Edición Anterior: 10 de Mayo de 2020
Edición impresa // La Ciudad
ENTREVISTA. Ignacio Montoya Carlotto, la música y un mundo incierto
"Creo que volveremos y volveremos como si nada, pero ya no seremos los mismos"
La mayor parte de los músicos vive de tocar en vivo. Eso se acabó y no se sabe cuándo volverá. Ignacio Montoya Carlotto es parte de esa incertidumbre. Desde su cuarentena en Loma Negra, analiza un mundo que es otro y el global, la música desde las plataformas, sin contacto, el virus como transformador, la posverdad y el rol de las dirigencias.
Silvana Melo

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Ignacio Montoya Carlotto es otro desde aquel agosto de 2014 pero es el mismo. Mudó de apellidos en el DNI pero su esencia lo envuelve y lo atraviesa en la Loma Negra del paraíso y la chimenea contaminante, en esta vida que es azúcar y veneno, que es paloma y serpiente. Así será el mundo después, piensa. Igual pero distinto. Después del encierro, después del virus. Pacho, como fue siempre y sigue siéndolo, es músico. Y toca en vivo. No sabe cuándo volverá a hacerlo. Los artistas son esa franja social que quedó fuera antes y volverá quién sabe en qué mes del futuro. Todo es incierto. El ofrece sus conciertos semanales por Instagram para un público que lo espera. Compone para ese día. Y de esas inspiraciones surgió "La pared ausente", un proyecto con músicos en todo el mundo. Ignacio habla de cómo viven los músicos, de qué viven, de la posverdad y de su imposibilidad de "discutir con alguien que piense que la economía es más importante que la vida".

-¿Cómo vive un músico el aislamiento y la determinación del distanciamiento social que parece ser algo que nos acompañará durante largo tiempo?

- Una cosa es cómo lo vivo yo, que tengo un estudio en mi casa y mucho de mi trabajo nace en ese estudio y no se interrumpe el flujo; una parte del trabajo tiene que ver con la docencia desde el ámbito estatal, y estamos dando clase desde nuestras casas también y con ese soporte lo puedo hacer. Yo lo estoy pasando relativamente bien, más allá de que a nadie le resulta liviano ni barato esto. Sí entiendo que hay un universo de músicos cercanos que no tiene esa posibilidad y que se están comiendo los codos, que viven de tocar y de dar clase. Eso se ha venido abajo de una forma impresionante y hay una gran angustia. Fuimos los primeros que cortamos y seguramente vamos a ser los últimos en volver. Sabemos que la música y la cultura se entienden como algo que puede no estar y no tenemos elementos de presión lo suficientemente fuertes. Hay una gran incertidumbre.

-¿De qué vive el músico, si el disco ya es un objeto de minorías y le quitan la presentación en vivo? Las plataformas como Youtube o Spotify, ¿cómo pagan la difusión de tu música?

-Hay músicos que viven de dar clases y tocan esporádicamente, hay otros que tocan un montón, otros que viven de grabar, otros de componer y de arreglar y otros que vivimos de un poco de todo. Mi fuente de ingresos más importante es de tocar en vivo. De esto ha habido poco en los últimos años porque el país ha marchado hacia ese lugar y ahora bueno, directamente el 8 de marzo tuve el último concierto y después se terminó todo. Lo de las plataformas es una irrealidad. Lo que vuelve es casi nulo. Se paga muy poco, se paga una milésima de centavo por cada reproducción y tiene que contemplar ciertas condiciones para que te la paguen… el disco está en desuso hasta por ahí no más, el último del trío, "Todos los nombres, todos los cielos", tiene una edición física además de estar en Spotify y se vendió muy bien. Pero lo que uno propone con los discos es invertir para recuperar en los conciertos, en otro tipo de servicios, en que haya más movimientos, más conciertos, más cantidad aunque sean más chicos. A la distribuidora hay que pagarle para la difusión de la música. Y difícilmente después lo recuperes con lo que te pagan las plataformas.

-Alternativas tecnológicas como Zoom han permitido armar coros y orquestas a distancia. ¿Cómo lo vivís vos, que estás acostumbrado a la cercanía, a la comunicación con el gesto, con la mirada, a sentir la calidez del otro a 50 centímetros?

-Las plataformas tecnológicas permiten comunicarse pero no hacer música. Yo no puedo ensayar por Zoom. Sí plantear producciones, implica otro tipo de dinámicas, la del ensayo, sentarse a tocar con alguien, no se puede, porque tiene retardos y es imposible. Nos permite acercarnos porque nos permite sentarnos, vernos, te mando el piano y la voz y otro de otro lugar le agrega el bajo. Pero sin haberlo ensayado, porque no se puede. Los coros y orquestas a distancia se arman de esa manera, uno sobre el otro y con toda una ingeniería detrás para que eso funcione.

-Al principio de la cuarentena muchos músicos hicieron conciertos desde su casa. Después eso languideció e incluso hubo cierta saturación. Vos, con serenidad y en silencio, mantuviste los encuentros de solo piano semanales desde tu casa. ¿Cómo fue esa decisión?

-Yo siempre llego tarde a las modas, históricamente Pero en esta llegué casi primero, un poco inocentemente, a tocar un par de cancioncitas en mis canales en Instagram y luego se fue haciendo grande. Y hoy hay un público que espera los conciertos. Obviamente hubo una saturación. Y generó rispideces porque los más youtubers dentro de la música se vieron corridos por lo que llegamos a hacerlo y ahora quedamos pocos haciéndolo. No es algo que piense seguir haciendo. Yo lo que puedo hacer desde mi casa es tocar solo. Y no está bueno porque mis propuestas son siempre tocar con alguien y no lo puedo hacer y es un problema. También me parece que hay que reformularlo. Los que lo hacemos lo hacemos gratis, no cobramos. Cuando se levante la cuarentena o languidezca un poco lo dejaré de hacer. Fue por una necesidad que ni siquiera era tan mía, lo hice medio de jugando y recibí tantos pedidos de parte de los 40 ó 50 que escucharon el concierto que lo empecé a hacer con la decisión de saber que había alguien que lo estaba necesitando.

-¿Cómo nació "La pared ausente"?

-Este proyecto colaborativo, como se definió, "La pared ausente, retratos de momentos separados", nació un poco a través de los streamings. La única excusa que me quedaba para que me fuera interesante hacerlo fue ponerme una consigna: componer algo para ese día. Yo tocaba lo que componía en el día. Quedaron cosas que estaban buenas, otras tal vez no tanto. Un día salió una melodía entre los papeles y pensé… esto estaría bueno para un acordeón y un instrumento y otro… uy para esto necesitaría un montón de músicos, entonces por qué no hacer un play for change… entonces empecé a llamar músicos, a invitar, con una doble consigna: ganas de hacerlo y los recursos técnicos para poder grabarse en su casa. Se fue armando como una red, se fueron prestando al juego y nació "La pared ausente" que es un proyecto que se está estrenando y me tiene re contento porque ha caído muy bien.

-¿Cómo vivís personalmente una infección, un virus, que transforma el modo de vivir de todo el planeta, que desnuda lo mejor y lo peor de la condición humana, que pone en cuestión el modelo de vida del primer mundo?

-Es demasiado grande lo que nos pasa y estamos todavía viviéndolo. Se va a poder escribir después sobre esto y lo que pasó y cómo pasó. Hoy lo vivo consciente del mundo globalizado en el que vivimos y sabiendo que algo que sucede del otro lado del mundo puede llegarme. Cuando era chico esto no pasaba. Se enfermaba gente en Rusia y se moría en Rusia. Ahora todo se comunica rápidamente. Cuando empezaron las primeras noticias creí que iba a ser sólo en Europa pero llegó y transformó nuestra realidad por ese fenómeno de globalización que veníamos viendo desde hace mucho, que explotaba una bomba en un pozo petrolero y subía la nafta acá. Para mí la pandemia evidencia y potencia algunas cosas execrables, terribles, como que haya gente que no quiere que en su edificio viva un médico, pero también están los médicos, la gente que lo da todo para que otro viva. Como hay cosas terribles como las utilizaciones mediáticas y políticas de esta situación, todo lo que se aprovecha en el medio, los aumentos de precios, está lo humano de salir a poner el pecho.

-¿Habrá algo que cambie después de esto?

-Yo no sé qué va a pasar. No sé cuándo va a terminar ni cómo… qué va a quedar del mundo. Es un momento histórico que sacará lo mejor y lo peor de cada uno. Yo no sé si pensaba que estábamos en un mundo super mezquino. El tránsito a un mundo mejor se está dando de una manera muy lenta… hay que ver si un sacudón de éstos nos hace pensar algunas cosas… Yo creo que volveremos y volveremos como si nada, pero ya no seremos los mismos. Habrá un montón de cosas que habremos pensado porque esto nos puso a pensar, de manera inevitable.

-¿Mirás televisión? ¿Consumís medios? ¿Cómo ves el manejo mediático del tema?

-Entiendo que no necesariamente porque consumamos más información estamos más informados. La sobreinformación es un grandísimo problema. Y sobre todo en este momento de posverdad en que nosotros leemos las cosas que nos son afines ideológicamente y terminamos informados con lo que queremos informarnos. Y con la verdad vista desde el costado que nosotros creemos que tiene ser. Nosotros creemos lo que queremos que sea verdad. Es muy difícil escaparse a ese cerco y lo mejor es no consumir tanta noticia. El día que dejé de hacerlo me empecé a sentir mejor. Y muchas veces cuando una noticia me interesa de verdad busco una fuente que esté cerca de quien produce la noticia. Si no te enfermás.

-Más allá de los aciertos de los sanitaristas y las decisiones políticas que han logrado el famoso aplanamiento de la curva como dato objetivo, ¿cómo analizás la actuación de las dirigencias en un momento inédito como éste?

-Es una situación inédita. No tenemos con qué compararla, tampoco. Es difícil evaluar. Lo que veo en Olavarría, en Buenos Aires, en el país, es que todos están tratando de que esto se lleve la menor cantidad de vidas posibles. Me parece que hasta acá, salvo los errores que se cometen, la dirigencia en general ha estado bastante a la altura. Eso desde el lugar donde me toca vivirlo, seguramente que para aquella persona a la que no le dejan abrir la fábrica y se está fundiendo no sea lo mejor. Pero desde mi punto de vista, se ha tratado de salvar la vida. Yo no puedo ponerme a discutir con alguien que piense que la economía es más importante. No puedo.

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