Edición Anterior: 21 de Abril de 2019
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El derrotero de entablar relaciones por las redes o cara a cara en estos tiempos
La complejidad de las relaciones humanas no es de hoy ni de ayer. En todo caso, cambian las formas, las inquietudes y las herramientas de conocimiento. Desde los tiempos del boliche a las app para celular. Desde el Facebook a la militancia compartida. En una ciudad en la que los estereotipos abundan y en donde muchos optan por irse lejos o, a lo sumo, activar las aplicaciones muy lejos de Olavarría.
Claudia Rafael

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Desde los tiempos en que el hombre –siempre el hombre, obvio- cabeceaba a una mujer para sacarla a bailar (que si no era objeto de cabeceo se quedaría de plantón toda la santa noche) a estos tiempos de amor líquido han pasado ríos enteros. "Si hablamos de encuentros, hablamos de soledad. Nos encontramos porque no sabemos o porque no queremos estar solos", define Carlos Rodríguez que –más allá de ser una referencia local en luchas sociales, sexuales y de derechos humanos- se define abiertamente como "una vieja marica". De los tiempos en los que la homosexualidad era considerada digna del destierro. Y encontrar pareja "ocasional o de la otra" era una batalla callejera, cultural y política que podía terminar entre rejas. Sobre todo, durante la dictadura.

¿Cómo se encuentran los que necesitan encontrarse, por las razones que sea? Para un toco y me voy, para una relación sexo-afectiva libre y abierta, para un vínculo sexual esporádico pero con una persona con la que se tengan afinidades ideológicas. O –como definió una de las entrevistadas para esta nota, que ya ronda los sesenta y pico- para tener "un compañero que me aguante como soy. No me gusta estar sola en lo personal. Pero lo que pasa es que a esta altura ya todos tenemos nuestras mañas. Entonces más que buscar, deseo encontrar y esos verbos tienen diferente connotación".

Los ámbitos para establecer vínculos –de mayor o menor duración- tienen que ver con los propios intereses: culturales, educativos, políticos, peñas de amigos, grupos de running, de bici, laborales, profesionales. Y también están los diferentes sitios de internet. Algunos especialmente conformados dentro de Facebook para ese fin (tal como Zonacitas) y otros, aplicaciones como Tinder, Happn, Bumble, OK Cupid o Pure, entre otras.

El debate arrancó en facebook. Red social que suele albergar deseos múltiples y que sirve como herramienta para la gestación de relaciones. Algunas ven la luz. Otras, se quedan a mitad de camino. Algunas, mientras duran, son placenteras. Otras, son traumáticas y hasta violentas desde un inicio. Pero que dan para el debate –de largo o cortísimo alcance- es indudable.

Hace poco más de una semana, Natalia, de 40 años posteó: "Quiero hacer un llamado a la solidaridad sociabilística olavarriense. ¿Quiero saber dónde se encuentra escondida, guardada, la gente de nuestra edad? Con nuestra onda, del palo. Unx no quiere casamiento, ni noviazgo, quiere algún vínculo sexoafectivo tranca. De divertirse. Tomar unos drinks. Charlar. Ponéle que en algún momento viajar". Desató una larga sucesión de comentarios públicos y otros tantos por chat privado. Eso sí: no es un detalle menor que la casi absoluta totalidad son mujeres.

Entonces Natalia redobló la apuesta: "En estas reflexiones unx se pregunta también si el espacio "noche" "boliche" serían los adecuados/únicos/ legitimados para construir estos vínculos. O la pregunta tal vez sería... ¿Dónde se conoce la gente, cómo se conocen las personas?. Les que me conocen sabrán que no soy de las que se queda demasiado en casa. Es decir que circulo por muchos espacios de toda índole. Culturales /políticos/ institucionales. Y sin embargo nos veo imposibilitados de generar esas relaciones. Y también creo que socialmente construimos la legitimidad de que la "noche", la "fiesta" y el "alcohol" le da a los artilugios de seducción. Es la "vitrina urbana" de aquelles que no queremos otra cosa que compartirnos de distintas maneras".

"Si se da, bien. Si no…"

Para esta nota fueron numerosas las consultas. Y el intercambio de opiniones. La misma protagonista del puntapié inicial incluida.

"Pienso que las relaciones sexo-afectivas van mutando... como la realidad y la vida misma. Por un lado, ves más libertad, espontaneidad y, en el caso de las nuevas generaciones, mayores posibilidades de indagar y experimentar sin etiquetar, sin compromisos pero con respeto. Ves chicos y chicas hacer propio el lenguaje inclusivo desde algo muy sentido. Pero, además, sin etiquetarse ni homo ni hétero. Y por fuera de las normas impuestas, sin que estas conductas impliquen desborde ni descontrol", planteó Sandra, que pasó la barrera de los 50. En su análisis, las generaciones intermedias, de 30 y 40, siente poca posibilidad de vincularse y está como desorientada. "En mi experiencia y edad he llegado a la conclusión de que muchas de las decisiones que tomé –casamiento, matrimonio y pareja- fueron por mandato familiar. Y desde los 50 en adelante he empezado a disfrutar de mí misma. Tengo la familia y la vida que deseo y en ese sentido la pareja no es mi prioridad. Si se da, bien. Si no …yo puedo disfrutar igual".

Para Daniel, de 38, "uno de los ámbitos es el bar. Aunque no es mi caso. Y están también las redes sociales. Si una charla fluye, uno puede conocer a alguien y después de un primer encuentro continuar con un vínculo sexo-afectivo. Tengo más experiencia en eso. Básicamente yo sólo uso Facebook. La empecé a usar cuando me separé de una relación de años y sinceramente tuve que aprender bastante. Lo he usado para lo que es levante directo y creo que una vez sola me funcionó. Después he conocido mujeres chateando y cuando te ves personalmente percibís en el encuentro si hay onda o no". Cuando tenía algunos años menos, en el rango de los 20 a los 24 "iba a Pipas y en todo ese rollo que implica estar más desinhibidos por el alcohol, la música y el plan de joda, uno lograba charlar con alguien que no conocía. Pero si no siempre era alguien que ya conocía de la facultad". En la actualidad –aseguró- "los bares no me dan para el levante. Porque la música está demasiado fuerte para tener una charla fluida con alguien que no conozco".

De todos modos, y más allá de las estrategias de cada uno, "sin intentar una generalización creo que somos una generación que creció viendo cómo los lazos familiares, o sea la familia nuclear tipo, se desmembraba. Entonces muchos no mantenemos relaciones a largo plazo como puede ser en otras generaciones y andamos barrileteando a ver dónde encontramos a alguien para compartir".

Lejos de la ciudad

"Yo tengo 30 –reflejó otro de los testimonios. "Nací en Olavarría, viví allá hasta los 18 que tuve la suerte de poder irme a estudiar afuera. No me interesaba demasiado la carrera, yo solamente me quería ir de la ciudad donde sentía que mis elecciones estaban castigadas. Recuerdo ir a un montón de boliches y pegarme terribles emboles porque mis amigas se quedaban chapando con alguno y yo, por chonga, no me quería apretar a un tipo y calculo que los tipos no me querían apretar a mí tampoco. O que me pregunten constantemente qué chico me gustaba. O tener que mentir para que no sospechen de mi tortés. O ese miedo y rechazo hacia mi identidad y sexualidad".

"La primera vez que estuve con una chica no fue en Olavarría. Tampoco la segunda ni la tercera. Cuando me fui llegó el destape, entiendo que por el anonimato y porque ni bien llegué, lo primero que hice fue rodearme de tortas y putos. Pero hasta ese momento los únicos episodios sexuales que había tenido fueron algún que otro beso con algún pibe para hacerme y que no me molesten; y situaciones de abuso en gran parte de mi niñez y pre-adolescencia. En Olavarría también hay pedofilia. Todos episodios sexuales muy por fuera de mi placer. Entonces sintiendo que a nadie más le iba a gustar me sometí a relaciones. Lo conflictivo para mí no tuvo que ver tanto con mi sexualidad, si no con mi identidad, que terminó repercutiendo en mi sexualidad por lo que había entendido que los tipos son o hacen".

También desde Buenos Aires y a los 23, una joven olavarriense plantea que "a mí lo que me sucede con todo el tema de la deconstrucción es que siento que es lo mejor que te puede pasar cuando dejás que te atraviese y ahí están las respuestas y las salidas a todo esto. En la medida en que lxs olavarrienses no se deconstruyan va a seguir siendo así. La gente en la ciudad tiene muy estereotipado todo, las cosas tienen que ser de una forma y establecen relaciones en base a eso. Yo creo que la sexualidad es lo más libre y diverso que tenemos las personas, pero culturalmente nos enseñaron que tenían que ser de una forma y muchxs no pueden romper con eso: con lo establecido socialmente, con lo que se supone que tenés que hacer para ser lo más "normal" posible. Sobre todo en una ciudad donde tenés todo el tiempo un dedo juzgador sobre cada cosa que hagas".

Bailando con tu sombra

Las edades van mutando en los modos de plantarse y de encarar los vínculos. Hay generaciones enteras que han aprendido a romper con el mandato de "para toda la vida". "Los jóvenes hoy se encuentran mucho desde las redes. Y los más grandes y heterosexuales arman, por ejemplo, clubes de solos y solas. Hacen fiestas de los 80. Que tiene que ver con la nostalgia, el paso del tiempo, la conciencia de finitud. Hoy todo ocurre con mucha velocidad", analiza Carlos, la "vieja marica" del principio. En cuanto a las dimensiones urbanas de Olavarría, cuando se cree que cada quien conoce el historial sexo-afectivo de la otra parte de la ciudad "hay demasiado estereotipo. Entonces también se hace uso y abuso de conceptos como deconstruir, empoderarse. Pero sigue habiendo un mandato de masculinidad y la respuesta a ese mandato que tiene que ver con la violencia". En lo que a Carlos respecta "yo ya probé convivir con humanos y no es lo mío. Sólo puedo hacerme cargo de mi perra". Con lo cual la historia pasa por vínculos ocasionales, temporales e, inclusive, "por enamorarme en un minuto en una relación que no va a ir más allá de una larga y erótica mirada".

En el rango de los 30 avanzados, una mujer contó su propia experiencia por estos días en un espacio social de escasas dimensiones. "Es un lugar chico, te rozás con el o la de al lado todo el tiempo, pero cada una está en la suya. Estaba a un costado así que podía observar lo que pasaba. Las pibas todas solas y los pibes también, cero interacción. Cada uno bailando con su sombra por decírtelo de alguna forma". Entonces, una vez más intentó volver a descargarse Tinder. "Al igual que la otra vez, sentí que era una especie de viaje en un tren fantasma. Lo primero que me escribieron fue `¿fotos?`".




De duelos y búsquedas


"Dónde va la gente cuando… el amor duele", se interroga Natalia. "También suelo preguntarme dónde nos refugiamos aquellos que decidimos terminar una relación o bien otros nos las han cortado de raíz sin mediar deseo y decisión alguna de hacerlo. Dónde nos encontramos con "otros", que no sean los amigos que te acompañaron en el proceso del duelo post separación".

Uno de los puntos de partida para esta serie de interrogantes tiene también que ver con las características y dimensiones urbanas de Olavarría. Y por eso insiste: "¿Cómo recomenzamos a construir esos vínculos sexoafectivos en ciudades medias como la nuestra, en donde la percepción generalizada es que nos conocemos todos, que ya no hay gente piola por descubrir, que lo poco potable que vemos en este planeta tierra olavarriense, ya no está solo?".

En su caso y en muchos otros consultados para esta nota los espacios culturales son aquellos en los que desearían encontrar semejantes pero "tampoco son lugares en donde conozcamos caras e historias de vidas nuevas. Y las conocidas, son eso, conocidas. Y si no nos llamaron la atención antes, es porque no nos movilizan la libido. O sea. El panorama pinta un poco desalentador".

Quienes se atreven a activar aplicaciones creadas para encontrar pareja, suelen activarlas fuera de la ciudad. Y, cuanto más lejos o más grande la urbe, mejor.

De lo contrario –y como dijo la entrevistada "deschavando la edad"- "es un quemo".




Face y espiritualidad


Juan Carlos es comerciante y traspasó la segunda mitad de los 60. Tiene dos divorcios encima y se define paradójicamente como "un solitario que no soporta la soledad". Sus parejas de los últimos años han surgido de sus grupos de pertenencia (running y espiritualidad). Sin embargo, pudo relacionarse con mujeres de otras ciudades a través de las redes sociales. Con algunas experiencias desechables, pero de la que no se exime de una gran responsabilidad ("hay que soportarme a mí") actualmente vive en otra ciudad con una pareja que conoció a través del Facebook.

En el mismo rango etario, Mabel planteó que "es casi de librito caer en las dos páginas más en face. Hay de todo y para todo. Pero a los más grandes les agarra la onda machista: tienen todo un mambo con el tema sexo y se vuelven como impotentes mentales. Ahí te das cuenta de que en este mundo ajetreado las relaciones completas se dificultan. Es una etapa más de cariños y mimos para nosotras y para ellos, si no se les para, ya se sienten que no son hombres". En lo personal conoció a tres hombres por Zonacitas (un grupo específico de Facebook). "Es muy común que en ciudades chicas no pongan foto y usen apodo. Se conversa y si hay onda se combina una cita. Acá en Olavarría son casi todos anónimos". En esas experiencias una fue más que positiva, "llegamos a querernos mucho" y otra terminó de modo traumático. "Machista, soberbio, golpeador, pero socialmente correcto".

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