Edición Anterior: 10 de Mayo de 2020
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La olavarriense Hosanna Cazola asumió esta semana como coordinadora del Ministerio de Mujeres y Diversidad en la Séptima Sección Electoral
La eterna deuda para con las hijas y los hijos de víctimas de femicidio
Cuando ocurre un femicidio una de las grandes deudas pendientes es el abordaje integral para las infancias victimizadas. En lo que va del año hubo 117 femicidios y quedaron 125 niñas y niños sin sus madres. Esta semana la olavarriense Hosanna Cazola asumió como coordinadora por la Séptima Sección dentro del Ministerio de Mujeres y Diversidad. Un desafío será el de lograr además el abordaje con perspectiva de infancia.
Claudia Rafael

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En los últimos veinte años algo más de 30 niñas, niños y adolescentes quedaron sin sus madres en la ciudad, víctimas de femicidio. Del total, apenas dos hermanitos –un varón y una nena- cobran la reparación económica establecida hace menos de dos años y conocida como la Ley Brisa. De alcance nacional y que permite percibir un valor mensual equivalente a una jubilación mínima. Y a pesar de que es un derecho, que justamente lleva el nombre de una nena que perdió a su mamá, Daiana Barrionuevo, en 2015, hay innumerables trabas. De los cuatro o cinco expedientes iniciados en Olavarría, sólo en un caso se logró la aprobación aun a pesar de que tuvo lugar antes de que se incorporara la figura penal de femicidio al Código. Pero fue posible porque existían dentro de la sentencia judicial suficientes pruebas de que se trataba de un caso de violencia de género.

De ahí la importancia de lo que se logre probar en la instancia judicial. Demasiadas veces todo queda en un homicidio con algunos agravantes que no necesariamente se relacionan, en la letra legal, con la violencia que sufría la víctima. Es casi una odisea y así ha sido en innumerables historias que no hacen más que revictimizar una y mil veces a quien fue víctima no sólo en el momento de que les arrebatasen a su madre sino seguramente desde mucho antes.

Esta semana la Corte Suprema de Justicia de la Nación flexibilizó la cuarentena para todos los ámbitos de la Justicia menos para los tribunales familiares y penales. Y sólo se siguen atendiendo en esos fueros los casos considerados de urgencia. Una consideración que está mediada por la mirada que tenga la o el magistrado que intervenga en cada caso.

Revictimizaciones

"Sentimos que la demanda nos sobrepasa. La urgencia por exigir políticas públicas para la erradicación de la violencia muchas veces se la lleva la situación de mujeres y disidencias para la prevención o directamente para el salvataje y las infancias nos quedan un tanto desoladas", analizó Hosanna Cazola, flamante coordinadora de la unidad de políticas transversales del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual para la Séptima Sección.

En la ciudad –agregó- "se dificulta enormemente el acceso a los derechos plenos de las infancias, a la no revictimización. Porque al momento del femicidio hay muchísimos factores que intervienen en las situaciones de violencia y el más grave es la pobreza. Entonces las niñeces quedan, en el mejor de los casos, con familiares amorosos pero atravesados por el hacinamiento en las viviendas y situaciones precarias de vida. Es paradigmático el caso de Natalia Bustos: su hija mayor quedó al resguardo de sus hermanes en una situación angustiante. Y las organizaciones y organismos del Estado intentamos acompañar y sostener pero, al no haber una política de resguardo integral de esta joven que queda a cargo de sus hermanes, y la falta de una política de infancia focalizada para estos sectores, los revictimiza constantemente. Porque la situación de violencia y de vulneración sigue casi tan intacta como cuando estaban con sus padres. Aún más, porque la orfandad es un flagelo que no tiene asidero".

Hosana Cazola lleva un apellido que conduce directamente a una doble historia de femicidios. Su prima, Valeria Cazola, fue asesinada por su pareja en 2008. Quedaron tres niños pequeños sin su mamá. La mayor, Valentina Gallina, fue a su vez víctima de femicidio en los primeros días de este año. La nueva coordinadora ministerial para la Séptima recordó, en diálogo con El Popular, que "Valentina y sus hermanes fueron tres niñes pequeños que quedaron sin su mamá, quedaron al cuidado de sus abuelos maternos, en una relación amorosa, afectiva, de responsabilidad, pero con un condimento de angustia enorme por la no resolución de lo sucedido. Y eso engendra otras sensaciones y una subjetividad que, como ya sabemos, lleva a continuar el círculo de la violencia que si no se trabaja en profundidad, trasciende".

En todo este período de aislamiento social, preventivo y obligatorio la violencia de género tiene un contexto privilegiado. Porque no sólo aisla del virus. También aisla de un entorno social en el que se posibilita construir la oportunidad colectiva de salir del lugar de víctima. En ese sentido, Hosanna Cazola planteó que "es muy preocupante también pensar que una de las instituciones por excelencia que detecta la violencia y la vulneración es la escuela y hoy está absolutamente virtualizado. Entonces el acceso a esa detección temprana o a tiempo está bastante limitada".

Responsabilidad parental

Valentina Gallina es una de las 117 víctimas de femicidio que la organización "Ahora que sí nos ven" contabilizó desde el 1 de enero hasta el 30 de abril. 43 del total fueron en la provincia de Buenos Aires y el 66 por ciento de la totalidad tuvieron lugar en la vivienda de la víctima. Quedaron 125 niñas, niños y adolescentes sin su mamá. Durante el mes de abril, en que hubo 28 femicidios, quedaron sin sus madres 31 chicas y chicos. En el período de cuarentena obligatoria los asesinatos de mujeres por su condición de tal fueron 36.

La orfandad de esos niños es doble cuando se piensa en que en un altísimo número de los casos los asesinos fueron sus padres. Entonces quedaron sin mamá y sin papá. Hay un caso simbólico en la historia de los femicidios que es el de Rosana Galliano, asesinada por su marido José Arce en 2008 con la complicidad de la madre de él. Ambos fueron condenados pero obtuvieron la domiciliaria y la Justicia les otorgó la tutela de los hijos. Que recién pudo recuperar en la familia materna cuando los asesinos murieron diez años después.

Durante largo tiempo La Casa del Encuentro fogoneó la ley de privación de responsabilidad parental para los femicidas. Esa ley cumple en breve tres años desde su sanción. Apunta a "garantizar el interés superior de la niña o niño que también fue víctima de violencia", como recordó María Laura Novo, abogada voluntaria del área de Incidencia en Políticas Públicas de La Casa del Encuentro. "En el fuero penal no es habitual reconocer a más de un sujeto, la víctima. Su estructura, además, tiende a invisibilizar y convertir en objeto a la víctima". Cuando en verdad "la ley de responsabilidad parental invita a mirar todo el recorrido de violencia que se padeció en ese núcleo familiar y así es como se obtienen elementos para fundar una sentencia condenatoria con perspectiva de género".

Poner palabras

"Las niñeces atraviesan situaciones de violencia junto a sus madres. Y cuando quedan huérfanos es fundamental poder llegar como estado para generar algún tipo de reparación", apuntó Hosanna Cazola. "Hay una cuestión muy básica que es la de traducirles el mundo simbólico de las imágenes, las emociones del caos del mundo, a la medida de su comprensión. Cuando suceden estas muertes traumáticas tan violentas hay una imposibilidad enorme de traducir. Cuando tuve que explicar a mi hija de 6 años lo que había pasado a Valentina consideré en el momento que se lo había explicado correctamente y con un montón de recursos. Pero sin embargo ella hoy cree que los hombres nos acechan constantemente con armas, flechas, arcos para lastimarnos. Ella interpretó por mi relato que estamos en lucha cuerpo a cuerpo contra los hombres todo el tiempo. Hay una imagen que yo generé en su subjetividad que es lo que yo pude transmitirle. Y con este ejemplo puedo volcar lo que intento decir de la necesidad de un abordaje específico para las infancias. Para traducirles lo que les sucedió a sus madres, lo que le está sucediendo a su familia y lo que les sucedió a ellas y ellos. Lo que no se pone en palabras no existe. Entonces si no encontramos un asidero en palabras para la angustia, el desamparo y el horror va a ser muy difícil que esas subjetividades se constituyan de una manera libre, autónoma, feliz, sin vestigio de esa vulneración que atravesó a sus madres y a ellos".

Porque –reflexionó- "creo que la imposibilidad de ponerle nombre, identificar el sufrimiento, lastima muchísimo, no libera, se arrastra y empieza a trascender a abuelos, madres e hijos".

Hay un recorrido doloroso que marca definitivamente las biografías de las niñas, niños y adolescentes víctimas del femicidio de sus madres. No es posible salir indemnes de esas crónicas vitales atravesadas por la crueldad. Casi todos ellos fueron, además, testigos y protagonistas del derrotero de violencias.

El hijo de 4 años de una de las víctimas de femicidio de estos días de aislamiento, en el conurbano bonaerense, no logró pronunciar palabra desde que todo ocurrió. Una tragedia que –se cree- lo tuvo como testigo. Ese niño –y su historia constituye una entre tantísimas- será portador, por el resto de su vida, de las huellas que el espanto le asestó a su corta biografía.

Y el abordaje de estas realidades requiere no sólo de una perspectiva de género para la comprensión y la puesta en marcha de políticas específicas sino además de una perspectiva integral que cobije también la mirada desde la realidad de la infancia.


Funcionaria territorial

Esta semana la olavarriense Hosanna Cazola asumió como coordinadora de la unidad de políticas transversales del Ministerio de la Mujer. "La idea es la de territorializar toda la perspectiva de género y específicamente poder atravesar todas las áreas de municipios con esa mirada. Jerarquizar las áreas con presupuesto propio. Y poder hacerlo con los diferentes distritos y conformar las mesas locales con un entramado fuerte con las organizaciones sociales para que funcionen efectivamente como el órgano consultor por excelencia", aportó.

El miércoles se concretó la primera reunión virtual de la que participaron las secretarias de género municipales de la Séptima Sección: Azul, Bolívar, General Alvear, Olavarría, Roque Pérez, Saladillo, Tapalqué y Veinticinco de Mayo. "Pudimos saber que solamente en Olavarría el área de género es independiente de otras secretarías municipales. Así que ahí hay un trabajo importante por hacer en la región. El diagnóstico común que surgió del encuentro virtual es que bajaron las denuncias en comisarías de la mujer a partir de la pandemia y que es muy importante generar el recurso de hogares, viviendas y entramados sociales para contener a personas en situación de violencia".

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