Edición Anterior: 2 de Febrero de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Mario Juliano, juez penal, analiza la realidad del Poder Judicial y las reacciones sociales tras el crimen de Villa Gesell
"Los jueces debemos tener un rol mediador en la búsqueda de pacificar a la sociedad"
El juez penal Mario Juliano habla, tras el crimen de Villa Gesell, de la necesidad de arrepentimiento real de los acusados. Cuestiona el clamor de venganza en las redes que –dice- choca de lleno con el reclamo de justicia por parte de la familia. Y advierte sobre la necesidad de que todo el entramado judicial haga un aporte mediador para generar "un lugar más amable para vivir" y "donde podamos resolver de forma no violenta nuestros conflictos".
Claudia Rafael

[email protected]

Dirige la Asociación Pensamiento Penal y es el coordinador de la ONG Víctimas por la paz. El juez penal Mario Juliano analiza el rol de la justicia restaurativa y propugna una actitud más mediadora por parte de los distintos actores del entramado judicial. Tras el brutal crimen de Fernando Báez Sosa, en Villa Gesell, advierte que el conflicto penal es "un baile de a dos" en donde las distintas partes tienen que aportar su mirada. Considera fundamental que cada uno de los acusados asuma sus respectivas responsabilidades y no los "caminos evasivos" embocados hasta ahora.

-Situaciones como las vividas en Gesell suelen derivar hacia un debate más profundo sobre los conflictos y las penas ¿Existe la posibilidad de plantear actos reparadores?

-En general, la experiencia parecería indicar que es muy difícil pensar en que agregar más dolor sea reparador. En un caso como el de Gesell hay una cuestión que dificulta poder transitar un camino distinto aún a pesar de que a los familiares de Fernando, de la víctima, los he visto con una actitud muy amplia y generosa. Ellos no reclaman venganza. Piden justicia acorde a la responsabilidad de cada uno. Pero los actos reparadores, lo que llamamos comúnmente justicia restaurativa, se dificultan enormemente, al menos en esta etapa, por una actitud muy negativa por parte de los imputados. Que lejos de asumir cada uno en la medida de sus responsabilidades que lo que han hecho es horroroso, toman caminos evasivos, como fue la de atribuir la responsabilidad a una persona inocente o de argumentar que fue una desgracia sin asumir que lo hecho es tremendo.

-Mientras la familia pide justicia, no venganza, uno observa en las redes sociales que muchos reclaman que en la cárcel otros detenidos les hagan pagar por lo que hicieron. ¿Qué cree que se juega humanamente?

-Por un lado, me parece una mera circunstancia que estas personas que piden este tipo de reacción estén de un lado o de otro. Son personas muy proclives en cualquier circunstancia de la vida a cometer actos como los de estos muchachos. Y, por otro lado, si bien no comparto esos puntos de vista, forman parte de una sociedad democrática y pluralista donde hay todo tipo de expresiones. A su vez, me parece que es muy dificultoso que nuestras sociedades contemporáneas puedan reaccionar como la sociedad noruega tras la matanza de 67 personas por parte de un francotirador: respondieron con rosas en lugar de con odio. Aunque al mismo tiempo, muchas de las personas que escriben en las redes mensajes tan violentos luego son las mismas que integran los juicios por jurado. Y que vienen demostrando en estos últimos cinco años en la provincia de Buenos Aires que son mucho más mesurados y con más sentido común que la justicia profesional. Mientras que los jurados han emitido un 31 por ciento de veredictos no condenatorios, la justicia profesional da un 10 por ciento de sentencias absolutorias. Por lo tanto, esta misma ciudadanía que en las redes pide pena de muerte, cuando llega el momento de asumir una responsabilidad concreta y objetiva frente a un caso puntual probablemente reacciona de otra manera.

-Usted plantea entonces que cuando se ejerce un rol de responsabilidad como el de juzgar a otra persona en los juicios por jurado se pone en juego una racionalidad que en las redes no corre…

-Estoy convencido de que es así. Es una reacción instintiva y primitiva que todos los individuos tenemos, algunos con frenos inhibitorios más desarrollados. Pero luego cuando se tiene que asumir una responsabilidad que implica decidir la suerte de un individuo, se involucra en los casos y su perspectiva suele cambiar. De todos modos, es fundamental que estas expresiones que no compartimos o que cuestionamos no se conviertan en una excusa para que quienes pensamos distinto dejemos de hacer lo que tenemos que hacer. Veo cierta proclividad en personas que se escudan en que "la" sociedad, "la" gente, piensa de un modo distinto. Le atribuyen un hiperpunitivismo a la sociedad, un hiperpunitivismo a ese colectivo que es "la" gente. Y esto realmente creo que no está demostrado. Creo que es una falacia hoy por hoy. Hay estudios de campo que demuestran que no son los sectores mayoritarios de Argentina los que claman venganza y mano dura.

-"La" sociedad, "la" gente son genéricos que uno puede utilizar en un sentido o en otro…

-Son muy funcionales a nuestra comodidad. El colectivo "la" gente indeterminado y difuso es absolutamente funcional a la comunidad para decir "la gente quiere que se pudran en la cárcel", "acá no tenemos nada que hacer", "no vale la pena construir ni luchar" porque "la gente" quiere que se pudran en la cárcel. Es muy cómodo hacer estas afirmaciones sin ningún tipo de base empírica. Sin ningún tipo de demostración estadística.

-Las prisiones perpetuas o esto de "pudrirse en la cárcel" ¿sana?

-Creo que hoy por hoy la prisión perpetua que tenemos legislada en Argentina desde 2017 es asimilable a una pena de muerte. Son penas que no permiten a las personas privadas de libertad mejorar su vida, tratar de remover el horizonte porque nunca más van a poder recuperar la libertad. Es contradictoria con el orden jurídico argentino, con el orden jurídico internacional al que adscribe la República Argentina de la progresividad de las penas. Procurar que las personas privadas de libertad, que han cometido un delito, se superen, estudien, trabajen, hagan deportes y algún día regresen a la sociedad en mejores condiciones de las que entraron.

-Cuando se piden este tipo de penas, ¿hay un trato diferente desde el Poder Judicial según la pertenencia social del victimario y de la víctima?

-Los integrantes del Poder Judicial somos seres humanos que estamos naturalmente muy expuestos a las corrientes de opinión. Ha ido cambiando con el tiempo y hoy por hoy no es ya la aristocracia elitista que supo ser. Se ha hecho mucho más pluralista. De todos modos, la escuela, la universidad formatean a los integrantes del Poder Judicial a imagen y semejanza de un determinado modelo, de una burocracia estatal que es bastante cerrada, refractaria, que es endogámica y que tiene serias dificultades para colocarnos en el lugar del otro. Para comprender algunas realidades que nos resultan muy distantes. Las realidades de nuestras periferias son poco conocidas por los integrantes del Poder Judicial. Estamos juzgando una masa acrítica de personas que están viviendo realidades que nosotros ni siquiera nos imaginamos desde la comodidad de nuestros despachos. Desde la comodidad de los buenos sueldos que percibimos. Resulta más sencillo ponerse en el lugar de nuestros iguales, de nuestros semejantes, que de personas que están viviendo en realidades muy distintas a las que nosotros tenemos.

-¿Qué le cambió a usted en su mirada de la realidad y en su rol de juez el hecho de impulsar y coordinar Víctimas por la paz?

-Ha sido una especie de bisagra no sólo en mi vida profesional sino también en mi percepción de la realidad cotidiana. Hasta ese momento tenía una imagen de un juez que para preservar su independencia y su imparcialidad debía estar ajeno al contacto con los protagonistas del conflicto penal. Y que solamente debía intervenir en el momento del juicio. Tomar contacto con estas realidades me ha hecho ver que seguramente las y los jueces podemos cumplir un rol bastante más integral e integrador. Porque todavía, dentro de la sociedad, el rol del juez y la jueza siguen teniendo alguna autoridad y podemos hacer grandes contribuciones para la pacificación. Tratando de involucrarnos en las raíces de los conflictos, examinar que existen posibilidades de componer el conflicto sin tener que llegar a un juicio. Y en ese sentido las jueces y los jueces podemos jugar un rol mediador que me parece que está bastante ausente en el actual Poder Judicial. Tener intervenciones un poco más tempranas. Posibilitar que, sobre todo, las personas que han sufrido un delito puedan ser escuchadas realmente. Saber qué es lo que pretende. Ofrecerles cuáles son las posibilidades que tienen frente a su conflicto que no necesariamente es la prisión. Puede ser seguramente la cárcel ante conflictos muy graves. Pero hay un abanico de posibilidades de tipo reparadoras que pueden ser mucho más satisfactorias que lo que tradicionalmente podemos ofrecer desde el Poder Judicial que es un juicio y un castigo.

-¿Cómo se traduce eso desde ejemplos concretos que haya vivenciado?

-Uno de esos casos fue el de un accidente de tránsito ocurrido en Necochea, donde un motociclista atropelló a una señora que iba cruzando la calle. Ella murió. Un clásico homicidio culposo. Era una causa de un juzgado correccional que me tocó subrogar que había tenido una demora de 5 años. Los hijos de la víctima estaban en la sala de espera, absolutamente enfurecidos y pedían una pena de efectivo cumplimiento. Cuando entré a la sala de audiencias para hacer el tradicional interrogatorio de los datos personales del imputado me encuentro con una persona, a pesar de que habían pasado cinco años, absolutamente quebrada. Se me ocurrió en ese momento que era importante que los familiares de la víctima vieran en qué estado estaba este muchacho. Porque probablemente nunca hubieran tenido contacto. Hice salir a los abogados. Propuse que los hijos de la víctima pasaran. Ni bien entraron, el acusado llorando, mirándolos, les pidió perdón. Les dijo que no había tenido ocasión de hacerlo antes. Muy francamente les dijo que él no la había visto a la señora. Podría haber apelado a cualquier otro recurso para zafar. Pero decía "no la vi" y les pidió perdón en una escena muy tensa. Los hijos le creyeron. Se levantaron y lo abrazaron. Acordaron un juicio abreviado con una pena de cumplimiento condicional. Entonces creo que es hacia esto que tiene que apuntar el rol de todos los que componemos este entramado judicial. Tomar un rol bastante más activo en la búsqueda de pacificar a la sociedad que creo que es el mandato que tenemos. Para hacer un lugar más amable para vivir, donde nos podamos entender y donde podamos resolver de forma no violenta nuestros conflictos.

-Cuando se trata de algo tan horrible como lo que ocurrió en Gesell. ¿Cómo se tramitan las reparaciones?

-En Víctimas por la paz tenemos a padres y a madres que han perdido a sus hijos en episodios bastante similares. Y han logrado elaborar este dolor y convertirlo en algo diferente. Ciertamente los acusados deberían asumir una actitud diametralmente opuesta a la que han adoptado hasta ahora, no un arrepentimiento fingido. Facilitaría construir un proceso distinto, mucho más satisfactorio para los familiares. Que pudieran tener algo que la justicia no les va a dar que es saber profundamente por qué ocurrió algo así. Pero que realmente estuviera en el corazón de ellos poder hacer un sincero pedido de perdón. Creo que esto de ninguna manera eximiría de tener que hacer un juicio. Que cada uno reciba las penas que le correspondan de acuerdo a la participación que tuvo, obviamente.

-¿Ha tenido casos de gravedad similar a la de Gesell en la que los imputados asumieran una actitud diferente a la que se ve en ellos hoy?

-Sí. Tenemos varios casos en Víctimas por la paz de personas que han sido condenadas que realmente tomaron un rol de verdadero arrepentimiento por lo que hicieron, hacerse cargo de que lo que hicieron estaba muy mal y que hoy son personas que están promoviendo que otras personas acusadas vean una perspectiva distinta. La perspectiva de hacerse cargo. Probablemente implique ir preso pero se abre un abanico de posibilidades muy distinto, muy reparador y muy satisfactorio para la resolución del conflicto. Pero planteamos que el conflicto penal es un baile de a dos donde hay un agresor y un agredido, un ofensor y una ofendida. Entonces para que el conflicto penal se pueda componer es necesario que ambas partes involucradas hagan cada una un aporte para ver de qué modo se puede resolver de la mejor manera.

MÁS TÍTULOS

Capítulo 24
Por un error causado por la actualización anterior
En nuestra ciudad afirman que "el narcotráfico se combate con regulaciones y legalizaciones"
Juzgado de Faltas Municipal: a mediados de mes asumirá Luciano Blanco
Mario Juliano, juez penal, analiza la realidad del Poder Judicial y las reacciones sociales tras el crimen de Villa Gesell
Está siendo terminado por internos de la Unidad Penitenciaria Nº 2 de Sierra Chica
La reunión se desarrolló en las instalaciones de la Unión Telefónica
Está ubicada en avenida Del Valle 1050 y contará con 50 locales
Mensaje lanzado como una botella al mar
Federico Aguilera y la designación como subsecretario de Minería bonaerense
Leonel "Toti" Ríos
SUPERLIGA. Recibe a Central Córdoba
REGIONAL FEDERAL. Esta noche a las 20 inicia su camino como local en el "Buglione Martinese"
Trabajos para las pruebas
CICLISMO. Termina hoy la Vuelta a San Juan
Santiago Izaguirre
GOLF. Se jugó un Medal Play a 18 hoyos
FUTBOL. Kimberley de Mar del Plata ganó por 2 a 0 en el estadio "Ricardo Sánchez", en el inicio del Regional Amateur
Argentinos y Racing terminaron 1 a 1
El delantero de El Fortín hizo su balance
PADEL. El bahiense fue el más histriónico de la exhibición disputada ayer en Las Terrazas