Edición Anterior: 15 de Septiembre de 2019
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Son cinco unidades productivas que forman parte del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en Olavarría
Producen alimentos, trabajan en la informalidad y hace 2 años se unieron para hacer frente a la crisis
Se unieron hace dos años. Producen y comercializan desde carne avícola, productos apícolas, de huerta y plantines. Hacen hincapié en lo natural, en artículos sin conservantes, de calidad y precio. Se organizaron para que la crisis los encuentre con más fortaleza. Son trabajadores informales, sin acceso al crédito, sin un sueldo fijo, pero destacan que -por su actividad- tienen el alimento asegurado.
Julieta Portillo

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Saben que unidos es todo más fácil y que el camino es trabajar juntos, coordinados y organizados. En Olavarría son varios los pequeños productores rurales que buscan su sustento desde la informalidad y que decidieron hacer frente a la crisis en forma conjunta. Agrupados en el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) desde hace dos años, formaron cinco unidades productivas, crearon una red de producción y comercialización y una red de consumidores responsables.

Ellos sobreviven como pueden, con ingresos de entre 10 y 15 mil pesos mensuales, más unos 7 mil para quienes tienen un plan social se las rebuscan apenas para comprar algunos insumos alternativos (no convencionales) y así sostener el emprendimiento. Pertenecen a la economía informal, sin acceso al crédito, sin un sueldo fijo. Sin embargo, destacan que los diferencia de otras organizaciones sociales la posibilidad de tener el alimento que es uno de los sustentos básico de cualquier persona. El mes pasado, estos productores informales impulsaron el "verdurazo" que se realizó en nuestra ciudad, en los barrios Belén y Nicolás Avellaneda; entregando en pocos minutos más de 400 kilos de verdura y 40 kilos de pan.

Carne avícola, productos apícolas, productos de huerta y plantines forman parte de la producción que este grupo de olavarrienses mantiene con mucho esfuerzo y largas horas de trabajo. Hacen hincapié en lo natural, en artículos sin conservantes, de calidad y precio.

El MTE es un movimiento social que no cuenta con personería jurídica, pero que se nuclea a través de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular). Enrique Hohl es uno de quienes integran esta organización y habló con EL POPULAR sobre qué los llevó a unirse, cómo es la vida de cada uno de esos productores, las trabas con las que se encuentran día tras día y el reclamo común en todos para que haya políticas públicas destinadas al sector de la economía informal.

Economía popular

Los trabajadores excluidos no suelen acaparar las miradas, ni en tiempos de bonanzas ni en épocas de crisis. "No tenemos visibilidad", asume Enrique. Y expone claramente que "ahora todos hablan de la suba o la baja del dólar, de las tasas de interés, de los salarios desfasados respecto de la inflación y de los bonos que tienen que cobrar los empleados para alivianar un poco la pérdida de poder adquisitivo; pero nadie habla de nosotros, de nuestra situación: quedamos fuera del sistema formal, no accedemos al crédito, no tuvimos nunca una recomposición salarial porque no tenemos salario; y acá estamos".

La situación no es sencilla, pero lo cierto es que muchos de estos trabajadores pasaron a la informalidad cuando la actual gestión de Gobierno dio de baja el monotributo social. Ahora, "ser monotributista insume 2 o 3 mil pesos de costos mensuales que tenemos que sumarle a la producción y realmente nos resulta imposible poder hacerlo".

Para Enrique "hay un nivel de exclusión en la economía popular que es muy importante y que tiene que estar organizada porque es una economía local pujante que puede generar empleo".

Hace 8 años, Enrique decidió darle un nuevo rumbo a su vida. Vendió una casa que tenía para comprar lo que hoy está su chacra, en Sarmiento 5551, su fuente productora de alimentos que siembra y cosecha para vender. Así empezó en este camino de sostenerse económicamente con su trabajo en la tierra. Pero no quiso hacerlo solo, sino en unión con otros productores informales que estaban en su misma situación.

"Solo era imposible", dice ahora, dos años después de integrarse a este movimiento social que recibe a cada vez más trabajadores. "Había que ampliar el circuito, había que unirse con otros pequeños productores". Fue la militancia en partidos políticos y organizaciones sociales lo que lo llevó a encontrar un espacio "que nos diera herramientas para poder organizarnos. Nosotros no sabíamos cómo hacerlo, no teníamos formación para eso entonces cuando apareció el Movimiento nos interesó", cuenta.

Es que el problema, cuando se trabajaba en solitario, "no era el productivo", analiza Enrique. La principal traba pasaba por la desorganización. "Necesitábamos poder mostrar nuestros productos de otra manera, saber venderlos porque las verduras nuestras no tienen la presentación que pueden tener en cualquier comercio. No está fumigada ni lavada, tampoco tiene la cera que le da brillo. A eso se suma que cuando la verdura no es de estación, obviamente que no la tenemos para comercializar. Ahora yo, por ejemplo, no tengo tomate".

Faltaba entonces ese eslabón de la cadena que permitiera que aquello que producen llegara con mayor facilidad a la gente. "Lo que teníamos eran problemas en la comercialización. Con la cooperativa logramos enganchar lo productivo con la venta. Además, tenemos la red de consumidores responsables y así logramos armar un circuito que nos beneficia a todos, ofreciendo productos naturales, de calidad y a buen precio".

Unidades de producción

Hace 24 meses que comenzó la tarea de organizar a trabajadores "que no tienen patrón y que trabajan en la informalidad". Así, el MTE empezó a nuclear a dos ramas de la economía popular. Una es la cooperativa de cartoneros "Viento en contra", quienes incluso lograron llevar adelante convenios con el Municipio para llevar adelante su tarea.

La otra rama nuclea a pequeños productores de alimentos. Dentro de esta rama hay cinco unidades productivas. Una de ellas es la de Enrique, un emprendimiento de su familia que se llama "Tu lugar" que encontró el camino montando una chacra agro-ecológica combinada. Allí se producen productos avícolas, de huerta y de abejas.

El circuito se completa con dos unidades productivas de horticultura y una de bio-insumos, insumos para cultivos hechos naturalmente. Además, nuclea a 2 de las 14 quintas de productores bolivianos que se asentaron en nuestra ciudad y que son también trabajadores de la economía popular.

"Así nos organizamos para darle una salida a través de lo asociativo o de cooperativas. Los cartoneros le prestan servicio al Estado y en lo rural formamos una cooperativa de producción y comercialización de alimentos integrados con mujeres. Ellas revenden nuestros productos o los adquieren como materia primas para elaborar sus propios productos y comercializarlos".

Estar organizados no solo les permite generar entre todos un circuito de producción y comercialización. En este movimiento social se ayudan entre todos, incluso se organizar para comprar los insumos necesarios para trabajar en forma conjunta. Así, desde la informalidad, van generando espacios, van abriendo caminos, adquiriendo visibilidad y compartiendo también realidades comunes.


Historias

En "Tu lugar", la chacra de Enrique, trabajan cinco personas y viven dos familias, "mi compañera, mis hijos y yo" y otro compañero que se hizo una casa de barro en una porción de la tierra. Además, dos pequeños productores de alimento se sumas también al trabajo diario.

Las jornadas empiezan bien temprano. "Nos levantamos y hay que alimentar a las gallinas, a los animales, revisar la colmena y empezar a trabajar la tierra: cosechar y sembrar. Además nos traen plantines para plantar acá", cuenta este pequeño productor rural.

En "Nabi Noha", tal es el nombre de la unidad productiva que fabrica insumos naturales para curar y abonar las plantas se desempeñan "cuatro compañeros que vienen de la institucionalización". Son chicos que durante su adolescencia vivieron en granjas y comunidades terapéuticas y que aprendieron el oficio de trabajar en huertas.

Otra de estas unidades productivas se ubica en un campo a 50 kilómetros del casco urbano. Allí se elabora leche de campo, quesos y salame, aunque "esas cosas las comercializamos a muy pequeña escala, hacia adentro".

"La Angélica" es una quinta convencional trabajada por cuatro familias de bolivianos. En total, son 12 personas las que trabajan allí.

"La particularidad de ser migrantes es que es otra cultura y el Estado no tiene herramientas para abordarlos. Todos trabajan en negro, pero son emprendimientos grandes que generan mayores ganancias y acceden a más insumos que cualquier otro pequeño productor".


No convencionales

En las unidades productivas de la rama rural del MTE se trabaja con insumos no convencionales que reemplazan a los tradicionales que, además de estar a valor dólar no ofrece una alternativa que cuide el medio ambiente.

"Los insumos importados son totalmente inaccesibles, pero la verdura se vende en pesos", ejemplifica Enrique para dar cuenta de la enorme brecha que existe entre los ingresos y los egresos si se optara por esta opción, aunque aclara que en las quintas bolivianas la elección siempre va por aquellos insumos dolarizados.

En las restantes unidades productivas "fomentamos otro tipo de producción y reemplazamos insumos por otros más económicos y también más sanos para el ambiente. Lo que no se reemplaza es el riego y en algunas no existe el invernadero. Es que "un rollo de nylon cuesta 22 mil pesos, para reunir ese dinero como movimiento se nos hace imposible porque necesitaríamos más de un rollo para cubrir todas las unidades productivas"

Entre los insumos que sufrieron una gran escalada en sus precios figura también el maíz que en 2015 se cotizaba a 1 peso el kilo y ahora se ubica en los $10, por lo que "tuvimos un aumento del 1.000%". Con la luz sucedió algo similar, "en 2015 pagábamos 100 pesos y ahora 1.200 pesos. Y esos aumentos no los podemos trasladar a los productos".


"Madre tierra"

Son mujeres que revenden lo que producen en las unidades productivas rurales de la economía popular. Se nuclearon bajo el nombre de "Madre tierra". Impulsado por el MTE, es un organismo autónomo que funciona como cooperativa.

Pueden revender lo producido de las distintas unidades o adquirir esos productos como materia prima y elaborar así sus propios alimentos que luego también comercializan. "Esa cooperativa nos sirve para ubicar nuestros productos primarios o que ellas realicen su propia elaboración para luego venderla".

Se trata de una cooperativa de alimentos que nació también como una posibilidad de "darle pelea a la crisis económica y con la convicción de que la salida es colectiva (y no individual)", anunciaron quienes conforman el MTE apenas hace un mes.

Así, ofrecen sus productos todas las semanas para que además haya una compra sin intermediarios El 18 de agosto comenzó la primera toma de pedidos y el 24 de ese mes se concretó la primera entrega. Hubo panificados varios (dulces y salados), elaboraciones con semillas y frutos secos, bebidas saludables, comidas listas para hornear y verduras agroecológicas, entre otras propuestas.

Además, "vendemos a particulares en una red de consumidores responsables que logramos hacer. Apuntamos a un público que tiene cierto poder adquisitivo que no es el nuestro y que prioriza una alimentación sana. Eso hace que todas las semanas nos compren los mismos productos. Si el consumidor es responsable, logramos trabajar en la recuperación ambiental porque todo lo que sirve para llevarse los productos es devuelto: desde maples de huevos hasta bandejas reutilizables y frascos de plástico. Todo lo volvemos a usar, de lo contrario serían insumos que tendríamos que comprar".

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