Edición Anterior: 10 de Febrero de 2019
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ENTREVISTA. Andrés Malamud y una mirada aguda y crítica sobre la provincia de Buenos Aires
"Nadie consigue gobernar la provincia porque está diseñada para no funcionar"
Buenos Aires acumula el 40% de la población. Es, dice el politólogo, la de mayor hipertrofia del mundo. "Sin la provincia no se puede ser presidente, pero la provincia no pone presidentes". No es una maldición que ningún gobernador llegue a la presidencia, sino que la Provincia misma los neutraliza por su propia estructura ingobernable. No tiene identidad, ni ciudadanía, ni esfera pública que represente a los bonaerenses. La única salida es dividirla en no menos de tres partes. Malamud textual.
Silvana Melo

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Sólo es posible el delirio bonaerense si se lo divide. De otra manera, seguirá siendo una masa ingobernable. Desde Alemania, el politólogo que ha adquirido un presente de culto, habló con EL POPULAR sobre el peso histórico y el maleficio que corta abruptamente las carreras políticas de los dirigentes más promisorios: la provincia de Buenos Aires. Una picadora de carne, define, inviable, campeona de la hipertrofia en el mundo, que define presidentes pero nunca los aporta.

Andrés Malamud, olavarriense, hijo de una familia radical, se ubica entre los tres politólogos de mayor prestigio en el país, fuente de consulta de propios y ajenos. Residente en Portugal, conferencista en toda Europa, tiene tan clara la Provincia como si fatigara La Matanza en sus tiempos de ocio.

-Hoy la figura de la Provincia es María Eugenia Vidal, quien apareció con toda la fuerza desde un lugar lejano al feminismo y se impuso en un territorio eternamente propio de los barones del conurbano. A tres años de mandato sigue manteniendo su mejor imagen. ¿Hasta dónde puede continuar ese tránsito antes de que la Provincia se la devore?

-En este momento las tres personas más fuertes del conurbano son mujeres: Vidal, Cristina Kirchner y Verónica Magario, la intendenta de La Matanza, el mayor municipio del país que es mucho más grande que la mayoría de las provincias.

-Entre ellas la más feminista debe ser Cristina… que nunca lo fue.

-Tardía, sí… Vidal llegó sin ser hija de nadie ni esposa de nadie. Magario y Cristina llegaron por su propio mérito pero una es hija y otra es esposa. No estoy diciendo que llegaron por esto. Ninguna llegó por las vías del feminismo. Pero fijate… los machos cabríos empiezan a aparecer a partir del cuarto puesto.

-¿Ni las mujeres, que comparten el género con la provincia, podrán gobernar Buenos Aires?

-Yo no baso mi análisis de la provincia en las personas. Lo que hace que nadie pueda gobernar bien Buenos Aires es la estructura de la provincia, la estructura interna y la relación con las demás provincias del país. No es culpa de las personas, no hago análisis de la personalidad ni del liderazgo de Scioli, Duhalde ni Vidal. La provincia representa dos paradojas en una. La primera es que es la provincia más hipertrofiada del mundo. Hay un índice de hipertrofia que yo produje y la compara con San Pablo, con California, con la mayor land (estado) de Alemania y así. Muestro que en proporción a la cantidad de provincias Buenos Aires es lejos la que está más poblada. Son 24 provincias, cada una es el 4% de la federación, que es la unión de estados. Pero Buenos Aires tiene el 40% de la población. Si uno busca en San Pablo, en California, lo que encontrás es un 12, un 20% como máximo. Uno podría naturalizar el 40% de la población en una federación de tres estados. En una de 24 significa que el 40 % vive en Buenos Aires y el 60 % vive en las otras 23 provincias.

-Entonces aparece el conurbano…

-Que es la segunda paradoja y es interna: la provincia está hipertrofiada como el brazo de un tenista, tiene un desarrollo excesivo. Es demasiado grande para el cuerpo de la Argentina. Dentro de la provincia está la hipertrofia del conurbano. En un pedacito de territorio de la provincia más extensa del país que es como Italia o como España, te encontrás a dos tercios de la población. Que miran políticamente hacia la capital y no hacia La Plata, para encontrar su ámbito de pertenencia, identidad y representación. Una provincia acéfala en ese aspecto. No hay un mercado de medios en la provincia. En la mayor parte de las provincias vos tenés el diario, o dos diarios, un canal… En la provincia no existe. Un bahiense no va a comprar un diario platense para informarse de lo que pasa en la gobernación.

-No hay una identidad…

-Ni una ciudadanía ni una esfera pública provincial, en la que los bahienses, los platenses y los olavarrienses discutan sobre las políticas provinciales. La identidad es algo que uno puede sentir o no. Pero la esfera pública nos constituye como ciudadanos. El ámbito en el que compartimos la vivencia común y decidimos juntos. Aquí hubo una ficción del Pro al llamarnos vecinos. Eso funcionaba en la ciudad autónoma. En la provincia estamos separados por mil kilómetros. No somos vecinos. Para ser presidente hace falta tener una base en la provincia. Pero fijate qué notable es que ningún gobernador de la provincia ha sido presidente. Es decir, sin la provincia no se puede ser presidente, pero la provincia no pone presidentes.

-Ante tamaña inviabilidad, se echa mano a la magia: la maldición de la provincia...

-Porque todos piensan que a ellos no les va a pasar, que ellos van a poder. Lo pensó Duhalde, cuando vio cómo fracasaba Cafiero, lo pensó Scioli , después de ver cómo había fracasado Duhalde y lo piensa María Eugenia; ella piensa que va a poder, que va a derrotar la maldición bonaerense.

-Pero Scioli podría haber sido presidente; la diferencia fue tan mínima… ¿funciona entonces la maldición?

-La maldición para mí no es sólo que no consigan el objetivo posterior, sino que dejaron una provincia en la que nadie los recuerda como buenos gobernadores. Scioli podría ser presidente pero nadie lo recordaría como un buen gobernador. Nadie consigue gobernar esa provincia porque está diseñada para no funcionar. Cada dimensión de políticas públicas está distribuida de manera diferente a todas las demás. Tenés ocho secciones electorales, doce regiones sanitarias, 19 departamentos judiciales, 25 regiones educativas, 32 jefaturas departamentales de seguridad y 135 municipios. Todo transversal, cortándose uno al otro. No hay posibilidad de coordinar por ejemplo lo judicial con la seguridad, porque las departamentales son casi el doble que los departamentos judiciales, algunos policías reportan a un juez y los del municipio de al lado, a otro.

-Quien tenga una mínima intención de gobernarla, ¿debe empezar por la policía, que a veces aparece como un poder paralelo?

-María Eugenia cree que lo está intentando, tiene un ministro de Seguridad en quien confía y que hace cosas. ¿Pero qué hicieron? Echaron policías, no mejoraron la policía, se deshicieron de unos cuantos corruptos pero la policía no es más eficiente. Lo dijo (el ministro de Economía) Hernán Lacunza en Clarín. Lo dijo de una manera que se puede interpretar racista: dijo que el problema del país es el conurbano y que si no se arregla el conurbano no se puede arreglar el país. Ni hablar de la provincia. El conurbano es ingobernable. No hay manera de resolverlo con esta estructura administrativa, llena de autoridades que se disputan el poder y no se coordinan entre sí.

-Que muchas veces definen las disputas provocando saqueos e incendios sociales…

-En política diríamos que hay muchos actores con capacidad de veto, el veto puede ser legal o ilegal. El que mencionabas es el ilegal, te mando la patota. Pero no hay capacidad de construcción conjunta. Todos pueden evitar que los demás hagan, pero nadie tiene la capacidad de hacer. La provincia no te ofrece las herramientas para que hagas, que haya buena educación y seguridad. No sólo el estado no te ofrece la seguridad, eso está estudiado: Matías Dewey explica cómo el crimen financia el estado, porque las coimas que pagan los criminales financian también la compra de herramientas fundamentales que necesitan los policías para funcionar. Es un empleo estatal que te ofrece una carrera, pero que se financia con recursos que son extraídos de manera ilegal. Porque como empleado público no te va a ir demasiado bien si sólo vivís de tu sueldo. Dewey hizo este trabajo metiéndose en La Salada y en los desarmaderos. El estado es parte del sistema delictivo en la Argentina y en la provincia de Buenos Aires, más.

-¿Es germen de corrupción y violencia que, además, Buenos Aires sea la más desigual?

-De los countries a las villas en pocos metros de distancia. Lo que vemos es que los focos de violencia que salen a la luz tienen que ver más con Rosario. Es decir que la provincia se las arregló no para ser más igualitaria sino para ser más opaca. Porque es probable que uno de los mayores centros de corrupción de la Argentina esté en La Plata. Y no hablo de la gobernación. Hablo de toda la sociedad platense. Cada vez que cae un sindicalista con yates, es platense. Y La Plata no era eso. Era una ciudad con alto nivel cultural, intelectual. Ahora produce más criminales que otra cosa. Tiene que ver con la opacidad que permite el gigantismo y la distancia. Son las dos características que tornan inviable a Buenos Aires. Es muy grande y está todo muy lejos del centro. El centro es opaco, la gente no ve qué es lo que hacen sus representantes. Todavía hoy algunas cuentas de la Legislatura siguen siendo opacas. Es muy difícil saber cómo se distribuye el dinero. Toda la administración pública está hecha para dificultar la administración eficiente.

-Entonces, ¿la provincia no tiene solución? ¿Es ingobernable y lo sufren 16 millones de habitantes?

-No creo que la maldición bonaerense sea irresoluble. La solución es obvia: dividirla. Si el conurbano se autogobernara por un lado y el interior por otro, al menos no se perjudicarían mutuamente. Y si a su vez el conurbano se dividiera en dos, quedarían tres provincias más homogéneas internamente y más equilibradas entre sí.




La crisis viene después


-¿Puede convertirse en una alternativa al macrismo el cuarteto Massa, Urtubey, Pichetto, Schiaretti, aun siendo tan parecidos a Macri?

-El cuarteto está disputando con Cristina, no con Macri. Argentina se sigue dividendo entre peronistas y no peronistas, se identifiquen como se identifiquen. Uno son los sectores populares y el otro las clases medias. Hay un porcentaje altísimo de clase media que no vota al peronismo y un porcentaje bajísimo de sectores peronistas que no vota al peronismo. Por eso el peronismo puede ser de derecha en una década y de izquierda en la otra, pero los nombres son los mismos. Estuvieron en los 90 y en los 2000.

-¿Cómo se destrama la trama?

-La respuesta está en la provincia. Los presidentes peronistas llegan de las provincias. Los no peronistas de la capital. Los gobernadores de la provincia son puestos por el presidente de la Nación: a Duhalde lo puso Menem, que era su vice. A Scioli lo puso Kirchner y era su vice. A Vidal la puso Macri, y era su vicejefa de gobierno. Hay unos patrones reiterados en la política Argentina que la tornan inteligible. Pero vos les decís esto a los dirigentes y te dicen que esta vez es diferente, a mí no me va a pasar. Y les va pasando. Se desgastan en la gestión de una provincia imposible. Y el próximo presidente termina siendo un peronista periférico o un no peronista porteño. Ahora vemos que Cristina se trasmuta, de una pinguina patagónica a una dirigente del conurbano. Con esto les aspira la base que necesitan los peronistas periféricos. Que si llegaron fue con apoyo de Buenos Aires. Menem le gana a Cafiero porque le birla a Duhalde, le entra en el territorio. Kirchner pasa a segunda vuelta y Menem se retira porque Duhalde le puso todo el apoyo de la provincia. La provincia determina el presidente pero no tiene la capacidad de hacer presidente a su gobernador.

-En este contexto, ¿qué nombres sobreviven y llegan a la final?

-Hoy, si no hay imprevisto, los que llegan primero y segundo son Macri y Cristina. El orden no lo sé. Sí está claro que una representa el pasado, el otro el presente y no hay quién represente el futuro. Y eso es muy peligroso. Cuando las sociedades se quedan sin expectativas revientan por los extremos. Es lo que estamos viendo con Trump, con Bolsonaro y tanta nueva derecha europea. No va a pasar en esta elección. Esta se define en el statu quo, por Macri o Cristina. Si gana uno de ellos y no consigue mejorar el aspecto económico, la crisis viene después.

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