarnos".

El concepto de "pelear hasta vencer" se expone necesariamente sobre la mesa para el debate. Y Malena responde –ante la pregunta obvia- que "la sociedad vive transformándose continuamente, hay cambios que son inevitables y supongo que no hay una sociedad ideal. No creo al menos que yo la pueda ver. Tal vez sí las siguientes generaciones. Vivimos en constante cambio. Todos los días hay algo nuevo por lo que luchar. Y lo que yo considero al decir que vamos a luchar hasta vencer es poder lograr una transformación que nos saque de lo que vivimos todos los días, poder salir a la calle sin miedo, poder tener una lucha en conjunto en que no seamos como un sector aislado de la sociedad que lucha. La lucha es de todes".

Espejos

Cada una de ellas tenía escasos 7 años cuando desaparecía Magalí Giangreco. Tenía sus mismos 17 a los que quedó definitivamente anclada por las garras de un femicida que jamás fue atrapado. ¿Es casual que femicidios y travesticidios como los de Magalí y Mara estén impunes? La maestría del estado, desde cada una de sus garras, en construir diferentes estadíos que dan cuenta de una impunidad sistémica, es arrolladora.

Pero no fue ni el rostro ni la historia de Magalí los que sacudieron a Antonia al punto de activarla, conmoverla, sacudirla y resquebrajarla hasta la emoción cuando habla de feminismo y del protagonismo de las pibas.

"A mí el femicidio que más me llegó fue el de Candela Sol Rodríguez, porque tenía casi la misma edad que yo. Para mí fue re impactante. Porque era una chica de mi edad que estaba desaparecida. Me quedó grabado un día en que me junté con mis amigas y dijeron: ´apareció muerta´. Y desde ese momento hasta ahora cambiaron muchas cosas, un montón de términos y se empezaron a ver en la sociedad las cosas de otra manera. Porque antes había mucho tabú. Mucha gente decía ´por algo le habrá pasado´, ´por andar sola´, ´por andar vestida de tal manera´ o ´por qué la mamá la dejó salir a la vereda sola´. Yo creo que todas tenemos que poder salir a la hora que queramos, volver a la hora que queramos y volver bien. Y volver. Creo que esas cosas cambiaron un poco. Pero viendo este enero tan trágico, con 22 femicidios, me duele mucho saber eso".

Antonia aboga por la unidad del feminismo. "Siento que no sirve seguir peleándonos entre nosotras, dividiendo los feminismos. Creo que la idea es estar juntas. Porque siguen matando pibas. Porque nos siguen desapareciendo, llevando a la trata y no sabés cuándo van a parar. Es tristísimo. Y creo que en cada marcha dejamos un poquito de nosotras por las que ya no están. Y está bueno pensarlo de esa manera sabiendo que muchas de nosotras hemos tomado este camino. Es increíble cómo se ha masificado el tema del feminismo a partir del debate por el aborto, hablar de estas cosas, discutirlo en las aulas. Dar la batalla en las calles, en las casas, pelear con nuestros familiares y está buenísimo porque se escucha nuestra voz".

Las madres

Malena, Antonia y Val ubican sus inicios militantes de la mano de sus respectivas madres. Valentina Avalos recuerda que "empecé un poco junto a mi mamá, que participaba del Frente Ni una Menos desde que se formó. Después, como trabaja y estudia no tuvo tiempo de seguir. Pero creo, además, que tuvo mucho que ver el hecho de que mi mamá fue madre soltera y siempre nos cuidó sola a mí y a mis hermanos. Nunca recibió ayuda de ningún padre, porque siempre estuvieron ausentes, nosotros somos cuatro. Y creo que con la educación que mi mamá me dio, ella me puso una semillita de decir: ´las cosas son así, ésta es la realidad´. Cuando crecí, con las redes sociales, me empecé a informar un poco más y vi que otras pibas también se estaban informando y ahí fue que conocí la movida de Olavarría. Y cuando se empieza a visibilizar lo de los femicidios es cuando yo empiezo a salir a la calle. Las rabias que empiezan a surgir son ésas. A partir de ver cómo cada pocas horas siguen faltando mujeres a manos de la sociedad machista que las mata".

Los procesos organizativos de las marchas y manifestaciones son –a ojos de Antonia- mucho menos complicados que en el mundo adulto. "Es todo más fácil cuando las que organizamos somos las chicas jóvenes. Porque no sé si no tenemos noción o no pensamos en quién tiene más protagonismo, en los egos de las organizaciones políticas, de las dirigencias y pensamos más en un todo. En que vayan más pibas, en que haya pibas de 11 ó 12 años en las marchas, que es increíble".


Contextos

La noche del carnaval del 28 de febrero de 2009 desapareció Magalí Giangreco. Tenía 17 años, estudiaba en la Media 8, vendía panqueques a los negocios de Pueblo Nuevo. El 12 de marzo aparecieron sus restos. La sociedad de aquellos días era notoriamente distinta de la de este presente. Florencia Caro define que "no es la sociedad en la que las mujeres hoy salen a la calle. Me resulta difícil trazar una comparación. Porque la transformación política, cultural y simbólica por la que atravesamos en esta década complejiza el análisis. No creo que sea adecuado medirlo a partir de la cantidad de gente que asiste a una marcha. Porque eso depende de otros factores. En esos años, la figura de femicidio no existía y la noción de feminismo no era debatida en espacios de llegada masiva. El tema no estaba instalado en la agenda mediática y muchas de las mujeres que hoy se autoperciben como feministas en aquellos años no se sentían interpeladas. No se cuestionaban su rol de género, no se preguntaban qué significa ser mujer, porque no estaba dado el clima cultural. Seguramente fue a partir de 2015 en que se fortaleció el debate, se fortaleció el movimiento de mujeres y muchas que aún no participaban en ninguna organización se sintieron convocadas por el feminismo y se organizaron. Y también hay muchas otras mujeres que no participan desde el activismo pero están presentes en las manifestaciones. Y se sumaron las adolescentes con una fuerza arrolladora, necesaria, cuestionando las instituciones, los mandatos, las crianzas, de una manera revolucionaria".

Conceptos a los que María Eugenia Iturralde agrega: "hoy hay pibas que tienen otra empatía. Que pueden contar con pares para pedir ayuda. Que tienen varias organizaciones, con diversas perspectivas a las que recurrir".

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