Edición Anterior: 12 de Abril de 2020
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ESCENARIO POLITICO. El ciberpatrullaje, las peligrosas segundas líneas de los ministerios y el nuevo mundo que puede venir
El régimen acechante, las internas de Alberto y el cruce entre el Intendente y la legisladora
El Presidente amplió el aislamiento y desencadenó una pelea tuitera entre el intendente Galli y la diputada Schwindt. Arroyo pagó por las malas compañías. A Sergio Massa se lo fagocitó la quita salarial y timbeó demasiado. La oposición, casi ausente. Alberto triunfó en dos internas de su propio espacio. Las cárceles, un problema derivado pero con antecedentes.
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Sigue la cuarentena estricta y obligatoria lo que demuestra que el Presidente, como los DT del fútbol, no va a cambiar de idea ahora cuando su decisión del 20 de marzo continúa teniendo rentabilidad política.

Va a priorizar la salud y la vida por sobre la economía, y si tiene que emitir, también lo va a hacer. Lo que siempre fue un pecado para los economistas y grandes poderes, hoy es la salvación.

La pandemia trajo consigo una serie de paradojas. Los liberales enemigos del Estado, reclaman ahora su presencia como garantía de los préstamos, por ejemplo, y el Gobierno, de ancestros estatistas, se niega a darla y arroja a las pymes a la voracidad y arbitrariedad del mercado financiero.

Todo se ha invertido llamativamente mientras el reparto de cargos en los ministerios entre las fuerzas que conforman el Frente de Todos sigue haciendo estragos.

Alguien analizó acertadamente que erróneamente las áreas del Gobierno fueron parceladas transversalmente de modo que una persona como Daniel Arroyo, de conducta posiblemente intachable, de pronto se vea salpicado por los comportamientos corruptos de los incorregibles de siempre. "No te juntes con malas juntas si no querés que se multipliquen", dice un viejo refrán.

Al mismo tiempo, el ministro de Desarrollo Social, casi como un héroe de una tragedia griega, vio como la mesa del hambre, un verdadero acting de irredentos, se le caía a pedazos. Quizás en buenahora porque el país no está preparado ya para luchar contra un cinismo tan potenciado.

Lo cierto es que el virus monárquico o el coronavirus, ya se llevó puesto a Sergio Massa a quien solo le quedó como un consuelo de solidaridad el haber resignado 200 millones de pesos de la Cámara de Diputados en vez del 40 por ciento de quita de sueldos de legisladores como había propuesto para "combatir" políticamente el 30 por ciento que había propuesto Juntos para el Cambio, y ahora está a punto de llevarse puesto a otro massista como Arroyo, un hombre que "se comió el garrón" de trabajar con malas compañías en su propia cartera, esas "malas yuntas" impuestas por acuerdos electorales y que a la larga hay que aislarlos para que no contaminen. En fin, son como el otro virus nacional con el que se debe seguir luchando.

Massa pagó por querer timbear con la solidaridad. Frente a la propuesta de Juntos por el Cambio de reducir el 30 por ciento de los haberes de los diputados, redobló la apuesta ofreciendo una quita del 40 por ciento y quedó involucrado con el egoísmo político de los propios y aliados.

Posiblemente, la clase política busca eludir este camino de ceder algo de sus sueldos porque, por su mentalidad fuertemente especuladora, suponen que sería como una suerte de admisión de responsabilidades. En fin, una tontería ad hoc para no dar un peso a la causa.

Y lo mismo ocurre con los bancos, que han llenado sus arcas durante el gobierno anterior y en toda la historia pero ahora se niegan a colaborar con la terrible encrucijada en la que están inmersas las pymes, que son las grandes empleadoras del país.

Los triunfos de Alberto

Alberto Fernández preserva su liderazgo frente a una oposición inexistente, mientras Cristina Kirchner calla porque no sabe qué decir en un momento en el que solo hacen falta humanidad y racionalidad. Nada más que eso, pero para la Vice éstos parecen ser atributos extraños.

Afortunadamente Alberto Fernández no es el famoso el transtornado y obsesivo capitab Ahab, de la novela Moby Dick, de Herman Melville, quien es capaz de sacrificar toda su tripulación por vencer a la casi mítica y demonizada ballena blanca. Alberto es un líder racional, capaz de consultar previamente a los expertos antes de dar un nuevo paso, propenso al diálogo con opositores y con el desapasionamiento necesario para conducir una coyuntura tan traumática como ésta.

Su error, quizás, es adjetivar demasiado, como lo definió Miguel A. Pichetto, y de incurrir en elogios o anatemas tan innecesarios como inmerecidos.

Alberto ya ganó dos internas, una contra CFK y la otra contra Massa. Cristina habló desde Cuba y nadie le prestó atención. En ese momento, el país se dio cuenta que ya estaba vencida como también Sergio Massa se derrotó a sí mismo cuando quiso maniobrar con la ética. El tigrense pudo haberse dado cuenta que la política es pura ética de la responsabilidad (el fin justifica los medios) pero sin desafiar tanto el límite de la moral. Es decir, que no se puede ni jugar ni especular con los valores, y que si hay que ceder una parte de la dieta no queda otra alternativa que hacerlo.

En ese sentido, Alberto Fernández, más allá de sus derrapes por su exceso de adjetivación, ya está venciendo a Cristina y a su oponente, Sergio Massa y que, como una síntesis de la dialectica hegeliana se ha transformado en la alternativa superadora de ambos dentro del modelo no liberal-monetarista. No en vano, algunos macristas ya se habrían anotado en sus filas borrándose de sus grupos de whatsApp anteriores. Al menos es la información que transmitió el programa de Carlos Pagni hace unos días. Por ahí son solo amagues que se hicieron para detener la intención que tuvieron algunos de sus compañeros de espacio de bajarse sus sueldos en un 30 por ciento, propuesta que fue retrucada luego por Sergio Massa que al final no tenía el ancho de espadas sino apenas un cuatro de copas.

Sistemas en pugna

Mientras Alberto Fernández se preocupa por dejar la imagen de un presidente republicano y democrático, sus colaboradores muestran una tendencia fascista o stalinista. El régimen policial latente en una población encerrada y condenada a contar muertos, por decirlo así, evidencia su desnudez en las directivas de la ministra de Seguridad, Sabina Frederic con su propuesta de ciberpatrullaje para auscultar supuestamente el humor social. Un eufemismo repesivo y controlador bajo la modalidad de un "Gran hermano" orwelliano que descansaría en un control absoluto de los medios, una vieja aspiración del cristinismo más dogmático. Afortunadamente estuvo el Presidente para detener este tipo de iniciativas cuasi totalitarias de ese fascismo o stalinismo residual. Y ella misma reconocó posteriormente el error.

Es que el aislamiento obligatorio y estricto no deja de ser una tentación para cualquier poder. El enemigo está afuera y al acecho, como los tártaros de la maravillosa novela de Dino Buzzati (El desierto de los tártaros), y hay que prepararse para luchar contra él. Mientras tanto deben conformarse con los escasos estímulos que llegan desde el exterior y resignarse a contar cadáveres mientras la vida transcurre más allá de las puertas de entrada de sus casas.

Como en la cárcel, la rutina acorta el tiempo, las semanas parecen días y el hastío forzado va conformando una sociedad irritada pero resignada y sin posibilidades catárticas. Así, quien escapa de la pandemia puede quedar atrapado por la depresión, aunque con el riesgo siempre latente de que, afuera, podrían multiplicarse los corruptos por la pasividad judicial o ministras como Frederic con su arsenal controlador. Como decíamos, la población verdaderamente democrática y republicana descansa en la figura de Alberto Fernández y en alguna dirigencia fundamentalmente radical, porque el macrismo, por ausencia de sus principales exponentes, ha ido menguando aceleradamente hasta casi desaparecer.

Entonces, el virus no solo está atacando a las personas sino que además amenaza con ir corroyendo los derechos constitucionales y al mismo sistema.


Cárceles

El otro gran problema derivado del principal que es la pandemia tiene que ver primero, con la economía y segundo, con la situación en las cárceles en donde se estaría dando una crisis humanitaria sin precedentes.

Existe un habeas corpus colectivo que pretende conceder la prisión domiciliaria a internas coh hijos menores de cinco años condenados por delitos menores, pero algunos jueces impiden que esto se llegue a cristalizar.

Recordemos que en las cárceles bonaerenses existe una superpoblación del 152 por ciento en las unidades, pero, aquí los abogados acusan al Poder judicial de Azul de rechazar cuanta presentación se haga en pos de la morigeración del cumplimiento de las penas. "Lo que se busca es descomprimir la situación carcelaria", dijo un abogado porque las condiciones son sumamente peligrosas, fundamentalmente porque si no se atiende esto, puede reventar todo".

El mismo letrado dijo que a los internos, el personal penitenciario les dice que pidan un habeas corpus para obtener este beneficio que después los jueces terminan rechazando. No sabemos qué hacer porque cuando alegamos que hay internos que padecen problemas respiratorios, luego no tienen médicos que lo certifiquen porque el gobierno anterior les dio de baja. Si esto no se cuida, revienta todo".

Luego pintó un panorama inquietante fruto de penitenciarios que podrían ser transmisores del virus a la sociedad. El permiso que otorgó el Servicio Penitenciario Bonaerense de que los internos tengan un celular permitió conocer, a falta de visitas, la situación apremiante que padecen los internos pero también estas cuestiones ligadas con la posibilidad y al mismo tiempo los obstáculos para obtener una prisión domiciliaria a quienes, teniendo hijos menores de cinco años, estén cumpliendo condenas por delitos leves. "Ahora se sabe todo porque tienen comunicación directa. El servicio los alientan de algún modo para lograr este beneficio que luego los petitorios serían rechazados sistemáticamente por la Justicia. "Dos habeas corpus presentados en Azul corrieron esa suerte", apunó un abogado. Mientras tanto, la pandemia y el hacinamiento carcelario permanecen inalterables.


Una guerra tuitera

La pandemia y el último anuncio del Presidente trajo aparejado un conflicto en ciernes en nuestra aldea. Tras el anuncio de Alberto Fernández, la diputada nacional Liliana Schwindt se apresuró a publicar en Twitter que las zapatillas la estaban esperando (incluye una foto del calzado deportivo) para cumplir el circuito de corredora en el radio permitido de "cinco cuadras del domicilio" (¿?) y que para ella será "el mejor circuito" de su vida.

Con la misma celeridad, el intendente, Ezequiel Galli le respondió que "mañana la cuarentena continúa como hasta hoy. No habrá excepciones desde los municipios. Solo talleres mecánicos y gomerías podrán atender a vehículos exceptuados" y remata la advetencia recordándole a la legisladora, aunque por elevación que "la actividad física no va a ser una excepción".

Luego, casi como alineándose con Kiciloff, completa su tuit al advertir que "iremos trabajando con el Gobernador desde cada Municipio".

Es cierto que el Presidente dejó librada los detalles de la regulación de la cuarentena a las provincias y quizás a los municipios, pero llamó la atención la premura con la que el jefe comunal le salió al cruce a la legisladora fijando su propio criterio pero a la vez alineándose con un eventual posicionamiento del Gobernador dando la idea de que la interna política entre Alberto y Axel (o Cristina) ya es transversal.


Parcelamiento y cuasimonedas

Probablemente, el mundo ya no será el mismo después de la pandemia. Quedará parcelado en naciones autogestivas o subordinadas a monopolios superpoderosos, con más poder quizás que los gobiernos, tal como ocurre en la novela "Conde Cero", de William Gibson, pero con regímenes políticos autoritarios y casi policiales, pero subalternos de las grandes corporaciones internacionales.

En síntesis, un mundo futuro pero refeudalizado en donde las prerrogativas económicas son de mayor peso que la ley en el sentido moderno.

La tentación existe, también las condiciones, y, como hemos dicho en otras columnas, podría repetirse el escenario post crisis del ‘30, cuando el capitalismo, al borde del colapso y de la extinción, halló la manera de salvarse.

Los poderes mundiales ya tomaron nota que el miedo sigue siendo el sustrato fundamental para la generación de autoritarismos simplemente porque una población con miedo a una acechanza externa se torna en algo muy manipulable. El argumento puede ser cualquiera, pero basta con demonizarlo para que ese enemigo sea un motivo para justificar cualquier cosa, incluso el reciente ciberpatrullaje para detectar el intangible "humor social" o la misma delación vecinal.

El mismo parcelamiento se podría llegar a dar en la misma Argentina, ya casi resignada a emitir cuasimonedas provinciales en vez de una nacional. Córdoba ya comenzó ese peligroso camino de soberanías monetarias fragmentadas y seguramente le seguirán otras. No olvidemos que la moneda puede llegar a integrar e identificar más que la camiseta de un equipo de fútbol. Por el momento, las cuasimonedas son solo una amenaza, pero podría ser una realidad tangible en poco tiempo. En Argentina, lo que puede ser, termina siendo.

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