Edición Anterior: 15 de Diciembre de 2019
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Las doctoras en Comunicación Mónica Cohendoz y María Eugenia Iturralde analizan la época
Las redes y la construcción del enemigo en tiempos de una sociedad fisurada
Los medios de comunicación, las redes y las fisuras de una sociedad enmarañada en procesos históricos generadores de odios y lógicas irracionales. El regreso del peronismo, la reacción de quienes se retiran, las dirigencias y las señales hacia una sociedad permeable a gestos insensatos. Mónica Cohendoz y María Eugenia Iturralde, docentes y académicas, piensan una época de vasta complejidad.
Silvana Melo

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"Si alguna vez refugiaron nazis, por qué no habrían de abrazarse con dictadores y asesinos del siglo xxi?". El tweet de Laura Alonso (textual con los errores intactos) inauguraba el segundo día de gobierno de Alberto Fernández y la llegada de Evo Morales al país en calidad de refugiado. Laura Alonso, flamante ex titular de la Oficina Anticorrupción, virgen de investigar a los funcionarios de su gobierno y procesada junto a uno de los que se negó a escudriñar en sus incompatibilidades: Juan José Aranguren. A dos días de un discurso presidencial que llamó a saltar los muros del odio y del rencor, cargado de un fastix político tendiente a cerrar todas las grietas posibles en una sociedad fisurada en varias partes, con gestos poblados de abrazos con el presidente saliente, Alonso, como emblema de antípodas, twittea impunemente, despertando el debate sobre nazismo y peronismo, llamando nazi a un gobernante latinoamericano democrático, exitoso y víctima de un golpe de estado y banalizando el peor genocidio de la historia de la humanidad. Una pincelada del odio y del desprecio que serpentea por la sociedad argentina, entre las dirigencias, los medios, las redes sociales y el adn nacional. Mónica Cohendoz y María Eugenia Iturralde, doctoras en Comunicación y docentes de la Facultad de Ciencias Sociales ayudan a pensar este tiempo de profunda complejidad.

"Se trata de síntomas de cuestiones históricas de la Argentina. Lo que se manifiesta en las redes respecto de lo político tiene que ver con una matriz de violencia social inscripta en el proceso colonial latinoamericano", analiza Cohendoz. Esa matriz "en la Argentina no es nueva; lo nuevo son los escenarios en los que se manifiesta un síntoma ideológico, un síntoma porque aparece como algo excesivo de una ideología de base conservadora que no quiere la transformación social". Ese síntoma "que aparece como violento, es lo que se llama en sociología pánico moral" y deja en claro que "el que se manifiesta en forma distinta es un enemigo". Entonces ese enemigo "se construye políticamente para un combate ideológico. La construcción de un enemigo es fundamental en momentos en que se dirime el poder político".

Sólo hacen falta dos o tres ejemplos tomados al azar de ex funcionarios o bien adherentes furibundos del gobierno saliente para asistir a esa construcción. El cineasta Juan José Campanella twitteó hace dos días: "Imaginé que se venía un desastre de acomodos, fascismo y persecución, pero debo admitir que pinta peor de lo que pensaba". 13 de diciembre a la 1,40. El 14 de diciembre a las 3 de la mañana: "Es mucho peor de lo que se esperaba. Y se esperaba lo peor".

Apenas a cuatro días de gobierno.

O bien el tweet de Dante Liporace, el chef que Mauricio Macri llevó a la Rosada en 2015, dirigido a una empleada estatal: "Andá a limpiar la plaza mañana mugrienta, y tirá cohetes y festejá, subnormal".

Construcción del enemigo

Existe una mirada clasista que suele generar el peronismo como movimiento históricamente integrador de las clases populares, aunque en su crónica haya funcionado como engranaje perfecto del capitalismo, con sus alternativas neoliberal furiosa y progresista después. La ortodoxia y el populismo en el movimiento generosamente totalizador.

Hoy el peronismo genera esta escena que describe Mónica Cohendoz en la "construcción de un enemigo desde los medios a partir de demonizar la figura de Cristina, de asignarle al hijo de Alberto cierta perversidad moral por ser un drag queen, a las mujeres llamarlas feminazis. En esa construcción simbólica los medios y en especial las redes tienen un gran poder de consenso, de convencer a las masas". Un concepto "que aparece de una manera aislada, como una opinión sin mucho fundamento histórico, arbitraria, se convierte en una verdad a medias que se va reproduciendo en todos los medios y ya no importa quién lo dijo y sobre la base de qué lo dijo sino que se vuelve una verdad irrefutable". Ese realismo discursivo, "muy estudiado ahora como parte del sistema capitalista, busca darles a determinadas cuestiones un carácter de evidencia material irrefutable aun cuando al ser sometidas a un análisis histórico se tornan rebatibles y opinables, se hacen carne en el tejido social en la medida en que no hay nada que las refute y se vuelven evidencias". Es decir: una opinión en un programa de televisión, un concepto arbitrario, "se reproduce en las redes, en la radio y en esa expansión se pierde el carácter de una opinión para ser una verdad irrefutable".

Concluye Cohendoz en que "cuando el discurso se sale de una lógica racional para pasar a una lógica de las emociones, los miedos y las angustias, es mucho más difícil de poner en palabras por qué determinadas cuestiones nos provocan tanta ira, tanto miedo".

Marketing e imaginario

María Eugenia Iturralde destaca que "desde hace años el marketing político diseña las campañas de los candidatos, espectacularizando y destacando aspectos personales: quienes integran el mundo político muestran su casa, la familia que componen, toman mate, practican deportes, tocan instrumentos musicales" es decir que "hacen de su vida cotidiana una vidriera". Esas estrategias comunicacionales "suelen apelar a los sentimientos, a las pasiones, a los enojos". En ese sentido, "suelen calar en las construcciones simbólicas que habitan en el sentido común y construyen identidad. Esos imaginarios suelen albergar prejuicios, estereotipos, incluso expresiones discriminatorias que se traducen en prácticas".

La identidad peronista "se vincula a la clase trabajadora, las prácticas populares, el acceso a derechos", describe la docente. Por lo tanto, "quienes se candidatean desde espacios peronistas sostienen discursos y prácticas que refuerzan esas construcciones". Una de las primeras acciones del flamante gobierno nacional fue quitar las rejas de Plaza de Mayo, "acto entendido como una (simbólica, pero también material) ampliación del espacio público". En ese sentido, "el acto de asunción presidencial fue acompañado, simultáneamente, por una multitud que pudo disfrutar de una serie de presentaciones artísticas efectuadas frente a la Casa Rosada", relata Iturralde.

El imaginario, entonces, inmediatamente construyó la dicotomía. "Mientras que en redes sociales las personas identificadas con la propuesta política oficial compartían imágenes de apropiación del espacio público, de alegría y disfrute colectivo por otro lado se manifestaron las construcciones imaginarias que expresan la identidad construida hoy bajo el sello ‘Juntos por el Cambio’, sosteniendo que los actos masivos destruyen el espacio público, que las fuentes con agua no son piletas –incluso cuando las altas temperaturas señalan otra cosa-, y que el acceso a la cultura es un lujo que se pueden dar las personas que pagan la entrada, sostenido en afirmaciones como ‘el Estado tiene que cubrir otras urgencias´ o ‘las personas de la cultura no tienen que cobrar porque hacen lo que les gusta’". En este contexto, el regreso de un ícono peronista como "las patas en la fuente" también generó una reacción invasiva que escapa de la lógica racional y se inscribe en la lógica de la ira de la que hablaba Cohendoz.

Los otros

"Las propuestas políticas apelan a la identidad, a construcciones imaginarias históricas que nos interpelan –analiza María Eugenia Iturralde-. En períodos de elecciones el marketing político diseña estrategias que exacerban esos aspectos". La preocupación surge "cuando esas identidades se expresan en acciones discriminatorias, en el desprecio a sectores sociales con los que no se identifican quienes se expresan". Y "más preocupantes resultan cuando se traducen en acciones políticas que llevan a retrocesos en el acceso a derechos fundamentales".

El peronismo hoy parece integrar a una otredad cuya marginación se legitimaba desde las instituciones hasta el 9 de diciembre. El desprecio y el miedo a la cercanía de lo que se define como "negros" y "planeros" en el mismo escenario que el resto de los actores sociales es una realidad a tramitar.

"Es una falta de comprensión de las transformaciones sociales en el país en los últimos años –entiende Mónica Cohendoz-. Planeros o movimientos sociales en la calle han venido a construir un espacio político que ya no es de los marginales sino de una ciudadanía activa que pone en la escena sus demandas y el derecho a ser escuchada y a ser incluida; esa realidad política también forma parte de ese malestar de por qué éstos me cortan la calle o por qué piden planes cuando yo trabajo todo el día". En ese punto aparece "ese sentido común de quién tiene más derechos" y hay un sector importante "que no puede acceder al trabajo porque los mecanismos de exclusión lo han dejado fuera y es un efecto previsible en este contexto donde grandes masas tienen grandes dificultades para poder trabajar".

La docente universitaria pone el acento en "el hecho de que se lo piense como culpa o responsabilidad individual también forma parte de una violencia social, donde lo social se dirime como mérito individual y no por las posibilidades, las trayectorias que se van construyendo como parte de un proceso social, donde las políticas públicas son responsabilidad de un estado". En ese sentido, María Eugenia Iturralde observó "expresiones públicas que se apoyan más en construcciones estereotipadas, en sentimientos de rechazo a una propuesta política, que en críticas fundamentadas a los anuncios gubernamentales y la composición del gabinete presidencial".

Como en un círculo que se cierra sobre sí mismo, Laura Alonso procesada y llamando nazi, delincuente y asesino a Evo Morales y el ex chef presidencial calificando de mugrienta y subnormal a una trabajadora estatal son pequeñas fotos para clavar en la pizarra. Y pararse a pensar una vez más en la complejidad de tramitar un camino de módica justicia en esta tierra de los pies del mundo.

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