Edición Anterior: 15 de Mayo de 2019
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La Inmaculada se diferencia: "no se han incrementado los pedidos", aseguran sus voluntarias
Con demandas crecientes, las Cáritas parroquiales buscan aliviar la crisis
En su mayoría, las Cáritas confirman la tendencia denunciada la semana pasada desde la Red Solidaria Olavarría: el incremento de quienes solicitan ayuda, sobre todo alimentos, porque no llegan, se quedaron sin trabajo o perdieron la changuita que les permitía la subsistencia. Aquí, los testimonios.
Frazadas, ropa de abrigo y calzado. Pero sobre todo alimentos, y mayoritariamente leche para los más chiquitos. Esos son los pedidos que, casi cotidianamente, se repiten y van in crescendo en las Cáritas de las diferentes parroquias locales, por lo menos las consultadas por EL POPULAR para esta nota. De todas ellas, la única que se diferencia es la institución de la capilla Inmaculada Concepción, del barrio Coronel Dorrego, donde, dicen "la situación es igual desde hace 15 años" y analizan que "tal vez (la gente) requiera de otras oportunidades" que no se relacionan exclusivamente con lo económico (ver aparte).

En cambio, en Monte Viggiano, Santa Isabel y San Cayetano admiten que las necesidades son crecientes y que aumenta al mismo ritmo el número de quienes solicitan asistencia para subsistir. De allí que en la comunidad franciscana que se ubica del otro lado del arroyo Tapalqué se esté planificando una megaferia de usados que se extenderá por varios días.

Respecto de las necesidades, idéntica realidad describió la semana pasada, ante este Diario, el referente de Red Solidaria Olavarría, Ramón Leguizamón, quien salió a pedir públicamente ayuda para dar respuesta a quienes "se caen" del sistema, a raíz de quedar desocupados o superados en sus economías hogareñas por una inflación que no cede.

Pan que "vuela"

"El pan ´vuela´... ¿Cuánto repartimos? Depende del día, pero suelen ser 4 ó 5 bolsas de harina, que deben contener unos 30 kilos de pan cada una... En promedio, no son menos de 100 kilos por día", calcula "Chichí" Nardín desde la organización creada por fray Romeo Musaragno y considerada un termómetro de la realidad social. Ahí nomás, en la Cáritas pegadita al santuario de Monte Viggiano, en Dorrego al 2200, atienden a los necesitados los lunes, miércoles y viernes, entre las 8 y las 12, y entonces reparten ese alimento básico.

Allí, las dificultades generadas por una crisis socioeconómica de proporciones, se sienten cada vez más. "Gracias a Dios que tenemos la ayuda de la Municipalidad y de 4 ó 5 personas que contribuyen y con eso podemos solventar gastos, pero es mucha la necesidad que hay".

La voluntaria admite que "son muchos los que están en situación de calle; numerosa la gente ´nueva´ que llega desde distintos puntos de la ciudad; gente que vive de changas, que está sin trabajo" y que "nosotros tratamos de ayudar como podemos, porque a los alimentos, que ya son un requerimiento en sí mismo, ahora con la llegada del frío se suman el abrigo, las mantas y frazadas".

"Estoy sola con los chicos y la comida no me alcanza" tal vez sea una de las frases más escuchadas en ese recinto contiguo al templo, donde cada jornada de atención arranca con un desayuno calentito para quienes no poseen un hogar y aprovechan el lugar también para tomar un baño reparador, o los que llegan a buscar el pan, sumándole a veces "los menudos de pollo, los fideos y el tomate para elaborar un guisito, por lo menos".

Cáritas Monte Viggiano asiste con una bolsa mensual conteniendo alimentos a 108 familias. Sin embargo, "todos los días tenemos 4, 5 y hasta 10 persona pidiendo comida. Y si bien hay 8 Cáritas en Olavarría, y estamos divididos por sectores, siempre hay gente que viene de otro lado, diciendo que no tienen ese día para hacer la comida. Y dentro de nuestras posibilidades, los estamos atendiendo a todos; claro que tenemos gente que nos ayuda, que, como dice el lema, nos ayuda para ayudar", admite Nardín, conociendo que las condiciones de necesidades crecientes se perciben también en otras instituciones hermanas.

¿De dónde llegan quienes piden ayuda? "Vienen mujeres caminando, con uno o dos hijos de la mano, o llegan en bicicleta, desde más allá de la avenida La Rioja, desde los Palos de Colores", describe Nardín.

Lo cierto es que para recolectar fondos que permitan aliviar de alguna manera tantas necesidades, organizan una megaferia que se prolongará a lo largo de cuatro jornadas, entre el 21 y el 24 del corriente inclusive entre las 14.30 y las 18.30. Será en el salón de la capilla San Isabel, en Buchardo y Pourtalé, donde se ofrecerán ropa usada en muy buen estado, calzado y accesorios destinada a recaudar fondos para adquirir alimentos, que luego serán repartidos entre los cuatro entidades que dependen de la parroquia San Francisco.

"Nosotros no recibimos más ayuda que el subsidio mensual de la Municipalidad", encuadrará Lidia Spínola, precisamente desde Cáritas Santa Isabel. Allí contabilizan 60 familias a las que asisten mensualmente, aunque las planillas denuncian un centenar, porque van sumando "gente nueva, gente que viene a pedir porque no llega a darle de comer a los chicos, gente sin trabajo, a la que ya no le dan esa changuita con la que compraba el pan, que encima ahora se fue a 75 pesos", una suma que parece inalcanzable para muchos.

"No damos abasto. El año pasado terminamos ´a gatas´ con la mercadería, y pensamos que éste no íbamos a entregar comestibles. Pudimos arrancar porque la Municipalidad nos facilitó algo y vamos recolectando como podemos, con la venta de ropa que realizamos los miércoles desde las 15. Antes poníamos dinero de nuestros bolsillos, pero ahora, con jubilaciones de 10 mil pesos, tampoco nos lo podemos permitir. Y después de la bolsa, son muchos los que vienen para reponer, para reforzar alimentos" los lunes y jueves, cuando se atiende en el horario de 14.30 a 17.

Tender la mano

"La ropa, de la que realizamos dos entregas al año, no es un problema. Lo que se nos está complicando es el tema alimentos, porque las donaciones no son suficientes y entonces, hacemos lo que podemos", describe Roberto Vigneau desde Cáritas San Cayetano, la tradicional parroquia del barrio CECO.

Lo cierto es que esta institución se administra "con un sistema de monitoreo periódico a cargo de asistentes sociales que visitan a las familias a las que les otorgamos un carnet". En la actualidad, son 65 los grupos familiares incorporados, con un mínimo de 5 personas cada uno, a los que se les entrega "una bolsita con lo que podemos armar, por mes".

Eso, "más lo que sale en el día a día", ya que la entidad, localizada en uno de los laterales del templo parroquial, abre sus puertas de lunes a viernes, entre las 14 y las 16. Entonces, "se atiende lo que sea, y no es que nosotros solucionamos el problema (de cada uno que llega a pedir alimentos), pero mientras hay se les suministra... lo que hay, aunque sea un paquetito de yerba".

Como en la otra punta de la ciudad, muchas son caras nuevas, que por primera vez se codean con la realidad de quienes ya no disponen de un ingreso mensual. "Lo que más piden es leche, que es casi lo más caro", o por lo menos lo que pegó un salto inconcebible en sus costos. Y en San Cayetano terminan optando por entregar leche en polvo, algo que algunos cuestan porque prefieren la leche fresca. "No saben -ilustrará dolorosamente Vigneau- que algunos ni siquiera tienen heladera... Entonces esta es la forma en que la vayan preparando día a día".

Aquí también, las donaciones de ropa permiten recaudar fondos destinados a alimentos, que se adquieren en los mayoristas, con descuentos especiales. "Tenemos un tallercito de reciclado de ropa. Y hay muchas prendas que son de fiesta o abrigos más sofisticados, mientras que la gente a la que asistimos busca algo más simple, que terminamos acomodando para ofrecerla a la venta en un local céntrico que nos cedieron, en Sargento Cabral entre Rivadavia y Moreno, donde atendemos los jueves entre las 14 y las 18", cuenta el voluntario.

Vigneau pasó en esta Cáritas la crisis del 2001, fue catequista y se mantiene como ministro de la Eucaristía en la parroquia del barrio CECO. "Este es un momento de crisis, pero cuando no hay crisis también hay necesidades. Ahora se siente más, pero en realidad, el pobre existe siempre. Y hay que patear la calle para conocer el dolor, el hacinamiento en que viven, padres, hijos, nietos y hasta amigos a los que amparan... Hay quienes quieren conversar, contar sus problemas. A veces nos preguntamos si esto vale la pena si no se alcanzan soluciones. Porque son muchos los que viven la misma realidad a través de generaciones y, por fortuna, otros a los que uno les da una manito y van saliendo solos de la crisis... Entonces, no hay que perder la confianza y seguir luchando, tender una mano, mantener una charla... una ayuda de esa naturaleza también viene bien", finaliza.


Sin variaciones

"Para nosotras, hace 15 años que (el escenario) sigue siendo exactamente igual. No ha variado nada. Como Cáritas de la Inmaculada, el viernes pasado entregamos las bolsas conteniendo ocho productos, a las 55 familias a las que asistimos. Nos quedaron 15 y pensamos que iban a retirarlas al día siguiente, el sábado, cuando los chicos van a desayunar. Pero no fue así. Apenas se llevaron dos y aquí están esperando las otras 13", describieron Mabel Marchetti y Betty Maceo, encargada y coordinadora de la institución afincada en Necochea y 17, en el barrio Coronel Dorrego.

"Por eso decimos que aquí no ha variado nada, no se ha incrementado la gente que pide ayuda. El sábado recibimos a 45 chicos, exactamente el mismo número desde hace 15 años. Y nunca vienen todos", describieron.

Es cierto que aquí "hemos tenido muchísima ayuda de la gente, y sumamos mucho cada 19, en la misa de San Expedito, además del subsidio municipal. Pero si nos quedan 13 bolsas de alimentos, ¿no será que a veces la gente necesita también otras cosas, otra clase de ayuda, de escucha acerca de problemas de drogadicción, de pareja, de la vida misma. Eso sin pensar ni siquiera en política, en grietas, en Cristina o en Macri, sino hablando como Cárotas de una institución católica: no notamos que haya desesperación por comida". Y como en el caso de Vigneau, en la Inmaculada se plantean "hasta dónde llegamos con nuestra labor", si esta no provoca cambios significativos en la vida de los asistidos, más allá de los gobiernos de turno.

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