Edición Anterior: 26 de Mayo de 2019
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Habla Sandra Mayol, intendenta de San Miguel del Monte, tras la muerte, por responsabilidad policial, de cuatro chicos y las graves heridas a otra
"No mueren por un disparo, pero sí por la responsabilidad de la policía"
A menos de una semana de la muerte violenta de cuatro chicos y las graves heridas a otra por responsabilidad policial habló, en entrevista con EL POPULAR la intendenta de San Miguel del Monte. Exactamente la mitad de los efectivos del pueblo fue desplazado y, de ellos, hay 8 que están detenidos.
Claudia Rafael

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Nacida y criada en San Miguel del Monte, Sandra Mayol llegó a la intendencia desde el massismo en diciembre de 2015. Para un pueblo de 24.000 habitantes, que llega casi a los 30.000 durante las visitas a la laguna en fines de semana turísticos, la muerte de tres chicos de 13 y 14 años y de un joven de 22 más el gravísimo estado de otra nena de 13 fue algo así como un sismo. En un hecho que no fue un accidente desde ningún punto de vista. Y que deja al desnudo un entramado policial que se está llevando puesto –hasta ahora- al 50 por ciento de los efectivos que tenía la localidad. Algunos, de alto rango.

La intendenta de este pueblo que vive mayormente de la agroganadería habló con esta periodista tras la muerte de Aníbal Suárez, de 22 años; Gonzalo Domínguez, de 14; Danilo Sansone, de 14 y Camila López, de 13. Y las graves heridas a Rocío Quagliariello, también de 13 años, que permanece internada en el Hospital El Cruce, de Florencio Varela. "Acá hubo una intencionalidad. Y se va a determinar cuando terminen las pericias cómo ocurrió todo. No mueren por un disparo, pero sí mueren por la responsabilidad de la policía", aseguró Sandra Mayol.

-¿Cómo impactó y cómo sigue impactando en una localidad chica como Monte todo lo que se vivió esta semana? Imagino que son muchas las cosas que se quiebran…

-La nuestra es una comunidad muy tranquila, de 24.000 habitantes, donde los ruidos son los normales de todos los días; el silencio por la mañana mientras los chicos van a la escuela, el regreso del ruido a la calle cuando ellos están saliendo… Hay, como en todos lados, algunas situaciones no deseadas. Delitos menores como el robo de bicicletas, de televisores, porque no escapamos a la realidad de otros pueblos. Pero nos conocemos, nos hablamos, pretendemos que el policía sea el solidario al que uno llama, el que está atento al cuidado. Y en medio de esas sensaciones irrumpe todo esto que nos atraviesa. Primero desde el dolor inmenso de la pérdida de cuatro jóvenes. Un adolescente y tres criaturas, porque a los 13 y los 14 son muy chiquitos. Y Rocío, que sigue peleando por su vida. Entonces hay mucho dolor. Yo soy mamá, tengo 5 hijos que ya son más grandes, pero que han vivido esa realidad de poder disfrutar del pueblo con tranquilidad, de ir a la escuela solos, que vuelvan. Pero esa percepción cambió totalmente, por lo menos en estos momentos de tremendo dolor, porque obviamente nunca esperaron que quien nos cuidara tuviera esa agresión, esa actitud de matar. Porque más allá de los tiros, que es gravísimo, la consecuencia de chocar y generar la muerte de cuatro personas y tener a otra muy grave tiene que ver con una acción directa de la policía. Entonces es muy difícil recuperar la tranquilidad y demostrarle o pedirle al pueblo que confíe.

-Por un lado, el hecho en sí mismo. Pero además, toda la puesta en escena posterior para encubrir lo que ellos mismos habían generado…

-Yo estoy convencida de que hay gente buena y gente mala. Y, de la misma manera, hay policías buenos y malos. En el caso de la familia Sansone, el tío de Danilo es policía. Un policía que vive y trabaja en Monte, que lleva su uniforme. Entonces cómo le decimos a esa familia que toda la policía es mala. Ellos no lo comprenden así, pero claramente quien era compañero de su tío también le arrebató la vida a Danilo. Es muy difícil todo esto. Yo hablo con el ministro (de Seguridad) desde el primer día. Este dolor es inmenso y si bien la policía depende del Ministerio de Seguridad es gente que trabaja aquí; la seguridad en el distrito la tenemos que hacer entre todos y por eso tenemos el sistema de monitoreo más todo lo que apoya el municipio. Pero tenemos que traer gente confiable, gente que sea amigable. Y hoy va a ser muy difícil con todo el que venga hasta que la gente no lo conozca. Saber reconocer si es buen o mal policía porque ya hay una demostración de desconfianza que provocó la gente que actuó de esta manera tan criminal.

-Usted habla de que no va a haber confianza hasta que no los conozcan. Pero los que generaron todo lo que derivó en las muertes de los chicos vivían en Monte y ya eran parte de la comunidad, fuesen o no nativos de la localidad.

-Los que estaban cumpliendo servicios no eran originarios de aquí. Monte, como cualquier ciudad del interior, tiene la particularidad de que los agentes que vienen, llegan de cualquier punto, desde donde los manda el ministerio. Y yo siempre pido que sean de aquí pero el ministerio va mandando según lo creen conveniente. Pero saber que es un policía de tu distrito implica que conoce a las familias. Lo que no te asegura es que sean buenas o malas personas porque, vuelvo a lo mismo, hay buenas y malas personas, entonces hay buenos y malos policías.

-¿Cómo se enteró de todo y cómo lo vivió?

-A la una y cuarto de la mañana recibo un llamado del subsecretario de Seguridad Municipal y de mi hermana, que es secretaria de Administración y me dicen que había habido lo que hasta ese momento se suponía un accidente fatal. Que había menores involucrados pero todavía no sabíamos si estaban muertos o no. Y que había habido una persecución policial porque al subsecretario ya le había llegado esa novedad. Nos reunimos en el municipio con el secretario de Desarrollo y nos fuimos al hospital a ver qué pasaba, qué novedades había. Vimos a las familias y ahí nos encontramos con la triste realidad del fallecimiento de Danilo. Estuvimos con su papá, Juan Carlos, afuera y obviamente la familia estaba toda destrozada. Llegó Susana Ríos momentos después, mamá de Gonzalo, empleada municipal, amiga y compañera de toda la vida. Omar, su papá, también es empleado municipal. Es que acá nos conocemos todos. Y también me encuentro con Fabián, el abuelo de Camila López. Y a su mamá la estaban atendiendo en ese momento en medio de una descompensación nerviosa… Era todo muy, muy triste. Era muy tremenda la imagen porque uno quería contener sobre algo de lo que no tenía ninguna explicación. A Gonzalo lo tuvo que reconocer su mamá porque no tenía el documento encima y los amiguitos decían que debería estar ahí. A Rocío ya la habían trasladado a un nosocomio de mayor complejidad. Y de Aníbal Suárez, que tenía su documento, como no era oriundo de Monte se tardó en localizar a un tío, que era la referencia que alguien aportó. Ese fue mi primer encuentro con las familias y me quedé hasta las 6 de la mañana en que llegó el camión de la morguera para llevar los cuerpos a hacer la autopsia y conocer las causales de muerte. Me vine al Municipio y luego apareció Fabián, el abuelo de Camila, y relató que le habían contado de tiros que se habían escuchado. A partir de ahí empezó otra historia que tiene que ver con comenzar a descubrir la verdad.

-¿Cómo se rearma usted para el cambio de historia y pasar a un hecho de carácter doloso?

-Sí, por supuesto, eso hay que remarcarlo. Acá hubo una intencionalidad. Y se va a determinar cuando terminen las pericias cómo ocurrió todo. No mueren por un disparo, pero sí mueren por la responsabilidad de la policía. Y ¿cómo me rearmo?... estando cerca de las familias, manteniendo ese lazo, porque no lo hemos perdido con ellos. Hacer todo lo posible para que el pueblo esté unido y que entre todos sigamos brindando, mas allá de la contención, las pruebas. Si es que queda alguna para aportar sobre todo lo que pasó. Pero además lograr justicia porque es lo único que le va a dar a las familias algo de calma o no sé si se puede llamar así, porque el dolor es inmenso y no es fácil recuperarse de esta pérdida. Yo me rearmo desde el lugar de estar cerca, de seguir peleando con mi pueblo. Y logrando que se restablezca la paz con una policía que pueda demostrar que es seria. Eso es lo que hablé con el ministro y me vuelvo a reunir la semana próxima. Ya hay policías que han tomado los lugares, pero el pueblo, como te decía, los tiene que conocer y empezar a establecer estos lazos de confianza.

-Lo que ocurrió no sólo genera dolor sino también mucho enojo. ¿Sintió en algún momento que corrió el riesgo de que ese enojo se volcara hacia usted como cabeza del poder político de Monte?

-El dolor es muy grande. Pero las familias jamás me reclamaron ni reprocharon nada a mí. Pero sí te puedo decir que en las primeras horas el pueblo estaba enojado y no había manera de hablar demasiado desde nuestro lugar. Pero la manera de demostrar el acompañamiento y la búsqueda de la verdad era trabajando y eso es lo que he hecho yo hasta el momento. Mi preocupación ha sido la de estar muy cerca de la gente. Y también es muy fuerte porque en medio puede haber gente que quiere hacer daño. O utilizar políticamente un hecho que no tiene nada que ver con lo político sino con una mala acción. Con un delito grave que cometen las fuerzas de seguridad.

-Y estamos, además, muy cerca de las elecciones…

-No quiero entrar en detalles pero uno revisa los portales y tengo la solidaridad de la gente común de mi pueblo. Obviamente que hay quienes adhieren más a lo que una piensa y quienes no. Pero no voy a permitir que hagan política con la muerte de cuatro chicos, con la salud de una criatura que está grave.

-Monte tiene 24.000 habitantes. ¿Cuántos policías hay?

-Teníamos alrededor de 7 por turno. Y la verdad es que siempre nos quedamos cortos. Ingresaron hace pocos meses 12 policías más. Y entre los que teníamos estaban estos pocos malos. Entonces lo que necesitamos no es cantidad sino calidad y que el pueblo se sienta protegido.

-Pero, en total, insisto: ¿qué cantidad de efectivos tienen?

-Teníamos alrededor de 30 efectivos. A la fecha, bueno… hay algunos que ya no van a quedar acá.

-Es decir, que proporcionalmente la mitad, de una manera u otra, estuvo involucrado en la muerte de los chicos…

-Sí, por supuesto.

-¿Cómo se entiende eso?

-Lo va a tener que explicar la policía. Porque la operatividad la explica la policía.

-Hablamos de tres móviles involucrados y de todo un aparato destinado al encubrimiento.

-Todas esas preguntas tengo yo. Pero no soy quien tiene las respuestas.

-Entonces: ¿qué preguntas se está haciendo?

-Las preguntas las estoy haciendo a la Justicia y al Ministerio. Acá lo que se ve por las cámaras en principio es un móvil en una persecución. Que podría ser o no real hasta que ves todas las imágenes desarrolladas. Vemos otros móviles que vienen más lejos. Los lugares del hecho después cuentan otra cosa que no son las de las cámaras. Y de eso va a tener que responder el Ministerio a través de su autoridad. De hecho, ya el ministerio sacó a autoridades con mucha responsabilidad por encima de la comisaría de Monte, que son los que tienen que responder. La distribución del operativo que ellos determinan para nuestra ciudad.

-¿Qué sabe acerca de la denuncia de intentar acallar al camionero?

-Lo que pasó lo va a decir la Justicia. Nunca vi al señor. Lo que sé son los trascendidos que vos conocés. Ya declaró en sede judicial, no sé lo que relató pero sí sé que es un testigo clave.

-¿Cómo cree que va a continuar la vida después de esto para la sociedad de Monte?

-Acá hemos tenido accidentes fatales en nuestra comunidad que han dejado dolores inmensos pero esto es otra cosa. Algo totalmente distinto. Hace tres años tuvimos en la ruta 215 un terrible accidente en el que dejaron la vida tres adolescentes nuestros. Perder vidas es algo dolorosísimo. Pero el modo en que se llega a cada dolor es completamente diferente. Esto fue provocado por las fuerzas de seguridad. Entonces el cómo se sigue va a depender de otros factores. El ministro se ha comprometido a analizar la policía, trabajar sobre la realidad social del distrito e inclusive empezar a trabajar de un modo pausado. Porque a los mismos vecinos ahora no les va a gustar ni siquiera que los paren en un control de tránsito para pedirles documentos porque todo les va a llamar la atención. Va a haber que tener mucha delicadeza en cómo continuar pero eso no significa tampoco liberar las calles. El equilibrio es lo más difícil. Porque va a haber que canalizar la angustia de nuestra ciudadanía pero teniendo seguridad a través del trabajo con gente responsable.


Una radiografía perversa y dolorosa

Lo dijo la propia intendenta de San Miguel del Monte. Tenían 30 policías para 24.000 habitantes. Y ya son 15 los desplazados. Algunos –lo reconoció la propia Sandra Mayol- de alto rango y responsabilidad. Son 8 los detenidos. Es una radiografía de un sistema securitario perverso. Policías que disparan a matar y generan la muerte violenta de un grupo de chicos. Y policías que tejen un entramado destinado a encubrir, tapar y justificar. Rodolfo Walsh definió a la policía en los años 60 como la secta del gatillo alegre pero a la vez como la logia de los dedos en la lata. Y no es novedoso. Nada parece cambiar a lo largo de la historia. A mediados del siglo XIX era la policía la que a las claras y desembozadamente manejaba todos los hilos de la trata de mujeres para la explotación sexual, como queda al desnudo en "Tmeiim: los judíos impuros. Historia de la Zwi Migdal".

Esta provincia sabe de masacres varias en manos de la Bonaerense. Y los jóvenes, sobre todo de sectores vulnerados, han sido su predilección. Hubo demasiadas historias que desnudaron las telarañas de la crueldad: el crimen de Candela Sol Rodríguez; la desaparición y homicidio de Luciano Arruga (empujado por la policía a correr descalzo por la General Paz hasta que lo atropellaron), entre tantos otros.

Mañana se cumplirá una semana de la masacre de Monte. En donde cuatro chicos (una nena de 13 y dos nenes de 14 y un joven de 22, todos muertos, más otra nena de 13 herida de gravedad) fueron la presa de caza de un grupo de policías que demostraron, como mínimo, una formación deficiente y una carga de violencia inusitada. Con aval político, por lo menos, desde el ministerio de Seguridad de la Nación.

Una nena y las familias de cuatro chicos necesitan imperiosamente justicia. Porque las vidas perdidas se diluyeron definitivamente en una historia que no tiene vuelta atrás.

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